IGLESIA PENTECOSTAL JEHOVA SHALOM

1723-29 Boston Road

Bronx NY 10460

 

Pastor Rev. Ricardo Guzmán

 

DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN

 

Prof. Rafael N. Polanco Ph.D

Dir. De Educacion

 

Clase de Ministerios

 

LA DOCTRINA DE LA EXPIACION

 

 

LA EXPIACIÓN

 

  1.  

Introducción

  1.  

La Expiación en el A.T

  1.  

El origen del sacrificio.

  1.  

Instituido en la tierra.

  1.  

La naturaleza del sacrifico.

  1.  

La eficacia

  1.  

Los sacrificios del Ant. Testamento

  1.  

El  sacrificio del N. T, es mejor

  1.  

La expiación del N.T.

  1.  

La realidad o verdad de la expiación.

  1.  

La necesidad de la expiación

  1.  

Santidad

  1.  

Pecaminosidad

  1.  

Ira

  1.  

Expiación l

  1.  

La naturaleza de la expiación

  1.  

Expiación ll

  1.  

Conclusión

 

 

 

1-Introducción

«Cubrir, expiar, propiciar, pacificar. Esta raíz se encuentra en todos los períodos de la historia del lenguaje hebreo. Tal vez lo conocemos mejor por el término YoÆm Kippur, «Día de Expiación. Las modalidades verbales aparecen unas 100 veces en la Biblia hebraica. Kapar se encuentra primero en GN 6.14, donde se usa en su sentido básico de «cubrir». Dios da a Noé instrucciones, concernientes al arca, entre otras: «Cúbrela con brea por dentro y por fuera».  Con todo, la mayoría de las veces el vocablo se usa en el sentido teológico de «cubrir», a menudo con la sangre del holocausto, con el fin de expiar algún pecado. No queda bien claro, si este «encubrimiento» esconde el pecado de la vista de Dios o si implica que, en este proceso, el se limpia el pecado. Como era de esperarse, el término aparece con mayor frecuencia en Levítico que en cualquier otro libro, puesto que este texto trata de los sacrificios rituales que se hacían para expiar el pecado. Por ejemplo, Lv 4.13–21 ordena traer un novillo a la tienda de reunión, como una ofrenda por el pecado. Después que los ancianos colocaban sus manos sobre el animal (para transferirle los pecados del pueblo), el novillo se sacrificaba. El sacerdote entonces introducía una parte de la sangre del novillo a la tienda de reunión y lo rociaba siete veces delante del velo. Otra porción de sangre se ponía sobre los cuernos del altar y el resto, se derramaba al pie del altar de sacrificios. La grosura del toro se quemaba en el altar y el novillo debía quemarse fuera del campamento. Mediante este ritual, «el sacerdote hará expiación [kapar] por ellos, y serán perdonados» (Lv 4.20 rva.

El término «expiación» se encuentra al menos 16 veces en Lv 16, el gran capítulo sobre el Día de Expiación. Antes que todo, el sumo sacerdote «hacía expiación» por los pecados suyos y de su familia sacrificando un novillo. Después, se echaba suertes sobre dos machos cabríos, uno de ellos se enviaba al desierto como expiación (v. 10) y el otro se sacrificaba y su sangre se rociaba sobre el propiciatorio, para la expiación del pueblo (vv. 15–20). El Día de Expiación se celebraba una sola vez al año. Únicamente en ese día podía el sumo sacerdote entrar en el Lugar Santísimo del tabernáculo o templo, en representación del pueblo de Israel y hacer propiciación por ellos.

A veces, la propiciación por el pecado se hacía sin ofrenda de sangre o separadamente. Durante el llamado de Isaías en una visión, sus labios recibieron el toque de una brasa ardiente que uno de los serafines tomó del altar. Con esto, se le dijo: «Tu pecado está expiado [kapar]» (Is 6.7 bj; «limpio», nrv; «borrado» bla; «quitado» lvp; «perdonado» rva). En otro pasaje de las Escrituras dice que la culpa o iniquidad de Israel sería «purgada» (rv) por la destrucción de los instrumentos de culto a los ídolos (Is 27.9). Las versiones bj y nbe traducen kapar aquí como «expiar», mientras que la rva, rv-95 y lba lo traducen «perdonar». «Propiciatorio; trono de gracia». Esta forma sustantiva de kapar, se ha traducido en castellano principalmente como «propiciatorio» (cf. rv en sus diferentes revisiones; lba), y en la mayoría de las versiones católicas (bbc, bnc, sbh, bj, nbe), aunque también como «lugar del Perdón» (bla) y «Lugar Santísimo» (lvp). En las versiones en inglés, se usa «trono de gracia», «cubierta», «tapa». Se refiere a una plancha o cubierta de oro que reposaba encima del arca del testimonio. De pie y frente a frente sobre la tapa del arca (propiciatorio), habían dos querubines. La plancha de oro representaba el trono de Dios y simbolizaba su presencia real en el recinto sagrado. En el Día de Expiación, el sumo sacerdote rociaba sobre el propiciatorio la sangre del holocausto por los pecados, quizás como símbolo de la aceptación del sacrificio por Dios. De ahí que, el kapporet era el punto neurálgico donde Israel, mediante su sumo sacerdote, podía entrar en la presencia de Dios. Es más, el propio templo se distinguía de los corredores y otras estructuras adjuntas a través del nombre «lugar del trono de gracia» (kapporet) (cf. 1 Cr 28.11). La Septuaginta traduce kapporet como hilasterion («propiciatorio»). De guiar, «alejaban» y esparcían a Israel (Jer 23.2). Los enemigos del hombre bueno traman en su contra porque quieren «derribar.

2-LA EXPIACION EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.

¿Por qué vamos  a ocupar tiempo y espacio en la descripción de los sacrificios del Antiguo Testamento? Por la sencilla razón de que, en el vocablo “sacrificio”, tenemos la clave del significado de la muerte de Cristo. Muchas teorías modernas se han ofrecido para explicar esa muerte, pero cualquier explicación que excluye el elemento expiatorio es antíbiblica, puesto que nada es más señalado en el Nuevo Testamento, que el empleo de términos expiatorio para dar a conocer la muerte de Cristo. Él describirle como “Cordero de Dios”, el decir que su sangre limpia del pecado y compra la redención, en el enseñar que murió por nuestros pecados, todo esto equivale a decir, que la muerte de Jesús era un sacrifico verdadero por el pecado.

Puesto que la muerte de Jesús es descrita con vocablos relacionados con los sacrificios (además de proporcionar un ritual de adoración para los israelitas) eran señales proféticas, (tipos o símbolos) que señalaban al sacrificio perfecto, en consecuencia, un entendimiento claro de las señales conducirá a un mejor conocimiento del sacrificado. No-solo fueron esos sacrificios profecías relativas a Cristo, sino que sirvieron también para preparar al pueblo de dios para una dispensación de mayor importancia, que comenzaría con la venida de Cristo. Cuando los primeros predicadores del evangelio declararon que Jesús era el cordero de Dios, cuya sangre había comprado la redención de los pecados, no tuvieron que definir estos términos a sus oyentes, para quienes estos vocablos serán conocidos, familiares.

Nosotros, sin embargo, que vivimos miles de años después de estos acontecimientos, y que no hemos sido educados en el ritual mosaico, necesitamos estudiar la cartilla, por así decirlo, por la cual Israel aprendió a deletrear el gran mensaje: Redención por medio del sacrificio expiatorio. De esta manera se justifica esta sección respecto del origen, historia naturaleza y eficacia del sacrificio del Antiguo Testamento.

 

3-El origen del sacrificio. Ordenado en el cielo.

La expiación no fue un expediente tardío o pensamiento de último momento de parte de Dios. La caída del hombre no toma a Dios por sorpresa, ni necesitó pasos rápidos para remediarla. Antes de la creación del mundo, Aquel que sabe el fin desde el comienzo, hizo provisión o tomó medidas para la redención del hombre.

De la misma manera que una máquina es concebida en la mente del inventor, antes de ser construida, así también la expiación residía en la mente y en los propósitos de Dios, antes su verdadera realización. Esta verdad, es apoyada por Las Sagradas Escrituras. Se describe a Jesús como el “Cordero, que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8.) El cordero Pascual, era “predestinado” varios días antes de morir (Éxodo 12:3, 6). De igual manera Cristo, el cordero sin mancha ni contaminación, había sido “ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:20.) Adquirió para el hombre vida eterna, que Dios prometió “antes del principio de los siglos” (tito 1:2.) El que hubiera un grupo de personas santificadas por este sacrificio fue decretado “antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4). Pedro les comunicó a los judíos que aunque por su ignorancia habían crucificado a Cristo con manos malvadas, no obstante habían cumplido el plan eterno de Dios, puesto que había sido “entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios “hechos 2:23.)

Es evidente así, que el cristianismo no es una nueva religión, que comenzó hace diecinueve siglos, sino la manifestación histórica de un propósito eterno.

 

 

4- Instituido en la tierra.

Puesto que centenares de años transcurrirían antes de la consumación del sacrificio, ¿qué debía el hombre pecador hacer mientras tanto? Desde el comienzo, Dios ordenó una institución que prefigurara el sacrificio, y asimismo se convirtió en un medio de la gracia para el arrepentido y creyente. Nos referimos a los sacrificios de animales, una de las más antiguas de las instituciones humanas.

La primera mención de un animal sacrificado ocurre en el tercer capítulo de Génesis. Nuestros primeros padres, después de haber pecado, tuvieron conciencia de su desnudez física, la cual era indicio exterior de la desnudez de conciencia. Fueron en vano sus esfuerzos de cubrirse exteriormente con hojas, y por dentro con excusas. Luego leemos que el señor Dios toma las pieles de los animales y los cubrió. Mientras que el registro no dice en palabras que se trababa de un sacrificio, sin embargo, al reflexionar con respecto al significado espiritual del acto, uno no puede evitar llegar a la conclusión de que tenemos aquí, una revelación de Jehová el Redentor, tomando disposiciones para la redención del hombre.

Vemos a una criatura inocente, que muere con el objeto de que la culpabilidad sea cubierta. Ese es el objeto principal del sacrificio, una cubierta divinamente proporcionada para la conciencia culpable. Él primer libro de la Biblia, presenta una criatura inocente que muere por el culpable, y él último libro de la Biblia, habla del Cordero inmaculado muerto con el objeto de liberar al culpable de sus pecados (Apocalipsis 5:6-10.)

 

5- La naturaleza del sacrifico.

Esa institución original del sacrificio explica, con toda probabilidad, porqué la adoración mediante los sacrificios se ha practicado en todas las épocas en todos los lugares. Aunque desnaturalizado en lo que respecta al patrón original, los sacrificios paganos, se basan en dos ideas fundamentales: adoración y expiación. (1) El hombre reconoce que esta bajo el poder de una deidad que tiene ciertos derechos sobre él. Como reconocimiento de estos derechos, y como señal de redención personal, ofrece un don o sacrificio.

(2) Con frecuencia, sin embargo, al tener conciencia de que el pecado ha perturbado la relación, reconoce instintivamente, que el mismo Dios que  lo hizo, tiene el derecho de destruirlo, a menos que se haga algo para reparar la relación rota. El que el sacrificio de la víctima y el derrame de su sangre impedirían o conjuraría la ira divina y aseguraría el favor divino era una de las creencias más firmes y antiguas. ¿Pero cómo aprendieron todo eso? El apóstol Pablo nos dice que hubo una época en que conocían a Dios (Romanos 1:21). De la misma manera que el hombre caído lleva las marcas o distintivos de su origen divino, así también los sacrificios paganos llevan marcas o características de una revelación original divina.

 

Después de la confusión de lenguas (Génesis 11:1-9), los descendientes de Noé se esparcieron por todas partes, llevando consigo el conocimiento verdadero de Dios, pues no había aun registro alguno de idolatría. Lo que ocurrió con el paso de los años se describe brevemente en Romanos 1:19-32. Las naciones se apartaron de la adoración pura a Dios, y pronto perdieron de vista la divinidad. Esa separación dio como resultado la ceguera espiritual. En vez de vercer a Dios en los cuerpos celestes, comenzaron a adorar a esos cuerpos, en calidad de deidades; En vez de ver al creador en los árboles y animales, comenzaron a adorarlos como sí fueran dioses; en vez de reconocer a la imagen del hombre. De manera entonces, que la ceguera espiritual conduce a la idolatría. La idolatría no era asunto meramente intelectual. La adoración de la naturaleza, que forma la base de la mayor parte de las religiones paganas, lleva al hombre a edificar o divinizar sus propias concupiscencias, y el resultado de ello fue la corrupción mora.

Sin embargo, a pesar de esa perversión, la adoración efectuada por el hombre, ostentaba débiles marcas que indicaban que había habido una época en que sabía lo que debía hacer, o como comportarse. En las religiones de Egipto, la india y china, hay reminiscencias de la creencia en un Dios verdadero, el espíritu eterno que hizo todas las cosas.

Cuando la oscuridad espiritual se cernió sobre las naciones, de la misma manera que la corrupción moral había asolado el mundo antediluviano, Dios comenzó de nuevo con Abraham, de la misma manera que lo había hecho anteriormente con Noe. El plan de Dios consistía en hacer de Abraham el progenitor de una nación que devolviera al mundo el conocimiento de la gloria de Dios. En el monte Sinaí, Israel fue separado de las demás naciones, a fin de ser constituida en nación santa. Con el objeto de dirigirlos en una vida de santidad, Dios les dio a los israelitas un código de leyes que gobernaban su vida moral, nacional y religiosa. Entre ellas figuraban las leyes del sacrificio (Levítico, capítulos 1-7) las cuales enseñaban a la nación la manera justa mediante la cual uno debe allegarse a Dios y adorarle. Las naciones observaban una adoración pervertida. Dios restaura a Israel la adoración pura.

 

Los sacrificios mosaicos, fueron medios por los cuales los israelitas cumplían con su obligación principal hacia el Hacedor, es decir, la adoración. Se ofrecían esos sacrificios con el objeto de alcanzar la comunión con Dios, y remover todos los obstáculos de esa comunión. Por ejemplo, sí un israelita pecaba y perturbaba de esa manera las relaciones entre él y Dios, traía una ofrenda de pecado o expiación, el sacrificio de la expiación. O, sí había hecho restitución (Levítico 6:1-7) Ahora que el hombre había arreglado sus cuentas con Dios y con el hombre, y deseaba consagrarse de nuevo, ofrecía un holocausto, el sacrificio de adoración (Levítico 1) Estaba así preparado para gozar de una feliz comunión con Dios, que le había perdonado y aceptado, de manera que prestaba una ofrenda de paz, el sacrificio de comunión (Levítico 3)

El propósito de estos sacrificios de sangre, se cumple en Cristo, el sacrificio perfecto. Su muerte es descrita como la muerte por el pecado, la muerte que cargó con el pecado (2 Corintios 5:21) Dios hizo del alma de su  Hijo “expiación por el pecado” (Isaías 53:10); canceló la deuda que nosotros no habríamos podido cancelar, y borró el pasado que nosotros no podríamos haber borrado. El Señor, es nuestro holocausto, puesto que su muerte es presentada como acto de perfecta consagración (Hebreos 9:14; Efesios 5:2) El Señor, es nuestra ofrenda de paz, puesto que El mismo describió su muerte como medio de compartir, o sea, darnos comunión con la vida divina (Juan 6:53, 56; Levítico 7:15, 20).

 

6- La eficacia del sacrificio.

¿Hasta qué punto eran eficaces los sacrificios del Antiguo Testamento? ¿Procuraban en realidad el perdón y la limpieza? ¿Qué beneficios aseguraban para el oferente? Estas preguntas son de vital importancia, pues comparando y contrastando los sacrificios Levíticos con el sacrificio de Cristo, estaremos capacitados para comprender mejor la eficacia y perfección de este último sacrificio.

La materia es tratada en la epístola a los Hebreos. El escritor se dirige a un grupo de cristianos Hebreos, quienes, desalentados por la persecución, están tentados a retornar al judaísmo y a los sacrificios del templo. Las realidades en las que creen son invisibles, mientras que el templo con su suntuoso ritual parece tan tangible y real. Con el objeto de apartarlos de la idea de seguir tal conducta, el escritor hace una comparación entre los pactos Nuevo y Viejo, demostrando que el Nuevo pacto, es mejor que el antiguo, puesto que el Antiguo es imperfecto y transitorio, mientras que el Nuevo, es perfecto y eterno. El retornar al templo con su sacerdocio y sacrificios, sería dejar la sustancia por la sombra, la perfección por la imperfección. El argumento es el siguiente: el Antiguo Pacto era bueno para su época, y para los fines para los que fuera designado, pero el Nuevo Pacto es mejor.

 

7- Los sacrificios del Antiguo Testamento eran buenos.

De otra manera, no hubieran sido divinamente ordenados. Eran buenos, en el sentido de que cumplían cierto propósito en el plan divino, es decir, ser un medio de gracia a fin de que el pueblo de Jehová, que había pecado contra Él, pudiera retornar a un estado de gracia, ser reconciliado con Él, y continuara disfrutando de unión con Él. Cuando los israelitas habían cumplido fielmente las condiciones, podían confiar en las promesas siguientes: “Así el sacerdote hará por él la expiación de su pecado, y tendrá perdón” (Levítico 4:26)

En circunstancias que los bien informados israelitas traían sus ofrendas, estaban conscientes de dos cosas: primero, que el arrepentimiento en sí mismo es insuficiente; una transacción visible debe producirse, para indicar que su pecado había sido remitido o perdonado (Hebreos 9:22) Pero por otra parte supo de los profetas que el ritual sin la justa disposición interior era una simple formalidad sin valor. El acto de sacrificio debe ser la expresión exterior de los sacrificios internos de alabanza, oración, justicia y obediencia, los sacrificios de un corazón contrito y arrepentido. (Lea el Salmo 26:6; 50:12-14; 4:5; 51:17; Proverbios 21:3; Amos 5:21-24; Miqueas 6:6-8; Isaías 11:17) “El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová”, dijo  Salomón (Proverbios 15:8) Los escritores inspirados establecieron con claridad que los ritos, sin la justicia de corazón, no eran aceptados.

 

8- El sacrificio del Nuevo Testamento es mejor.

Mientras que reconocían la ordenación divina de los sacrificios animales, los israelitas bien informados no podían menos que sentir, que estos no eran medios perfectos de expiación.

Había una amplia disparidad entre una criatura irracional e irresponsable, y un hombre hecho a la imagen de Dios; era evidente que el animal no realizó el sacrificio en forma inteligente o voluntaria; No había comunión entre el oferente y la víctima. Era evidente que le sacrifico de un animal, no podía ser, por una parte equipararse al valor de un alma, ni por la otra podía ejercer poder espiritual en el hombre interior. No había elemento alguno en la sangre de un ser irracional, que pudiera realizar la redención espiritual del alma. Ello podía obtenerse, solo mediante la ofrenda de una vida humana perfecta. El escritor inspirado expresó realmente lo que debe de haber sido la conclusión de muchos creyentes del Antiguo Testamento, cuando dijo: “Porque la sangre de los toros y de los machos cabrios no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:4) A lo sumo, los sacrificios eran medios transitorios e imperfectos de cubrir el pecado, hasta que entrara en vigor una redención mejor. La ley convenció a la gente de su pecado (Romanos 3:20), y los sacrificios tenían la virtud de hacer que esos pecados no provocaran la ira de Dios.

Los sacrificios de animales son calificados (de “ordenanzas de la carne”, es decir, ritos que removían y quitaban la contaminación corporal, y expiaban las acciones exteriores de pecado (Hebreos 9:10), pero contenían virtud espiritual en sí. “La sangre de los toros y de los machos cabríos... santifican para la purificación de la carne” (Hebreos 9:13); en otras palabras, expiaba esa contaminación exterior que aislaba al israelita de la comunión con los demás en la congregación de Israel. Por ejemplo, sí una persona se contaminaba físicamente, se lo consideraba inmundo y se lo aislaba de la congregación de Israel, hasta que se había purificado a sí mismo y ofrecido sacrificio (Levítico 5:1-6); o sí había ofendido materialmente a su vecino, se encontraba bajo la condenación hasta que traía una ofrenda por la culpa (Levítico 6:1-7). En el primer caso, el sacrificio limpiaba de contaminación de carácter físico, pero no limpiaba el alma; en el segundo caso, el sacrificio hacía expiación por el hecho externo, pero no cambiaba el corazón. David mismo reconoció que estaba en las garras de una depravación de la cual no podían liberarle los sacrificios animales (Salmo 51:16; lea también 1 Samuel 3:14) y oró por esa renovación espiritual, que los sacrificios de animales eran impotentes de efectuar.

(Salmo 51:6-10, 16, 17)

La repetición de los sacrificios de animales señala su imperfección; no podían hacer perfecto al adorador (Hebreos 10:1, 2), es decir, darle o proporcionarle una relación perfecta con Dios, sobre la cual pudiera edificar su carácter; no podían proporcionarle esa experiencia de “una sola vez (Hebreos 10:10), de transformación espiritual que debiera de ser el comienzo de una nueva vida.

Los sacrificios de animales eran ofrecidos por sacerdotes imperfectos, la imperfección de cuyo ministerio era indicada por el hecho de que no podían entrar en ningún momento en el lugar Santísimo, y por lo tanto, eran incapaces de conducir al adorador directamente a la presencia divina, “dando el Espíritu Santo a entender  con esto, que aún no se había manifestado el camino al lugar Santísimo” (Hebreos 9:8). El sacerdote no tenía sacrificio que ofrecer, por medio del cual podía conducir a la gente a una experiencia de carácter espiritual con Dios, y así hacer al adorador “perfecto en cuanto a la conciencia” (Hebreos 9:9).

Si un israelita espiritual hubiera sido interrogado con respecto a sus esperanzas de redención, ese mismo discernimiento que le había revelado a el la imperfección del sacrificio animal le hubiera llevado a replicar que la solución residía en el futuro, y que la redención perfecta estaba relacionada en cierta manera, con el orden perfecto que sería iniciado a la venida del Mesías. En realidad, una revelación semejante fue concedida a Jeremías. Ese profeta había perdido las esperanzas de que el pueblo fuera jamás capaz de cumplir el pacto de la ley; su pecado estaba escrito con cincel de hierro (17:1), su corazón era engañoso en extremo, y perverso (17:9), no podían mudar de corazón de la misma manera que el etiope no podía mudar de color (Jeremías 13:23), y estaban tan endurecidos y eran tan depravados, que los sacrificios.

No podían servirles de provecho alguno (6:20); en realidad se habían olvidado del propósito primordial de estos sacrificios.

Desde el punto de vista humano, no había esperanzas para el pueblo, pero Dios animó a Jeremías con la promesa de que vendría una época en que, bajo un pacto nuevo y mejor, el corazón del pueblo seria cambiado, y cuando habría una remisión perfecta de los pecados. “Perdonaré la maldad de ellos, y no me acordare mas de su pecado” (Jeremías 31:31-34) Eh Hebreos 10:17, 18; tenemos la interpretación inspirada de esas ultimas palabras, es decir, que una redención perfecta sería realizada por medio de un sacrificio perfecto y que, por lo tanto, los sacrificios de animales debían de caducar. (Compare Hebreos 10:6-10.) Por medio de este sacrificio, el hombre tiene una experiencia de carácter permanente, que se proporciona una posición perfecta ante Dios. Lo que los sacrificios de la ley no podían realizar, ha sido efectuado por él ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados. Pero Cristo, habiendo ofrecido para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Hebreos 10:11, 12).

Queda por considerarse otro asunto. Es cierto que la gente fue verdaderamente justificada antes de la obra expiatoria de Cristo. Abraham fue justificado por la fe (Romanos 4:3) y entró en el reino de Dios (Mateo 8:11, Lucas 16:22); Moisés fue glorificado (Lucas (9:30, 31); Enoc y Elías fueron trasladados. Había sin duda, un elevado número de piadosos israelitas que alcanzaron la estatura espiritual de estas personas dignas. Admitiendo que los sacrificios animales eran inadecuados, y que el sacrificio de Cristo fue el único sacrificio perfecto, ¿sobre qué bases fueron justificados estos santos del Antiguo Testamento?

Fueron salvados en anticipación del futuro sacrificio, de la misma manera que la gente en la actualidad, es salvada en consideración al sacrificio realizado ya. La prueba de la verdad se halla en Hebreos 9:15 (compare asimismo Romanos 3:25), que enseña que la muerte de Cristo fue en cierto sentido retroactiva y retrospectiva; En otras palabras, tenía eficacia con relación al pasado.

En Hebreos 9:15 se nos sugiere la siguiente línea de pensamiento: el antiguo pacto era impotente para proporcionar una redención perfecta. Cristo, clausuró este pacto e inicio el nuevo pacto con una muerte que realizó la “remisión de las rebeliones que había bajo del primer testamento”. En otras palabras, cuando Dios justificó creyentes del Antiguo Testamento, lo hizo en anticipación de la obra de Cristo “a crédito”, por así decirlo. Cristo pagó todo el precio en la cruz, y canceló la deuda; Dios les dio a los creyentes del Antiguo Testamento una posición que el antiguo pacto no podía comprar, y lo hizo así en vista del futuro pacto que podía efectuar todo esto.

Si uno pregunta sí los creyentes del Antiguo Testamento durante su vida gozaron de los mismos beneficios que los vivieron y viven en la época del Nuevo Testamento, la respuesta debe ser negativa. No había el don permanente del Espíritu Santo (Juan 7:39), que siguiera a su arrepentimiento y fe; no disfrutaban de un conocimiento amplio respecto de la inmortalidad, sacado a la luz por Cristo (2 Timoteo 1:10), y en general se vieron limitados por las imperfecciones de la dispensación en la que vivían. Cuando más, solo podían pregustar las cosas venideras.

 

9- LA EXPIACION EN EL NUEVO TESTAMENTO.

La realidad o verdad de la expiación.

La expiación que fue preordenada o predeterminada en la eternidad, y simbólicamente prefiguraba en el ritual del Antiguo Testamento, fue históricamente realizada en la crucifixión de Jesús, cuando el propósito redentor de Dios fue consumado. “ Los escritores de los evangelios, describen los sufrimientos y muerte de Cristo, con una minuciosidad que no tiene paralelos en la narrativa de otros acontecimientos de la vida de Cristo, y al referirse al cumplimiento de las profecías indican su sentido de la importancia del acontecimiento.

Algunos escritores de la escuela liberal, mantienen que la muerte de Cristo fue un accidente y una tragedia. Comenzó con esperanzas brillantes de éxito, dicen, pero se vio enredado en una red de circunstancias que condujeron a la destrucción que no había previsto, y a la cual no podía escapar. Pero ¿qué nos dicen los evangelios con respecto al asunto? De acuerdo con su testimonio, el señor Jesús sabía desde el principio, que el sufrimiento y la muerte eran parte de su destino divinamente designado. En su declaración, de que convenía o era necesario que el hijo del hombre sufriera, ese vocablo “conveni” indicó vocación divina y no-suerte imprevista e inevitable.

A su bautismo escuchó las palabras siguientes: “este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Estas palabras fueron tomadas de dos profecías, la primera de las cuales declaraba la deidad el Mesías y su dignidad de Hijo (Salmo 2:7) mientras que la segunda describe el ministerio del Mesías en calidad de siervo del Señor (Isaías 42:1) Ahora bien, el siervo mencionado en Isaías, es el siervo sufriente de Isaías 53. Se llega a la conclusión, de que aún en su bautismo, el señor Jesucristo estaba consciente de que le sufrimiento y la muerte eran parte de su llamado. Su rechazo de las ofertas de Satanás en el desierto, indica que había llegado a la trágica encrucijada de su obra, puesto que escogió la senda difícil del rechazo, antes que la fácil de la popularidad. La realidad misma de que el santo se reuniera con el resto de la gente (Lucas 3:21) y se sometiera al bautismo, era un acto de identificación con la humanidad pecadora, a fin de sobrellevar la carga de sus pecados. El siervo del señor, de acuerdo con el capítulo 53 de Isaías, debía ser nombrado o contado entre los transgresores. El bautismo de Jesús, debía de considerarse como el gran acto de comunión amorosa con nuestra miseria, puesto que en esa hora se identificó a sí mismo con los pecadores, y de esta manera, en cierto sentido, comenzó su obra de la expiación.

Muchas veces durante el curso de su ministerio, El Señor se refirió en forma velada y figuraba a la forma de su muerte futura (Mateo 17:10-12; Mateo 17:22, 23; Marcos 9:12, 13; 14:18-21); Pero en Cesarea de Filipo, les manifestó con toda claridad a sus discípulos, que debía sufrir y morir. Desde ese momento en adelante, trató de inculcar en sus mentes el hecho de que debía sufrir, de manera que al ser advertidos de antemano, su fe no naufragaría a raíz del golpe de la crucifixión (Marcos 8:31; 9:31; 10:32) Les explicó asimismo el significado de su muerte. No la debían de considerar como algo infortunado e imprevisto, una tragedia a la cual debían resignarse, que debían considerarla como una muerte con fines expiatorios. El Hijo del hombre había venido para dar su vida en rescate por muchos. En la última cena les dijo instrucciones a sus discípulos referentes a la futura conmemoración de su muerte, acto supremo de su ministerio. Ordenó un rito que debía conmemorar la redención de la humanidad del pecado, de la misma manera que la Pascual había conmemorado la redención de Israel del territorio egipcio.

Sus discípulos, que estaban aún bajo la influencia de las ideas judías con respecto al Mesías y su reino, no estaban capacitados para comprender la necesidad de su muerte y con dificultad se podían reconciliar con ese pensamiento. Pero después de la resurrección y ascensión, los discípulos entendieron, y desde ese momento afirmaron que la muerte de Cristo era el medio divinamente señalado de expiación. “Cristo murió por nuestros pecados”, constituía su testimonio consecuente.

 

10- La necesidad de la expiación.

La necesidad que se sentía de la expiación se desprende de dos hechos, a saber; la santidad de Dios y la pecaminosidad del hombre. La reacción de la santidad de Dios contra la pecaminosidad del hombre, es conocida como su santidad de Dios contra la pecaminosidad del hombre es conocida como su ira, que puede evitarse por la expiación. De manera entonces, que la clave de nuestra discusión será como sigue: Santidad, pecaminosidad, ira y expiación.

 

11- Santidad.

Dios es santo en lo que Naturaleza respecta, lo cual significa que es justo en carácter y en conducta. Estos atributos de su carácter quedan manifiestos en su trato con su creación. “El alma justicia y juicio” (Salmo 89:14)

            Dios ha constituido al hombre y al mundo de acuerdo con leyes definidas. Sus leyes forman el fundamento mismo de la personalidad el hombre, al ser escritas en el corazón o naturaleza del hombre (Romanos 2:14, 15), antes de ser escritas en tablas de piedra. Estas leyes atan al hombre a su creador en una relación personal, y forman la base de la responsabilidad humana. “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (hechos 17:28), se dijo de la humanidad en general. El pecado perturba la relación expresada en este versículo, y finalmente, el pecador no arrepentido es arrojado eternamente lejos de la presencia de Dios. Se trata esta de la muerte segunda.

 

12- Pecaminosidad.

Esta relación está empañada por el pecado, que es una perturbación de la relación personal entre Dios y el hombre. Es violencia hecha a la constitución, por así decirlo, bajo la cual Dios y el hombre viven, de la misma manera que la infidelidad viola el pacto según el cual viven marido y mujer (Jeremías 3:20), “Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios” (Isaías 59:2)

El dar cumplida satisfacción por el quebrantamiento de la ley  y reparar las relaciones interrumpidas entre Dios y el hombre, constituye la función de la expiación.

 

13- Ira.

El pecado, es esencialmente un ataque contra el honor y la santidad de Dios. Es rebelión contra Dios, pues al pecar voluntariamente, el hombre escoge su propia voluntad en vez de la de Dios, y por el momento, se convierte en ley para sí mismo. Pero sí Dios permitiera que su honor fuera atacado, luego dejaría de ser Dios. Su honor demanda la destrucción de aquel que lo resiste. Su justicia demanda satisfacción de la ley violada. Su santidad reacciona contra el pecado. Esta reacción se describe como ira.

Pero esta reacción divina no es automática. No siempre reacciona instantáneamente como lo haría el fuego en la mano que toca. La ira de Dios, está gobernada por consideraciones personales. No se apresura a destruir la obra de sus manos. Le ruega al hombre, espera, a fin de ser misericordioso. Demora el castigo, con la esperanza de qué su bondad conducirá al hombre al arrepentimiento (Romanos 2:4; 2 Pedro 3:9) Pero el hombre interpreta erróneamente las demoras divinas, y se burla de la idea de castigo. “Por cuanto no se ejecuta luego la sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres esta en ellos dispuesto para hacer el mal” (Eclesiastés 8:11).

Pero aunque demorada, la retribución vendrá finalmente, puesto que es en el mundo gobernado por leyes, debe haber un día de rendición de cuentas. “ No os engañéis: Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7), Esta verdad fue demostrada en el calvario, donde Dios manifestó “su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Romanos 3:25). Un erudito en el estudio de Las Sagradas Escrituras hace la siguiente traducción: “esto era para demostrar la justicia de Dios, en vista de que los pecados cometidos previamente durante el tiempo de la paciencia de Dios, habían sido pasados por alto.” Otro hace una paráfrasis de las palabras de la siguiente manera: “Difirió el castigo  del pecado durante ese periodo anterior, el periodo de su paciencia, teniendo el, mientras seguía siendo un juez justo, puede en realidad, absolver al pecador que fundamenta su alegato en la fe en Jesucristo.” En épocas pasadas parece que Dios pasó por alto los pecados de las naciones. El hombre continuó pecando, pero al parecer no cosechó el resultado de su pecado. Y surgió entonces la pregunta siguiente: ¿pasa Dios por alto el pecado? Pero la crucifixión reveló la enormidad del pecado, representando en forma vivida, el terrible castigo que le corresponde. La cruz de Cristo, declara que Dios jamás fue indiferente al pecado del hombre, no lo es ni lo será jamás.

 

14- Expiación.

El hombre ha quebrado las leyes de Dios y ha violado los principios de la justicia. Este conocimiento está registrado en la memoria, y la conciencia lo registra como culpa. ¿Qué se puede hacer para remediar el pasado, para asegurar el futuro? ¿Hay expiación para la ley violada? Para esta pregunta se han proporcionado tres respuestas:

Algunos mantienen que la expiación no es posible. La vida es gobernada por una ley inexorable que castiga las violaciones sin remordimiento alguno. Lo que el hombre siembra, eso cosechará, y no hay escape. El pecado permanece. El pecador jamás podrás escaparse del pasado. El futuro esta hipotecado al pasado, por así decirlo, y no puede ser redimido, o rescatado. Esta teoría hace al hombre un esclavo de las circunstancias. No puede hacer nada para moldear su destino. Si los exponentes de esta teoría reconocen a Dios para algo, es un Dios esclavizado por sus propias leyes, y que no puede proporcionar un camino de salvación para el pecador. En otro extremo figuran los que enseñan que la expiación es innecesaria. Dios es demasiado bondadoso para castigar el pecador, y demasiado bondadoso para demandar satisfacción por la ley quebrantada. Por lo tanto, es innecesaria la expiación, y el perdón puede darse por sentado.

Cierto médico le respondió a uno de sus pacientes que le había estado hablando del evangelio: “No necesito la expiación. Cuando hago algo malo, sé l0 dijo: “Doctor, estoy bien ahora. Lamenté haber estado enfermo, y le prometo que desde ahora en adelante procurare no caer enfermo.” Al mismo tiempo el paciente insinuó que no había necesidad de que le enviara la cuenta. Confiamos que el Doctor, estoy bien ahora. Lamento haber estado enfermo, y le prometo que desde ahora en adelante procurare no caer enfermo.” Al mismo tiempo, el paciente insinuó que no había necesidad de que le enviara la cuenta. Confiamos que el doctor haya aprendido su lección, es decir, que el mero arrepentimiento no puede abandonar la cuenta, ni reparar el daño echo por el pecado. En el Nuevo Testamento se nos enseña, que la expiación es tanto posible como necesaria. Es posible, porque Dios es misericordioso y también justo; necesario, porque Dios es justo a la vez que misericordioso.

Los dos errores a que nos hemos referido son exageraciones relativas a dos verdades con respecto al carácter de Dios. La primera recalca sobremanera su justicia, excluyendo la gracia; la segunda recalca hasta el exceso su gracia, puesto que no desea la muerte del pecador; sin embargo, al perdonar el pecado, necesita revelar su justicia, ya que la estabilidad misma del universo depende de la soberanía de Dios.

En la expiación, Dios hace justicia a su carácter en calidad de Dios misericordioso. En virtud de su justicia, el pecador debe ser castigado; en virtud de su gracia, Dios proporciona un plan para perdón del pecado. Al mismo tiempo, hace justicia a su carácter de Dios justo. Dios no se haría justicia a sí mismo, sí desplegara compasión hacia los pecadores en una forma que  diera importancia al pecado; que no lo tomara en serio, que pasara por alto sus realidades trágicas. La gente podía pensar que Dios era indiferente o indulgente hacia el pecado.

En el calvario, la pena por el pecado fue pagada, y honrada fue pagada la ley divina. Dios podía de esa manera ser misericordioso sin ser injusto, y justo sin demostrar falta de misericordia o bondad.

 

15- La naturaleza de la expiación.

“Cristo fue muerto”, expresa la verdad histórica de la crucifixión; “por nuestros pecados,” interpreta el hecho. ¿En qué sentido murió el señor Jesucristo por nuestros pecados? ¿De qué manera se explica esta verdad en el Nuevo Testamento? La repuesta se hallará en las siguientes palabras claves que se aplican a la muerte de Cristo: Expiación, Propiciación, Sustitución, Redención, Reconciliación.

 

16- Expiación

El vocablo expiación significa literalmente “cubrir”, en el idioma hebreo, y se traduce en nuestras Biblias castellanas, entre otros, con los siguientes significados: expiación, aplacamiento, reconciliación, purificación y limpieza.

El vocablo expiación, en el original, incluye la acción de cubrir tanto los pecados (Salmos (78:38, 79:9; Levítico 5:18) como el pecador (Levítico 4:20). El expiar por el pecado, significa ocultarlo de la vista de Dios, a fin de que pierda el poder de provocar su ira. A continuación publicamos la siguiente del doctor Alfred Cave:

La idea expresada por el vocablo original hebreo que se tradujo “expiación” era la  de cubrir y cubierta, no en el sentido de hacer que algo quede invisible para Jehová, sino en el sentido de hacer que Jehová fije o concentre la atención en alguna otra cosa, de neutralizar el pecado, por así decirlo, de desarmarlo, de convertirlo en incapaz de provocar la justa ira de Dios. El expiar el pecado... equivalía a arrojar, sí se nos permite el vocablo, un velo tan deslumbrante sobre el pecado, que el velo, y no el pecado, quedaba visible; Equivalía a colocar junto al pecado algo tan atrayente, que absorbiera o cautivara por completo la mirada. La figura simbólica que el Nuevo Testamento emplea, cuando habla del nuevo manto (de justicia), el Antiguo Testamento la emplea cuando habla de expiación. Cuando se hacía expiación de acuerdo con la ley, era como sí Jehová, cuya ira se había encendido ante la vista del pecado y de la maldad, era apaciguado por el nuevo manto colocado alrededor del pecado, o para emplear otra figura simbólica que, aunque moderna, no es menos apropiada, era como sí el pecador que había quedado expuesto al rayo de la ira divina, había sido envuelto rápidamente con una capa aisladora. La expiación significaba, cubrir el pecador de tal manera que su pecada quedaba invisible, o desaparecía en el sentido de que o podía interponerse mas entre el y su Hacedor. Un teólogo alemán dijo lo siguiente: “cuando el hombre pecaminoso se aproximaba al altar de Dios, donde habitaba la santidad divina, su naturaleza pecaminosa se interponía entre el y Dios, y la expiación servía para cubrir sus pecados, para cancelar las acusaciones por las cuales había sido llevado ante el tribunal.

 

17-  Conclusión

El vocablo propiciación procede, según se cree, de la palabra latina prope que significa cerca. De ahí que, el vocablo significa reunir, crear un ambiente favorable para la reconciliación, lograr con éxito la reconciliación. El sacrificio de la propiciación aproxima al hombre a su Dios, lo reconcilia con El, expiando sus transgresiones y ganando el favor y la gracia divinos. Dios, inspirado de misericordia, acepta el don de la propiciación y restaura el pecador a su amor. Este también el sentido del vocablo griego empleado en el Nuevo Testamento. Propiciar significa apaciguar la justa ira de un Dios Santo, mediante el ofrecimiento de un sacrificio expiatorio. Se describe a Cristo como propiciación tal (Romanos 3:25; 1 Juan 2:2; 4:10). El pecado mantiene al hombre a distancia de Dios, pero Cristo ha tratado de tal manera con el pecado, en favor del hombre, que su poder de separación ha sido anulado. Por o tanto, el hombre puede ahora acercarse a Dios en el nombre de Cristo. El acceso a Dios, el más sublime de todos los privilegios, ha sido comprado a gran precio, la sangre de Cristo. El doctor James Denny dice lo siguiente:

Y así como el tabernáculo antiguo, todo objeto sagrado empleado en la adoración tenía que ser rociado con la sangre de la expiación, así también todas las partes de a adoración cristiana, todos nuestros acercamientos a Dios deben fundamentarse en la expiación. Uno de estar consciente de esos acercamientos