IGLESIA PENTECOSTAL JEHOVA SHALOM

1723-29 Boston Road

Bronx NY 10460

 

 

Pastor Rev. Ricardo Guzmán Ph.D

 

DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN

 

Prof. Rafael N. Polanco Ph.D

Dir. De Educación

 

Clase de Ministerios

 

LA DOCTRINA DE LA SANIDAD DIVINA

 

 

LA DOCTRINA DE LA SANIDAD DIVINA

 

Objetivos de la Lección:

A: Estudiar que enseña la Biblia acerca de la sanidades divinas.

B: Pedirle a Dios de todo corazón que nos hombre con el don de sanidades divinas.

C: Comprender que cuando Dios nos usa en un milagro de sanidad divina, darnos cuenta que solo fuimos el instrumento y darle siempre la gloria y la honra a ÉL.

 

Bosquejo:

 

1-Introducción:

2- La enfermedad y la muerte han descendido sobre la familia humana debido al pecado.

3- Ni la enfermedad ni la muerte son bendiciones.

4- No es Dios, sino el diablo, el autor de la enfermedad y la muerte:

5- Cristo fue hecho maldición por nosotros.

6- En la expiación se establece una estipulación amplia para nuestra sanidad física.

7- Los beneficios de la expiación se obtienen únicamente por la fe.

8- La sanidad divina es parte integral del evangelio.

9- Dios quiere sanar a todos los enfermos.

10- El Señor Jesucristo encomendó el ministerio de la sanidad primero a los doce, luego a los Setenta, mas tarde a toda la iglesia y finalmente a cada creyente en particular. Mt: 28.19

11- Las ultimas palabras del Señor Jesús.

12- conclusión.

 

LA SANIDAD DIVINA

 

 

1- INTRODUCCIÓN:

 

Juan Wesley, al comentar las enseñanzas de Santiago 5:14,15, dice en las páginas brillantes de su libro intitulado Notas relativas al Nuevo Testamento, lo siguientes:

 

Este don único y visible que Dios confió a sus apóstoles (Marcos 6:13) continuó en la iglesia mucho después  que otros dones milagrosos desaparecieran de ella. En realidad nos parece que estuviera destinado a continuar para siempre, pues Santiago instruye a los ancianos, los únicos que tenían, para que lo administraran. Este don era la única medicina de la iglesia cristiana, hasta que se perdió por la incredulidad... “Y la oración de fe sanará al enfermo.” lo sanará de su enfermedad, y si algún pecado fuera el motivo de su enfermedad, se le perdonará.

 

Juan Wesley anota en su diario no menos de doscientos cuarenta casos de sanidad divina con relación a su ministerio. Si este don divino se perdió por la incredulidad, es razonable esperar que solo será restituido por la fe.

            Desde la época de los apóstoles hasta los días nuestros han habido personas que han confiado implícitamente en el Señor Jesús para la sanidad de sus cuerpos,  y allí donde ha habido fe, se han operado milagros en el nombre del Señor Jesús, semejantes a los que se registran en las paginas sagradas del Nuevo Testamento.

            Hacia fines del siglo pasado unos cuantos creyentes, cual luminarias en la noche, predicaron y atestiguaron con respecto a la gracia sanadora del Señor Jesucristo, pero no fue sino hasta después del derramamiento del Espíritu Santo en este siglo que él número de testigos fue lo suficientemente grande como para atraer la atención del publico en general. Durante los decenios pasados la sanidad divina ocupa un lugar de preponderancia, y por cada uno que creía en dicha doctrina hace medio siglo, son miles los que creen en ella en la actualidad.

            Los creyentes pentecostales aceptan por unanimidad la doctrina de la sanidad divina y casi todos ellos la han experimentado y muchos que no son pentecostales creen, sin embargo, en la sanidad divina de los enfermos mediante la oración de fe, y se suscribirán sin vacilación a las siguientes proposiciones:

 

2-     La enfermedad y la muerte han descendido sobre la familia humana debido al pecado.

 

“Por tanto, como el pecado entro en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte paso a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12.)

 

3-     Ni la enfermedad ni la muerte son bendiciones.

 

 Sino maldiciones permitidas por Dios sobre el hombre a consecuencia del pecado y la desobediencia. “Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos,  y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviare a ti; porque yo soy Jehová tu sanador” (Éxodo 15:26.), (Cf. Deuteronomio 28:15-68.

 

 

4-     No es Dios, sino el diablo, el autor de la enfermedad y la muerte,

 

 Pero Dios es el Autor y Dador de la vida y la salud, y el Señor Jesús vino para destruir las obras del diablo. Esto queda demostrado en el libro de Job y en otros pasajes bíblicos. Por ejemplo: “como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y como este anduvo haciendo bienes y sanado a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él (hechos 10:38.)

 

Marcos 5.25-34

25Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, 26y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. 28Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. 29Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? 31Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. 33Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. 34Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, el también participo de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenia el imperio de la muerte, es decir, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14, 15). “ El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8).

Nota: no todas las enfermedades son causada por el Diablo.

5-     Cristo fue hecho maldición por nosotros,

 

A fin de que quedáramos liberados de la maldición del pecado. Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en toda las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: el justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: el que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. (Gálatas 3:10-14.)

 

6-     En la expiación se establece una estipulación amplia para nuestra sanidad física.

 

 Como así también para nuestra liberación de la culpabilidad, penalidad y poder del pecado. “Ciertamente llevo él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; Y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas el herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5.)

“Para que se cumpliese lo que fue dicho  por el profeta Isaías, que dijo: el mismo tomo nuestras enfermedades, y llevo nuestras dolencias.” Mateo 8:17. “quien llevo el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; Y por cuya herida fuisteis sanados”

 (1 Pedro 2:24).

 

7-     Los beneficios de la expiación se obtienen únicamente por la fe

 

, y se le otorgan al creyente solo cuando este se apropia de ellos por la fe. En Marcos 10:51 el Señor hace la siguiente pregunta: “¿qué quieres que te haga?” Y asimismo expresa: “conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mateo 9:23).

 

8-     La sanidad divina es parte integral del evangelio.

 

 “El espíritu del Señor está sobre mi, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista A los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18, 19). “Y yendo, predicad, diciendo: el reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; dad por gracia lo que de gracia recibisteis,” (Mateo 10:7,8.) “Y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles; se ha acercado a vosotros el reino de Dios” (Lucas 10:9.)

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo, mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echaran fuera demonios; hablaran nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán. Y el Señor, después que les hablo, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicando en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amen (Marcos 16:15-20).

 

9-     Dios quiere sanar a todos los enfermos.

 

 Pues se nos dice que tanto el Señor Jesús como los apóstoles sanaron a todos los que se les acercaron solicitando la salud. “Y cuando llegó la noche, trajeron a  el muchos endemoniados; Y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos” (Mateo 8:16).

“Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón... tanto que sacaban enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aún de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos, y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados” (hechos 5:12, 15-16).

 

10- El Señor Jesucristo encomendó el ministerio de la sanidad primero a los doce, luego a los setenta, mas tarde a toda la iglesia y finalmente a cada creyente en particular.

 

 

 Lea los textos mencionados bajo la proposición número siete. He aquí otro pasaje: “de cierto, de cierto os dijo: el que en mi cree, las obras que yo hago, él les hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al padre. Y todo lo que pidiere al padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el hijo” (Juan 14:12, 13).

 

11-  Las últimas palabras del Señor Jesús.

 

 Antes de ascender al cielo, de acuerdo con Marcos 16:18, constituyen una promesa permanente relativa a su poder sanador. Dice así: ” Sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” Según las instrucciones finales dadas a los creyentes por intermedio de Santiago 5:14, estos deben, cuado son atacados por la enfermedad, llamar “a los ancianos de la iglesia”, quienes deben ungirlos y orar por ellos. Luego añade la hermosa promesa que dice: “Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará.”

 Ningún hombre, iglesia, rey o potentado tiene derecho alguno a revocar las órdenes del Señor (Apocalipsis 22:18, 19)

 

12- Conclusión

 

El Señor Jesucristo sana a los enfermos en la actualidad. Toda vez que se cumplen sus mandatos, se manifiestan las obras extraordinarias del Señor Jesús.

 

“En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. Y respondiendo Jesús, les dijo: Id haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” Lucas 7:21, 22.

      Id, dad las nuevas a Juan. Es decir, proclamemos a todos en general las nuevas relativas a la sanidad.

 

En cuanto al desarrollo de la ciencia médica debemos señalar que Hipócrates, el padre de la medicina científica, vivió cuatrocientos años antes de Cristo. Lucas, quien escribió el Evangelio del mismo nombre y el libro de Hechos, era un médico cuya competencia se pone en evidencia con el uso que hace de términos médicos y su entendimiento de las enfermedades, sin embargo no existe ninguna indicación de que ayudara a Pablo en la sanidad de los enfermos, excepto en la unidad en la oración. Si la sanidad divina estuviera destinada a desaparecer con la muerte de los apóstoles, debería haberse logrado un gran adelanto en la ciencia médica al final del primer siglo, pero no fue así; la ciencia médica no progresó significativamente hasta la era del Renacimiento y, en realidad, no hubo mucho adelanto hasta el reciente descubrimiento de los antibióticos. Es más, el cuidado de la salud y los costos de seguro actuales se han vuelto tan caros que muchos no tienen dinero suficiente para pagarlos, por los que aumenta la necesidad de sanidad divina.

Debemos declarar que Dios ha dado al hombre muchas sustancias con valor curativo. Ha dotado a muchas personas calificadas de métodos de sanidad que son una bendición indescriptible para la humanidad. Muchas organizaciones cristianas han construido y mantienen hospitales para el cuidado de los enfermos y afligidos. Todo esto puede considerarse como una bendición de Dios. El trabajo de doctores y cirujanos puede convertirse en más capaces bajo la mano invisible del Gran Médico. Los cristianos deberían acceder a la ciencia curativa sin ningún sentimiento de culpa; pero la bendición de la sanidad divina mediante el poder del Espíritu Santo, como respuesta a la oración de fe, es ciertamente un sacramento de la iglesia y una provisión especial para los creyentes. Es una esperanza preciosa para los hijos del Señor. El estado relativo de las artes médicas no tiene nada que ver con la validez, la necesidad, ni el lugar, de la sanidad divina en la Iglesia.

 

La teología es simplemente la enseñanza correcta de la Biblia. ¿Es correcta la doctrina de la sanidad divina mediante el poder del Espíritu Santo? Por supuesto que muchos no creen en la Biblia. Y no todos los que creen en la Biblia, en general, creen, en particular, en la sanidad divina o milagrosa. No todos los que creen en los milagros de los tiempos de Jesús, creen que los milagros, especialmente los de sanidad, pueden o deben ocurrir en nuestros días.

La posición de esta guía de estudio es que la obra redentora de Cristo en la cruz, que culminó en su resurrección y ascensión, fue efectiva para la plenitud de la persona y para toda la era eclesial. En este capítulo nos esforzaremos en dar una respuesta a las objeciones a la sanidad divina.

 

Hermano querido, la sanidad divina es una realidad. Solo que muchos dudamos, y cuando hay duda, el poder de Dios no puede funcional en nuestra vida la sanidad divina es para todo el que cree y tu ya has creído hermano. No le tenga miedo al enemigo y comienza a usar lo que el Espíritu santo a puesto en ti

 

Paz que el Señor te colme de todas su bendiciones.