IGLESIA PENTECOSTAL JOHOVA SHALOM

1723-29 Boston Road

Bronx NY 10460

 DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN

 

 Prof. Rafael N. Polanco Ph.D

Dir. de Educación

 

Clase de Ministerios

 

LA DOCTRINA DEL SEÑOR JESUCRISTO

 

 

BOSQUEJO

 

  1.  

INTRODUCCIÓN.

  1.  

LA NATURALEZA DE Cristo.

  1.  

La conciencia que Cristo tenia de sí mismo.

  1.  

Las afirmaciones de Jesús.

  1.  

La autoridad de Cristo.

  1.  

La perfección de Cristo.

  1.  

El testimonio de los discípulos.

  1.  

La palabra preexistencia y actividad eterna.

  1.  

Señor.

  1.  

Deidad.

  1.  

Exaltación.

  1.  

¿Por qué el hijo de Dios se hizo hombre?

  1.  

La profecía.

  1.  

El cumplimiento.

  1.  

Hijo de David, La profecía.

  1.  

El cumplimiento.

  1.  

Jesús (obra salvadora.)

  1.  

LAS DIGNIDADES DE Cristo.

  1.  

Cristo el Profeta.

  1.  

Jesús Predico la salvación.

  1.  

Jesús Anuncio el reino.

  1.  

Jesús Predijo el futuro.

  1.  

Cristo el Sacerdote.

  1.  

Cristo el Rey.

  1.  

LA OBRA DE Cristo

  1.  

Su muerte y su importancia.

  1.  

Su significado.

  1.  

La resurrección de Cristo y su hecho.

  1.  

La evidencia.

  1.  

El significado de la resurrección.

  1.  

El Cristo Celestial.

  1.  

El Cristo exaltado.

  1.  

El Cristo soberano.

  1.  

El Cristo que preparo el camino.

  1.  

El Cristo que intercede.

  1.  

El Cristo omnipresente.

  1.  

Conclusión: valores de la ascensión.

 

 

INTRODUCCIÓN,

 

EL SEÑOR JESUCRISTO

 

Su cumpleaños se celebra en todo el orbe. En la fecha de su muerte, se proyecta la silueta de la Cruz en el horizonte de las naciones. ¿Quién es? Con estas palabras, un predicador prominente formula una pregunta de suprema importancia y de constante interés.

La pregunta fue hecha por el Maestro mismo cuando, durante una de las crisis de su ministerio dijo: “¿quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?” Escucho las respuestas que reflejaban la opinión corriente del publico, sin hacer comentario, pero pronuncio su bendición sobre la respuesta que Pedro había recibido de Dios: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” La pregunta sigue todavía en pie, y el hombre procura responderla, sin embargo, la respuesta verdadera debe proceder el Nuevo Testamento, escrito por hombres que le conocieron mejor que ninguno, y quienes, por ese conocimiento, estuvieron dispuestos a perder todo lo demás.

 

LA NATURALEZA DE CRISTO.

La mejor manera de responder a la pregunta ¿quién es Cristo? Es dando a conocer y explicando los nombres y títulos por los cuales es conocido.

 

Hijo de Dios (Deidad.)

 De la misma manera que la frase “hijo del hombre” significa nacido de hombre, así también “Hijo de Dios” significa nacido de Dios. De ahí que este titulo proclame la deidad de Cristo. A Jesús jamás se lo denomina un Hijo de Dios, en el sentido general en que los hombres y los ángeles (Job 2:1) son hijos de Dios. Es el hijo de Dios por excelencia, en sentido especial y único. Según la descripción que de Jesús nos hacen Las Sagradas Escrituras, mantiene con Dios una relación que no es compartida por la persona alguna en el universo. En calidad de explicación y confirmación de esta verdad, consideremos:

 

La conciencia que Cristo tenia de sí mismo.

¿En que consistía la conciencia que el señor tenia de sí mismo? En otras palabras, ¿qué sabia de sí? Lucas, el único escrito que registra un incidente de la niñez   de Jesús, nos dice que la edad de doce anos, (cuando menos) Jesús estaba consciente de dos codas: de una relacen especial con Dios, a quien describe como Padre, y de una misión especial en la tierra, los negocios de su Padre. Cuando comenzó Jesús a tener conciencia de sí, y como tuvo esa conciencia, seguirá en el misterio para nosotros. Cuando vemos a Dios que viene hacia nosotros en la forma de hombre, debemos exclamar con referencia: “Grande es el misterio de la piedad.” No obstante, la siguiente ilustración quizás sea útil: Pon a un bebe frente al espejo. Sé vera a sí mismo, pero no se reconocerá. Pero llegara el momento en que sabrá que la imagen reflejada es la suya. En otras palabras, el niño esta ahora consciente de su propia identidad. ¿No habrá sido así también en lo que respecta al señor Jesucristo? Siempre fue el Hijo de Dios. Pero llego el momento en que, después de estudiar las sagradas escrituras relacionadas con el Mesías de Dios, la conciencia de que Él, el Hijo de Maria, no era otra que el Hijo de Dios, ilumino su mente. En vista de que el Hijo eterno de Dios vivió la vida perfectamente natural del ser humano, es razonable suponer que esa conciencia de su deidad le llego de esa manera.

En él rió Jordán Jesús oyó la voz del Padre que corroboraba y confirmaba su conciencia interior (Mateo 3:17) y en el desierto resistió con éxito los intentos de Satanás destinados a poner en tela de juicio su carácter de Hijo de Dios. “Si eres Hijo de Dios” (Mateo 4:3) mas tarde en su ministerio tuvo palabras de elogio para Pedro por el testimonio inspirado del cielo respecto de su deidad  (Mateo 16:15-17.) Cuando se le procesaba ante el alto tribunal judío, podría haber escapado de la muerte negando su carácter extraordinario de Hijo de Dios, y afirmando simplemente que era hijo en el mismo sentido que los demás hombres eran. Pero al ser puesto bajo juramento por el sumo sacerdote, declaro tener conciencia de su deidad, aunque sabia que dicha declaración le significaba la muerte (Mateo 26:63-65.)

 

Las afirmaciones de Jesús.

Jesús se identifico plenamente con las actividades divinas. En efecto, dijo: “Mi padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17.) “Salí del Padre” (Juan 16:28.” Como me envió el Padre” (Juan 20:21.) Afirmo tener conocimientos divinos y comunión (Mateo 11:27; Juan 17:25. Afirmo revelar el ser del Padre mediante sí mismo (Juan 14:9-11.) Asumió prerrogativas divinas omnipresencia (Mateo 18:20); poder para perdonar pecados (Marcos 2:5-10; poder para resucitar a los muertos (Juan 6:39, 40, 54; 11:54; 11:25; 10:17, 18.) Se proclamo a sí mismo el Juez y Arbitro del destino del hombre (Juan 5:22; Mateo 25:31, 46)

Demando una rendición y fidelidad que solo Dios podía reclamar con derecho. Insistió en la rendición o sumisión absoluta de parte de sus seguidores. Debían estar preparados para romper los lazos más queridos pues cualquiera que amaba aun padre o madre mas que El no era digno de Él (Mateo 10:37; Lucas 14:25-33.)

Esas demandas trascendentales fueron formuladas por uno que vivió como él más humilde de los hombres, y presentadas en la forma más simple y sencilla, como por ejemplo, Pablo diría: “Yo de cierto soy hombre judío.” Con el objeto de arribar a la conclusión de que Cristo era divino, uno solo necesita hacer dos concesiones: primera, que Jesús no era mal hombre, segunda, que no era demente. Si dijo que era divino cuando sabia que no lo era, luego no seria un hombre bueno; Si se imaginaba falsamente que era Dios, luego no podía ser una persona en plena posesión de sus facultades mentales, inteligente, soñaría negar su carácter perfecto o su sabiduría superior. En consecuencia, no se puede menos que llegar a la conclusión de que era lo que afirmaba ser, el Hijo de Dios en sentido único.

 

La autoridad de Cristo.

En las enseñanzas de Cristo, uno nota ausencia completa de expresiones como estas: “según opino”, “quizás”, creo que, “supongamos”. Un sabio racionalista judío admitió que el señor hablaba con la autoridad del Dios todopoderoso mismo. El doctor Henry Van Dyke señala que en el sermón del monte, por ejemplo tenemos: El cuadro absolutamente anotador de un hebreo creyente que se coloca por encima de la regla de su propia fe, un Maestro humilde que afirma su autoridad suprema sobre toda la conducta del hombre, un reformador moral que descarta todos los demás fundamentos, y dice: “cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, le comparare a un hombre prudente, que edifico su casa sobre la roca” (Mateo 7:24.) Cuarenta y nueve veces, en este breve registro del discurso de Jesús, aparece esta frase solemne mediante la cual autentica la verdad: “De cierto os digo”.

 

La perfección de Cristo.

Ningún maestro que llama los hombres al arrepentimiento y a la justicia puede evitar alguna referencia a su propio pecado e imperfección. En realidad, cuanto más santo es, tanto mas lamentara y reconocerá sus propias limitaciones. Pero en las palabras y hecho de Jesús, hay una ausencia total en la conciencia o confesión del pecado. Tenia el conocimiento mas profundo respecto de los males del pecado, y sin embargo no cayo sobre su alma sombra o mancha alguna. Por el contrario, Él, él más humilde de los hombres, lanza el siguiente reto: “ ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Juan 8:46.)

 

El testimonio de los discípulos.

Ningún judío cometió jamás el error de pensar que moisés era divino; ni aun sus discípulos más entusiastas hubieran soñado jamás con atribuirle declaraciones como esta: “Bautizándolos en el nombre del Padre, y de moisés, y del Espíritu Santo.” (Compare Mateo 28:19.) Y la razón es que Moisés jamás hablo ni se comporto como uno que procedía de Dios o compartía su naturaleza. Por otra parte, el Nuevo Testamento enuncia este milagro: tenemos aquí un grupo de hombres que caminaron con Jesús, y le vieron en todos los aspectos característicos de su humanidad y que, sin embargo, mas tarde lo adoraron como divino, predicaron que su nombre era el poder para la salvación e invocaron su nombre en oración. Juan, que se recostó sobre el pecho de Jesús, no vacilo en hablar de El cómo el eterno (Hijo de Dios que creo el universo (Juan 1:1, 3), y relata sin vacilación ni disculpas el acto de Tomas de adorarle y exclamar: “¡ Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28), estado consciente del hambre y la sed sufridas por el señor, que le había escuchado orar, y le había visto llorar, en otras palabras, que había sido testigo de su humanidad toda, mas tarde les dice a los judíos que Jesús esta a la mano derecha de Dios, de que posee la prerrogativa divina de impartir el Espíritu Santo (Hechos 2:33,36); De que es el único camino de la salvación (Hechos 4:12), el Perdonador de pecados (Hechos 5:31) adora al señor y le atribuye a El “gloria ahora y hasta el día de la eternidad”.

No hay registro alguno en el sentido que Pablo el apóstol viera a Jesús en la carne (aunque le vio en forma glorificada), pero se encontraba en contacto directo con los que lo habían visto. Y este Pablo, que jamás perdió esa reverencia hacia Dios que le había sido inculcada desde su juventud, describe no obstante con calma perfecta a Jesús como nuestro “Gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13), le representa encarnado la plenitud de la deidad (Colosenses 2:9), y como creador y Sostenedor de todas las cosas (Colosenses 1:16, 17.) Como tal, su nombre debe ser invocado en oración (1 Corintios 1:2; compare Hechos 7:59) y su nombre esta unido al del Padre y del Espíritu Santo en la bendición apostólica (2 Corintios 13:14.)

Desde el principio mismo la iglesia primitiva considero divino a Cristo y lo adoro como tal. A principios del segundo siglo un funcionario romano informo que los creyentes estaban acostumbrados a reunirse antes del amanecer y” cantar un himno de alabanza a Cristo, como si fuera Dios”. Un autor pagano escribió lo siguiente: “los cristianos adoran todavía al gran hombre que fue crucificado en Palestina.” Hasta el ridículo de los paganos constituye un testimonio de la deidad de Cristo. Se encontró una inscripción en un antiguo palacio romano (anterior al siglo cuarto) la cual representa una figura humana con cabeza de asno, pendiente de una cruz, mientras que un hombre se encuentra ante ella en actitud de adoración. Debajo de la inscripción se lee lo siguiente: “Alexamenos adora a su Dios.” Henry Van Dyke hace el siguiente comentario:

De esta manera las canciones y oraciones de los creyentes, las acusaciones de los perseguidores, las burlas de los escépticos, y el desprecio grosero de los que se burlaban, todo se mezclaba para demostrar fuera de toda duda que los cristianos primitivos rindieron honores divinos al señor Jesús... hay tanta certeza de que los creyentes primitivos vieron en Cristo una revelación personal de Dios, como que los seguidores de Abraham Lincoln consideraron a este un ciudadano bueno y leal. No debemos inferir, sin embargo, que la iglesia primitiva no adoro a Dios el Padre, pues lo hizo. La practica general consistía en orar al Padre en el nombre de Jesús, y agradecer al Padre por el don del Hijo. Pero tan real era para ellos la deidad de Cristo y la unidad entre las dos personas, que les fue natural invocar el nombre de Jesús, fue su adhesión firme a las enseñanzas del Antiguo Testamento respecto de la unidad de Dios, combinada con la creencia firme en la deidad de Cristo, lo que los llevo a formular la doctrina de la trinidad. Las siguientes palabras del Credo Niceno (siglo cuarto) han sido, y lo son todavía, recitadas por muchos de manera formal, pero no obstante expresan fielmente la sincera convicción de la iglesia primitiva:

 

Creemos en un señor Jesucristo, el Hijo de Dios, unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, verdadero Dios de Verdadero Dios, engendrado y no creado, siendo de una sustancia con el Padre; por quien todas las cosas que están en los cielos y en la tierra fueron hechas; quien, para nosotros los hombres y para nuestra salvación descendió, y fue encarnado y hecho hombre, y sufrió, y se levanto el tercer día y ascendió a los cielos, y vendrá de nuevo a juzgar a los vivos y a los muertos.

 

La palabra (preexistencia y actividad eternas.)

La palabra del hombre es aquella por la cual se expresa a sí mismo, por la cual se pone en comunión con otros. Por medio de la palabra da a conocer sus pensamientos y sentimientos, y por su palabra da a conocer mandamientos y pone en vigor su voluntad. La palabra que habla lleva la impronta de La palabra del hombre es aquella por la cual se expresa a sí mismo, por la cual se pone en comunión con otros. Por medio de la palabra da a conocer sus pensamientos y sentimientos, y por su palabra da a conocer mandamientos y pone en vigor su voluntad. La palabra que habla lleva la impronta de La palabra del hombre es aquella por la cual se expresa a sí mismo, por la cual se pone en comunión con otros. Por medio de la palabra da a conocer sus pensamientos y sentimientos, y por su palabra da a conocer mandamientos y pone en vigor su voluntad. La palabra que habla lleva la impronta de su pensamiento y carácter. Mediante sus palabras, el hombre puede conocerse perfectamente, aunque uno fuera ciego. El sentido de la vista y la información podría revelar muy poco con respecto a su carácter si uno no hubiera escuchado a sus palabras. La palabra del hombre es su carácter en la expresión.

De igual manera, la palabra de Dios es aquella por la cual el Padre se comunica con otros seres, trata con ellos; es el medio por el cual expresa su poder, inteligencia y voluntad. Cristo es esa palabra, el verbo, puesto que por intermedio de Él, ha revelado su actividad, voluntad y propósito, y porque por Él, dios establece contacto con el mundo. No nos expresamos a nosotros mismos por medio de las palabras; el Dios eterno se expresa a sí mismo por medio de su Hijo, que es la “misma imagen de su sustancia” (Hebreos 1:3.) Cristo es la palabra de Dios porque revela a dios demostrándole en persona. No solo trae el mensaje de Dios, sino que es el mensaje de Dios.

Consideremos la necesidad de tal revelador. Trate de comprender el tamaño del universo, con sus incalculables millones de cuerpos celestiales, cubriendo distancias de magnitud incomprensible para la mentalidad del hombre; imaginemos las enormes distancias del espacio mas allá del universo de la materia; luego tratemos de concebir lo poderoso de Aquel que es la fuente de todo. Consideremos, por un lado, lo insignificante del hombre. Se ha calculado que si todos fueran de 1,80 mt. De alto, por 0,45 de ancho, y 2,400 de espesor, toda la raza humana, compuesta de seis mil millones de habitantes, cabria un cupo de 2.400 metros de ancho, 2.400 de lado y 2.400 de profundidad. Dios, ¡cuan grande y poderoso! El hombre, ¡cuan infinitamente pequeño! Además, este dios es espíritu, y por lo tanto, no puede ser comprendido por la vista, ni por los demás sentidos naturales. La gran pregunta que surge es la siguiente: ¿de que manera podemos tener comunión con un Dios semejante? ¿Cómo podemos concebir su naturaleza y carácter?

Es cierto que Dios se revelo a sí mismo promedio de la palabra profética, por sueños y visiones, y por manifestaciones transitorias. Pero el hombre anhelaba aun una respuesta más clara a la pregunta: ¿cómo es Dios? Para responder a esta pregunta, ocurrió el acontecimiento más estupendo de la historia: “Y aquel verbo fue hecho carne” (Juan 1:14.) La palabra eterna de Dios too sobre si la naturaleza humana y se hizo hombre, con el objeto de revelar al eterno Dios por medio de la personalidad humana. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (hebreos 1:1, 2. por lo tanto, la pregunta ¿cómo es Dios? El creyente responde: Dios es como Cristo, pues Cristo es la palabra, la idea que Dios tiene de sí mismo. Es decir, Él es la misma imagen de su sustancia (hebreos 1:3), “imagen del Dios invisible” (colosenses 1:15.)

 

Señor.

Un vistazo a una concordancia revelara el hecho de que el “señor” es uno de los títulos más comunes de Jesucristo. Ese titulo indica su deidad, exaltación, y soberanía.

 

Deidad.

Él titulo  de “señor”, cuando se lo colocaba antes de un nombre, proporcionaba la idea de deidad tanto para judíos como para gentiles. El vocablo “señor” en el idioma griego (Kurios) fue el equivalente de Jehová en la traducción griega del Antiguo Testamento; Por lo tanto para los judíos, el “señor Jesús” era una atribución clara de la deidad. Cuando el emperador romano se refirió a sí mismo como “señor Cesar”, y les requiero a sus súbditos que dijeran “cesar es señor”, los gentiles entendieron que el emperador reclama para sí la divinidad. Los creyentes entendieron de esa manera el titulo que pertenece solo a uno verdaderamente divino. Solo a Él, a quien dios había exaltado, le atribuirían señorío y lo adorarían.

 

Exaltación.

En la eternidad, Cristo posee él titulo de “Hijo de Dios”, en virtud de su relación Dios (filipenses 2:9); en la historia, se gano él titulo de “señor”, muriendo y resucitando por la salvación de los hombres (Hechos 2:36; 10:36; romanos 14:9 fue siempre divino por naturaleza; se convirtió en señor por su obra. Ilustremos por lo siguiente: un joven que nace en una familia de multimillonarios no se conforma con heredar lo que otros han obtenido mediante su trabajo, sino que solo desea poseer lo que ha ganado por su propio trabajo. Por lo tanto, renuncia voluntariamente a todos sus privilegios, ocupa su lugar como trabajador común, y mediante su laboriosidad se gana para sí un sitio de honor y riqueza. De igual manera el Hijo de dios, aunque por naturaleza era igual a Dios, voluntariamente se sujeto a las limitaciones del hombre, pero sin pecado, al tomar sobre si la naturaleza del hombre transformándose en siervo del hombre, y finalmente murió en la cruz por su redención. Como recompensa, se le dio señoría sobre toda criatura, una recompensa apropiada, pues que mejor derecho podría alguno tener al gobierno de los hombres, que la verdad que los amaba, y se dio a sí mismo por ellos (Apocalipsis 1:5.) Este derecho ha sido reconocido por millones de personas, y la cruz se ha convertido en peldaño por medio del cual el señor Jesús asciende al lugar de soberanía sobre el corazón del hombre.

En Egipto, Jehová se revelo a sí mismo a Israel en calidad de redentor y salvador, en Sinaí, como señor y Rey. Las dos cosas marcan juntas, pues aquel que se convirtió en salvador, tiene derecho a ser su jefe. Es por ello que los Diez mandamientos comienzan con la siguiente declaración: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saque de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre” (Éxodo 20:2.) En otras palabras, “Yo, el señor que os he redimido, tengo derecho a gobernarlos”.Y así es con Cristo y su pueblo. Los primitivos cristianos reconocieron instintivamente como todo verdadero discípulo que el que los redimió del pecado y la destrucción tiene derecho a ser señor de sus vidas. Comprados por precio, no se pertenecen a sí mismos (1 Corintios 6:20) sino que pertenecen a Aquel que murió y resucito por ellos (2 Corintios 5:15.) Poro tanto el titulo “señor”, aplicado a Jesús por sus seguidores, significa lo siguiente: “Aquel que por su muerte se ha ganado un lugar de soberanía en mi corazón, y a quien me siento obligado a adorar y servir con todas mis fuerzas.”

Cuando el ciego fue reprobado por transportar su cama el día sábado, replico: “E que me sano, el mismo me dijo: Toma tu lecho y anda” (Juan 5:11.) Supo instintivamente, con la lógica de su corazón, que Aquel que le había dado la vida tenia el derecho de decirle que manera emplear esa vida. Si Jesús es nuestro Salvador, debe ser nuestro señor.

 

 ¿Por qué el Hijo de Dios se hizo Hijo de hombre, o cuales fueron los propósitos de esa encarnación?

Como lo hemos visto ya, el hijo de Dios vino a este mundo para ser un revelador de Dios. Afirmo que sus obras y palabras estaban guiadas por Dios (Juan 5:19, 20, 10:38); aun hasta su obra evangelista fue una revelación del corazón del Padre celestial, y los que criticaron su obra entre los pecadores demostraron de esa manera falta de armonía con el espíritu del cielo (Lucas 15:1-7)

Tomo nuestra naturaleza humana con el objeto de glorificarla, y adaptarla de esa forma para un destino celestial. De manera que labro o forjo un modelo celestial, por así decirlo, por medio del cual podía rehacerse o convertirse a la semejanza divina la naturaleza humana. El Hijo de Dios, se convirtió en el Hijo del hombre con el objeto de que los hijos de los hombres pudieran convertirse en hijos de Dios (Juan 1:12), y un día serán como Él (1 Juan 3:2); aun sus cuerpos serán semejantes a su cuerpo glorioso (filipenses 3:21) “El primer hombre [Adán] es de la tierra, terrenal: el segundo hombre, que es el señor, es del cielo” (1 Corintios 15:47) Así pues “como trajimos la imagen del terrenal traeremos también la imagen del celestial” (v. 49, Cf., Génesis 5:3), porque “el postrer Adán en espíritu vivificante”, es decir, fue hecho en espíritu vivificante (v. 45)

Pero el obstáculo en el camino de la perfección de la humanidad fue el pecado, que en el camino de la perfección de la humanidad fue el pecado, que en el comienzo privo a Adán de la gloria de la justicia original. Con el objeto de librarnos del poder y la culpabilidad del pecado, el Hijo de dios murió en la cruz, realizando de esta manera el sacrificio expiatorio.

 

 

El Cristo (titulo y misión, oficiales)

 La profecía.

      “Cristo” es la forma griega del vocablo hebreo “Mesías” que significa “el ungido”. La palabra se deriva de la práctica de ungir con aceite como símbolo de la consagración divina al servicio. Mientras que sacerdotes, y veces profetas, eran ungidos con aceita al ser puestos en posesión de sus funciones, el titulo “Ungido” fue aplicado particularmente a los reyes de Israel que gobernaban en calidad de representantes de Jehová (2 Samuel 1:14) En algunos casos, el símbolo de la unción fue seguido por la realidad espiritual de manera que la persona se convirtió, en sentido vivo, en el ungido del señor (1 Samuel 10:1, 6; 16:13)

Saúl fue un fracaso, pero David que le sucedió, fue un hombre según el corazón de Dios; un rey que hizo de la voluntad de Dios, algo supremo en su vida, y que se considero a sí mismo representante de dios. Pero la mayoría de los reyes se apartaron lamentablemente del patrón divino, conduciendo a la gente a la idolatría y hasta algunos de los reyes más piadosos eran culpables. Contra este oscuro telón de fondo, los profetas anunciaron la promesa de la venida del Rey de la casa de había un Rey aun mayor que  David. Sobre Él reposaría el espíritu del señor con una fuerza desconocida hasta entonces (Isaías 11:1-3, 61:1) Aunque Hijo de David, seria también Hijo de Jehová, llevando nombres divinos (Isaías 9:6, 7; Jeremías 23:6) A diferencia del de David, su reino seria eterno,  y todas las naciones quedarían bajo su cetro. Este era el Ungido por excelencia, o el Mesías, o el Cristo, y sobre el se centralizaban las esperanzas de Israel.

 

 El cumplimiento.

El testimonio consecuente del Nuevo Testamento es que Jesús afirmo ser el Mesías, o Cristo, prometido en el Antiguo Testamento. Así como el presidente de un país es elegido primero, y luego investigo públicamente de su alta jefatura, así también Jesucristo fue eternamente elegido para ser el Mesías o Cristo, y luego investido públicamente de su dignidad mesiánica en el jordán. Y así como Samuel ungió primero a Saúl, y luego le explico el significado de la unción (1 Samuel 10:1), así también Dios el padre ungió a su Hijo con el espíritu de poder, y le susurro a los oídos el significado de su unción: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Marcos 1:11) En otras palabras, “Tú eres el Hijo de Jehová, poder para tu misión, y té envió con mi bendición.”La gente entre la cual iba a ejercer su ministerio esperaba el retorno del señor Jesucristo a la tierra, pero desgraciadamente sus esperanzas estaban teñidas de ideas políticas. Esperaban un hombre fuerte, que fuera un a combinación de soldado y estadista. ¿Sería Jesucristo esa clase de Mesías? El espíritu lo llevo al desierto para que hiciera frente a las tentaciones de Satanás, quien le sugirió astutamente que adoptara la plataforma popular y emprendiera el camino mas corto y más fácil al poder. “Responde a sus anhelos materiales”, le sugirió el tentador (compare con Mateo 4:3, 4 y Juan 6:14, 15, 26), “maravilladse saltando desde el templo, y de paso, queda bien con las autoridades del templo, erígete en paladín de la gente y condúcela a la guerra.” (Compare Mateo 4:8, 9 y Apocalipsis 13:2, 4.)

Jesús sabia que Satanás abogada por una política inspirada de su espíritu egoísta y violente. El que tal conducta conduciría ciertamente al derrame de sangre y a la ruina era cierto. ¡No tomaría el camino delineado por Dios y dependería solo de armas espirituales para conquistar el corazón de los hombres, aun cuando la senda condujera al malentendido, al sufrimiento, a la muerte. En el desierto, el señor Jesucristo eligió la cruz, y la escogió porque era parte del programa de dios para su vida.

El maestro, no se desvió jamás de esta línea de conducta, aunque con frecuencia fue tentado exteriormente de apartarse de la senda de la cruz. (Lea, por ejemplo, Mateo 16:22.)

El señor Jesús escrupulosamente se mantuvo alejado de los enredos de la situación política del día. Hubo momentos en que prohibió a los que había sanado que divulgaran su fama, no fuera que su ministerio fuera interpretado erróneamente, y considerado como incitación a que el pueblo se rebelara contra las autoridades romanas (Mateo 12:15, 16; compare Lucas 23:5), donde su éxito fue convertido en acusación contra él. Se negó deliberación, a fin de que no surgieran falsas esperanzas entre el pueblo (Mateo 16:20; 17:9) Procediendo con sabiduría consumada, eludió una trampa que se le había tendido hábilmente para desacreditarlo ante el pueblo, acusándosele de falta de patriotismo, y por otra parte crearle dificultades con las autoridades romanas (Mateo 22:15-21) En todo esto el señor Jesucristo cumplió la profecía de Isaías en el sentido de que el Ungido de Dios debía ser el proclamador de la verdad divina, y no un agitador violente en procura de la consecución de la consecución de intereses personales (Mateo 12:16-21) como lo eran algunos de los falsos Mesías que le precedieron y siguieron (Juan 10:8; Hechos 5:36; 21:38) Con fidelidad evito los métodos carnales y siguió los espirituales, de manera que Pilato, representante de Roma, podía declarar lo siguiente: “Ninguna culpa hallo en este hombre”.

Hemos visto que el señor Jesús comenzó su ministerio entre el publico que tenia la justa esperanza de un Mesías, pero el concepto equivocado de su persona y obra. Empleemos la sencilla ilustración: el rotulo era correcto, pero el contenido del frasco no estaba de acuerdo con el rotulo. Al saber esto, Jesús al principio no se proclamo como Mesías (Mateo 16:20), pues sabia que ello representaría una señal de rebelión contra roma. Hablo mas bien con respecto al reino, describiendo sus niveles y su naturaleza espiritual, esperando inspirar al pueblo sed del reino espiritual que a su vez los llevaría a desear un Mesías espiritual.  Y sus esfuerzos en este sentido no fueron completamente infructuosos, puesto que Juan el apóstol nos dice en el capítulo 1 que desde el principio hubo un grupo espiritual que le reconoció como Cristo; asimismo de tiempo en tiempo se revelo a sí mismo a personas que estaban espiritualmente preparadas (Juan 4; 25, 26, 9:35-37)  

Pero la nación, en sentido general, no relaciono su ministerio espiritual con el pensamiento del Mesías. Admitieron libremente los judíos que se trataba de un maestro capacitado, de un gran predicador y hasta de un profeta (Mateo 16-13, 14); pero sin duda no creían que fuera la persona destinada a dirigir el programa político, militar y económico, como pensaron que lo debía de hacer el Mesías. Pero, ¿por qué culpar al pueblo de tal expectativa? Dios había prometido realmente establecer un reino terrenal (Zacarías 14:9-21; Amos 9:11-15; Jeremías 23:6-8) Es cierto, pero precediendo a ese acontecimiento debía producirse una limpieza moral y una regeneración espiritual de la nación (Ezequiel 36:25-27); Compare (Juan 3:1-3) Y tanto Juan el bautista como Jesús manifestaron con claridad a la nación, que en su condición actual, no estaba capacitada para entrar en el reino. De ahí exhortación: “Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.” Pero mientras que las palabras ¿reino de los cielos” conmovía profundamente al pueblo, la palabra ‘arrepentíos” causaba escasa impresión? Tanto los dirigentes (Mateo 21:31,32) como el pueblo (Lucas 13:13, 19:41-44) se negaron a cumplir las condiciones del reino y en consecuencia perdieron los privilegios del reino (Mateo 21:43) Pero el omnisciente Dios había previsto el fracaso de Israel (Isaías 6:9, 10; 53:1; Juan 12:37, 40), y Dios, el todopoderoso lo había dirigido de tal manera para la promoción de un plan hasta aquí mantenido secreto. El plan era el siguiente: el rechazo de Israel daría oportunidad para que Dios escogiera a un pueblo elegido entre los gentiles (romanos 11:11; Hechos 15:13, 14 romanos 9:25, 26) quienes, junto con los creyentes judíos debían de constituir la compañía conocida como la iglesia (Efesios 3:4-6) El señor Jesucristo mismo dio a los discípulos un vislumbre de ese periodo (el periodo de la iglesia) que debía de transcurrir entre la venida primera y la segunda, denominando misterios a esas revelaciones, porque no fueron reveladas a los profetas del Antiguo Testamento (Mateo 13:11-17) En cierta ocasión, la fe inamovible de un centurión gentil contrasto con la falta de fe de muchos Israelitas y trajo a la memoria de su visión inspirada el espectáculo de gentiles de todas las tierras que entraban en el reino que Israel había rechazado (Mateo 8:10-12) La crisis prevista en el desierto había llegado, y Jesús se preparo para proporcionar algunas noticias tristes a sus discípulos. Comenzó con tacto a fortalecer su fe con un testimonio inspirado del cielo relativo a su mesiazgo, de carácter notable (Mateo 16:18, 19), que puede parafrasearse de la siguiente manera: “La congregación de Israel (o iglesia, Hechos 7:38) me ha rechazado como Mesías, y en realidad, sus dirigentes me han de excomulgar a mí que soy la piedra angular o fundamental de la nación (Mateo 21:42)

Pero no por ello fracasara el plan de Dios, puesto que estableceré otra congregación (“iglesia”) compuesta de hombres como tu, Pedro (1 Pedro 2:4, 9) que creerán en mi deidad y mesiazgo. Serás un dirigente y ministro en esta congregación, y tuyo será el privilegio de abrir sus puertas con la llave del evangelio de la verdad, y tu y tus hermanos administraran sus asuntos”.Luego el señor Jesucristo hizo una declaración que los discípulos no entendieron con amplitud hasta después de su resurrección (Lucas 24:25-48); es decir, que la cruz era parte del programa de Dios para el Mesías. “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos,  de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21) A su debido tiempo se cumplió la tétrica profecía aunque Jesucristo podría haber escapado la muerte negando su deidad, y podría haber sido absuelto negando que fuera rey, persistió en su testimonio y murió en la cruz con la inscripción”Este es el Rey de los Judíos”. Pero el Mesías sufriente (Isaías 53:7-9) se levanto de los muertos (Isaías 53:10, 11) y como Daniel lo había previsto, ascendió a la mano derecha de Dios (Daniel 7:14; Lucas 24:51) de donde vendrá para juzgar a los vivos y a los muertos.

Después de este examen de las enseñanzas del Antiguo Testamento, estamos en condiciones de expresar nuestra definición amplia del titulo de Mesías, es decir, aquel a quien Dios ha autorizado par salvar a Israel y las naciones, del pecado y la muerte, y gobernar sobre ellas como señor y maestro de sus vidas. El que tal afirmación implica deidad queda entendido por los judíos pensantes, pero es una piedra de tropiezo par ellos. El señor Claude Montefiore, famoso sabio judío dice: Si pudiera creer que Jesús era Dios (es decir, divino) luego es obvio seria mi maestro, puesto que mi maestro, el maestro del judío moderno, es, y no puede ser otro que Dios.

 

Hijo de David. (Línea genealógica real)

Ese titulo es equivalente a Mesías, puesto que una de las cualidades importantes del Mesías era su descendencia de David.

 

 La profecía.

Como recompensa por su fidelidad, se le prometió a David una dinastía eterna (2 Samuel 7:16), y la soberanía eterna sobre Israel le fue dada a su casa. Se trataba este del pacto davídico o pacto del trono. De esa fecha data la esperanza de que, viniera lo que le viniera a la nación, aparecería siempre en la época establecida por Dios, un rey que pertenecería a la estirpe y línea directa de David. En épocas de dificultades los profetas recordaron esta promesa al pueblo, informándole que la redención de Israel y de las naciones estaba relacionada con la venida de un gran rey de la casa de David (Jeremías 30:9; 23:5; Ezequiel 34:23; Isaías 55:3, 4; salmo 89:34-37) Nótese particularmente Isaías 11:1, que puede traducirse de la siguiente manera: “Y saldrá un brote del trono del árbol de Isaí (padre de David) y una rama verde crecerá de sus raíces.” En Isaías (10:33, 34), Asiría, cruel opresor de Israel, es comparado con un cedro, cuyo tronco no brota nunca, sino que se pudre lentamente. Una vez que ha sido cortado, el árbol no tiene futuro. Y un árbol semejante ilustra la historia de Asiría, que hace mucho que ha dejado de pertenecer a la historia moderna. La casa de David, por otra parte, se la compara con un árbol que dará brotes del tronco quedo en la tierra. Y la casa de David cesara en su calidad de casa real, es decir, será cortada hasta quedar solo un tronco. Pero del tronco saldrá un brote, y de las raíces del tronco nacerá una rama: el Rey-Mesías.

 

 El cumplimiento.

Judá fue llevada cautiva, y de la cautividad retorno sin monarca, y sin independencia, para quedar sometida sucesivamente a Persia, Grecia, Egipto Siria y después de un breve periodo de independencia, a Roma. Durante esos siglos de sujeción a los gentiles, hubo periodos de desanimo, cuando el pueblo miraba retrospectivamente el pasado, la antigua gloria del reino de David clamaba con el salmista: “Señor, ¿dónde están tus antiguas misericordias, que juraste a David por tu verdad?” (Salmo 89:49) Pero nunca perdieron las esperanzas. Reunidos al calor de la profecía mesiánica, fortalecieron su corazón y esperaron pacientemente al Hijo de David. No fueron desilusionados. Centenares de anos después que la casa real de David hubiera dejado de existir, un ángel se le apareció a una joven judía y le dijo: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamaras su nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo: y el señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinara sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin “(Lucas 1:31-33. compare Isaías 9:6, 7)

Un libertador se había levantado de la casa de David. En la época en que la casa de David parecía reducida a su estado mas bajo, cuando los herederos vivos eran humilde carpintero y una sencilla doncella, luego mediante la intervención milagrosa de Dios, la Rama broto del tronco cortado, y creció hasta ser un árbol grande que ha proporcionado refugio par muchas personas. A continuación proporcionamos lo fundamental del pacto davídico, según fue interpretado por los profetas inspirados: Jehová descendería para salvar a su pueblo. Habría entonces en la tierra un descendiente vivió de la familia davídica, por medio de quien Jehová liberaría y luego gobernaría a su pueblo. El que Jesús era el hijo de David queda demostrado por el anuncio hecho a su nacimiento, por sus genealogías (Mateo 1 y Lucas 3), por haber aceptado el titulo que le fue atribuido (Mateo 9:27; 20:30, 31; 21:1-11), y por el testimonio de los escritores del Nuevo Testamento (hechos 13:23; romanos 1:3 2 Timoteo 2:8; Apocalipsis 5:5; 22:16) Pero el titulo “Hijo de David” no era una descripción completa del Mesías, pues recalcaba simplemente su descendencia humana. Por lo tanto la gente, ignorando los pasajes que hablaban de la naturaleza divina de Cristo, esperaban un Mesías humano que fuera un segundo David. En cierta ocasión, Jesús intento elevar los pensamientos de los dirigentes por encima de esta idea incompleta (Mateo 22:42-46) “ ¿qué os parece del Cristo? (O Mesías) ¿de quien es hijo?” Los fariseos respondieron naturalmente: “De David”. Luego el señor Jesús, citando el salmo 110:1, pregunto: “Pues si David le llama, señor ¿cómo es su Hijo?” ¿Cómo puede ser el señor de David hijo de David? Fue la pregunta que perturbaba a los fariseos. La respuesta es naturalmente la siguiente: el Mesías es ambas cosas. Por el milagro del nacimiento virginal, Jesucristo nació de Dios y también de Maria. Fue así el Hijo de Dios e Hijo del hombre. En calidad de Hijo de Dios, es señor de David; en calidad de hijo de María, es hijo de David.  El Antiguo Testamento registra dos aspectos de la verdad mesiánica. Algunos pasajes declaran que el señor mismo vendrá del cielo para liberar a su pueblo (Isaías 40:10; 42:13; salmo 98:9); otros expresan que un liberador nacerá de la familia de David. Amos acontecimientos se fusionaron en la aparición del pequeño bebe de Belén, la ciudad de David, pues entonces el hijo del altísimo nació como hijo de David (Lucas 1:32) Nótese de que manera en Isaías 9:6, 7 la naturaleza divina y la descendencia davídica del futuro Rey se combinan. El titulo mencionado aquí, “Padre eterno” ha sido interpretado erróneamente por algunos que han deducido que no hay trinidad, y que Jesús es el Padre, y el Padre es Jesús. Un conocimiento del idioma del Antiguo Testamento les podría haber salvado de este error. En aquellos días, un gobernante que regia con sabiduría y justicia era denominado “padre para su pueblo. De esta manera, el señor, hablando por intermedio de Isaías, dice de un funcionario; “Y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá. Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro” (Isaías 22:21, 22; Nótese el parecido con Isaías 9:6, 7 y compare con (Apocalipsis 3:7) Este titulo fue aplicado a David, como lo demuestra la aclamación del pueblo durante la entrada triunfal. “Bendito el reino de nuestro padre David que viene” (Marcos 11:10) No querían dar a entender que David era su antepasado, pues no todos descendían de esa familia; y naturalmente que no-tenia idea alguna de llamarle Padre celestial. Se describe a David como “padre” porque como rey según el corazón de Dios, era el fundador verdadero del reino Israelita (Saúl era un fracaso) agrandándolo de 10.000 a 100.000 kilómetros cuadrados. De igual manera se hace referencia con frecuencia a Jorge Washington, denominándosele “Padre de la patria”.

El “padre David” era humano y murió; su reino era terreno y con el tiempo se desintegro. Pero de acuerdo con Isaías 9:6, 7, el descendiente de David, el rey Mesías, será divino, y su reino será eterno. David fue “padre” transitorio de su pueblo; el Mesías será un Padre eterno (divino, inmortal, inmutable) para todos los pueblos, designado para tal dignidad por Dios el Padre (salmo 2:6-8; Lucas 22:29)

 

Jesús (obra salvadora)

 El Antiguo Testamento enseña que Dios mismo es la fuente de salvación: Él es el Salvador de Israel y Liberador. Libero a su pueblo de la esclavitud egipcia y desde entonces en adelante Israel supo por experiencia que él era un salvador (Salmo 106:21; Isaías 43:3, 11; 45:15, 22; Jeremías 14:8) Pero Dios procede por medio de agentes, y por lo tanto leemos de que salvo a Israel por el misterioso “ángel de su faz” (Isaías 63:9) Hubo épocas cuando se emplearon instrumentos humanos; moisés fue enviado a liberar a Israel de la esclavitud; de vez en cuando surgieron jueces para socorrer a Israel. “pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gálatas 4:4) Al entrar en el mundo, el Redentor recibió el nombre expresivo de su misión suprema “Y llamaras su nombre Jesús, porque el salvara a su pueblo de su pecador” (Mateo 1:21)

Los primeros predicadores del evangelio no necesitaban  explicar a los judíos el significado del vocablo “Salvador”, habían aprendido la lección ya de su propia historia (hechos 3:26; 13:23) Los judíos entendieron que el mensaje del evangelio significaba que así como Dios había enviado a Moisés para liberar a Israel de la esclavitud egipcia, así también había enviado a Jesús para liberar a su pueblo de sus pecados. Entendieron, pero se negaron sobre la cruz Cristo cumplió la misión indicada por su nombre, puesto que el salvar a la gente del pecado implica expiación, y la expiación implica muerte. Pero aun durante toda su vida vivió de acuerdo con su nombre: fue siempre el Salvador. Por toda la tierra había gente que podía testificar, diciendo: “Estuve dominado por el pecado, pero Jesús me salvo.” María Magdalena podía decir: “Me liberó de siete demonios.” El que otrora fuera paralítico podía decir: “Me perdono los pecados”.

 

LAS DIGNIDADES DE Cristo.

En la época del Antiguo Testamento, había tres clases de mediadores entre Dios y su pueblo: el profeta, el sacerdote y el rey. Como Mediador perfecto (1 Timoteo 2:5) Cristo reúne en sí las tres dignidades o cargos. Jesús es el Cristo-Profeta, que ilumina a las naciones; el Cristo-Sacerdote que se ofrece como sacrificio de las naciones; el Cristo-Rey, que gobierna a todas las naciones.

 

Cristo el Profeta.

El profeta del Antiguo Testamento era el representante o agente terreno de Dios, que revelo su voluntad con relación al presente y al futuro. El que el Mesías fuera profeta para iluminar a Israel y las naciones constituye un testimonio de los profetas (Isaías 42:1; compare Romanos 15:8), y que Jesús era así considerado es el testimonio de los evangélicos (Marcos 6:15; Juan 4:19; 6:14; 9:17; Marcos 6:4; 1:27) En calidad de profeta Jesús hizo lo siguiente:

Jesús predico la salvación.

Los profetas de Israel ejercieron el ministerio más importante en épocas de crisis, cuando los gobernantes, los estadistas y sacerdotes estaban confusos en lo que a juicio respecta, y estaban impotentes para proceder. Entonces surgía el profeta con autoridad divina, y les proporcionaba la solución de sus dificultades, diciendo: “Este es el camino, andad en el.”

El señor Jesucristo apareció en una época en que la nación judía se encontraba en un estado de intranquilidad, causado por su anhelo de liberación nacional. Por medio de la predicación de Cristo, la nación se vio confrontada con una elección en lo que respecta a la forma de liberación: guerra con roma, o paz con Dios. Escogieron incorrectamente y sufrieron las desastrosas consecuencias de la destrucción nacional (Lucas 19:41-44. compare Mateo 26:52) De la misma manera que sus antepasados desobedientes y rebeldes habían tratado de forzar su camino a Canaán (Números 14:40-45), así también los judíos, en el año 68 D.C., trataron de libertarse de roma por la fuerza. Su rebelión fue ahogada en sangre, Jerusalén y el templo fueron destruidos, y el judío errante comenzó su doloroso peregrinaje a través de los siglos. El señor Jesucristo señaló la senda de escape del poder y culpabilidad del pecado, no solo para nación, sino también par el individuo. Los que llegaron con la pregunta “¿qué haremos para ser salvos?” Recibieron instrucciones precisas, y en ellas figuraba siempre el mandamiento de seguirle. No solo señaló, sino que abrió la senda de la salvación por su muerte en la cruz.

 

Jesús anunció el reino.

Todos los profetas se refirieron a una época en que la humanidad debía quedar bajo el cetro de la ley de Dios, una condición y estado de cosas conocido con el nombre de “reino de dios”. Este fue un tema sobresaliente en la predicación de nuestro señor: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17) Amplio la información con respecto  a este tema al describir la naturaleza del reino, sus miembros, condiciones para entrar en el, su historia espiritual después de su ascensión (Mateo 13) y la forma de su establecimiento.

 

Jesús predijo el futuro.

La profecía e basa en el principio de que la historia no marcha con pasos inciertos, sino que esta bajo el dominio de Dios, que conoce desde el comienzo cual será el fin. Les revela a sus profetas el curso de la historia, capacitándoles así para predecir el futuro. En calidad de profeta, Cristo previo el triunfo de su causa y reino en medio de los cambios efímeros de la historia humana (Mateo 24 y 25)

El Cristo ascendió continua su ministerio profético por medio de su cuerpo, la iglesia, a la cual le ha prometido inspiración (Juan 14:26; 16:13), e impartido el don de la profecía (1 corintios 12:10) Eso significa que los creyentes deban añadir a Las Sagradas Escrituras, que son la revelación “de una vez para siempre” (Judas 3), sino que por inspiración del espíritu pronunciaran mensajes de edificación, exhortación y consuelo (1 corintios 14:3) basados en la Palabra.

 

Cristo el Sacerdote.

Un sacerdote, en el sentido bíblico del vocablo, es una persona divinamente consagrada para representar al hombre ante Dios y ofrecer sacrificios que le aseguraran el favor divino. “Porque todo sumo sacerdote esta constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también este tenga algo que ofrecer” (Hebreos  8:3) En Calvario, Cristo el sacerdote  se ofreció a sí mismo, el sacrificio, con el objeto de asegurar el perdón del hombre y la aceptación ante Dios. Su vida con anterioridad a esto era una preparación para su obra sacerdotal. El Hijo eterno participo de nuestra naturaleza (Hebreos 2:14-16) y nuestras experiencias, puesto que de otra manera no podía representar al hombre de Dios ni ofrecer sacrificios; Ni tampoco podía socorrer a la humanidad  tentada sin saber por experiencia lo que significaba la tentación. Un sacerdote por lo tanto debe ser humano; por ejemplo, un ángel no podría ser sacerdote para el hombre. El sumo sacerdote de Israel fue consagrado para representar al hombre ante Dios y ofrecer sacrificios que le asegurarían a Israel el perdón y la aceptación. Una vez por año, el sumo sacerdote hizo expiación por Israel; en sentido típico o simbólico, el sacerdote era el salvador que aparecía en la presencia de Dios para obtener perdón. Los sacrificios de ese día fueron hechos en el atrio exterior o patio del templo; de igual manera Cristo fue crucificado en la tierra. Luego la sangre fue llevada al lugar Santísimo y rociada en la presencia misma de Dios. De igual manera el señor Jesucristo ascendió a los cielos, “para aparecer en la en la presencia de Dios por nosotros”. La aceptación que hace Dios de la sangre de su Hijo nos proporciona confianza con respecto a la aceptación de todos los que confían en su sacrificio. (Comparen Levítico, capítulo 16 y Hebreos, capítulos 8 al 10.) Aunque Cristo ofreció un sacrificio perfecto una vez por todas, su obra sacerdotal continúa todavía. Vive para presentar ante Dios los meritos y el poder de su obra expiatoria en bien de los pecadores. El que murió por los hombres vive ahora para ellos, para salvarlos e interceder por ellos. Y cuando oramos en el nombre de Jesús, presentamos la obra expiatoria de Cristo como la base de nuestra aceptación, pues solo así se nos asegura que somos aceptos en el amado

 (Efesios 1:6)

 

Cristo el Rey.

Cristo-Sacerdote es también el Cristo-Rey. El plan de Dios consistía en que ambas dignidades fueran desempeñadas por el Gobernador perfecto. De esta manera Melquisedec, puesto que era tanto rey de Salem como sacerdote del Dios Altísimo, se convirtió en tipo del Rey perfecto de Dios, el Mesías (Génesis 14:18, 19; Hebreos 7:1-3) Hubo un periodo en la historia del pueblo judío cuando este ideal casi se cumplió. Casi siglo y medio antes del nacimiento de Cristo, el pueblo era gobernado por su sucesión de sumos sacerdotes que desempañaban también el cargo de gobernantes civiles; el gobernador del pueblo era tanto sacerdote como monarca. Así también durante la edad medía el Papa reclamo para sí intento ejercer tanto el poder temporal como el espiritual sobre Europa. En calidad de representante de Cristo, afirmo gobernar tanto sobre la iglesia como sobre las naciones. “Ambos experimentos, el judío y el cristiano, fracasaron”, nos dice el doctor H. B. Swete, “y según se puede juzgar por estos ejemplos, ni los intereses temporales ni los espirituales del hombre son promovidos confiándolos al cuidado del mismo representante. La doble tarea es demasiado grande para que la pueda cumplir el simple mortal.”

Pero los escritores inspirados hablaron de venida de uno que era digno de llevar la doble carga. Ese era el Mesías venidero, gobernante y sacerdote según el orden de Melquisedec (Salmo 110:1-4), “y será sacerdote en su trono” (Zacarías 6:13) Ese es el Cristo ascendido. (Compare Salmo 110:1 y Hebreos 10:13.) De acuerdo con el Antiguo Testamento, el Mesías iba a ser gran Rey de la casa de David, que debía de gobernar a Israel y a las naciones, e iniciar la era Áurea de la justicia, paz y prosperidad (Isaías 11:1-9; Salmo 72)

Jesús afirmo ser ese Rey. En la presencia de Pilato, testifico que había nacido par ser Rey, aunque explico que su reino no era de este mundo, es decir, no era un reino fundado por la fuerza humana ni estaba gobernado por un sistema humano (Juan 18:36) Tiempo antes de su muerte, Jesús predijo su retorno con poder y majestad, a fin de juzgar a las naciones (Mateo 25:31) Aun sobre la cruz, se comporto como rey y hablo como tal, de manera que el ladrón agonízate capto la visión y exclamo: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42) Percibió como entre densa bruma que la muerte llevaría a Jesucristo al reino celestial. Después de su resurrección, el señor Jesús declaro lo siguiente: “Oda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18) Después de su ascensión, fue coronado y elevado al trono con el padre (Apocalipsis 3:21; compare Efesios 1:20-22) Esto significa que a la vista de Dios el señor Jesucristo es Rey; no es solo jefe de la iglesia, sino también señor de todo el mundo y de todos los hombres. La tierra es suya, y todo lo que hay en ella. Suyos, y solo suyos son los poderes y la gloria de todos los reinos brillantes que Satanás el tentador señalo desde la cumbre de la montaña. Es Cristo el Rey, señor del mundo, Dueño de todas las riquezas, y señor del hombre. Todo eso es ahora una realidad desde el punto de vista de Dios; pero no todos los hombres han reconocido el gobierno de Cristo. Aunque Cristo ha sido ungido Rey de Israel (hechos 2:30), “los suyos” (Juan 1:11) han rechazado su soberanía (19:15) y las naciones siguen su propio camino sin reconocer su autoridad.

Esa situación fue prevista y predicha por Cristo en la parábola de las minas (Lucas 19:12-15) En aquellos días, cuando un dirigente nacional heredaba un reino, primero debía de ir a Roma y recibirlo del emperador, depuse de lo cual quedaba libre para retornar y gobernar. Asimismo Cristo se compara con cierto noble que se traslado a un país lejano para recibir par a sí el reino y retornar. Vino del cielo a la tierra, obtuvo el ensalzamiento y soberanía por su muerte expiatoria para los hombres, y luego ascendió al trono de su Padre para recibir la corona y el gobierno. “Pero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de el una embajada, diciendo: No queremos que este reine sobre nosotros.” Israel, de igual manera, rechazo a su Rey. Al saber que estaría ausente por algún tiempo, el noble le confió a sus siervos ciertas tareas; de igual manera Cristo, previendo que transcurriría cierto tiempo entre su primera y segunda venida, les asigno a sus siervos la tarea de proclamar su reino y reclutar súbditos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del espíritu Santo. Finalmente el noble, después de haber recibido su reino, retorno para recompensar a sus siervos, afirmando su soberanía, y castigando a sus enemigos. De igual manera Cristo retornara para recompensar a sus siervos, afirmar su soberanía sobre el mundo, y castigar a los malvados. Este es el tema central de libro de Apocalipsis

(Apocalipsis 11:15; 12:10; 19:16) Se sentara luego sobre el trono de David,  y se establecerá entonces el reino del Hijo de David, cuando por mil años la tierra gozara de un reinado áureo de paz y abundancia. Toda esfera de actividad humana quedara bajo el dominio de Cristo, el mal será suprimido con la vara de hierro, Satanás será atado, y la tierra quedara llena del conocimiento y de la gloria de Dios, “como cubren la mar las aguas”.

 

LA OBRA DE CRISTO.

Cristo realizo muchas obras, pero la obra por excelencia que realizo fue morir por los pecados del mundo (Mateo 1:21; Juan 1:29) Están incluidas en su obra expiatoria su muerte, resurrección y ascensión. No solo debe morir por nosotros, sino también debe vivir por nosotros. No solo debe resucitar de los muertos, para nosotros, sino ascender par interceder por nosotros (Romanos 8:34; 4:25; 5:10)

 

 

La muerte de Cristo.

Su importancia.

El acontecimiento extraordinario y la doctrina central del Nuevo Testamento puede ser sintetizada en las siguientes palabras: “Cristo fue muerto [el acontecimiento] por nuestros pecados [ la doctrina]” (1 corintios 15:3) La muerte expiatoria de Cristo es la característica única de la reeligió cristiana. Martín Lutero declaro que la doctrina cristiana, se distinguía de toda otra, y especialmente de aquella que parecía cristiana, por el hecho de que es la doctrina de la cruz. La batalla toda de la Reforma fue por la interpretación correcta de la cruz. Los reformadores enseñaban que el que entiende la cruz como corresponde, entiende a Cristo y a la Biblia. Se trata esta de una característica única de los evangelios que hace del cristianismo la religión por excelencia; puesto que el problema es el del pecado, y la religión que adopta disposiciones perfectas para la liberación de la culpabilidad y el poder del pecado, es divinamente completa. Jesucristo es el autor de la “salvación eterna” (Hebreos 5:9), es decir, de la salvación final. Todo lo que la salvación puede significar es adquirido o asegurado por Él.

 

Su significado.

Hay cierta relación verdadera entre el hombre y su hacedor. Algo ocurrió para destruir esta relación. No solo esta el hombre alejado de dios, y se diferencia de Dios en carácter, sino que hay un obstáculo que bloquea u obstaculiza el camino, cual peña gigantesca, obstáculo tan grande que el hombre no lo puede hacer a un lado por su propio esfuerzo. Este obstáculo es el pecado, o más bien la culpabilidad, que significa el pecado asignado por Dios contra el pecador. El hombre puede remover ese obstáculo. Solo Dios. Dios debe tomar la iniciativa y salvar al hombre, de otra manera no podrá ser salvo. El que dios haya hecho esto constituye el testimonio de Las Sagradas Escrituras. Envió a su Hijo del cielo a la tierra par remover ese obstáculo y hacer de esa manera posible la reconciliación del hombre con su Dios. Al morir por nuestros pecados, quito la barrera separatoriá; Soporto sobre sí lo que nosotros debíamos de haber soportado; realizo por nosotros lo que nosotros éramos impotentes de hacer por nosotros mismos; esto hizo porque era la voluntad del Padre. Esta es la esencia de la expiación.

En virtud de su importancia, la materia será considerada con mas detalles en un capítulo por separado.

 

La resurrección de Cristo.

El hecho o realidad de la resurrección.

La resurrección de Cristo es el milagro por excelencia del cristianismo. Una vez que establecemos la realidad de este acontecimiento, la discusión de los otros milagros del evangelio se hace innecesaria. Además, es el milagro sobre el que se sustenta o se desploma toda la fe cristiana; pues el cristianismo es una religión histórica  que basa sus enseñanzas en acontecimientos definidos que ocurrieron en Palestina hace unos diecinueve siglos.  Estos acontecimientos son el nacimiento y ministerio de Jesucristo, que culmino con su muerte, sepultura y resurrección. De estos, la resurrección es la corona, puesto que si Cristo no resucito, luego no es lo que afirmaba ser; su muerte no fue entonces una muerte expiatoria; luego los cristianos han sido engañados por siglos; los predicadores han estado declarando errores; los fieles han sido engañados por la falsa esperanza de la salvación. Pero, gracias a Dios en vez del signo de interrogación, podemos colocar el de admiración en esta doctrina: “pero ahora Cristo ha resucitado de los muertos; ¡primicias de los que durmieron es hecho!”

 

La evidencia de la resurrección.

“Ustedes los cristianos viven de la fragancia de una tumba vacía”, dijo un escéptico francés. Es verdad que las que vinieron a embalsamar el cuerpo de Jesús en aquella memorable mañana de resurrección descubrieron la tumba vacía. Esta verdad no se ha explicado, y no podrá explicarse aparte de la verdad respecto de la resurrección de Jesús. ¡Conque facilidad los judíos podrían haber refutado el testimonio de los primeros predicadores, presentando el cuerpo de nuestro señor! Pero no lo hicieron, porque no podían.

¿Cómo se podría explicar la existencia de la iglesia cristiana, que seguramente habría permanecido sepultada con su señor, si Jesucristo no hubiera resucitado? La iglesia viva y radiante del día de Pentecostés no nació de un dirigente muerto. ¿Qué haremos con el testimonio de los que vieron a Jesús después de su resurrección, muchos de los cuales hablaron con él, le tocaron, comieron con Él? Con el testimonio de centenares de quienes Pablo dijo que vivían en su día; Muchos de los cuales nos han proporcionado su testimonio inspirado en el Nuevo Testamento? ¿Cómo recibiremos el testimonio de hombres que por su honradez y sinceridad jamás habrían predicado un mensaje si hubieran creído que era falso, y que lo sacrificaron todo por esa predicación?

¿Cómo explicaremos la conversión de Pablo el apóstol, de perseguidor del cristianismo en uno de los misioneros más grandes, a menos que en realidad hubiera visto a Cristo en el camino a Damasco? Solo hay una respuesta para todas estas preguntas: Jesucristo resucito.

Se han realizado intentos de evadir la verdad. Los dirigentes judíos afirmaron que sus discípulos habían robado el cuerpo como si un pequeño grupo de discípulos tímidos y desilusionados pudieran haber reunido suficiente valor para arrebatar a los endurecidos soldados Romanos en el cuerpo de su Maestro, cuya muerte había truncado sus esperanzas.

Algunos estudiosos modernos tienen sus explicaciones. “Los discípulos experimentaron simplemente una visión”, nos dicen. ¡Como si centenares de personas hubieran visto la misma visión y se hubieran imaginado que veían realmente a Cristo! “Jesús no murió en realidad, sino que se desmayo y estaba todavía con vida cuando fue quitado de la cruz”, dicen otros. ¡Como si un pálido y débil Jesucristo, bañado en sangre, hubiera podido persuadir a los discípulos que dudaban, y especialmente a Tomas, de que era el Cristo resucitado de la vida! Estas explicaciones son tan débiles que llevan en sí su propia refutación. De nuevo afirmarnos lo siguiente: Cristo resucito

 

El significado de la resurrección.

Significa que Jesús es todo lo que afirmo ser, Hijo de dios, Salvador, señor (Romanos 1:4) El mundo respondió a las afirmaciones y derechos de Jesús enviándolo a la cruz; Dios respondió resucitándole. Significa que la muerte expiatoria de Cristo fue una realidad, y de que el hombre podrá hallar el perdón por sus pecados pasados, y así hallar paz con dios (Romanos 4:25) La resurrección es realmente la consumación de la muerte expiatoria de Cristo. ¿Cómo sabemos que no era una muerte ordinaria?  ¿Cómo sabemos que lavara realmente el pecado? ¡Porque resucito!

Significa que tenemos un sumo sacerdote en los cielos que simpatiza con nosotros, que ha vivido nuestra vida, y conoce nuestras tristezas y enfermedades y que esta capacitado para darnos poder para vivir la vida cristiana día tras día. El que murió por nosotros, vive ahora por nosotros (Romanos 8:34; Hebreos 7:25.)

Significa que podemos saber que hay una vida venidera. “Pero nadie ha regresado jamás para contarnos con respecto al otro mundo”, constituye una objeción común. Pero alguien ha retornado, Jesucristo. A la pregunta ¿si un hombre muere, vivirá de nuevo? La ciencia solo puede contestar: “No lo sabemos.” La filosofía puede decir: “Debe de haber una vida futura.” Pero el cristianismo puede decir: “porque Él vive, viviremos también nosotros; porque él resucito de los muertos, también resucitaran todos.” La resurrección de Cristo nos proporciona, no solo prueba de la verdad de la inmortalidad, sino la seguridad de inmortalidad personal (1 tesalonicenses 4:14; 2 corintios 4:14; Juan 14:19)

Significa que hay la certeza de un juicio futuro. Tal como lo ha dicho el apóstol inspirado por Dios “ha establecido un día en el cual juzgara al mundo con justicia, por aquel varón al cual designo; dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (hechos 17:31)

Tan cierto como Jesús resucito de los muertos para ser juez de los hombres, así también los hombres resucitaran d la tumba para ser juzgados por Él.

 

El Cristo celestial.

El señor Jesucristo abandono este mundo porque le había llegado el momento de retornar a su Padre. Su partida fue un ascenso, así como su entrada en el mundo había sido un descenso. El que había descendido, ahora ascendió a donde estaba antes. Y  de la misma manera que su entrada en el mundo era sobrenatural, así también fue su partida.

Consideremos la forma de su partida. Sus apariciones y desapariciones después de la resurrección habían sido instantáneas, la ascensión había sido gradual, pues Las Sagradas Escrituras nos dicen: “Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo” (Hechos 1:10) No fue seguida de ninguna otra aparición, en la cual el señor les apareciera en medio de ellos en persona, para comer y beber con ellos. Las apariciones de esta clase terminaron con la ascensión. Fue el alejamiento, de una vez por todas, de la vida terrenal que los hombres viven en este mundo. Desde ahora en adelante, los discípulos no deben considerarlo como el Cristo según la carne, es decir, que vive una vida terrenal, sino como el Cristo glorificado que vive una vida celestial en la presencia de Dios, y estableciendo contacto con ellos por medio del espíritu Santo. Antes de la ascensión apareció el Maestro, desapareció y reapareció de nuevo de tiempo en tiempo, con el objeto de apartarlos gradualmente de la dependencia del contacto visible y terreno con Él, y entonces que la ascensión se convierte en línea divisoria de dos periodos de la vida de Cristo; desde el nacimiento hasta la resurrección es el Cristo de la historia humana, el que vivió una vida perfecta bajo condiciones terrenas. Desde la ascensión, es el Cristo de la experiencia espiritual, que vive en el cielo y toca a los hombres por medio del espíritu Santo.

 

El Cristo exaltado.

En un lugar Las Sagradas Escrituras, refiriéndose a Cristo, emplean el vocablo “iba”, mientras que en otro los Anales sagrados dicen que “fue alzado”. El primero representa a Cristo en circunstancias que se presenta al Padre por voluntad y derecho propios; el segundo recalca el acto del Padre por medio del cual el señor es exaltado, como recompensa por su obediencia hasta la muerte. Su lento ascenso por la voluntad del Padre, a plena vista de los discípulos les hizo a estos comprender que abandonaba la vida terrenal, y al mismo tiempo los convirtió en testigos oculares de su partida. Pero una vez oculto a la vista, el viaje fue completado por un acto de su voluntad. El doctor Sete hace el comentario siguiente:

En ese instante toda la gloria de Dios brillo a su alrededor, y se hallo en el cielo. El cuadro no era del todo nuevo para El; En la profundidad de su conciencia el Hijo del hombre recordaba las glorias que durante la época anterior a su encarnación había compartido con el Padre, “antes que el mundo fuese” (Juan 17:5) Pero el alma humana de Cristo, hasta el momento de la ascensión, no había experimentado la visión amplia de Dios que resplandeció en Él al ser levantado de la tierra. Era este el objetivo de su vida humana, el gozo puesto delante de Él (Hebreos 12:2); y en el momento de la ascensión fue logrado.

Fue en vista de su ascensión y exaltación que Cristo declaro lo siguiente: “toda potencial [autoridad] me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18; lea Efesios 1:20-23; 1 Pedro 3:22, Filipenses 2:9-11; Apocalipsis 5:12) Citamos a continuación de nuevo al doctor Swete:

Nada es hecho en ese gran mundo desconocido que llamamos cielo sin esta autoridad inicial, guiadora, que todo lo determina. Procesos que son inconcebibles para nuestra mente son llevados adelante, mas allá del velo, por agencias igualmente inconcebibles. Es suficiente para la iglesia el saber de que todo lo que se hace allí es hecho por autoridad de su señor.

 

El Cristo soberano.

Cristo ascendió a su sitial de su supremacía o jefatura sobre todas las criaturas. Es la “cabeza de todo varón” (1 Corintios 11:3), “la cabeza de todo principado y potestad” (colosenses 2:10); todas las autoridades del mundo invisible como así también del mundo de los hombres están bajo su dominio (1 Pedro 3:22; Romanos 14:9; Filipenses 2:10, 11) Posee esta soberanía universal, a ser ejercitada para el bien de su iglesia que es su cuerpo; Dios “sometió toas las cosas debajo de sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia”. En un sentido especial, por lo tanto, Cristo es la cabeza de la iglesia. Esta jefatura se manifiesta de dos maneras:

Por la autoridad ejercida por El sobre todos los miembros de la iglesia, el apóstol Pablo emplea la relación matrimonial como ilustración de las relaciones entre Cristo y la iglesia (Efesios 5:22-33) De la misma manera que la iglesia vive en sujeción a Cristo, así también las esposas deben sujetarse a sus maridos; así como Cristo amo a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, así también los esposos deben ejercer su autoridad en el espíritu de amor y sacrificio personal. La obediencia de la iglesia a Cristo es una sumisión voluntaria; de igual manera debiera la esposa ser obediente no solo por causa de la conciencia, sino por amor y reverencia.

Para los creyentes, los vínculos matrimoniales se han convertido en “misterio” (una verdad con significado divino), pues ellos revelan la unión espiritual entre Cristo y su iglesia; “autoridad de parte de Cristo, subordinación de parte de la iglesia, amor de ambas partes, amor que responde al amor, para ser coronado en la plenitud del gozo, cuando se complete la unión a la venida del señor (Swete) Una característica prominente de la iglesia primita fue la actitud de amorosa sumisión a Cristo. “Jesús es señor” no fue solamente la declaración de un credo, sino también la regla o gobierno de la vida.

El Cristo ascendido no es solo el poder gobernante y dirigente de la iglesia, sino también la fuente de su vida y energía. La relación que hay entre la rama y el árbol, la cabeza y el cuerpo, guarda también el Cristo vivo con su iglesia. Aunque la cabeza de la iglesia está en el cielo, mantiene estrecha comunión con su cuerpo en la tierra, siendo el espíritu Santo el vinculo de comunicación (Efesios 4:15, 16; colosenses 2:19)

 

El Cristo que preparo el camino.

La separación entre Cristo y la iglesia terrena que comenzó con la ascensión, no es permanente. Ascendió en calidad de precursor para preparar el camino para ellos, a fin de que le siguieran. Su promesa fue la siguiente: “donde yo estuviere, allí también estaré mi servidor” (Juan 12:26) El termino precursor se aplica primeramente a Juan el bautista pues fue el quien preparó el caminó para Cristo (Lucas 1:76) así como Juan preparo el camino para Cristo, así también el Cristo ascendió preparo el camino para la iglesia. Esta esperanza es comparada “a la segura y firme ancha del alma, y que entra hasta dentro del velo, donde entro por nosotros como precursor Jesús” (Hebreos 6:19, 20) Aunque sacudidos por las olas de la prueba y la adversidad, los fieles no necesitan temer el naufragio, mientras mantengan firmes su esperanza en las realidades celestiales. En sentido espiritual, la iglesia ha seguido ya al Cristo glorificado. En efecto, Dios hizo sentar los creyentes “en los cielos con Cristo Jesús” (Efesios 2:6) Por medio del espíritu, los creyentes ascienden con el corazón y la mente hasta el Cristo resucitado; pero se producirá una ascensión literal correspondiente a la de Cristo (1 tesalonicenses 4:17; 1 Corintios 15:52) Esta esperanza de los creyentes no es engaño, pues están conscientes del poder o fuerza de atracción del Cristo glorificado (1 Pedro 1:8) Con esta esperanza, el Señor Jesucristo consoló a sus discípulos antes de su partida (Juan 14; 1-3) “por tanto, aliéntense los unos a los otros con estas palabras 91 tesalonicenses 4:18)

 

 El Cristo que intercede.

En virtud de haber asumido nuestra naturaleza, y muerto por nuestros pecados, Jesús es el Mediador entre Dios y el hombre (1 Timoteo 2:5) Pero el Mediador es también un Intercesor, y la intersección va un paso mas allá de la mediación. Un mediador quizás ponga en contacto a dos personas o partes, dejándolas luego solas para que solucionen sus dificultades. Pero un antecesor hace algo mas, ya que expresa una palabra a favor de la persona quien representa, o por quien se toma interés. La intercesión es un ministerio importante de Cristo ascendido (Romanos 8:34) Forma el punto culminante de sus actividades salvadoras. Murió por nosotros; resucito por nosotros; ascendió por nosotros, y hace intersección por nosotros (Romanos 8:34) Nuestra esperanza reside en el Cristo muerto, sino en un que vive; y no simplemente en uno que vive, sino en uno que vive y reina con Dios. El sacerdocio de Cristo es eterno, por lo tanto su intersección es permanente.

Por lo tanto, puede llevar a un termino feliz, (salvar hasta lo sumo, Hebreos 7:25) todo caso que asume para la defensa, garantizando así a los que se acercan a Dios pro su mediación la restauración completa del favor divino y la bendición. En realidad, el hacer eso, es el propósito mismo de su vida en el cielo; vive para este fin con el objetivo de interceder ante Dios por su pueblo. No se puede suspender esta obra intercesora mientras dure el mundo... pues la intersección del Cristo ascendido no es una oración, sino un a vida. El Nuevo Testamento no lo representa como suplicante que ante el Padre, con los brazos extendidos, y con voz alta y lagrimas, ruega por nuestra causa ante la presencia de un Dios remiso, poco inclinado a responder, sino que lo presenta como Sacerdote-Rey  en su trono, que pide lo que desea de un Padre que siempre oye y concede las peticiones. ¿Cuáles son las peticiones principales de Cristo en su ministerio intercesor? La oración de Juan 17 sugerirá la respuesta.

Análogo a la dignidad de mediador es el abogado (en el griego “paracleto”) (1 Juan 2:1) Un abogado o paracleto es aquel llamado a ayudar a una persona en dificultades o necesidad, para administrar ayuda o proporcionar consejo y protección. Tal era la relación del señor con sus discípulos durante los días de la carne. Pero el Cristo ascendió esta preocupado también con el problema del pecado. En calidad de Mediador, obtiene acceso, para nosotros, en la presencia de Dios; en calidad de Intercesor, lleva las peticiones ante Dios; como Abogado, hace frente a las acusaciones lanzadas contra nosotros por el “acusador de los hermanos” en lo que respecta al pecado. Para los verdaderos creyentes, una vida de pecado habitual esta fuera de la cuestión (1 Juan 3:6); no obstante, casos aislados de pecado son posibles en los mejores creyentes, y tales ocasiones requieren la defensa de Cristo. En 1 Juan 2:1, 2 se expresan tres consideraciones que dan fuerza a su defensa: primero, el señor esta con el Padre, en la presencia de Dios; segundo, es el justo, y como tal, hace expiación por otros; tercero, Él es la propiciación mediante la expiación de los pecados.

 

El Cristo omnipresente.

Mientras se encontraba en la tierra, Cristo estaba limitado a un sitio la vez, y no podía estar en contacto con cada uno de sus discípulos en todo momento. Pero mediante su ascensión a la fuente de poder del universo, estuvo condiciones de enviar su pode y personalidad divina en todo momento y en todo lugar a todos los discípulos (Juan 14:12) La ascensión al trono de Dios le dio no solo omnipotencia (Mateo 28:18) sino también omnipresencia, haciendo posible para El cumplimiento de la promesa que dice: “porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20)

 

 

 Conclusión:

      ¿Cuáles son los valores prácticos de la doctrina de la ascensión? (1) El estar consciente del Cristo ascendido, a quien esperamos ver algún, día constituye un incentivo para la santidad (colosenses 3:1-4) La mirada hacia arriba contrarrestara la atracción hacia abajo. (2) El conocimiento de la ascensión contribuye a la concepción justa de la iglesia. La creencia en un Cristo meramente humana hará que la gente considere a la iglesia como simple sociedad humana, empleada para fines filantrópicos y morales, pero desprovista de poder o autoridad sobrenatural. Por otro lado, un conocimiento del Cristo ascendido dará como resultado el reconocimiento de la iglesia como organismo, una organización sobrenatural que deriva su vida divina del jefe resucitado. (3) El tener conciencia del Cristo ascendido producirá una justa actitud hacia el mundo, y hacia las cosas del mundo, “Mas nuestra ciudadanía esta en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al señor Jesucristo” (Filipenses 3:20) (4) Fe en el Cristo ascendido inspirara un sentido profundo de responsabilidad personal. La creencia en el Cristo ascendido lleva consigo el conocimiento de que tendremos que rendirle cuentas algún día (Romanos 14:7-9; Corintios 5:9, 10) El sentido de responsabilidad hacia el Maestro en los cielos sirve de freno al pecado, y de incentivo par seguir la justicia (Efesios 6:9.) (5) con la fe en el Cristo ascendido esta relacionada la gloria y bendita esperanza de su retorno. “y si me fuere y os prepare lugar, vendré otra vez” (Juan 14:3)