EL CORAZÓN HUMANO 

 

Proverbios 4:23

Sobre toda cosa que guardes, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.

Introducción.

A veces somos como la persona de la que habló Jesús que trata de quitar la paja del ojo ajeno sin percatarse de la viga que tiene en su propio ojo (Marcos 7:3-5). Es fácil ver las faltas de los demás, pero es difícil ver las mismas faltas en nosotros. Con la ayuda de Jesús, podemos ubicar fácilmente las faltas de los fariseos. Seguían tradiciones en lugar de obedecer los mandamientos de Dios. Parece obvio que situaran la tradición por encima del conocimiento de Dios. 

Los cristianos de la tradición evangélica pueden ver las faltas de las tradiciones litúrgicas. Sus rituales y oraciones escritas parecen tradiciones humanas que les impiden escuchar a Dios. Mientras tanto, tal vez los cristianos de tradiciones litúrgicas vean las formas de adoración y las invitaciones a venir ante el altar de las iglesias evangélicas como tradiciones humanas que limitan el mensaje de Dios e impiden que los creyentes escuchen a Dios. 

¿Quién tiene la razón? Los seres humanos por naturaleza cultivamos las tradiciones. El problema no radica en la tradición como tal, sino en la tendencia que tenemos de elevar esas tradiciones al mismo nivel de autoridad de los mandamientos divinos. Tenemos que guardarnos de la tendencia a permitir que las tradiciones encubran lo que verdaderamente es importante en la vida. Necesitamos vivir según la verdad revelada en la Palabra de Dios. 

TRADICIONES DE LOS HOMBRES (Marcos 7:1-2). 

Muchos cristianos a lo largo de la historia han tenido la tendencia a pensar en los escribas y los fariseos como “los chicos malos” del judaísmo. Los fariseos surgieron como resultado del exilio, pues los israelitas determinaron nunca más volver las espaldas a Dios. El trabajo de los escribas era profundizar más en la ley de Dios y transmitirla con eficacia a los demás judíos. A diferencia de los saduceos, los fariseos no serían capaces de secularizar o comprometer su fe para llevarse bien con los poderes políticos imperantes. Precisamente los escribas y los fariseos estaban alarmados con Jesús porque se preocupaban por proteger la integridad del judaísmo. Esta comitiva descendió de Jerusalén para investigar la ortodoxia de Jesús, y no les gustó lo que descubrieron (Marcos 7:1-2). Uno se maravilla de cómo personas que se interesaban tanto en la Palabra de Dios pudieran estar tan equivocadas acerca de Jesús. 

El problema era que los escribas y los fariseos habían momificado la ley de Dios bajo capas y capas de envoltura de tradición. En la época de Jesús, las tradiciones no estaban escritas, pero eran preservadas cuidadosamente  y transmitidas oralmente. Se escribieron alrededor del 200 d.C. Estas regulaciones surgieron para ayudar al pueblo a obedecer la ley de Dios. Los fariseos y los escribas creían que dejar de cumplir el detalle más pequeño  de dichas regulaciones era lo mismo que desobedecer los mandamientos. Tal cosa lo dejaría a uno ceremonialmente impuro, incapaz ce acercarse a Dios. Esto preocupaba a la comunidad, pues si algún miembro de ella se acercaba a Dios estando ceremonialmente impuro, la comunidad se contaminaría y la nación estaría sujeta a juicio. Mientras velaban afanosamente la conformidad  con la tradición, habían olvidado las verdaderas exigencias de la ley: el pueblo de Dios debe de amar a Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerzas, y a sus semejantes como a sí mismo (Deuteronomio 6:5; Levítico 19:18). 

PRACTICAS MOTIVADAS POR LA TRADICIÓN (Marcos 7:3-5)  

Marcos escribió su Evangelio especialmente para los gentiles, posiblemente  los de la iglesia en Roma. Por lo tanto, explicó cuidadosamente las costumbres judías que tal vez no entendían plenamente. Marcos quería que sus lectores gentiles supieran varias cosas. En primer lugar, todos los judíos practicaban las leyes respecto al lavamiento de las manos (Marcos 7:3). Los discípulos habían violado abiertamente un tabú judío universal, lo cual presentaba una forma totalmente nueva de interpretar la ley. En segundo lugar, esta ley implicaba más que lavarse las manos para limpiarlas. Lo que los discípulos estaban omitiendo era un lavado ceremonial. En tercer lugar, este lavado ritual no era ordenado por las Escrituras, sino por la tradición. En cuarto lugar, Marcos quería que ellos tuvieran una idea de la gran diversidad de estipulaciones que había (v.4). “Los lavamientos de los vasos de beber, de los jarros, de los utensilios de metal y de las camas” mostraba que las regulaciones iban más allá del simple lavado de las manos. 

Al hablar con inconversos, o con creyentes de otra generación, debemos tener cuidado de no ser como los fariseos y cuestionar las tradiciones humanas (v.5). Lo que nos interesa son ante todo los aspectos verdaderos importantes de la vida y cómo vivir basados en la verdad revelada en la Palabra de Dios. 

TRADICIONES SIN VALOR (Marcos 7:6-9).  

Jesús respondió a la crítica confrontando a los críticos. Por primera vez los llamó hipócritas (Marcos 7:6). Un hipócrita es alguien que dice una cosa y hace otra. Por ejemplo, sería un hipócrita alguien que crítica a los ladrones mientras defalca secretamente a su empleador. La palabra griega se refiere a un actor. De modo que un hipócrita desempeña un papel falso. En los últimos años, esa palabra se ha empleado diferente, sobre todo en la vida pública. Si una persona comete un pecado en particular, se le dice hipócrita si critica dicho pecado, en otra persona. Si nos hemos arrepentidos y hemos cambiado nuestra manera de conducirnos, no es hipocresía llamar también a otros al arrepentimiento. 

Jesús vio que los escribas y los fariseos que habían venido de Jerusalén para evaluarlo eran verdaderos hipócritas. Ellos criticaban a los demás por violar las tradiciones no bíblicas, mientras violaban los mandamientos de Dios. Como dice Isaías 29:13, fingían honrar a Dios con lo que decían acerca de su ley, pero en realidad sus corazones estaban lejos de los caminos de Dios (Marcos 7:6). Por consiguiente, todo el cuidado que ponían en la adoración no tenía sentido, pues su adoración se basaba en sus propias reglas, no en la ley de Dios (v.7). 

Las tradiciones de la iglesia por lo general surgen motivadas por una buena razón. Aplicamos las Escrituras a una situación. Luego establecemos esa aplicación como una regla general. Con el tiempo, la regla pierde su aplicación, pero la mantenemos porque hemos llegado a pensar que es un comportamiento piadoso. Las tradiciones de los fariseos habían tenido un buen propósito en sus orígenes. Pero cuando dejaron de ser los medios para convertirse en el fin, se perdió el control sobre esas tradiciones (v.8), en realidad utilizaban las tradiciones para evitar obedecer la ley de Dios (v.9). Usted estaría haciendo lo mismo si, por ejemplo, su cónyuge creyera que se debe bautizar de una manera diferente de la que usted cree, y se divorciara de su cónyuge para casarse con alguien que concordara con usted. Estaría dejando a un lado las leyes de Dios en cuanto al divorcio a fin de seguir una tradición que proviene de una interpretación de las Escrituras. 

HIPOCRESÍA  PUESTA  AL  DESCUBIERTO (Marcos 7:10-13). 

Jesús citó un ejemplo de la conducta hipócrita de los fariseos para probar lo que decía. El mandamiento “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12) se reafirma varias veces en el Antiguo Testamento, incluso en el pasaje que Jesús citó acto seguido, Éxodo 21:17. La obediencia a este mandamiento un componente fundamental de la sabiduría en los Proverbios, y la responsabilidad de los hijos con los padres se reitera en el Nuevo Testamento (véanse 1 Timoteo 5:3-4; Efesios 6:1-3). Nótese que, cuando revocó las tradiciones ceremoniales de los fariseos, Jesús no estaba revocando los mandamientos de la Biblia. Más bien los reafirmaba. 

Después que citó el mandamiento, Jesús citó una costumbre de los fariseos en contraste con él (Marcos 7:11). Se esperaba que una persona cuidara de sus padres ancianos de acuerdo con el mandamiento. Pero si esa persona tomaba el dinero que debía haber usado para sus padres y lo dedicaba para el templo –pudiéramos decir que hacía una transferencia--- se le liberaba de su responsabilidad con sus padres (v.12). De esa manera, al hacer tal transferencia, la persona podía reservarse lo que estaba dedicado a Dios para su uso personal. La transferencia, o Corbán, podía ser empleada por un hijo desagradecido para castigar a sus padres. 

La tradición del Corbán puede haber surgido como una forma de estimular las ofrendas expiatorias para el templo, pero se había convertido en una forma de evadir las exigencias de la ley de Dios. La tradición estaba por encima del mandamiento y de esta forma lo anulaba. Esta práctica en particular no era la única manera en que los fariseos favorecían sus tradiciones por encima de los mandamientos. Las palabras de Jesús en el versículo 13 indican que esto se había tornado una práctica típica. 

ASUNTOS DEL CORAZÓN (Marcos 7:14-19).  

La pregunta de los fariseos (Marcos 7:5) en esencia era: “¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con las manos impuras?” En los versículos 6-13, Jesús les demostró que todo su enfoque de la pureza estaba equivocado. Jesús aprovechó esta ocasión para enseñarles acerca de lo que hace posible  que una persona pueda o no acercarse a Dios. Su crítica era contra los fariseos, y dirigió esta enseñanza positiva a la multitud (v.14). 

La enseñanza de Jesús fue una afirmación categórica de que nada que una persona coma la hace incapaz de acercarse a Dios (v.15). En resumen, Jesús barrió con las leyes de la comida autorizada por los rabinos judíos y otras regulaciones para la limpieza ceremonial. Los discípulos tuvieron dificultades para comprender esta enseñanza (v.17). En realidad, aun con instrucción adicional (v. 18-23), los discípulos pasaron años debatiendo acerca de esto (véase Hechos 10:11, 15). La explicación posterior de Jesús (v.18-19) fue en extremo concreta. Ninguna comida puede contaminarnos e impedir que podamos acercarnos a Dios porque es sencillamente comida. Esta entra “en el vientre, y sale a la letrina” (v.19). 

Las ultimas cinco palabras del versículo 19, “declarando limpios todos los alimentos”, aparecen como parte de la explicación de Jesús. En vez de ser parte de las palabras de Jesús, es un comentario añadido por Marcos. Era importante que los lectores gentiles de Marcos supieran que Jesús negó específicamente la necesidad o utilidad de las leyes prescritas por los rabinos judíos sobre la comida para hacernos posible el acercarnos a Dios. 

LO QUE HAY EN EL CORAZÓN (Marcos 7:20-23). 

La enseñanza de Jesús continúa en Marcos 7:20-23. Sólo nos contamina lo que hay en nuestro corazón y lo que sale de él. Las cosas que hay en nosotros y que pueden salir  fuera no son, por supuesto, algo físico, sino nuestros pensamientos, nuestros valores y nuestros móviles y propósitos pecaminosos. Sólo el pecado nos contamina y nos impide acercarnos a Dios. Jesús sabe lo que hacemos y lo que pensamos, y Él conoce el móvil y la intención de cada pensamiento y cada obra. Él ve el pecado que nos contamina. La única cura par el pecado es la gracia de Dios. 

¿Cuáles son los aspectos verdaderamente importantes de la vida que a veces pueden ocultarse con las tradiciones humanas? Los aspectos que realmente valen no son lo que alguien come ni cómo se lava, ni ninguna de las miles de tradiciones que ideamos para definir la santidad. La ley de Dios trata sobre los asuntos verdaderamente importantes, cosas que pueden contaminarnos desde nuestro interior.  Jesús sencillamente pudo haber dicho, como hizo en otras ocasiones, que debemos amar a Dios y a nuestro prójimo si queremos estar limpios delante de Dios. Pero Él les dio a los discípulos algunos ejemplos específicos en los versículos 21-22. 

La mayoría de ellos se explican por sí mismos. La diferencia entre adulterio y fornicación es que el primero es pecado sexual fuera del matrimonio mientras que el segundo es cualquier pecado sexual. Tener envidia es ser celoso y rencoroso. La blasfemia es calumniar a Dios o a otras personas. La insensatez es no tener o no poder ejecutar juicios morales. El adulterio, el asesinato, el robo, la avaricia, el engaño y la blasfemia son prohibidos de modo explícito por los Diez Mandamientos, y los demás pecados están explícitos aquí. Algunas de estas formas de maldad están ocultas dentro de nosotros; otras son expresiones externas de la maldad que hay en nosotros. 

Hace muchos años una universidad norteamericana acostumbraba anunciar como parte de su propaganda para los padres que había “siete millas desde la forma de pecado conocida más cercana”. Pero debemos recordar que en realidad no podemos separarnos totalmente del mundo en que vivimos. No son las cosas exteriores de este mundo las que nos contaminan que florezcan en nosotros las que nos contaminan y nos alejan de Dios. Para tratar con los aspectos importantes del pecado y las motivaciones de nuestro corazón, necesitamos buscar de la gracia de Dios para cambiar. 

CONCLUSIÓN  

Las tradiciones humanas no son intrínsecamente malas. En realidad, los seres humanos parecen estar “amarrados” a las tradiciones. Pero las tradiciones pueden ocultar los aspectos importantes de la vida. Cuando nos sentimos cómodos viviendo según las tradiciones, podemos estar rechazando la búsqueda del conocimiento de Dios y de sus caminos. Siempre debemos tratar de vivir de acuerdo a la verdad de la Palabra de Dios, aun cuando sea menos cómodo que la tradición. 

¿Cómo? En primer lugar, haga un inventario mental de aquellas cosas que usted hace por rutina o por tradición. Pregúntese si esas tradiciones todavía cumplen la función de ayudarle a conocer a Dios. Examine si alguna de esas tradiciones o prácticas lo separan de un bien mayor, o si usted las utiliza para evadir la verdadera obediencia. Luego ore para que Dios le muestre la verdad. Jesucristo conoce los verdaderos motivos y las intenciones de cada pensamiento y obra, y Él nos ayudará. Sólo Él puede transformar nuestro corazón.