LA DOCTRINA DE LA IGLESIA

 

BOSQUEJO

 

  1.  

Introducción. 

  1.  

La naturaleza de la iglesia.

  1.  

Vocablos que describen la iglesia.

  1.  

Vocablos que describen a los creyentes.

  1.  

Hermanos.

  1.  

Creyentes.

  1.  

Santos.

  1.  

Escogidos.

  1.  

Discípulos.

  1.  

Cristianos.

  1.  

Los Del Camino.

  1.  

Ilustraciones de la iglesia.

  1.  

El cuerpo de Cristo.

  1.  

El templo de Dios.

  1.  

La esposa de Cristo.

  1.  

LA FUNDACIÓN DE LA IGLESIA

  1.  

Considerada en sentido profético.

  1.  

Considerada en sentido histórico.

  1.  

LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA

  1.  

LA OBRA DE LA IGLESIA

  1.  

Predicar la salvación.

  1.  

Proporcionar medios de la adoración.

  1.  

Proporcionar comunión religiosa.

  1.  

Sostener el nivel.

  1.  

LAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA

  1.  

El bautismo.

  1.  

El modo.

  1.  

La fórmula.

  1.  

El candidato.

  1.  

La eficacia.

  1.  

El significado.

  1.  

La cena del señor.

  1.  

Conmemoración.

  1.  

Instrucción.

  1.  

Inspiración.

  1.  

Seguridad.

  1.  

Responsabilidad.

  1.  

EL CULTO EN LA IGLESIA

  1.  

El culto publico.

  1.  

El culto privado o particular.

  1.  

LA ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA

  1.  

El gobierno de la iglesia.

  1.  

El ministerio de la iglesia.

  1.  

El ministerio general y profético.

  1.  

El ministerio practico y local.

  1.  

Conclusión

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Jesús determinó con toda claridad, que hubiera una sociedad compuesta de sus adeptos y seguidores para dar el evangelio a la humanidad, ejercer un ministerio en beneficio de ella y trabajar como él lo hizo, para el engrandecimiento del reino de Dios. No preconizó organización alguna o plan para el gobierno o administración de esta sociedad. Hizo algo mucho más grande que proporcionar organización: Él dio vida. Jesús forma la sociedad de sus discípulos, llamándolos para que se congregaran a su alrededor. Le comunicó a dicha sociedad, hasta donde le fue posible durante su ministerio en la tierra, su propia vida, su Espíritu, su propósito. Prometió continuar impartiendo, hasta el fin del mundo, su vida a dicha sociedad, la iglesia. Su gran don u obsequio a la iglesia, puede decir, fue el darse a sí mismo.

 


 

 

LA NATURALEZA DE LA IGLESIA.

 

¿Qué es la iglesia? Se puede responder a la pregunta considerando lo siguiente:

 

  1. Los vocablos que describen dicha institución

 

  1. Los vocablos que describen a los cristianos

 

  1. Las ilustraciones que describen a la iglesia.

 

Vocablos que describen a la iglesia.

El vocablo griego neotestamentario para describir la iglesia es ekklesia que significa “asamblea de llamados”. Se aplica el término a:

 

  1. Todo el cuerpo de cristianos de una ciudad (Hechos 11:22; 13:1)

 

  1. A una congregación; (1 Corintios 14:19, 35; Romanos 16:5)

 

  1. Al cuerpo todo de creyentes de la tierra (Efesios 5:32). La iglesia es entonces una compañía de personas llamadas del mundo, apartadas de él, que profesa y promete lealtad al Señor Jesucristo.

 

Vocablos que describen a los creyentes.

Hermanos.

La iglesia es una hermandad o comunión espiritual, en la cual se han abolido todas las diferencias que separan a la humanidad. “No hay judío ni griego”

(Se supera así la más profunda de todas las divisiones, basada en la historia religiosa); “no hay esclavo ni libre” (se salva así la valla social y económica mayor), “ni griegos ni bárbaros” (se supera la mas profunda de las divisiones culturales), “no hay varón ni mujer”

(Se supera la más honda de todas las divisiones humanas).

 

Creyentes.

A los cristianos se los denomina creyentes, o “los que creen”, pues que su doctrina característica es la fe en el Señor Jesucristo.

 

Santos.

Se los denomina “santos” (literalmente consagrados), puesto que son separados del mundo y consagrados a Dios.

 

Escogidos.

Se hace referencia a los creyentes con el vocablo “escogidos”, puesto que Dios los ha escogido para realizar un ministerio importante y disfrutar de un glorioso destino.

 

Discípulos.

Son discípulos, puesto que están sometidos a una preparación espiritual, bajo la dirección de maestros inspirados de Cristo.

 

 

Los del Camino.

A principio de la iglesia, los creyentes eran denominados con frecuencia los de “este camino” (Hechos 22:4), puesto que se los identificaba con el camino o forma de vida.

 

Ilustraciones de la iglesia.

 

El cuerpo de Cristo.

 El Señor Jesucristo dejó esta tierra hace más de Veinte siglos; pero todavía vive en el mundo. Al expresarnos así, queremos significar que su presencia se manifiesta en la iglesia, la cual es su cuerpo.( Col 1.18) De la misma manera que vivió su vida natural en la tierra, en un cuerpo humano, individual, así también vive una vida mística en un cuerpo tomado de la raza humana en general. A la terminación de los evangelios, no escribimos el vocablo “fin” sino más bien “continuará”, ya que la vida de Cristo, continúa expresándose por medio de sus discípulos, como queda evidenciado en el libro de los hechos y por la subsiguiente historia de la iglesia. “Como me envió al Padre, así también yo os envió.” “El que os recibe a vosotros, a mí recibe.”

 

Antes de partir de esta tierra, Jesucristo prometió asumir este nuevo cuerpo. Sin embargo, empleó otra ilustración: “Yo soy la vida, vosotros los pámpanos.” La vid es incompleta sin los sarmientos o pámpanos, y los sarmientos nada son aparte de la vida que fluye de la vida. Para que Cristo sea conocido del mundo, tendrá que serlo por medio de los que llevan su nombre y comparten su vida. Y hasta el punto de que la iglesia se ha mantenido en contacto con Cristo, la cabeza, ha compartido su vida y experiencia. De la manera que Cristo fue ungido en el Jordán, así también la iglesia fue ungida en Pentecostés. Jesús fue por todas partes predicando el evangelio a los pobres, sanando a los afligidos de corazón, y predicando liberación a los cautivos; y la verdadera iglesia ha seguido siempre en sus pasos. “Como él es, así somos nosotros en este mundo” (1 Juan 4:17). De la misma manera que Cristo fue denunciado como amenaza o peligro político, y finalmente crucificado, así también la iglesia ha sido crucificada en muchas oportunidades, en sentido ha resucitado de nuevo. La vida de Cristo en su interior la constituye indestructible. Ese pensamiento de la identificación de la iglesia con Cristo debe haber estado en la mente de Pablo cuando hablo de completar”lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia”.

 

El uso de la ilustración arriba mencionada, nos recuerda que la iglesia es un organismo y no meramente una organización. Una organización es un grupo de personas congregadas voluntariamente para cierto propósito, tal como una organización fraternal o sindicato. Un organismo es algo vivo, que se desarrolla por la vida inherente en sí. En sentido figurado, significa la suma total de las partes relacionadas, en la cual, la relación de cada una de las partes encierra una relación con el todo. De manera entonces que un automóvil puede denominarse una “organización” de ciertas partes o piezas mecánicas; un cuerpo humano es un organismo, puesto que esta compuesto de muchos miembros y órganos animados de vida común.

 

El cuerpo humano es uno, y sin embargo, está hecho de millones de células vivas. De igual manera, el cuerpo de Cristo es uno, aunque está compuesto de millones de seres renacidos. De la misma manera que el cuerpo humano es vigorizado por el alma, así también el cuerpo de Cristo es vigorizado por el Espíritu Santo. “Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo.”

 

Los hechos o verdades arriba mencionadas señalan una característica única de la religión de Cristo. El Señor W.H. Dumphy escribe:

 

Él, y solo Él, de los fundadores de la religión, dio vida a un organismo permanente, una unión permanente de alma e intelecto, que se centraliza en Cristo mismo. Los cristianos, no son meramente seguidores de Cristo, sino miembros del cuerpo de Cristo, y miembros los unos de los otros.

Buda, fundó o desarrollo la sociedad de los iluminados, pero la relación existente entre ellos es simplemente externa: la relación de maestro y alumno. Es la doctrina que los une, y no la vida de Buda.

Lo mismo puede afirmar de Zoroastro, Sócrates, Mahoma y otros genios religiosos de la raza. Pero Cristo, no es solo el maestro de los cristianos, sino su vida misma. Lo que ha fundado, no es una sociedad que estudió y propago sus ideas, sino un organismo que vivió por su vida, un cuerpo habitado por el Espíritu Santo, y dirigido por Él.

 

El templo de Dios.

Un templo es un lugar en el cual Dios, que habita en todas partes, se localiza a sí mismo, en un lugar particular donde la gente lo puede encontrar siempre. (1 Pedro 2:5, 6)

 

De la misma manera que Dios habitó en el tabernáculo y en el templo

(Éxodo 25:8; 1 reyes 8:27), así también Él vive ahora, por su espíritu, en la iglesia (Efesios 2:21, 22; 1 Corintios 3:16, 17). En este templo espiritual, los creyentes, en calidad de sacerdotes, ofrecen sacrificios espirituales, sacrificios de oración, alabanza y buenas obras.

 

La esposa de Cristo.

Esta es una ilustración empleada, tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo Testamento, para representar la unión y comunión de Dios y su pueblo

(2 Corintios 11:2; Efesios 5:25-27; Apocalipsis 19:7; 22:17; 21:2) Pero debe recordarse que se trata solo de una ilustración, y no se debe ir demasiado lejos con la comparación. El propósito de un símbolo, es iluminar un lado particular de la verdad, y no el de proporcionar fundamentalmente  alguna doctrina.

 

 

LA FUNDACIÓN DE LA IGLESIA

 

Considerada en sentido profético.

Se describe a Israel, como una iglesia, en el sentido de que se trataba de una nación llamada o convocada de entre otras naciones, para que fuera sierva de Dios (hechos 7:38) Cuando el Antiguo Testamento fue traducido al griego, el vocablo “congregación” de Israel fue traducido ekklesia o la iglesia. Israel, era entonces la congregación o la iglesia de Jehová. Después de su rechazo por la iglesia judía, Cristo predijo la fundación de la nueva congregación o iglesia, una institución divina que debe continuar su obra en la tierra (Mateo 16:18) Esta es la iglesia de Cristo, que comenzó a existir el día de Pentecostés.

 

Considerada en sentido histórico.

 

La iglesia de Cristo nació como tal, el día de Pentecostés, cuando fue consagrada por la unción del Espíritu. De la misma manera que el tabernáculo fue construido y luego consagrado por el descenso de la gloria divina (Éxodo 40:34), así también los primeros miembros de la iglesia se congregaron en el aposento alto y se consagraron en calidad de iglesia mediante el descenso del Espíritu Santo. Es probable que los primeros creyentes vieron que había partido del templo, y cuya ausencia fue lamentada por algunos de los rabinos. David reunió los materiales para la construcción del templo, pero la obra fue realizada por su sucesor Salomón. De igual manera, el Señor Jesús había reunido los materiales, por así decirlo, de su iglesia, durante su ministerio terrenal, pero el edificio mismo fue levantado por su sucesor, el Espíritu Santo. En realidad, esta obra fue realizada por el espíritu que operaba por medio de los apóstoles, que establecieron los fundamentos y construyeron la iglesia mediante su predicación, enseñanza y organización. Por lo tanto, se dice que la iglesia fue edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas”. (Efesios 2:20)

 

 

LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA

 

El Nuevo Testamento expone las condiciones siguientes para ser miembro: Fe implícita en el evangelio y confianza sincera en Cristo como el único salvador divino (Hechos 16:31), sumisión al bautismo en agua, como testimonio simbólico de la fe en Cristo, y confesión verbal de fe. (Romanos 10:9, 10) (Quizás sería más correcto describir la sumisión al bautismo en agua como característica de ser miembro de la iglesia).

 

Al principio, prácticamente todos los miembros de l iglesia eran verdaderamente regenerados. “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47). Él pasar a formar parte de la iglesia no era asunto de plegarse a una organización, sino de ser miembro de Cristo, de la misma manera que una rama es injertada al árbol. Con el transcurso del tiempo, sin embargo, al acrecentarse el número y popularidad de la iglesia, el bautismo en agua y el instruir en la doctrina, tomó el lugar de la conversión. El resultado de ello fue, un influjo en la iglesia de un elevado número de personas que no eran cristianas de corazón. Y esta ha sido, más o menos, la condición del cristianismo desde entonces. Así, como el Antiguo Testamento, había un Israel dentro de Israel – israelitas verdaderos según su credo, de la misma manera en el curso de la historia tenemos a una iglesia dentro de otra iglesia, cristianos verdaderos entre los que profesan serlo, pero que no lo son en realidad.

 

Por lo tanto, debemos distinguir entre la iglesia invisible, que está compuesta de verdaderos cristianos de todas las denominaciones religiosas, y la iglesia visible, que consiste en todos los que profesan ser creyentes. La primera, está compuesta de aquellos cuyos nombres están escritos en el cielo, y la segunda, comprende a aquellos cuyos nombres figuran en la nomina de la iglesia. La distinción se insinúa o indica en el capítulo 13 de Mateo, donde el Señor habla de “los misterios del reino de los cielos”, expresión que corresponde a la designación general del “cristianismo”.

 

Las parábolas en este capítulo, señalan la historia espiritual del cristianismo, entre la primera y segunda venida de Cristo, y por ellas, sabemos que habrá una mezcla de bueno y malo en la iglesia, hasta la venida del señor cuando la iglesia se purificará, y se establecerá una separación entre lo genuino y lo falso (Mateo 13:36-43, 47:49). El apóstol Pablo expresa la misma verdad al comparar la iglesia con una casa en la cual hay muchos vasos, algunos para honor, y otros para deshonor (2 Timoteo 2:19-21).

 

¿Son la iglesia y el reino de Dios sinónimos? El que la edad de la iglesia sea una fase del reino queda insinuado en Mateo 16:18, 19; por las parábolas en Mateo 13, y por la descripción de Pablo con respecto a la obra de Cristo, realizada en la esfera del reino de Dios (Colosenses 4:11) Puesto que el reino de los cielos es un término que todo lo abarca, podemos describir también la iglesia como parte del reino. “Se puede considerar a la iglesia como parte del reino de Dios, de la misma manera que el estado de Illinois es parte de los Estados Unidos”, escribe William Evans. La iglesia predica el mensaje que trata del nacimiento del hombre en el reino de Dios. (Juan 3:3-5; 1 Pedro 1:23)

 

 

LA OBRA DE LA IGLESIA.

 

Es Predicar la salvación.

Corresponde a la obra de la iglesia al predicar el evangelio a toda criatura (Mateo 28:19, 20),  presentar el plan de la salvación como se enseña en Las Sagradas Escrituras. Cristo ha hecho posible la salvación proporcionándola; la iglesia debe hacerla una realidad proclamándola.

 

Es Proporcionar  medios de adoración.

Israel poseyó un sistema divinamente designado de adoración, por medio del cual se acercó a Dios, con todas las necesidades y crisis de la vida. La iglesia, por lo tanto, debe ser una casa de oración de todo el pueblo, donde Dios sea honrado en adoración, oración y testimonio.

 

Es Proporcionar  comunión religiosa.

El hombre es un ser social. Anhela comunión y amistad. Se reúne naturalmente con los que comparten sus mismos intereses.

 

La iglesia proporciona una comunión basada en la paternidad de Dios, y el señorío de Cristo. Es una hermandad compuesta por los que comparten una experiencia espiritual común.

 

La cordialidad de la comunión era una de las características sobresalientes de la iglesia primitiva. En el mundo gobernado por la maquina de precisión que era el imperio romano, donde se pasaba por alto casi por completo a la persona, el hombre anhelaba una comunión donde se disipara ese sentido de soledad y desamparo. En un mundo semejante, una de las características de atracción más poderosas de la iglesia era el calor y la solidaridad de la comunión, una comunión donde todas las distinciones terrenas habían desaparecido, y donde los hombres y las mujeres se convirtieron en hermanos y hermanas en Cristo.

 

Es Sostener el nivel moral.

La iglesia es “la luz del mundo”, destinada a disipar las tinieblas de la ignorancia moral; es la sal de la tierra, para preservarla de la corrupción moral. La iglesia debe enseñar a los hombres de que manera vivir como así también morir.  Debe exponer el plan de Dios para la regulación de todas las esferas de vida y actividad. En contra de la tendencia descendente de la sociedad, debe levantar un faro de luz.

 

 

LAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA.

 

El cristianismo del Nuevo Testamento no es una religión ritualista. En el fondo, es el contacto directo del hombre con Dios por medio del espíritu Santo, no impone una ley rígida de adoración, sino que deja a la iglesia de toda edad y tierra para que se ajuste al método mejor adaptado para la expresión de su vida. Sin embargo, dos ceremonias que son esenciales, puesto que son divinamente ordenadas, es decir, el bautismo en agua y la cena del Señor. En virtud de su carácter sagrado, se les describe con el nombre de sacramentos (literalmente “cosas sagradas” o “juramentos consagrados por un rito sagrado”); se les menciona también como ordenanzas, puesto que son ceremonias “ordenadas” por el Señor mismo.

 

El bautismo en agua, es el rito de ingreso en la iglesia cristiana, y simboliza el comienzo de la vida espiritual; la Cena del Señor, es un rito de comunión y significa que continúa la vida espiritual. El primero, representa fe en Cristo, el segundo, comunión con Cristo. El primero, es administrado solo una vez, puesto que puede haber solamente un comienzo de la vida espiritual; el segundo, es administrado con frecuencia, enseñándonos que la vida espiritual debe ser nutrida.

 

 

EL BAUTISMO

El modo.

El vocablo “bautizo” empleado en la fórmula bautismal significa literalmente, inmersión o el acto de sumergir. Esa interpretación está confirmada por eruditos en el estudio del idioma griego e historiadores eclesiásticos. Y hasta estudiosos que pertenecen a iglesias que bautizan mediante el rociamiento, admiten que la inmersión fue la forma más antigua. Además, hay buenas razones para creer que para los judíos de la época apostólica el mandamiento de ser”bautizado” sugería inmersión. Estaban relacionados con el bautismo de los prosélitos, que significaba la conversión de un pagano al judaísmo. El convertido se ponía de pie, con el agua hasta el cuello, mientras se le leía la ley, después de lo cual el mismo se sumergía debajo del agua como señal de que estaba limpio de la contaminación del paganismo, y había comenzado a vivir una nueva vida en calidad de miembro del pueblo escogido de Dios.

 

¿Cuándo surgió entonces la práctica de la aspersión o rociamiento, e infusión o derramamiento del agua sobre la cabeza del bautizando? Cuando la iglesia, olvidándose de la sencillez del Nuevo Testamento fue influenciada por las ideas paganas, asigno una importancia no bíblica al bautismo en agua, que paso a considerársele ampliamente esencial para la regeneración. Se le administraba a los enfermos y moribundos. Puesto que la inmersión estaba descartada en esos casos, el bautismo era administrado mediante la aspersión.

Posteriormente, debido a la conveniencia del método, este se hizo general. Asimismo, y debido a la importancia de la ordenanza se permitió la infusión cuando no había agua suficiente para inmersión. Leamos la cita siguiente en un antiguo pasaje del siglo segundo.

 

Ahora bien; con respecto al bautismo, Se bautiza de la siguiente manera: habiendo enseñado todo esto, bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, en agua viva. (Que corre) Y sí no tienes agua fría, bautiza en tibia. Pero sí no tienes ninguna de estas, derrama agua sobre la cabeza tres veces en el nombre del padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Sin embargo, el método original, bíblico, es por la inmersión, que esta en concordancia con el significado simbólico del bautismo, es decir, muerte sepultura y resurrección.

 (Romanos 6:14)

 

La fórmula

“Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.” ¿De qué manera podemos reconciliar esto con el mandamiento de Pedro que dice: “bautícese cada uno de vosotros en el hombre de Jesucristo?" (Hechos 2:38). Estas últimas palabras no representan una forma bautismal, sino que eran simplemente una declaración de que tales personas eran bautizadas al reconocer a Jesús como Señor y Cristo. Por ejemplo, la Didaque, documento cristiano del año 100 D.C., dice que el bautismo es en nombre del Señor Jesús, pero cuando procede a describir el rito en detalle, prescribe la fórmula trinitaria.

 

 Cuando Pablo dice que Israel fue bautizado en el mar, “en Moisés” no se refiere a una fórmula que fue pronunciada en ese momento; significa simplemente que en virtud del pasaje milagroso por el mar rojo, los israelitas aceptaron a Moisés como el guía y maestro enviado de Dios. De igual manera, el ser bautizado en el nombre de Jesús, significa encomendarse por completo y eternamente a él cómo el Salvador enviado del cielo, y la aceptación de su gobierno y dirección implica la aceptación de la fórmula dada por Jesús mismo en

Mateo 28:19.

 

La traducción literal de hechos 2:38 es la siguiente: “bautícese cada uno de vosotros sobre el hombre de Jesucristo.” Esto significa según el léxico de Thayer, que los judíos debían “fundamentar su confianza y esperanzas en la autoridad mesiánica del Señor.”

 

Nótese, que la fórmula trinitaria describe una experiencia. Lo que son bautizados en el nombre de Dios trino y uno testifican por ello que han sido sumergidos, por así decirlo, en la comunión espiritual de la Trinidad; de manera que se les pueda decir a ellos: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo, sean con todos vosotros”

(2 Corintios 13:14)

 

El candidato.

Todos los que sinceramente se arrepienten de sus pecados y ejercitan una fe viva en el Señor Jesús, son elegibles para el bautismo. En la iglesia apostólica, el rito venia acompañado de las siguientes manifestaciones externas:

1.      Profesión de fe (Hechos 8:37)

2.       Oración (Hechos 22:16)

3.      Voto de consagración (1 Pedro 3:21)

 

Puesto que el bebé no tiene pecado de que arrepentirse, y no puede ejercitar fe, es excluido lógicamente del bautismo en agua. No le impedimos con ello acudir a Cristo

 (Mateo 19:13, 14) puesto que puede ser dedicado al Señor en culto público.

 

La eficacia.

El bautismo en agua no tiene poder salvador en sí mismo. Se bautiza  a la gente, no para que sea salva, sino porque es salva. Por lo tanto, no podemos decir que el rito sea absolutamente necesario para la salvación. Pero podemos insistir, que es necesario sí queremos cumplirlo todo, u obedecer todo. De la misma manera que la elección de un presidente culmina, podríamos decir, al tomar posesión del mando, así también la elección del convertido a la gracia y gloria de Dios es completada al ocupar su lugar públicamente, como miembro de la iglesia de Cristo.

 

El significado.

El bautismo ilustra las siguientes ideas:

 

  1. Salvación. El bautismo en agua es un drama sagrado (sí se nos permite la frase), que representa lo cardinal o esencial del evangelio.

 

El descenso del convertido, representa el cumplimiento de la muerte de Cristo; la inmersión del bautizando, simboliza la ratificación e la muerte, o sepultura; el ascenso o el levantarse del convertido significa que la muerte ha sido conquistada, o la resurrección de Cristo.

 

  1. Experiencia. El hecho de que los actos son realizados con la participación del convertido, demuestra que ha sido identificado espiritualmente con Cristo. La inmersión proclama el mensaje: “Cristo murió por el pecado, a fin de que este hombre muriera al pecado.” El levantarse del convertido, enuncia el siguiente mensaje: “Cristo resucito de los muertos con el objeto de que este hombre pudiera vivir una nueva vida de justicia.”

 

  1. Regeneración. La experiencia del nuevo nacimiento se ha descrito como “lavacro” (literalmente, “baño”) (tito 3:5), porque por Él son lavados los pecados y contaminaciones de la antigua vida. De la misma manera que el lavado con agua asea el cuerpo, así también Dios, con relación bautismo en agua, representa esta limpieza. “Levántate y bautízate, y lava tus pecados (es decir, en calidad de señal de lo que ha sido hecho ya)” (Hechos 22:16)

 

  1. Testimonio. “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”. (Gálatas 3:27) El bautismo en agua significa que el convertido, por a fe, se ha vestido de Cristo, del carácter de Cristo, de manera que los hombres pueden ver a Cristo en el cómo ven el uniforme en el soldado. Por medio del rito del bautismo el convertido, en sentido figurado, se viste públicamente del uniforme del reino de Cristo.

 

La cena del Señor.

La cena del Señor o santa comunión puede ser definida, como un rito distintivo de la adoración cristiana, instituida por el Señor Jesús en la víspera de su muerte expiatoria. Consiste, en la participación religiosa del pan y del vino, los que, habiendo sido presentados al Padre, en memoria del inagotable sacrificio de Cristo, se convierten en medio de gracia, por el cual se nos inspira a aumentar la fe y la fidelidad hacia Él.

 

Las siguientes son las características notables de esta ordenanza:

 

Conmemoración.

“En memoria de mi” todo país tiene su fiesta patriótica, en la que conmemora su independencia. Toda vez que un grupo de creyentes se congrega a celebrar la cena del Señor, recuerdan en forma especial la muerte expiatoria de Cristo, que nos liberó del pecado. ¿Por qué recordar su muerte por sobre todo otro acontecimiento en su vida? Porque era el acontecimiento cumbre de su ministerio, y porque somos salvos, no meramente por su vida y enseñanzas, aunque es innegable que son divinas, sino por su sacrificio expiatorio.

 

Instrucción.

La cena del Señor es una lección objetiva sagrada que enuncia o expresa las dos verdades cardinales o esenciales del evangelio:

 

1.      La encarnación. Al tomar el pan, oímos que Juan el apóstol dice: “Y aquel verbo fue hecho carne, y habito entre nosotros” (Juan 1:14); oímos al Señor mismo que declara: “porque el pan de Dios es aquel que descendió de cielo y da vida al mundo”. (Juan 6:33)

 

2.      La expiación. Pero las bendiciones incluidas en la encarnación no son impartidas por medio de la muerte de Cristo. El pan y el vino constituyen un cuadro de la muerte, la separación del cuerpo y la vida, la separación de la carne y la sangre. El pan nos dice, que el Pan de la vida debe ser partido o quebrado en la muerte con el objeto de ser distribuido entre los que tienen hambre espiritual; el vino vertido simboliza que su sangre, que es su vida, debe ser derramada en la muerte con el objeto de que su poder limpia y vivifica sea proporcionado a las almas necesitadas.

 

Inspiración.

Los elementos, especialmente el vino, nos recuerdan que por la fe podemos participar de la naturaleza de Cristo, es decir, podemos disfrutar de comunión con Él. Al participar del pan y del vino de la comunión, se nos recuerda y asegura que, por la fe, podemos recibir verdaderamente su Espíritu y reflejar su carácter.

 

Seguridad.

“Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre.” En épocas antiguas, la forma más solemne de acuerdo era el pacto de sangre, sellado o firmado con la sangre del sacrificio. El pacto hecho con Israel, en el monte Sinaí, fue un pacto de sangre. Después que Dios sentara sus condiciones, y el pueblo las hubiera aceptado, Moisés tomó una jofaina llena de la sangre del sacrificio y roció la mitad de ella sobre el altar del sacrificio, significando que Dios se obligaba a cumplir su parte del acuerdo; luego derramó el resto de la sangre sobre el pueblo, obligándole o comprometiéndole a cumplir su parte del contrato. (Éxodo 24:3-8)

El nuevo pacto instituido por Cristo, es un pacto de sangre. Dios ha aceptado la sangre de Cristo (Hebreos 9:14-24), y por ende, se ha comprometido, por amor de Cristo, a perdonar y salvar a todos los que vienen a Él. La sangre de Cristo, es la garantía divina de que será misericordioso y benigno con el penitente. Nuestra parte del contrato, es creer en la muerte expiatoria de Cristo (Romanos 3:25, 26). Luego, podemos testificar de haber sido rociados con la sangre del nuevo pacto (1 Pedro 1:2) ¿Quién será admitido o excluido de la mesa del Señor? Pablo trata el asunto de quien es digno de participar de los sacramentos en

1 Corintios 11:20-34, al decir: “Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.”

 

¿Significa eso que solo quienes son dignos pueden acercarse a la mesa del Señor? Luego todos nosotros somos excluidos, puesto que ¿cuál de los hijos del hombre es digno de la más pequeña de las misericordias de Dios? No, el apóstol no habla de la indignidad de las personas, sino de la indignidad de las acciones. Y así, aunque parezca extraño, es posible que una persona indigna participa dignamente. Y en cierto sentido, solo quienes sienten sinceramente su indignidad se hallan en el estado correcto de acercarse a la mesa; los que se creen justos a sí mismos no son aptos nunca.

 

Además, se ha notado que es la gente profundamente espiritual la que siente su indignidad en mayor grado. Pablo se describe a sí mismo como el primero de los pecadores. El apóstol nos advierte en el sentido de no cometer acciones indignas o mantener una conducta también indigna, a participar de los sacramentos. ¿Cómo puede una persona participar indignamente? Al hacer cualquier cosa que le impida apreciar claramente el significado de los elementos, y acercarse de manera solemne, en actitud reflexiva y reverente. En el caso de los Corintios, el obstáculo era grave, es decir, la ebriedad.

 

 

EL CULTO EN LA IGLESIA.

 

Por las epístolas de Pablo, llegamos a la conclusión de que había dos clases de cultos de adoración: uno era el de oración, alabanza y predicación; el otro de adoración, conocido como fiesta de amor(ágape). El primero, era un culto público; el segundo, un culto privado o particular, al cual se admitía solo a los creyentes.

 

El culto público.

La reunión o culto público, “era llevado a cabo por la gente según el Espíritu le inspiraba”, nos dice Robert Hastings Nichols, que agrega: Se ofrecían oraciones y testimonios, y se daba instrucción. Se cantaban Salmos y también himnos cristianos que comenzaron a ser escritos en el siglo primero. Las escrituras del Antiguo Testamento, fueron leídas y expuestas, y hubo lectura y repetición de memoria de incidentes con respecto a lo que dijo e hizo Jesús. Cuando los apóstoles enviaban cartas a las iglesias,  tales como las que tenemos en las epístolas del Nuevo Testamento, estas también eran leídas. Este culto sencillo podía ser interrumpido y sustituido en cualquier momento, por la manifestación del Espíritu en forma de profecía, lenguas e interpretaciones, o por alguna percepción inspiraba de las escrituras. Todo estudiante serio de historia eclesiástica, sin tener en cuenta su denominación religiosa o escuela de pensamiento, reconoce esta característica del culto de la iglesia primitiva. El que esta adoración, inspiraba del Espíritu Santo, era un medio poderoso de influenciar a los no convertidos se puede deducir del pasaje de 1 Corintios 14:24,25.

 

El culto privado o particular.

Leemos, que los primeros creyentes continuaron partiendo el pan (Hechos 2:42) ¿describen estas palabras una comida ordinaria, o la celebración de la cena del Señor? Quizás ambas. Eso es lo que talvez ocurriera: Al principio la comunión de los primeros discípulos era tan intima y vital, que celebraban la comunión de los primeros discípulos era tan intima y vital, que celebraban o realizaban las comidas en común. Al congregarse alrededor de la mesa para pedir que Dios bendijera los alimentos, el recuerdo de la ultima pascua de Cristo debe de haber acudido a su memoria, y la oración pidiendo la bendición de los alimentos se prolongaría espontáneamente, para constituirse en un culto de adoración, de manera que, en muchos casos era difícil determinar sí los discípulos celebraban una comida común, o participaban de la santa cena. ¡La vida y la adoración estaban íntimamente relacionadas en aquellos días!

 

Desde muy temprano los dos actos, el partimiento del pan y la cena del Señor, se distinguieron entre sí, de manera que el orden del culto era el siguiente: en huida determinado, los cristianos se reunían para celebrar una comida de sagrada comunión, conocida con el hombre de fiesta de amor, la traían provisiones, y todos, por igual, debían compartir la comida. En 1 Corintios 11:21,22, Pablo censura el egoísmo de los que comían sin compartir los alimentos con los pobres. Al término de la fiesta de amor, se aceleraba la cena del Señor. En la iglesia de Corinto, algunos se habían emborrachado durante el ágape, y participado de los sacramentos en forma indigna. Más tarde, en las postrimerías del siglo primero, la cena del Señor fue separada del ágape y celebrada el día del Señor, por la mañana.

 

 

LA ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA

 

El gobierno de la iglesia.

Es evidente que el Señor determinó que hubiera una sociedad compuesta de sus adeptos, para que anunciara el evangelio al mundo y lo representara ante este. Pero no estableció organización alguna ni plan de gobierno, ni proporcionó tampoco regla detallada de fe y practica. No obstante, ordenó los dos simples ritos de bautismo y comunión. Pero no paso por alto la organización, puesto que su promesa del Consolador venidero, indicaba que a los apóstoles se les debía comunicar toda la verdad con respecto de estos asuntos. Lo que el Señor dio o comunico a la iglesia, fue algo mas que organización. En efecto, le impartió su vida misma, transformándola en organismo vivo. De la misma manera que un cuerpo vivo se adapta a su medio ambiente, así también el cuerpo vivo de Cristo, era dejado libre para seleccionar o elegir su propia forma de organización, de acuerdo con las necesidades y circunstancias. Naturalmente que la iglesia no se le otorgaba la libertad de seguir cualquier tendencia contraria a las enseñanzas de Jesús o a la doctrina apostólica. Toda disposición o práctica contraria a los principios bíblicos es corrupción.

 

Durante los días que sucedieron a Pentecostés, los creyentes no tenían casi organización alguna, y durante cierto tiempo celebraron cultos en privado en sus casas, y asistían a las reuniones de oración en el templo (hechos 2:46)

 

Todo esto fue suple-mentado por la enseñanza apostólica y la comunión. En circunstancias que la iglesia creció en número, los factores siguientes contribuyeron al desarrollo de  la organización de la iglesia:

Primero, los funcionarios que se añadieron a la iglesia para hacer frente a las emergencias que surgían, como por ejemplo, hechos 6:1-5;

Segundo, la posesión de dones espirituales, mediante los que se consagraron a ciertas personas para la obra del ministerio.

 

Las primeras iglesias fueron democráticas, en lo que a gobierno respecta: una circunstancia natural en una comunidad donde los dones del Espíritu estaban disponibles para todos y donde todos podían ser divinamente capacitados con los dones para un ministerio especial. Es cierto que los apóstoles y ancianos presidieron las reuniones para tratar asuntos de negocios y la designación de funcionarios; pero esto se hizo en cooperación con la congregación (Hechos 6:3-6; 15:22; 1 Corintios 16:3; 2 Corintios 8:19; Filipenses 2:25) Según hechos 14:23 y tito 1:5, parecería que Pablo, Bernabé y tito, designaron o nombraron ancianos sin consultar previamente con la congregación. Pero historiadores eclesiásticos, dignos de crédito, afirman que se “nombro” a los ancianos según el procedimiento general, vale decir, mediante el voto de los miembros de la iglesia afectada.

 

Vemos con claridad, que no hay fundamento alguno en el Nuevo Testamento, para una fusión de iglesias destinada a formar una maquinaria eclesiástica gobernada por una jerarquía. En los albores de la iglesia, no había gobierno centralizado de toda la iglesia. Cada una de las iglesias era autónoma, y gobernaba sus propios asuntos con libertad. Naturalmente que se les consideraba a los “Doce” con deferencia, en virtud de su relación con Cristo, y ejercieron cierta autoridad. (Cf. Hechos 15)

 

Pablo mantuvo una supervigilancia general sobre las iglesias gentiles; sin embargo, esta autoridad era puramente espiritual y no oficial como la que concede una organización. Aunque cada una de las iglesias locales era independiente, en lo que a jurisdicción respecta, a las iglesias neotestamentarias mantuvieron relaciones cooperativas entre sí.(Romanos 15:26, 27; 2 Corintios 8:19; Gálatas 2:10; Romanos 15:1; 3 Juan 8)

 

En los primeros siglos las iglesias locales, aunque nunca les faltó la conciencia de que todas pertenecían a un cuerpo, eran independientes, autónomas, preservando las relaciones entre sí, no mediante alguna organización política que las abarcara a todas, sino por una comunión fraternal, a través de visitas de representantes, intercambio de cartas, y cierta ayuda mutua indefinida en elección y ordenación de pastores.

 

El ministerio de la iglesia.

Dos clases de ministerios se reconocen en el Nuevo Testamento:

(1)    El ministerio general y profético: general, puesto que se ejerce con relación a las iglesias en general, mas bien que con una iglesia en particular; y profético, puesto que fue creado en virtud de la posesión de dones espirituales.

 

(2) El ministerio practicó y local: Puesto que está confinado a una iglesia, y práctico, porque trata de la administración de la iglesia.

 

El ministerio general y profético.

Apóstoles. Eran hombres que habían recibido su comisión del mismo Cristo vivo.

(Mateo 10:5; Gálatas 1:1),

 Que habían visto a Cristo después de su resurrección.

 (Hechos 1:22; 1 Corintios 9:1),

 

Que habían disfrutado de la inspiración especial del mismo maestro.

(Gálatas 1:11, 12; 1 tesalonicenses 2:13),

 

 Que habían Ejercido la administración de las iglesias

(1 Corintios 5:3-6; 2 Corintios 10:8; Juan 20:22, 23),

Que eran dueños de credenciales sobrenaturales (2 Corintios 12:12)

Y cuya labor principal fue el establecimiento de iglesias en campos nuevos.

( 2 Corintios 10:16),

 

Eran personas llamadas por Cristo, llenas del Espíritu Santo, funcionarios ejecutivos y organizadores de la obra misionera.

 

Los “Doce” apóstoles de Jesús, y Pablo (que figura en una clase única), fueron apóstoles por preeminencia, pero el título se les dio también a otros que estuvieron empeñados en la obra misionera. El vocablo apóstol significa en sí mismo misionero.

(Hechos 14:14; Romanos 16:7)

 

¿Ha habido desde entonces apóstoles? La relación de los doce en contristo era única, relación que se ha repetido desde entonces. No obstante, lo cual, la obra de hombres, como

Juan Wesley, se puede describir con justicia de apostólica. Profetas, eran los que estaban dotados de la expresión inspirada.

 

 Desde la época más antigua hasta a las postrimerías del siglo segundo, una corriente no interrumpida de profetas y profetisas apareció en la iglesia cristiana. Mientras que el apóstol y el evangelista, llevaba el mensaje a los incrédulos (Gálatas 2:7, 8), el ministerio del profeta se dirigía particularmente a los creyentes. Los profetas viajaron de iglesia en iglesia, de la misma manera que lo hacen los evangelistas, en la actualidad, aunque toda iglesia tenía profetas que eran miembros regulares de la iglesia. Los maestros eran los que tenían talento especial par enseñar la palabra. Al igual que los profetas, muchos de ellos viajaban de iglesia en iglesia.

 

El ministerio práctico y loca.

El ministerio local, elegido por la iglesia basándose en ciertos requisitos (1 Timoteo 3), estaba integrado por las siguientes personas:

 

Presbíteros, o ancianos, a quienes se les daba también el título de “obispo” que significaba supervisor, o superintendente. Está a cargo de estos la vigilancia general de la iglesia local, especialmente con relación al cuidado del pastor y a la disciplina. Sus deberes eran principalmente de naturaleza espiritual. Se los denomina a veces “pastores”. (Efesios 4:11) (Cf. Hechos 20:28)

 

Durante el primer siglo, toda comunidad cristiana era gobernada por un grupo de ancianos u obispos, de manera que no había funcionario alguno que hiciera por la iglesia lo que realiza un pastor moderno. Al comienzo del siglo tercero, un hombre era colocado al frente de cada comunidad religiosa con el titulo de pastor u obispo. Colaboraba con los presbíteros, o estaba asociado a ellos cierto numero de funcionarios asistentes denominados diáconos (Hechos 6:1; 1 Timoteo 3; 8-13; Filipenses 1:1) y diaconisas (Romanos 16:1; Filipenses 4:3), cuyo ministerio al parecer consistía de la visitación, casa por casa, y del ministerio practico entre los pobres y necesitados (1 Timoteo 5:8-11) Los diáconos ayudaron también a los ancianos en la celebración de la Santa Cena.