IGLESIA PENTECOSTAL JOHOVA SHALOM

1723-29 Boston Road

Bronx NY 10460

 

Pastor Rev. Ricardo Guzmán Ph. D

 

DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN

 

Prof. Rafael N. Polanco Ph.D

Dir. De Educación

 

Clase de Ministerios

 

LA DOCTRINA DE LA SALVACIÓN.

 

 

BOSQUEJO

 

1

Introducción

27

Espirituales.

2

La naturaleza de la salvación.

28

Prácticos.

3

Tres aspectos de la salvación.

29

La naturaleza de la santificación.

4

Justificación por el juez.

30

Separación.

5

Regeneración y adopción por el Padre.

31

Dedicación.

6

Santificación por el Santo.

32

Purificación.

7

Salvación, externa e interna.

33

Consagración.

8

Las condiciones de la salvación.

34

Servicio.

9

Arrepentimiento.

35

El tiempo de la santificación.

10

Fe.

36

Relativa a posición, “en Cristo”, e instantánea.

11

Conversión.

37

Práctica y progresiva.

12

La naturaleza de la justificación: Absolución divina.

38

Los medios divinos de la santificación.

13

La necesidad de la justificación: La condenación del hombre.

39

La sangre de Cristo.

14

La fuente de la justificación: La gracia.

40

La palabra de Dios.

15

La base de la justificación: La justicia de Cristo.

41

Puntos de vista erróneos con respecto a la santificación.

16

La naturaleza de la regeneración.

42

Legalismo.

17

Un nacimiento.

43

Ascetismo.

18

Una limpieza.

44

El método verdadero de la santificación.

19

Una vivificación.

45

Obediencia al Espíritu.

20

Una creación.

46

Completa santificación.

21

La necesidad de la regeneración.

47

La seguridad de la salvación.

22

Los medios de la regeneración.

48

El calvinismo.

23

Agencia divina.

49

Arminianismo.

24

La preparación humana.

50

Conclusión

25

Los efectos de la regeneración.

 

 

26

Relativos a posición.

 

 

 

1-Introducción.

El señor Jesucristo, por su muerte expiatoria, compró la salvación del hombre. ¿De qué manera es esa salvación aplicada por Dios, recibida por el hombre y verificada en la experiencia? Las verdades relacionadas con la aplicación de la salvación pueden reunirse en tres grupos: justificación, regeneración y santificación. Las verdades relacionadas con la aceptación de la salvación de parte del hombre pueden reunirse en tres grupos: arrepentimiento, fe y obediencia.

 

2-LA NATURALEZA DE LA SALVACIÓN

El tema de esta sección es el siguiente: lo que constituye la salvación, o el estado de gracia.

 

3-Tres aspectos de la salvación.

      Hay tres aspectos de la salvación, o del estado de gracia, y cada uno se caracteriza por un vocablo que suministra una ilustración clara de la bendición: justificación, regeneración y santificación.

 

4-Justificación por el Juez.

      Justificación es un término judicial o legal, que nos recuerda una escena en los tribunales de justicia.

      El hombre, culpable ante Dios y condenado, recibe la absolución, se le declara justo, en otras palabras, es justificado.

 

 5-Regeneración y adopción por el Padre.

      La regeneración (la experiencia interna o interior) la adopción, nos sugiere una escena doméstica, del hogar. El alma, muerta en delitos y pecados, necesita una vida nueva, la cual es impartida mediante el acto divino de la regeneración. La persona se convierte entonces, en “hijo de Dios”, y pasa a formar parte de su hogar o casa.

 

6-Santificación Por El Santo.

      El vocablo santificación, nos sugiere una escena en el templo, pues el término está relacionado principalmente con la adoración a Dios. Hecho justo en lo que la ley de Dios respecta, y renacido para vivir una vida nueva, el hombre queda desde ese momento dedicado al servicio de Dios. Comprado mediante un precio, no se pertenece a sí mismo; no abandona el templo (en sentido figurado), sino que sirve a Dios noche y día (Lucas 2:37). Es santificado por Dios, y se da a sí mismo a Dios.

      El hombre salvado, es entonces, aquel que ha cancelado su deuda con Dios, ha ajustado sus cuentas con Él, ha normalizado sus relaciones con el Hacedor, ha sido adoptado en la familia  divina y está ahora dedicado al servicio de Dios. En otras palabras, su experiencia de la salvación, o estado de gracia consiste en la justificación, pertenece a los justos; al estar regenerado, es un hijo de Dios; al estar santificado, es un “santo” (literalmente persona santa.) ¿Se reciben todas estas bendiciones en orden de sucesión, o en forma simultanea? Hay sin duda, un orden lógico: primero, el pecador cancela su deuda o ajusta sus cuentas en lo que respecta a la ley de Dios; luego, por estar su vida en desorden, tiene que ser cambiada; finalmente, debe ser separado para vivir una vida nueva y servir a Dios. No obstante, las tres experiencias aquí descritas son simultaneas en el sentido de que en la realidad no pueden separarse, aúnque las separamos para fines de estudio. Las tres constituyen la “salvación plena”. El cambio exterior denominado justificación, es seguido de un cambio interno llamado regeneración, que a su vez es seguido de la dedicación o consagración al servicio de Dios. No se puede concebir que una persona realmente justificada no sea regenerada; ni tampoco que una persona verdaderamente regenerada no sea santificada (aúnque en la vida real una persona salvada puede a veces violar su consagración.) No puede haber salvación plena sin estas tres experiencias, como tampoco puede haber un triangulo verdadero sin tres lados. Las experiencias cristianas constituyen el fundamento de carácter triple sobre el cual se erige la vida cristiana. Partiendo de estas tres experiencias, la vida cristiana progresa hasta su consumación.

      Esa distinción triple, regula el idioma del Nuevo Testamento hasta sus más ligeros matices. Pasamos a ilustrar:

      Con relación a la justificación: Dios es el juez y Cristo el abogado; el pecado es transgresión de la ley, la expiación es satisfacción o pago; el arrepentimiento es convicción; la aceptación es perdón o remisión; el testimonio del Espíritu es el cumplimiento de la ley de justicia.

      La salvación es también una vida nueva en Cristo. Con relación a esa nueva vida, Dios es el Padre (procreador), Cristo el hermano mayor y la nueva vida; el pecado es obstinación voluntariedad, es decir, equivale a escoger nuestra propia voluntad, en vez de la del jefe de la casa; la expiación es reconciliación; la captación es adopción; la renovación de vida es regeneración, el ser nacido de Dios; la vida cristiana es la crucifixión o mortificación, de la vieja naturaleza, contrario a la nueva, y asimismo el nutrimento o cultivo de esa ultima; la perfección de esta vida es el reflejo perfecto de la imagen de Cristo, el unigénito hijo de Dios.

      La vida cristiana es una vida dedicada a la adoración y servicio de Dios, es decir, una vida santificada. Con relación a la vida santificada, Dios es el Santo, Cristo es el sumo sacerdote; el pecado es contaminación; el arrepentimiento es el tener conciencia de la contaminación; la expiación es un sacrificio expiatorio o propiciatorio; la vida cristiana es dedicación o consagración en el altar (Romanos 12:1); la perfección de ese aspecto, es la completa santificación del pecador y separación a fin de vivir para Dios.

      Todas estas tres bendiciones de la gracia, fueron obtenidas o alcanzadas por la muerte expiatoria en Cristo, y las virtudes de esa muerte, son impartidas al hombre por medio del Espíritu Santo. Como satisfacción a las demandas de la ley, la expiación asegura el perdón y la justicia del hombre; como abolición de la barrera que se interponía entre Dios y el hombre, hizo posible nuestra vida regenerada; como sacrificio por la purificación del hombre de sus pecados, su beneficio es la santificación y la santidad. Nótese también, que las tres bendiciones fluyen o nacen de nuestra unión con Cristo. El creyente es uno con Cristo, en virtud de su muerte expiatoria y de Espíritu, que imparte vida. Nos hemos convertido en la justicia de Dios en Él. (2 Corintios 5:21) y por medio de Él tenemos el perdón de los pecados (Efesios 1:7); En Él somos nuevas criaturas, nacidos de nuevo a una nueva vida (2 Corintios 5:17(; somos santificados en Él (1 Corintios 1:2) y El ha sido hecho para nosotros santificación (1 Corintios 1:30). Él es la “causa de eterna salud”.

 

7-Salvación, externa e interna.

La salvación es tanto objetiva (externa) como subjetiva (interna.)

La justicia es primero de todo cambia de posición, pero es seguida de un cambio de condición. La justicia debe ser tanto atribuida o  imputada como impartida.

La adopción se refiere al hecho de conferir la dignidad de hijo de Dios; la regeneración es la vida interior que corresponde a nuestro llamado y nos hace participantes de la naturaleza divina.

La santificación es tanto externa como interna. En lo exterior, es la separación del pecado y la dedicación a Dios; en lo interior, demanda purificarse del pecado.

El aspecto exterior de la gracia es proporcionado por la obra expiatoria de Cristo, el aspecto interno, es la obra del Espíritu Santo.

 

8-Las condiciones de la salvación.

¿Qué se quiere decir por condiciones de la salvación? Se quiere decir, los requisitos en el hombre a quien Dios acepta por amor de Cristo, y en quien deposita libremente las bendiciones del evangelio de gracia.

      Las Sagradas Escrituras, enuncian el arrepentimiento y la fe como condiciones de la salvación; el bautismo en agua es mencionado como símbolo exterior de fe interna del convertido. (Cf. Marcos 1:15; Hechos 22:16; 16:31; 2:38; 3:19.)

      El apartarse del pecado y allegarse a Dios, son las condiciones y preparaciones para la salvación. Hablando en sentido estricto, ni el arrepentimiento ni la fe tienen merito; puesto que todo lo necesario para la salvación ha sido ya realizado por el penitente. Mediante el arrepentimiento, el penitente remueve  el obstáculo que impide la recepción del don; por medio de la fe acepta el don. Pero aunque el arrepentimiento y la fe son obligatorios, puesto que son ordenados, se insinúa la influencia auxiliadora del Espíritu Santo. (Nótese la frase “ha dado Dios arrepentimiento”. Hechos 11:18.) La blasfemia contra el Espíritu, ahuyenta a aquel que es el único que puede inspirar el arrepentimiento del corazón, y por lo tanto, no hay perdón.

      ¿Qué diferencia hay entre el arrepentimiento y la fe? La fe, es el instrumento por medio del cual recibimos la salvación, lo cual no se puede decir del arrepentimiento. Asimismo el arrepentimiento esta relacionado con el pecado y el remordimiento que produce, mientras que la fe descansa o se apoya en la misericordia de Dios.

      ¿Puede haber fe sin arrepentimiento? No; puesto que solo el penitente siente la necesidad de un Salvador y desea la salvación de su alma.

      ¿Puede haber arrepentimiento piadoso sin fe? Nadie puede arrepentirse en el sentido bíblico sin fe en la palabra de Dios, sin creer en sus amenazas de juicio y promesas de salvación.

¿Son la fe y el arrepentimiento simplemente condiciones preparatorias para la salvación? Siguen también al creyente en la vida cristiana; el arrepentimiento se transforma en fervor en pro de la purificación del alma, y la fe trabaja en amor  y continúa recibiendo de Dios.

 

 9-Arrepentimiento.

      El arrepentimiento se ha definido de la siguiente manera: “Un dolor verdadero por el pecado, acompañado de un sincero esfuerzo por dejarlo”; “dolor de carácter piadoso por el pecado”; “la convicción de culpabilidad producida por la aplicación de la ley digna al corazón, por el Espíritu Santo”; “sentir tanto dolor que uno deja de pecar” (definición de un niño).

      Tres elementos constituyen el arrepentimiento bíblico: el intelectual, el emocional, y él práctico. Puede ser ilustrado como sigue: (1) Un viajero se da cuenta que se ha equivocado de tren; ese conocimiento corresponde al elemento intelectual mediante el cual una persona comprende, por la predicación de la palabra, que no esta en buenas relaciones con Dios, que no ha ajustado sus cuentas con el señor. (2) el descubrir que se ha equivocado de tren perturba al viajero. Le produce disgusto, quizás temor. Eso ilustra el lado emocional del arrepentimiento, que consiste de acusación a sí mismo, y dolor sincero por haber ofendido a Dios (2 Corintios 7:10.)

(3), se baja del tren en la primera oportunidad que tiene, y sube el que corresponde. Esto ilustra el aspecto práctico del arrepentimiento, que encierra el volver por completo las espaldas al pecado, y viajar en la dirección de Dios. Un vocablo griego para el “arrepentimiento” significa literalmente “un cambio mental o de propósito”. El pecador convencido de sus pecados, se propone corregir su conducta y volverse a Dios, el resultado práctico es, que produce frutos dignos de arrepentimiento (Mateo 3:8.)

      El hombre, por medio del arrepentimiento hace honor a la ley, así como por medio de la fe hace honor al evangelio. ¿De qué manera el hombre hace honor a la ley por medio del arrepentimiento? Arrepentido, lamenta ese apartado del santo mandamiento, y de haberse contaminado personalmente, y como lo revela ley; en la confesión, reconoce la justicia de la sentencia; al enmendar su conducta o rectificarse, se aparta del pecado y realiza todas las reparaciones posibles y necesarias según las circunstancias.

¿De que manera el Espíritu Santo le ayuda una a persona a arrepentirse? Mediante la aplicación de la palabra en la conciencia, influyendo en el corazón y fortaleciendo la voluntad y la determinación de apartarse del pecado.

 

10-Fe.

      En el sentido bíblico del vocablo, fe significa creencia y confianza. Es el asentimiento de la mente o intelecto, y el consentimiento de la voluntad. Con respecto al intelecto, es creencia en ciertas verdades reveladas, relativas a Dios y a Cristo; con referencia a la voluntad, es la captación de estas verdades según dirigen los principios de la vida. La fe intelectual, no es suficiente (Santiago 2:129; Hechos 8:13, 21) para salvación, una persona puede dar asentimiento intelectual al evangelio, sin consagrar o dedicar su vida a el. La creencia afectiva o del corazón es fundamental (Romanos 10:9.) La fe de carácter intelectual, significa el reconocimiento de que el evangelio es verídico, es una realidad; la fe afectiva o del corazón, significa la dedicación voluntaria, de la vida de uno a las obligaciones que están encerradas o incluidas en la realidad del evangelio. La fe en calidad de confianza, incluye asimismo un elemento emocional; de ahí que la fe; salvadora sea un acto de la personalidad toda, que abarca el intelecto, las emociones y la voluntad.

      El significado de la fe puede ser determinado por la forma en la cual se emplea en el original griego. La fe a veces denota no solo el acto de creer en un cuerpo o conjunto de verdades, sino también todo el conjunto de verdades, como en las expresiones siguientes: “Anuncia la fe que en otro tiempo destruía”, “algunos apostataran de la fe”, “esta es la palabra de fe, la cual predicamos”, “la fe que ha sido una vez dada a los santos”. Esa es a veces denominada fe objetiva o externa. El acto mismo de creer estas verdades se conoce como fe subjetiva.

      Seguido de ciertas preposiciones griegas, el vocablo “creer” significa la idea de reposar o descansar sobre un fundamento seguro, como por ejemplo, Juan 3:16; seguido de otra preposición significa una, confianza que une a la persona al objeto de su confianza, o lo solidariza con ella. La fe, es de esa manera, vinculo de unión entre el alma y Cristo. ¿Es la fe una actividad humana o divina? El que se le ordene, al hombre creer, indica qué tiene la capacidad para creer, y la obligación de hacerlo. Todo hombre esta capacitado o dotado para depositar su confianza en alguien o algo, de manera que por ejemplo, uno puede depositar la confianza en las riquezas, en el hombre, en amigos y así sucesivamente. Cuando la creencia se funda en la palabra de Dios, y la confianza reposa en Dios y en Cristo, luego tenemos fe salvadora. No obstante, se insinúa como agente en la producción de la fe salvadora, la gracia auxiliadora del Espíritu Santo. (Cf. Juan 6:44; 16:7-14; Romanos 10:17)

¿Qué es la fe salvadora? Se han proporcionado las definiciones siguientes: “la fe en Cristo es una gracia salvadora en virtud de la cual recibimos la salvación, y asimismo dependemos de Él, exclusivamente, para la salvación, según se nos ofrece en los evangelios.” Es el “acto del penitente solo, según es ayudado especialmente por el Espíritu Santo, y según deposita su confianza en Cristo”. “El acto o hábito de la mente del pendiente, por el cual bajo la influencia de la gracia divina, deposita su confianza en Cristo en calidad de salvador suficiente y único.” “Una confianza segura que Cristo murió por mis pecados y me amo, y se dio a sí mismo por mí.” “Significa creer, depositar la confianza en los méritos de Cristo, de que por amor a su Hijo, Dios, ciertamente está dispuesto a demostrarnos misericordia.” “El acogerse del pecador a la misericordia de Dios en Cristo”.

 

11-Conversión.

En su significado más simple, la conversión es el apartarse del pecado y acudir a Dios (Hechos 3:19). Él término se emplea para denotar el periodo crítico cuando el pecador se aparta del canino de pecado para transitar por la senda de justicia, como para dar a entender también el arrepentimiento por alguna transgresión particular, cometida por los que ya se encuentran en la senda de justicia (Mateo 18:3; Lucas 22:32; Santiago 5:20).

      Se relaciona estrechamente con el arrepentimiento y la fe, y ocasionalmente, significa lo uno o lo otro, o ambos, al representar la suma total de las actividades por las cuales el hombre se vuelve del pecado hacia Dios (Hechos 3:19; 11:21; 1 Pedro 2:25).

¿De qué manera podemos distinguir entre la conversión y la salvación? La conversión describe un lado de la salvación, según afecta al hombre. Pasemos a ilustrar: se observa que un pecador notorio ya no bebe, ni juega, ni tampoco frecuenta los antros del vicio; odia aquello que antes amaba, y ama

lo que antes odiaba. Sus conocidos comentan: “Se ha convertido, en un hombre cambiado.” Describen lo que ven, es decir, el lado del acontecimiento que afecta al hombre. Pero en lo que respecta al otro lado, que corresponde a Dios, diremos que Dios ha perdonado su pecado, y le ha dado un nuevo corazón.

      ¿Pero que significa ello acaso que la conversión es enteramente asunto de esfuerzo humano? A igual que la fe y el arrepentimiento, a los cuales encierra, abarca, la conversión es una actividad humana, del hombre; pero también constituye un efecto sobrenatural, en el sentido de que se trata de la reacción del hombre a la fuerza atrayente de la gracia y la palabra de Dios. De manera que la conversión se produce mediante la cooperación armónica de las actividades divinas y humanas. “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad “(Filipenses 2:12, 13) Los siguientes versículos relatan el lado divino de la conversión: Jeremías 31:18; Hechos 3:26. Los siguientes se relacionan con el lado humano: Hechos 3:19;  11:18; Ezequiel 33:11.

      ¿Qué viene primero, la regeneración o la conversión? Las operaciones que entraña la conversión, son profundas y misteriosas, y por lo tanto, no beben analizarse con precisión matemática.

 

 

 12-La naturaleza de la justificación: Absolución divina.

El vocablo “justificar”, es un término judicial que significa absolver, declarar, justo o pronunciar sentencia favorable de aceptación. La palabra se toma de las relaciones jurídicas. En efecto, el culpable  comparece ante Dios, el juez justo. Pero, en cambio de una sentencia de condenación, recibe la absolución.

El vocablo “justificación” o “justicia” significa un estado de aceptación al cual uno entra por la fe. Esta aceptación es un don gratuito de Dios, disponible por la fe en Cristo (Romanos 1:17; 3:21, 22) Es un estado de aceptación sobre el cual reposa el creyente (Romanos 5:2) Sin tener en consideración su pasado pecaminoso e imperfección presente, tiene una posición completa y segura con relación a Dios. “Justificado”, es el veredicto de Dios  y nadie lo puede contradecir o negar (Romanos 8:34) La doctrina se ha definido de la siguiente manera: “la justificación es un acto de la gracia libre de Dios, por medio de la cual perdona todos nuestros pecados y nos acepta en calidad de justos ante su presencia, solo en virtud de la justicia de Cristo imputada o atribuida a nosotros y recibida por fe solamente.” La justificación es primordialmente un cambio de posición de parte del pecador; antes condenado, ahora absuelto; antes bajo la condenación divina, esta sujeto ahora al encomio o alabanza divina.

      La justificación abarca mucho más que el perdón del pecado y la eliminación de la condena; En el acto de la justificación, Dios coloca al ofensor en la posición del hombre justo. En algunos países el gobernador de un estado puede conmutar la pena de un criminal, pero no pede devolverle a la posición de uno que jamás ha quebrantado las leyes. Pero Dios puede hacer ambas cosas. Borrar el pasado, es decir, los pecados y ofensas, y luego tratan a la persona como sí nunca hubiera cometido pecado en su vida. El criminal perdonado, no es considerado o descrito como persona justa o buena; pero cuando Dios justifica al pecador, lo declara justificado, es decir, justo a su vista. Ningún juez podría justificar con justicia a un criminal, es decir, declararlo justo y bueno. Sí Dios estuviera sujeto a las mismas limitaciones, y justificara a los buenos, no habría evangelio para los pecadores. Pablo nos asegura que Dios justifica a los impíos. “El milagro del evangelio consiste en que Dios acude a los impíos con una misericordia que es toda justa, y en que Dios acude a los impíos con una misericordia que es toda justa, y capacita a los impíos, por la fe, y a pesar de lo que son, a iniciar una relación nueva con Él en la cual la justicia se hace posible para ellos. El secreto todo del cristianismo del Nuevo Testamento, y de todo avivamiento religioso y reforma en la iglesia, es esa paradoja maravillosa: Dios justifica al impío.”  

De manera entonces que, la justificación es, en primer lugar, una resta: la cancelación de la deuda del pecado, y en segundo lugar, una suma: la imputación o atribución de la justicia.

 

13- La necesidad de la justificación: la condenación del hombre.

      Job hizo la siguiente pregunta: ? Y como se justificará el hombre con Dios?” (Job 9:2) ¿Qué debe hacer para ser salvo?” Dijo el carcelero de Filípos. Ambos hombres expresaron una de las preguntas de mayor trascendencia que se puede formular: ¿de qué manera puede el hombre cancelar su deuda con Dios y estar seguro de que ha sido aprobado por el hacedor?

      La respuesta a la pregunta se encuentra en el Nuevo Testamento, especialmente en la epístola a los Romanos, la que presenta el plan de la salvación en forma detallada y sistemática. El tema del libro esta encerrado en 1:16, 17, y puede expresarse de la manera siguiente: el evangelio es poder de Dios para salvación del hombre, porque dice de que manera los pecadores pueden ser cambiados, en lo que respecta a posición y condición, para quedar en buenas relaciones con Dios.

      Una de las frases notables del libro, es la siguiente: “la justicia de Dios.” El apóstol inspirado describe la clase de justicia que es aceptable ante Dios, de manera que el hombre que la posee es considerado “justo” a la vista de Dios. Es la justicia que resulta de la fe en Cristo. Pablo nos demuestra que todos los hombres necesitan la justicia de Dios, pues tu que la raza toda ha pecado. Los gentiles están bajo condenación. Los pasos que condujeron a la caída son evidentes: una vez conocieron a Dios (1:19, 20), pero al no adorarle y servirle, sus mentes se oscurecieron (1:21, 22) La ceguera espiritual condujo a la idolatría (v. 23), y la idolatría llevó a la corrupción moral (v. 24.31) No tienen excusa, porque poseen una revelación de Dios en la naturaleza, y una conciencia que aprueba o desaprueba sus acciones (Romanos 1:19, 20; 2:14, 15) El judío está también bajo la condenación. Es cierto que pertenece a la nación escogida, y ha conocido la ley de Moisés por centenares de años, pero ha violado esa ley en lo que respecta a pensamientos, hecho y palabras, capítulo 2. Pablo cierra las puertas de la celda de condenación de la raza humana, con las siguientes palabras: “pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre, y todo el mundo, quede bajo el juicio de Dios, ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de el; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20)

¿Qué es esta justicia que el hombre necesita tanto? El vocablo mismo significa el estado o condición de justo. A veces la palabra describe el carácter de Dios, en el sentido de que esta libre de imperfecciones e injusticias. Aplicado al hombre, significa el estado de justo ante Dios. El vocablo justo equivale a “recto” o derecho, es decir, conforme a una norma o patrón. De lo que antecede se deduce que un hombre justo, recto, es aquel cuya conducta esta en armonía con la ley de Dios. Pero ¿qué ocurre sí descubre que en vez de justo o “recto”es “perverso”, es decir, se ha desviado del camino y no puede enderezarse? Luego, entonces, necesita la justificación, la cual es obra de Dios.

Pablo ha declarado que por las obras de la ley nadie puede justificarse. No se trata de un baldón sobre la ley, la cual es santa y perfecta. Significa simplemente, que la ley no fue dada para el fin de hacer justa a la gente, sino para proporcionar un nivel de justicia. La ley puede compararse con una medida que indicara el largo de una pieza de material, pero no aumentará su largo. O se puede comparar con una báscula que dice el peso que tenemos, pero no puede añadir a nuestro peso. “Por la ley es el conocimiento del pecado.”

      “Más ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado.” Nótese el vocablo “ahora”. Se ha dicho que para Pablo, el tiempo se dividía en “ahora y entonces”. En otras palabras, la venida de Cristo efectuó un cambio en el trato de Dios con el hombre. Introdujo una nueva dispensación. Durante siglos, el hombre había estado pecando y reconociendo la imposibilidad de abandonar o conquistar sus propios pecados. Pero ahora Dios con claridad, y abiertamente, ha revelado el camino.

      Muchos israelitas consideraban que debía haber una forma de ser justificado, aparte del guardar la ley, por dos razones:

(1) percibieron un profundo abismo entre el nivel de Dios para Israel, y su condición actual. El pueblo de Israel era injusto, y la salvación no podía llegar por sus propios méritos y esfuerzo. La salvación debía proceder de Dios, por medio de su interposición en beneficio de ellos.

(2) Muchos israelitas supieron por experiencia personal, que no podían guardar la ley perfectamente. Llegaron a la conclusión de que debía de haber una justicia independiente de sus propias obras y esfuerzos. En otras palabras, anhelaban la redención y la gracia. Y Dios les aseguró que tal justicia debía de ser revelada. Pablo (Romanos 3:21), habla con respecto a la justicia de Dios, sin la ley que ha sido “testificada por la ley (Génesis 3:15; 12:3; Gálatas 3:6-8) y los profetas (Jeremías 23:6; 31:31-34)”.

      E realidad, Pablo afirma que la justificación por la fe era el método original de Dios de salvar al hombre; la ley fue añadida con el objeto de disciplinar a los israelitas y hacerlos sentir la necesidad de la redención (Gálatas 3; 19-26)

Pero la ley en sí misma no tenía poder salvador, de la misma manera que un termómetro no tiene poder para hacer disminuir la fiebre que registra. Jehová mismo era el Salvador de su pueblo, y su gracia su única esperanza. Desgraciadamente los judíos llegaron a exaltar la ley como agente justificador, e idearon un sistema de salvación basado en los méritos de guardar sus preceptos, y las tradiciones añadidas a ella. “Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios” (Romanos 10:3) Habían interpretado erróneamente el propósito de la ley. Habían llegado a confiar en ella como medio de salvación espiritual. Al ignorar la pecaminosidad innata de su corazón, se imaginaban que serían salvados mediante el guardar la letra de la ley, de modo que, cuando Cristo vino ofreciéndoles salvación por sus pecados, pensaron que tenían necesidad alguna de tal Mesías (Cf. Juan 8:32-34). Pensaron que se prescribirían ciertos rígidos requisitos por, medio de los cuales podían obtener vida eterna. ” ¿Qué debemos hacer?” Preguntaron, “¿para poner en práctica las obras de Dios?” Y no están dispuestos a seguir el camino indicado por el señor Jesús.  “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que la ha enviado” (Juan 6:28, 29) Estaban tan ocupados procurando establecer y  resolver su propio sistema de justicia, que pasaron por alto o equivocaron el plan de Dios para justificar al hombre pecador. En la realización de un viaje, un tren es el medio para llegar a un fin. No tenemos intención de hacer llegar al punto de destino y cuando llegamos al fin de nuestro viaje, dejamos el tren. La ley fundada a fin de conducción a Israel a cierto destino, y el fin era la confianza en la gracia salvadora de Dios. Pero cuando vino el redentor, los judíos satisfechos de sí mismos procedieron como un hombre que se niega a dejar el tren cuando se ha llegado a destino, aún cuando el guarda o inspector del tren anuncia que se ha llegado a la Terminal. Los judíos se negaron a moverse de sus asientos en el “tren” del antiguo pacto, aún cuando el Nuevo Testamento anunciaba que Cristo es “el fin de la ley” y que el antiguo pacto se había cumplido (Romanos 10:4)

 

14-La fuente de la justificación: la gracia.

      Gracia significa primordialmente favor, o disposición bondadosa en la mente de Dios. Se ha denominado “pura bondad y favor sin recompensar”; “favor inmerecido”. Como tal, la gracia no puede hacer deudor al hombre. Lo que Dios otorga, lo otorga como don; no podemos resarcir a Dios, ni pagar por su gracia. La salvación es presentada siempre como don, un favor pagar por  su gracia. La salvación es presentada siempre como don, un favor inmerecido e impagable, un beneficio puro de Dios (Romanos 6:23) El servicio cristiano, por lo tanto, no se hace en pago de la gracia de Dios. El servicio, es la forma cristiana de expresar nuestra devoción y amor a Dios. “Le amamos, porque él nos amó primero.”

      La gracia es el trato de Dios con el pecador, absolutamente aparte de la cuestión de méritos o deméritos. “La gracia no equivale a tratar a una persona según lo merece, o mejor de lo que merece”,

      Profundamente arraigada en el corazón del hombre, está la idea de que el hombre debe hacer algo para hacerse digno de la salvación. En la iglesia primitiva, ciertos maestros judíos cristianos insistieron que los convertidos eran salvados por la fe, y por la ley de Moisés, es decir, su observancia. Entre la forma de castigo a sí mismo, el cumplimiento de ritos, la realización de peregrinajes, la dádiva de limosnas. La idea que subraya todo eso es la siguiente: Dios no es misericordioso, el hombre no es justo, por lo tanto, debemos hacernos justos a nosotros mismos con el objeto de hacer a Dios misericordioso. Ese fue el error de Lutero, cuando mediante dolorosa mortificación de su cuerpo procuraba efectuar o lograr su propia salvación.

“¡OH cuando serás lo suficiente piadoso para que tengas un Dios misericordioso!”, Exclamó en cierta oportunidad. Pero, finalmente, descubrió la verdad que constituye la base del evangelio: Dios es misericordioso y por lo tanto, desea hacer justo al hombre. La gracia de un padre amoroso revelada en la muerte expiatoria de Cristo, es un elemento en el cristianismo que lo diferencia de cualquier otra religión:

La salvación es la justicia imputada o atribuida de Dios; no es la justicia imperfecta de hombre. La salvación es una reconciliación divina; no es una regulación del hombre. La salvación es la cancelación de todos los pecados; no es el dejar de cometer algún pecado. La salvación es ser librado de la ley, ser muerto a la ley. No es el deleitarse en la ley, o cumplir la ley. La salvación es regeneración divina; no es reforma humana. La salvación es ser aceptable a Dios; no es convertirse en excepcionalmente bueno.

La salvación es integridad en Cristo; no es competencia de carácter. La salvación es siempre de Dios, y solo de Él. No es nunca del hombre.

 

 15-La base de la justificación: justicia de Cristo.

      ¿De qué manera puede Dios tratar al pecador como una persona justa? Respuesta: Dios le proporciona justicia. Pero, ¿es justo dar el título de “bueno” y “justo” a uno que no se lo ha ganado? Repuesta: El señor Jesucristo lo ha ganado para el pecador, y en representación de el, a quien declara justo, “por la redención que es en Cristo Jesús”. La redención significa liberación completa por medio de un precio pagado.

      Cristo obtuvo esta justicia para nosotros, por medio de su muerte expiatoria; “al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre”.

      Propiciación, es aquello que asegura el favor de Dios para el que no lo merece. Cristo murió a fin de salvarnos de la justa ira de Dios y asegurarnos su favor. La muerte y resurrección de Cristo representa la provisión externa para la salvación del hombre; el término justificación, tiene referencia a la forma en la cual los beneficios salvador de la muerte de Cristo, se ponen a disposición de la persona; La fe es el medio por el cual el pecador se adueña de los beneficios.

Consideremos la necesidad que se tiene de justicia. De la misma manera que el cuerpo necesita abrigo, así el alma necesita carácter. Así como uno debe aparecer ante el mundo vestido de las ropas que corresponde, así también el hombre debe aparecer ante Dios y el cielo revestido del manto de un carácter perfectamente justo. (Cf. Apocalipsis 19:8; 3:4; 7:13, 14) Pero el manto del pecador está manchado y hecho jirones (Zacarías 3:1-4), y sí fuera a vestirse con el manto de su propia bondad y méritos, y reclamar el favor divino en virtud de sus propias buenas obras, estas serían consideradas como “trapo de inmundicia” (Isaías 64:6) La única esperanza del hombre consiste en tener la justicia de Dios aceptar: La “justicia de Dios”. Como el hombre carece naturalmente de esa justicia, se le debe proporcionar; y tiene que ser una justicia imputada o atribuida.

Esta justicia fue comprada mediante la muerte expiatoria de Cristo. (Cf. Isaías 53:5, 11; 2 Corintios 5:21; Romanos 4:6; 5:18, 19) Su muerte fue un acto perfecto de justicia, porque satisfizo la ley de Dios, Fue también un acto perfecto de obediencia. Y todo esto fue hecho para beneficio nuestro, y puesto a nuestro crédito. “Dios nos acepta en calidad de justos ante sus ojos, solo por la justicia de Cristo imputada a nosotros”, dice una declaración doctrinal.

 El acto por el cual Dios nos acredita esta justicia, se denomina imputación o atribución. Imputación es, cargar sobre una persona las consecuencias del acto o de otra; por ejemplo, las consecuencias del pecado de Adán, son cargadas a sus descendientes. Las consecuencias del pecado del hombre, fueron imputadas a Cristo, y las consecuencias de la obediencia de Cristo, son cargadas o acreditadas en ese caso, al creyente. Él vistió nuestras ropas del pecado, a fin de que nosotros lleváramos el manto de su justicia. Él “ha sido hecho por Dios sabiduría, y justificación” (1 Corintios 1:30); Se convierte en Jehová, justicia nuestra (Jeremías 23:6)

      Cristo expió nuestra culpa, satisfizo la ley, tanto mediante la obediencia, como por el sufrimiento, y se convirtió en nuestro sustituto, de manera que, al ser nosotros unidos a Él por fe, su muerte se convierte en la nuestra, su justicia, nuestra justicia, su obediencia, nuestra obediencia. Dios, luego nos acepta, no porque haya algo en nosotros, no por nada tan imperfecto como las obras (Romanos 3:28; Gálatas 2:16) o merito, sino por la perfecta y del todo suficiente justicia de Cristo, acreditada a nuestra cuenta. Por amor de Cristo, Dios trata al pecador, cuando es penitente y creyente, como sí fuera justo. Los méritos de Cristo se le atribuyen a él. Puede surgir la pregunta siguiente: la justificación que salva es algo externo, que concierne a la posición del pecador, pero ¿no se produce un cambio de condición? Afecta su posición, pero ¿qué diremos de su conducta? La justicia es imputada, pero ¿es también impartida? En la justificación, Cristo es por nosotros, pero ¿está también en nosotros? En otras palabras, parecería que la imputación fuera un baldón para la ley, sí esa imputación no llevara encerrada en sí promesa de una vida futura de justicia de parte del creyente.

 La respuesta es, que la fe justificadora, es el acto inicial de la vida cristiana, y este acto inicial, cuando la fe es viva, es seguido de un cambio interno y espiritual denominado regeneración. La fe une al creyente al Cristo vivo, y la unión con el Autor de la vida  da como resultado un cambio de corazón. “De modo que sí alguno esta en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, (2 Corintios 5:17) La justicia es imputada en la justificación, e impartida en la regeneración. El Cristo que esta en favor de nosotros se convierte en el Cristo en nosotros.

La fe por la cual una persona es en realidad justificada debe ser por necesidad una viva, y una fe viva producirá un vivir justo; será una fe que “obra por el amor” (Gálatas 5:6) Además, vistiendo la justicia de Cristo, el creyente es llamado a vivir una vida acorde con ese carácter. “Porque el lino fino es la acción justa de los santos” (Apocalipsis 19:8) La verdadera salvación demanda una vida de santidad práctica. ¿Qué pensaríamos de una persona que siempre viste ropas blancas, limpias, pero que nunca se lava? ¡Inconsecuente, lo menos que se puede decir! No menos inconsecuente sería la persona que reclama la justicia de Cristo, y sin embargo, viviera de manera indigna al llamado cristiano. Los que visten su justicia tendrán cuidado de purificarse a sí mismos, así como Él es puro (1 Juan 3:3).

 

16-La naturaleza de la regeneración.

      La regeneración es un acto divino que imparte al creyente penitente una vida nueva y más elevada en unión con Cristo.

El Nuevo Testamento describe la regeneración, de la siguiente manera:

17- Un nacimiento.

      Dios el padre es el procreador, y el creyente es el que ha sido engendrado de Dios (1 Juan 5:1), “nacido del Espíritu” (Juan 3:8), y “nacido de arriba”, traducción literal de Juan 3:7. Estos términos se refieren al acto de gracia creativa que hace al creyente hijo de Dios.

 

18- Una limpieza.

      Dios nos salvó por “el lavamiento (literalmente, baño) de la regeneración” (tito 3:5) El alma fue completamente bañada o limpiada de las inmundicias de la vieja vida, y hecha vivir en novedad de vida, una experiencia representada por el bautismo en agua (Efesios 22:10).

 

 19-Una vivificación.

      Fuimos salvos no por el “lavamiento de la regeneración”. Sí no, también por la “renovación del Espíritu Santo” (Tito 3:5) (Cf. Colosenses 3:10; Romanos 12:2; Efesios 4:23; Salmo 51:10) La esencia de la regeneración es una nueva vida impartida por Dios el padre, por medio de Cristo y por la obra del Espíritu.

 

 20-Una creación.

      El que creó al hombre en el comienzo, y alentó en su nariz soplo de vida, lo recrea por la operación de su Espíritu Santo. (Cf. 2 Corintios 5:17; Efesios 2:10; 4:24; Gálatas (6:15; Génesis 2:7) El resultado práctico es un cambio radical en la naturaleza, el carácter, los deseos y los propósitos de la persona.

 

 21-La necesidad de la regeneración.

      La entrevista de nuestro señor con Nicodemo (Juan 3), proporciona un hermoso, fondo para el estudio de la materia arriba mencionada. Las palabras iniciales de Nicodemo, revelan cierto numero de emociones que se debaten en su corazón; y la declaración abrupta de nuestro señor (v. 3) que parece ser un cambio repentino de asunto, explica por el hecho de que respondió al corazón del hombre, antes que a las palabras de sus labios. Las palabras iniciales de Nicodemo, revelan lo siguiente: (1) Sed espiritual. Sí el príncipe hubiera puesto en palabras el deseo de su alma, hubiera podido decir; “Cansado estoy de estos servicios sin vida de sinagoga; yo asisto a ellos; pero salgo con tanta sed espiritual como cuando entre. ¡Ay! La gloria se ha apartado de Israel; no hay visión y el pueblo parecer. Maestro, mi alma anhela la realidad. Sé poco con respecto a tu personalidad, pero tus palabras han tocado un lugar profundo en mi corazón. Tus milagros me convencen de que eres un maestro enviado de Dios. Quisiera plegarme a tu compañía.” (2) Falta de profundidad de convicciones. Nicodemo siente su necesidad, pero cree necesitar a un maestro, más bien que a un salvador. A igual que la mujer samaritana, quiere el agua de vida (4:15), pero a igual que ella, debe comprender que es un pecador que necesita limpieza y transformación (4:16-18) (3) Uno descubre en sus palabras, es un toque de complacencia consigo mismo, natural en una persona de su edad y posición. Le diría a Jesús: “creo que has sido enviado a restaurar el reino de Israel, y yo he venido para aconsejarte en el plan de operaciones e instarte a que adoptes ciertos procedimientos.” Con toda probabilidad, dio por sentado que el ser un israelita, e hijo de Abraham, serían requisitos suficientes para convertirse o transformarse en miembro del reino de Dios.

      Respondió Jesús: “de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Hagamos la siguiente paráfrasis de las palabras: “Nicodemo, no puede plegarte a mi compañía, de la misma manera que uno se plegaría a una organización. El pertenecer o no a mi compañía, depende de la clase de vida que vivas: mi causa no es otra que la del reino de Dios y no puede entrar sin cambio espiritual. El reino de Dios es completamente otra cosa de lo que tu piensas, y la manera de establecerlo, enrolar ciudadanos en él, es muy distinta de lo que has estado meditando.”

      Jesucristo señalo la necesidad más profunda y universal de todos los hombres: Un cambio completo, radical, de toda la naturaleza del hombre. La  caída, y esa deformación, se refleja en la conducta de la persona y en sus diversas relaciones. Antes de poder vivir una vida que agrade a Dios, en el tiempo y la eternidad, su naturaleza debe pasar por un cambio tan radical, que es en realidad el segundo nacimiento. El hombre no puede cambiarse a sí mismo; la transformación debe proceder del cielo, de arriba.

      El señor Jesucristo, no intento explicar como se producía el nuevo nacimiento, pero sí explicó él por qué del asunto. “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que nacido del Espíritu, Espíritu es.” La carne y el Espíritu pertenecen a diferentes esferas, y la una no puede producir el otro;  la naturaleza humana puede generar naturaleza humana, pero solo el Espíritu Santo, puede generar naturaleza espiritual. La naturaleza humana, solo puede producir naturaleza humana, y ninguna criatura puede elevarse más allá de su propia naturaleza. La vida espiritual no desciende del padre al hijo mediante la generación natural; desciende de Dios al hombre, por medio de la generación espiritual.

 

 

22-Los medios de la regeneración.

 

 

23-Agencia divina.

      El Espíritu Santo es el agente especial en la regeneración, que actúa sobre la persona para producir un cambio (Juan 3:6; tito 3:5) Sin embargo, cada una de las personas de la trinidad está implicada o comprendida en cada una de las operaciones divinas, aunque cada una de las personas tiene ciertos cargos que son suyos en sentido especial. De manera entonces, que el padre es prominentemente el Creador, sin embargo, tanto el Hijo como el Espíritu, son también mencionados como agentes. El padre procrea (Santiago 1:18) y a través del evangelio, según Juan, el Hijo se presenta como el Dador de la vida. Lea los capítulos 5 y 6.

      Nótese especialmente, la relación de Cristo con respecto a la regeneración del hombre. Él es el dador de la vida Y ¿de qué manera proporciona vida al hombre? Al morir por ellos, de manera que el mortal, al comer la carne de Cristo y beber su sangre (que significa figurativamente creer en su muerte expiatoria), puede tener vida eterna. ¿De que manera le imparte en realidad vida al hombre? Parte de su recompensa era la prerrogativa de impartir el Espíritu Santo (compare Juan 3:3, 13; Gálatas 3:13, 14), y ascendió con el objeto de convertirse en la fuente de vida espiritual (Juan 6:62) y energía (Hechos 2:33) El padre tiene vida en sí mismo (Juan 5:26); de manera que da a su hijo para tener vida en sí mismo; el padre es la fuente del Espíritu Santo, pero da al Hijo el poder para impartir el Espíritu Santo. De manera que el Hijo es “Espíritu vivificante” (1 Corintios 15:45), que tiene poder no solo para resucitar a los físicamente muertos (Juan 5:25, 26), sino también, para vivificar las almas muertas de los hombres. (Cf. Génesis 2:7; Juan 20:22, y 1 Corintios 15:45)

24-La preparación humana.

      Hablando en el sentido estricto del vocablo, el hombre no puede cooperar en el acto de regeneración, el cual es un acto soberano de Dios; pero tiene parte en la preparación para el nuevo nacimiento. ¿Cuál es esa preparación? El arrepentimiento y la fe.

 

25-Los efectos de la regeneración.

      Los podemos agrupar bajo tres encabezamientos: relativos a posición (adopción); espirituales (unión con Dios); prácticos (vida justa).

 

 

26-Relativos a posición.

      Cuando una persona ha experimentado el cambio espiritual conocido como regeneración, se convierte en hijo de Dios y es beneficiado de todos los privilegios derivados de esa dignidad de hijos. El doctor William Evans, escribe lo siguiente: “en la adopción el creyente, hijo ya, recibe un lugar en calidad de hijo adulto; De manera entonces, que el niño se convierte en hijo, el menor se convierte en adulto” (Gálatas 4:1-7) El término “adopción”, significa literalmente, “el otorgar la posición de hijos”, y se refiere en el lenguaje común, el traer el hombre a su casa a niños que no descienden de él.

En el aspecto doctrinal, la adopción y la regeneración deben distinguirse:

La primera es un término legal que indica, el conferir o comunicar el privilegio correspondiente a la dignidad de hijo a uno que no es miembro de la familia; la segunda, denota un cambio espiritual interno que hace a uno hijo de Dios, y participante de la naturaleza divina. Sin embargo, es difícil separar los dos en consideración a la experiencia, puesto que la regeneración y la adopción representan la doble experiencia de la dignidad de hijo.

 En el Nuevo Testamento, esta dignidad común de hijo es definida por el término ”hijos” (uioi) vocablo que forma la raíz de la palabra “adopción” a veces por la palabra “hijos “(tekna), que significa literalmente “engendrados”, y la cual implica regeneración. Las dos ideas se distinguen entre sí, y no obstante, se combinan en los versículos siguientes, “más a todos lo que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad (indicando adopción) de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre... sino de Dios” (Juan 1; 12, 13) “Mirad cual amor nos ha dado el padre, para que seamos llamados (indica adopción) hijos de Dios (vocablo empleado para referirse a los que nacen de Dios)” (1 Juan  3:1). En Romanos 8:15, 16, los dos conceptos se combinan o armonizan: “Pues, no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que sois hijos de Dios.”

 

27-Espirituales.

      En virtud de su verdadera naturaleza, la regeneración implica unión espiritual con Dios y con Cristo, por medio del Espíritu Santo; y esta unión espiritual encierra habitación divina.( 2 Corintios 6:16-18; Gálatas 4:5, 6; 1 Juan 3:24, 4:13; Gálatas 2:20). Esta unión resulta en un nuevo tipo de vida y carácter descrito de varias maneras: novedad de vida (Romanos 6:4; un nuevo corazón (Ezequiel 36; 26); un nuevo espíritu (Ezequiel 11:19); un nuevo hombre (Efesios 4:24); participantes de al naturaleza divina. (2 Pedro 1:4). El deber del creyente, es mantener su contacto con Dios por varios medios de gracia, preservar y alimentar su vida espiritual.

 

28-Práctico.

      La persona nacida de Dios demostrará ese echo por su odio al pecado (1 Juan 3:9; 5:18) por sus obras justas (1 Juan 2:29), amor fraternal (1 Juan 4:7) y la victoria sobre el mundo (1 Juan 5:4)

      Debe evitarse dos extremos: hacer el nivel demasiado bajo de manera que la regeneración se convierta en asunto de reforma natural; O elevar el nivel demasiado alto, sin tolerancia o consideración alguna para las debilidades de los creyentes. Los nuevos convertidos, cuando aprenden a caminar en Cristo, pueden tropezar, a igual que un bebe que aprende a caminar; creyentes de más edad quizá sean tomados en falta Juan declara, que es completamente inconsecuente que uno nacido de Dios y que lleva la naturaleza divina, viva habitualmente en el pecado (1 Juan 3:9); Sin embargo, tiene cuidado de escribir: “y sí alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1)

 

 

29-La naturaleza de la santificación.

En un estudio previo afirmamos, que la clave del significado de la doctrina del nuevo testamento con respecto a la expiación, se encontraba en sí sacrificio ritual del Antiguo Testamento; de igual manera, alcanzaremos el sacrificio de la doctrina de santificación del Nuevo Testamento, mediante un estudio del uso en el Antiguo Testamento del vocablo “santo”.

      Al comienzo, obsérvese que “santificación”, “santidad”, “consagración”, son sinónimos: lo son también “santificado” y “santo”; santificar es lo mismo que hacer santo o consagrar. El vocablo “santo” proporciona las ideas siguientes:

 

 

30- Separación.

      “Santo, es un vocablo descriptivo de la naturaleza divina. Su significado original es el de “separación”; por lo tanto, la santidad representa aquello en Dios, que lo hace separado de todo lo terreno y humano, es decir, su absoluta perfección moral y majestad divina.

      Cuando el santo desea emplear a una persona u objeto en su servicio, lo separa para el uso común, y en virtud de su separación, la persona u objeto se convierte en “santo”.

 

 

31-Dedicación.

      La santificación incluye, tanto una separación de algo, como una dedicación a algo. Es la condición de creyentes según son separados del pecado, y del mundo, hecho participantes de la naturaleza divina, y consagrados a la comunión y servicio de Dios, por medio del mediador.

      La palabra “santo” se emplea, principalmente, con relación a la adoración. Cuando se aplica a los hombres o a las cosas, expresa el pensamiento de que son empleados a su servicio y dedicados a él, en sentido especial su propiedad. Israel, es una nación santa, porque fue dedicada al servicio de servicios del tabernáculo; los sábados y días de fiesta, son santos, porque representan la dedicación o consagración del tiempo a Dios.

 

 

 32-Purificación.

 Mientras que el significado primario de santos es el de separación para el servicio, la idea de purificación esta implicado encerrado también. El carácter de Jehová ejercía influencia en todo aquello que se le dedicaba a el. De ahí que, el hombre dedicado al señor debiera compartir su naturaleza. Las cosas dedicadas a Él debían de ser limpias. La limpieza, es una condición de santidad, pero no la santidad misma, que es en primer lugar separación y dedicación. Cuando Jehová elige y separa a una persona u objeto para su servicio, hace algo o hace que se haga, lo cual santifica o hace santo a la persona u objeto. Los objetos inanimados eran consagrados al ser ungidos con aceite. Éxodo 40:9-11, la nación israelita fue santificada mediante la sangre del sacrificio del pacto (Éxodo 24:28) (Cf. Hebreos 10:29), Los sacerdotes eran santificados por Moisés, representante de Jehová, que los lavaba con agua, y los ungía con aceite y los rociaba con la sangre de la consagración. Lea Levítico capítulo 8.

      De la misma manera que los sacrificios del Antiguo Testamento, simbolizaban o prefiguraban el sacrificio de Cristo, así también varios lavacros y unciones del sistema mosaico, simbolizaban la verdadera santificación hecha posible por la obra de Cristo. De manera entonces, que como Israel fue santificado por la sangre del pacto, así también Jesús, “para santificar al pueblo por su propia sangre, padeció fuera de la puerta.” Hebreos 13:12. Jehová santificó los hijos de Aarón para el sacerdocio por medio de la mediación de Moisés, y por el agua, el aceite y la sangre. Dios el Padre (1 tesalonicenses 5:23), santifica a los creyentes para el sacerdocio espiritual (1 Pedro 2:5) por la mediación del hijo (1 Corintios 1:2; 1:30; 6:11; Efesios 5:26; Hebreos 2:11), y por medio de la palabra (Juan 17-17; 15:3), la sangre (Hebreos 10:29; 13:12) y el Espíritu (Romanos 15:16; 1 Corintios 6:11; 1 Pedro 1:2)

 

33-Consagración

      Consagración, en el sentido de vivir santa y justamente. ¿Qué diferencia hay entre justicia y santidad? La justicia, representa la vida regenerada, según concuerda con la ley divina; los hijos de Dios viven piamente (1 Juan 3:6-10). La santidad, es la vida regenerada y dedicada al servicio divino, según concuerda con la naturaleza divina, y esto reclama la remoción de cualquier inmundicia o suciedad que pudiera obstaculizar ese servicio. “Como aquel que os llamo, es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera  de vivir” (1 Pedro 1:15) De manera entonces, que la santificación abarca la remoción de cualquier mancha o contaminación que sea contraria a la santidad de la naturaleza divina.

      Después de la consagración de Israel, la cuestión surgiría naturalmente: ¿ de qué manera debe vivir un pueblo santo? Para responder a esta pregunta, Dios les dio un código de leyes santas que se encuentran en el libro de Levítico. De manera entonces, quede la consagración de Israel siguió la obligación de vivir una vida santa. Lo mismo se puede decir del creyente. Aquellos a quines se les declara santificados (Hebreos 10:10) son exhortados a seguir la santidad (Hebreos 12:14); los que han sido limpiados (1 Corintios 6:11) son exhortados a limpiarse a sí mismos (2 Corintios 7:1)

 

 34-Servicio.

      El pacto es un estado de relación con Dios y el hombre, en el cual el señor es el Dios de los hombres, y estos su pueblo, lo que significa su pueblo adorador. El vocablo “santo”, expresa esta relación derivada del pacto. El servir a Dios en esta relación equivale a ser sacerdote; de ahí que se describa a Israel como nación santa y reino de sacerdotes (Éxodo 19:6), Cualquier corrupción que afecte o empañe esas relaciones, debe ser limpiada con el agua o la sangre de la  purificación.

      De igual manera, los creyentes del Nuevo Testamento son “santos”, es decir; personas santas y consagradas. Mediante la sangre del pacto, se han convertido en “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa,... sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:9, 5), ofrecen el sacrifico de alabanza (Hebreos 13:15) y se dedican a sí mismos, como sacrificios vivos, en el altar de Dios (Romanos 12:1)

      Vemos así que el servicio espiritual, es un elemento esencial de santificación o santidad, pues este es el único sentido en el cual el hombre puede pertenecer a Dios, es decir, como adorador de Dios rindiéndole servicio. El apóstol Pablo expresa perfectamente este aspecto de la santidad, cuando habló con Dios “de quien soy y quien sirvo” Hechos 27:23. Santificación abarca posesión de parte de Dios, y  servicio a Dios.

 

35-El tiempo de la santificación.

      La santificación es

(1) Relativa a posición  “en Cristo” e instantánea,

(2) práctica y progresiva.

 

36-Relativa a posición, “en Cristo” e instantánea.

      La siguiente, es una declaración con respecto a la enseñanza referente  a la “segunda obra precisa o definida” de gracia, formulada por una persona que enseño esa doctrina durante muchos años:

La justificación es considerada una obra de gracia, por la cual pecadores son Hechos justos, y liberados de sus hábitos pecaminosos cuando acuden a Cristo. Pero en el meramente justificado, queda un principio corrupto, un árbol malo, “una raíz de amargura”,  que continuamente inclina al pecado. El creyente obedece este impulso y peca voluntariamente, deja de ser justificado; de ahí, la conveniencia de que esa raíz sea extirpada, a fin de disminuir las probabilidades de una reincidencia. La extirpación de esta raíz pecaminosa se denomina santificación. Es por lo tanto la limpieza de la naturaleza de todo pecado innato, por la sangre de Cristo (aplicada por medio de la fe cuando se ha realizado una consagración amplia), y el fuego refinador del Espíritu Santo que quema toda la hez, cuando todo se coloca sobre el altar del sacrificio. Esta, y solo esta, es la verdadera santificación, una segunda obra de gracia, clara, precisa, definida, subsiguiente a la justificación, y sin la cual, es muy probable que la justificación se pierda.

    La definición procedente nos enseña, que una persona puede ser salva o justificada sin ser santificada. Esta teoría, sin embargo, es contraria a lo que nos enseña el Nuevo Testamento. El apóstol Pablo, se dirigía a todos los creyentes denominándolos “santos (literalmente, “santificados”) Y en calidad de ya santificados (1 Corintios 1; 2; 6:11); Sin embargo, la misma carta fue escrita para corregir a esos creyentes, debido a la carnalidad y hasta pecado manifiesto (1 Corintios 3:1; 5:1, 2,7, 8). Eran “santos” y “santificados en Cristo”, pero algunos de ellos estaban lejos de serlo en su vida cotidiana. Habían sido llamados a ser santos, pero no caminaban dignos de la vocación a cual habían sido llamados. Según el Nuevo Testamento, hay un aspecto en el cual santificación es simultanea con la justificación.

 

37-Práctica y progresiva.

      Pero, ¿consiste la santificación solo en dar o proporcionar la posición de santos? No, puesto que esa separación inicial, es el comienzo de una vida progresiva de santificación.

      Todos los creyentes están separados para Dios, en Jesucristo, y de esta separación nace la responsabilidad de vivir para Cristo. Esta separación debe seguirse diariamente, y el creyente debe procurar ser cada día más semejante a Cristo. “La santificación, es la obra de, la gracia gratuita de Dios, por la cual, nuestro ser todo es renovado según la imagen de Dios, y capacitado más y más para morir al pecado, y vivir para la justicia.” Esto no significa que crecemos hasta alcanzar la santificación, sino que progresamos en la santificación.

La santificación, esta relacionada con la posición, y es práctica: se dice que esta relacionada con la posición puesto que es primordialmente un cambio de posición, por el cual el pecador corrompido es cambiado en un adorador de posición por el cual el pecador corrompido es cambiado en un adorador santo; es practico en el sentido que demanda una vida justa. La santificación, en lo que a posición respecta, es indicada por el hecho de que el apóstol Pablo se dirige a todos los Corintios, denominados “santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos”  (1 Corintios 1:2). La santificación progresiva es insinuada por el hecho de que algunos de ellos son descritos como carnales a la altura de su posición que les había sido dada por Dios; De ahí, que sean exhortados a limpiarse de toda inmundicia, y perfeccionar su consagración. Los aspectos de santificación, quedan denotados en virtud de que aquellos a quienes se les escribe denominándoseles santificados y santos (1 Pedro 1:2; 2:5) son exhortados a ser santos (1 Pedro 1:15); los que están muertos al pecado (colosenses 3:3), son exhortados a mortificar (hacer morir) sus miembros pecaminosos (colosenses 3:5); se exhorta a los que se han despojado del viejo hombre (colosenses 3:9) a que se vistan o revistan del nuevo; (Efesios 4:22; colosenses 3:8)

 

38-Los medios divinos de la santificación.

      Los medios divinamente señalados por Dios, para la santificación son la sangre de Cristo, el Espíritu Santo y la palabra de Dios. El primero proporciona, en primer lugar, una santificación absoluta, y en lo que posición respecta; es la obra consumada que proporciona al penitente, una posición perfecta con relación a Dios. El segundo es interno, y afecta la transformación de la naturaleza del creyente. El tercero es externo y práctico, y se refiere a la conducta práctica del creyente. De manera entonces, que Dios ha hecho provisión o tomado medidas tanto para la santificación externa como la interna.

 

39-La sangre de Cristo.

      (Eterna, absoluta “posicional”). (Cf. Hebreos 13:12; 10:10; 10:14; Juan 1:7) ¿en qué sentido es una persona santificada por la sangre de Cristo? ¿Cómo resultado de la obra consumada de Cristo, el penitente es cambiado de un pecador corrompido a un adorador santo? La santificación, es el resultado de esa obra maravillosa realizada por el Hijo de Dios, cuando se ofreció a sí mismo para quitar el pecado por medio de su sacrificio en el calvario. En virtud de ese sacrificio, el creyente ha sido para siempre apartado para Dios, su conciencia es limpiada, y el mismo es transformado de un pecador inmundo o impuro, en un adorador santo, unido en permanente comunión con el señor Jesucristo; “porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Hebreos 2:11).

      El que haya también un aspecto progresivo o continuado de la santificación por la sangre, es insinuado o indicado en 1 Juan 1:7, donde dice: “Y la sangre de Jesucristo su Hijo, nos limpia de todo pecado.” Para que haya comunión entre un Dios sano y el hombre, debe haber necesariamente una provisión para remover el pecado que es una barrera para esa comunión, puesto que hasta el hombre mejor es imperfecto. Cuando el profeta Isaías recibió visión de la santidad de Dios, fue conmovido por la conciencia de su propia impiedad o maldad, y no se encontraba en condición alguna de oír el mensaje de Dios, hasta que un carbón o brasa del altar hubo limpiado sus labios. La conciencia del pecado empaña la comunión con Dios; la confesión y la fe en el eterno sacrificio de Cristo, quita la barrera (1 Juan 1:9).

 

40-La palabra de Dios.

      (Santificación externa y práctica. (Cf. Juan 17:17; Efesios 5:26; Juan 15:3; Salmo 119:9) Se dice de los creyentes que son “renacidos... por la Palabra, comprender la locura y maldad de su vida. Cuando obedece la Palabra, se arrepiente y cree en Cristo, es limpio por la Palabra que oye. Este es el comienzo de la limpieza que debe continuar durante toda la vida del creyente. En el momento de su consagración, el sacerdote israelita recibía un baño sacerdotal completo que jamás se repetía; era una labor hecha de una vez por todas, pero se le requería que se lavara las manos y los pies diariamente.

      De igual manera, la persona regenerada ha sido lavada (tito 3:5); pero debe haber un proceso diario de limpieza de la contaminación e imperfecciones, a medida que son reveladas por la palabra de Dios, la cual es el espejo del alma (Santiago 1:22-25). Debe lavarse las manos, es decir, sus acciones deben ser justas; debe lavarse los pies, en otras palabras, debe mantenerse libre de suciedad “que fácilmente puede adherirse a los pies calzados de sandalias de los peregrinos que transitan por los caminos del mundo”.

 

41-Puntos de vista erróneos con respecto a la santificación.

      Muchos creyentes arriban a la conclusión, de que el mayor obstáculo que se interpone para alcanzar la santidad es la “carne”, que frustra o desbarata el progreso hacia la perfección. ¿Cómo puede el hombre liberarse de las ataduras de la “carne?” Se han presentado tres puntos de vista erróneos, a saber:

 

42-Legalismo.

      Legalismo, o el cumplir reglas y reglamentos.

      El apóstol Pablo nos enseña, que la ley no puede santificar (Romanos 6) como tampoco justificar (Romanos 3) La verdad es presentada y desarrollada en la carta a los Gálatas. De ninguna manera el apóstol desprecia o desestima la ley. La defiende frente a una concepción equivocada de su propósito. Sí un hombre debe salvarse, del pecado, se salvará mediante un poder que reside fuera del hombre debe salvarse del pecado, se salvara mediante un poder que reside fuera del hombre mismo. Empleemos la ilustración de un termómetro. El tubo de cristal y el mercurio representan a la persona; los grados, la ley. Ahora bien, imaginémonos, que el termómetro comienza a hablar consigo mismo: “no he subido hoy hasta la altura que debo. Procurare subir hasta los 35 grados.” ¿Puede el termómetro alcanzar la temperatura que se propone? No, puesto que debe depender de las condiciones que le rodean, quien no ha alcanzado el nivel divino no puede elevarse por sí mismo hasta llegar a ese nivel; debe recibir una energía que esta fuera de sí mismo, y esta energía es el poder del Espíritu Santo.

 

43-Ascetismo.

      Ascetismo, o el intentar dominar la carne y alcanzar la santidad, mediante sufrimientos y privaciones infligidos a uno mismo, método seguido por católicos Romanos e hindúes.

      Este método parece basarse u originarse en una creencia pagana antigua, según la cual, toda la materia, incluso el cuerpo, es mala. El cuerpo es, por lo tanto, una traba para el Espíritu, y cuanto más se le castiga y domina, tanto más rápidamente será liberado el Espíritu. Esa teoría es contraria a Las Sagradas Escrituras, las cuales nos enseñan que Dios creo todo muy bueno. Es el alma y no el cuerpo el que peca; por lo tanto, los impulsos pecaminosos, y no la carne, son los que deben reprimirse. El ascetismo, es la tentativa de subyugar la carne mediante el esfuerzo propio. Pero él yo del hombre no puede vencerse o dominarse a sí mismo. Eso es obra del Espíritu Santo.

 

44-El método verdadero de la santificación.

      El método bíblico de tratar con la carne, debe fundamentarse claramente en la provisión objetiva para la salvación, la sangre de Cristo, y la provisión subjetiva, el Espíritu Santo. La liberación del poder de la carne debe producirse entonces por la fe en la expiación y por la obediencia a los impulsos del Espíritu. Con respecto a lo primero, se habla en el capítulo 6 del libro de Romanos, y con referencia a lo segundo, en la primera sección.

 

45-Obediencia al Espíritu.

      En Romanos capítulos 7 y 8, se continua, desarrollando el tema de la justificación. Trata de la liberación del creyente del poder del pecado y de su crecimiento en santidad.

      En el capítulo 6, vemos que la victoria sobre el poder del pecado fue obtenido por la fe. El capítulo 8 presente otro aliado en la batalla contra el pecador: el Espíritu Santo.

      En calidad de fondo para el capítulo 8, estudie el pensamiento que subraya el contenido del capítulo 7, que presenta el cuadro de un hombre que se vuelve a la ley para santificación. Pablo demuestra aquí, que la ley es impotente para salvar y santificar, no porque la ley no sea buena, sino por esa predisposición pecaminosa de la naturaleza del nombre, conocida con el nombre de “carne.” Señala que la ley revela el hecho o realidad del pecado (v. 7), la ocasión (v. 8), el poder (v.9), el engaño (v. 11), el efecto (v. 10:11) y la pecaminosidad del mismo (v.13)

      Pablo, que parece estar describiendo su propia experiencia pasada, nos dice impulsos pecaminosos dentro de. El resultado era “guerra civil”, en el alma. Se siente impedido de hacer lo bueno que quiere, e impedido a hacer lo malo que odia. “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mi. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de, mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que esta en mis miembros”.

      La última parte del capítulo 7 presenta, evidentemente, el cuadro de un hombre bajo la ley que ha descubierto la profunda espiritualidad de esa ley, pero que al procurar cumplirla, descubre que es obstaculizado por el pecado que hay, o que habita en él. ¿Por qué describe el apóstol Pablo este conflicto? Para demostrar que la ley es tan impotente para santificar como lo es para justificar.

      ¡Miserable de mí! ¿Quién me librara de este cuerpo de muerte?” (Compare 6:6.) Y el apóstol Pablo, que ha estado describiendo experiencias bajo la ley, testifica gozosamente con respecto a su experiencia bajo la gracia: “Gracias doy a Dios  (que viene la liberación), por Jesucristo Señor nuestro.” Con este grito de triunfo, comenzamos el capítulo 8, el cual es maravilloso, y que tiene como tema dominante, el liberarse de la naturaleza pecaminosa, por el poder del Espíritu Santo.

      Hay tres muertes en las cuales el creyente debe tomar parte: (1) La muerte en el pecado, nuestra condenación (Efesios 2:1; colosenses 2:13). El pecado ha llevado al alma a esa condición, cuya penalidad es la muerte espiritual o separación de Dios (2) La muerte por el pecado, nuestra justificación. Cristo sufrió en la cruz la sentencia de una ley violada, y sufrió esa sentencia por nosotros, y nosotros por lo tanto, somos considerados como personas que han sufrido la muerte en Él. Lo que hizo para nosotros, es considerado como hecho por nosotros (2 Corintios 5:14.) Gálatas (2:20). Se nos considera legal o judicialmente libres de la pena de la ley violada, sí mediante la fe personal consentimos en la transacción. (3) Muerte al pecado, nuestra santificación (Romanos 6:11). Lo que es verdadero para nosotros, debe hacerse una realidad en nosotros; lo que es judicial o legal, debe hacerse práctico; la muerte en lo que respecta a la penalidad del pecado, debe ser seguida por la muerte en lo referente al poder del pecado. Y esta es la obra del espíritu Santo (Romanos 8:13). Así como la savia que asciende en el árbol hace desprender las hojas secas que han resistido la helada y las tormentas, así también el Espíritu Santo, que ha habita en el hombre, desaloja las imperfecciones y los hábitos de la antigua vida.

 

46-Completa santificación.

      Esta verdad se discute con frecuencia bajo el tema de “perfección cristiana.”

 

47-LA SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN.

      Hemos estudiado los requisitos para la salvación y considerado la naturaleza de ella. En esta sección nos ocuparemos del asunto siguiente: ¿Es incondicional la salvación final del creyente, o puede el creyente perderla debido al pecado?

      La experiencia confirma la posibilidad de una caída transitoria de la gracia, conocida popularmente con el nombre de reincidencia. La reincidencia o recaída en el pecado, no se encuentra en el Nuevo Testamento; es un vocablo del Antiguo Testamento. Una de las palabras hebreas empleadas, es “retroceder”, “volver atrás”, “apartarse”; otro vocablo significa “volverse” o “ser refractario”, lo cual expresa negarse a cumplir una promesa o deber. Se compara a Israel con una novilla reincidente que se niega a ser conducida, y se vuelve rebelde bajo el yugo. Israel, se ha apartado de Jehová y se ha negado obstinadamente a sujetarse al yugo de los mandamientos del Señor.

      El nuevo testamento advierte con respecto a actitud semejante, pero con otros vocablos. Un reincidente es aquel que antes tenía fervor hacia Dios, pero que ahora se ha enfriado (Mateo 24:12); antes obedecía la palabra, pero la mundanalidad y el pecado impidieron el crecimiento y la producción de frutos (Mateo 13:22); antes puso a su mano al arado, pero miró hacia atrás (Lucas 9:62); a igual que la mujer de Lot había sido, liberada de la ciudad de destrucción, pero su corazón ha retornado allí (Lucas 17:32); guardo antes comunión intima con el Señor, pero ahora ha perdido contacto con Él, y espiritualmente esta marchito, e infecundo y de nada sirve (Juan 15:6); antes escucho la voz de la conciencia, pero ahora ha arrojado de sí la vida, brújula que podía marcarle el derrotero, y como resultado de ello, la nave de la fe ha naufragado en los acantilados de la mundanalidad y el pecado ( 1 Timoteo 1:9); en el pasado se sentía feliz de llamarse creyente, pero ahora siente vergüenza de confesar  a su Señor (2 Timoteo 1:8; 2:12). Antes estaba libre de la contaminación del mundo, pero ha retornado como “la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:22; compare Lucas 11:21-26)

      Es posible el lapso de gracia; pero ¿puede una persona que ha sido salva reincidir y finalmente perderse? Los que siguen el sistema calvinista de doctrina responden negativamente; los que siguen el sistema de Arminio, teólogo holandés del siglo dieciséis, lo hacen afirmativamente.

 

48-Calvinismo.

      La doctrina de Juan Calvino, teólogo francés del siglo XVI, no tuvo su origen en él. Había sido enseñada por san Agustín, santo y teólogo del siglo IV. Ni tampoco fue la doctrina nueva para San Agustín, que afirmaba solo interpretar la doctrina de la gracia gratuita de San Pablo.

      La doctrina calvinista, es como sigue: La Salvación, es obra absoluta de Dios; el hombre no tiene absolutamente nada que hacer. Sí se arrepiente, cree y acude a Cristo, escénicamente porque ha sido atraído por el poder del Espíritu Santo. Ello se debe al hecho de que la voluntad del hombre se ha corrompido de tal manera desde la caída, que el ser humano no puede ni aún arrepentirse y creer, o escoger lo recto sin la ayuda de Dios. Este era el punto inicial de Calvino: que la voluntad del hombre es esclava toda del pecado. La salvación, por lo tanto, no es otra cosa que la ejecución de un decreto divino que fija la extensión de ella y sus condiciones.

      La cuestión surge naturalmente: Sí la salvación es absolutamente la obra de Dios, sí el hombre no tiene nada que hacer al respecto, no puede hacer nada tampoco a menos que el Espíritu de Dios intervenga, ¿por qué Dios no salva a todos los hombres, puesto que todos están perdidos y son impotentes de salvarse? La respuesta de Calvino era la siguiente: Dios ha predestinado a algunos para ser salvos, y a otros para que se pierdan. “La predestinación, es el decreto eterno de Dios, por el cual ha decidido la suerte que correrá a cada uno. Todos no son creados en igual condición; sino que Dios ha preordenado para algunos la vida eterna, y para otros, la condenación eterna.” Al proceder de esa manera, Dios no es injusto, puesto que no ha contraído obligación alguna de salvar a nadie. El hombre sigue siendo responsable, puesto que la caída de Adán, fue culpa de sí mismo, y el hombre es siempre responsable de sus propios pecados.

 

49-Arminianismo.

      La doctrina de Arminio es la siguiente: Dios desea que todos los hombres se salven puesto que Cristo, murió por todas (1 Timoteo 2:3-6; Hebreos 2:9; 2 Corintios 5:14; tito 2:11, 12) Con ese fin, ofrece su gracia a todos. Mientras que la salvación es la obra de Dios, absolutamente libre, e independiente de nuestras buenas obras o méritos, el hombre, sin embargo, tiene ciertas condiciones, que cumplir. Puede escoger aceptar la gracia de Dios o puede resistirla o rechazarla. La facultad de elegir está siempre a nuestro alcance.

      Las Sagradas Escrituras enseñan la predestinación; pero no que Dios predestina a alguno a la vida eterna y a otro al sufrimiento eterno.

Predestina “al que quiere” a la salvación, y ese plan, es lo suficientemente amplio como para incluir a todo aquel que realmente desea salvarse. Esta verdad ha sido explicada como sigue: fuera de la puerta de la salvación, leemos las palabras siguientes: “El que quiere puede entrar”; cuando entramos y somos salvos, leemos las palabras siguientes: “Elegido según la presciencia de Dios.” Dios, en virtud de sus conocimientos, supo quienes eran aquellas personas que aceptarían el evangelio y se mantendrían salvas, y predestinó a los tales a la herencia celestial. Previo, su destino pero no lo fijó.

 

50-Conclusión.

      ¿Es la salvación condicional o incondicional? Una vez salva, ¿es la persona eternamente salva? La respuesta depende de la forma que podamos contestar las siguientes preguntas claves: ¿De quién depende la salvación? ¿Es irresistible la gracia?

¿De quién depende finalmente la salvación, del hombre o de Dios?

Ciertamente debe depender de Dios, puesto que ¿quién podría salvarse sí la salvación dependiera de los propios recursos de una persona? Podemos estar seguros de lo siguiente: Dios nos dará el triunfo sin tener en cuenta los débiles que somos, y cuantos errores cometemos, siempre que con toda sinceridad deseemos hacer su voluntad. Su gracia está presente invariablemente para advertir, contener, alentar y sostener.

      Sin embargo, en cierto sentido, ¿no depende del hombre la salvación? Las Sagradas Escrituras nos enseñan, consecuentemente, que el hombre tiene la facultad de escoger con libertad entre la vida y la muerte. Dios jamás privará de esa facultad.

¿Puede ser resistida la gracia de Dios? Uno de los principios fundamentales del calvinismo, es que la gracia de Dios es irresistible. Cuando Dios decreta la salvación de una persona, su espíritu atrae, y esa atracción no puede ser resistida. Por lo tanto un hijo verdadero de Dios perseverara ciertamente hasta el fin y será salvo; aunque caiga en el pecado, Dios lo castigara y contenderá con él. Hablaremos en sentido figurado: el hombre puede caerse en el barco, pero no del barco.

Pero el Nuevo Testamento nos enseña, que la gracia divina puede ser resistida, y resistida hasta la perdición eterna (Juan 6:64, Hebreos 6:4-6; 10:26-30; 2 Corintios 2:21; Hebreos 2:3; 2 Pedro 1:10), y que la perseverancia esta condicionada al mantenerse en contacto con Dios.

      Nótese, especialmente, Hebreos 6:4-6, y 10:26-29. Estas palabras fueron pronunciadas o dichas a los creyentes; las cartas de Pablo no estaban dirigidas a los no regenerados. Se describe a aquellos a quienes están dirigidas las cartas como iluminados una vez, habiendo gustado el don celestial, habiendo sido hechos participantes del Espíritu Santo, habiendo gustado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero. Estas palabras ciertamente describen a personas regeneradas.