TRES NIVELES DE PERFECCIÓN

 

Base Bíblica:

 

Filipenses 3.12-16

 

12No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. 15Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. 16Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.

 

 

Introducción.

Pablo dice que su meta era conocer a Cristo, ser como Él, y ser todo lo que Cristo pensaba en cuanto a él. Esta meta absorbió todas sus energías. Esto es un ejemplo valioso para nosotros. No debiéramos permitir que nada aparte la meta de nuestros ojos: conocer a Cristo. Con la concentración de un atleta en entrenamiento, debemos poner a un lado todo lo que es perjudicial y olvidarnos aun de las cosas buenas que podrían distraernos e impedir que seamos cristianos efectivos. ¿Qué lo retiene?

 

 

1.     Relación perfecta

Somos perfectos debido a nuestra eterna unión con el infinitamente perfecto Cristo. Cuando nos convertimos en sus hijos, somos declarados «no culpables», en otras palabras justos, gracias a lo que Cristo, el Hijo amado de Dios, hizo por nosotros. Esta perfección es absoluta e invariable, y es esta relación perfecta la que nos garantiza que un día seremos «completamente perfectos» (abajo). Véanse Colosenses 2.8–10; Hebreos 10.8–14.

 

 

2.     Progreso perfecto

Podemos crecer y madurar espiritualmente a medida que continuemos confiando en Cristo, aprendamos más acerca de Él, nos acerquemos más a Él, y le obedezcamos. Nuestro progreso es variable (en contraste con nuestra relación, arriba), porque depende de nuestro caminar cotidiano, hay veces en que maduramos más que otras. Pero estamos creciendo hacia la perfección si proseguimos esforzándonos para lograrla (Filipenses 3.12). Estas obras buenas no nos perfeccionan, sino que en la medida que Dios nos perfecciona hacemos obras buenas para Él. Véase Filipenses 3.1–15.

 

 

3.     Perfectos totalmente

Cuando Cristo vuelva para llevarnos a su reino eterno, seremos glorificados y hechos completamente perfectos. Véase Filipenses 3.20, 21.

 Todas las fases de la perfección están fundadas en la fe en Cristo y en lo que hizo, no en lo que podamos hacer para Él. No podemos perfeccionarnos a nosotros mismos; solo Dios puede obrar en y por medio de nosotros hasta que su buena obra quede perfeccionada en el día en que Jesucristo regrese (1.6).

Conclusión:

 Pablo tenía razón para olvidar lo que estaba atrás: él cuidó la ropa de los que apedrearon a Esteban, el primer mártir cristiano (Hechos 7.57, 58; aquí Pablo es llamado Saulo). Todos hemos hecho cosas de las que nos avergonzamos y vivimos en la tensión de lo que hemos sido y de lo que queremos ser. Como nuestra esperanza está en Cristo, sin embargo, podemos olvidar la culpa pasada y proyectarnos a lo que Él nos ayudará a ser. No se estanque en su pasado. Más bien, crezca en el conocimiento de Dios, concentrándose en su relación con Él ahora. Sepa que ha sido perdonado, y muévase en dirección a una vida de fe y obediencia. Proyéctese hacia una vida plena y de mayor significado gracias a su esperanza en Cristo.

 

Algunas veces tratar de vivir una perfecta vida cristiana puede ser tan dificultoso que nos puede agotar y desanimar. Podemos sentirnos tan lejos de lo perfecto, que nunca agradaremos a Dios con nuestras vidas. Pablo usó el término perfecto (3.12), para significar maduro o completo, no intachable en cada detalle. Aquellos que son maduros deberían perseverar en el poder del Espíritu Santo, sabiendo que Cristo revelará y llenará cualquier discrepancia entre lo que somos y lo que deberíamos ser. Esta provisión de Cristo no es una excusa para una devoción pobre, pero provee alivio y confianza para aquellos que se sienten apremiados.

 

La madurez cristiana implica actuar en base a la guía que usted ya ha recibido. Siempre podemos excusarnos diciendo que todavía tenemos mucho por aprender. La instrucción para nosotros es vivir de acuerdo con lo que ya conocemos y dejar aquello que ya aprendimos que no debemos hacer. No nos conviene distraernos con una búsqueda interminable de la verdad.