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Conserjería bíblica Cristiana

 Capítulo 01

Sanados para sanar...

Si hay algo complejo en la existencia de todo ser humano, es aprender a llevarse bien con quienes le rodean.

El padre que discute con sus hijos, la esposa que considera imposible mantener un buen entendimiento  con su cónyuge, el compañero de trabajo que explota a la más mínima provocación o el vecino que nos mira mal sin que le hayamos hecho nada, en su conjunto, constituyen algunos ejemplos de los factores que inciden negativamente en la meta de mantener unas buenas relaciones interpersonales.

Las fricciones o diferencias de criterio conducen en buena parte de los casos a malentendidos, desacuerdos, gestos de desaprobación o un ceño fruncido que hiere a las personas, aun sin que nadie se lo proponga.

Cada quien es un mundo diferente y por esa razón es tan complicado entender a los demás y que nos entiendan. Aunque nos esforcemos, no podemos mantener a gusto  a nuestro semejante.

Sobre esta base, ¿considera que es fácil asumir la tarea de Consejero en la iglesia en la que se congrega? Es probable que a primera vista piense que sí, sin embargo cuando medita en el asunto, comprobará que se necesita mucho más que buenas intenciones para desarrollar una buena consejería.

Para sanar a otros mediante la orientación con fundamento en lo que plantean las Escrituras, es necesario que nosotros mismos estemos sanos. De lo contrario nuestro trabajo será ineficaz. El principio esencial es: “Sanados para sanar”. No se trata de un simple juego de palabras sino de una pauta que nos llevará a cumplir una labor oportuna, exitosa y con resultados sólidos.

Relaciones apropiadas

Quien anhela servir al Señor Jesucristo en el campo de la Consejería Cristiana debe cumplir un proceso que sienta las bases en tres direcciones ineludibles:

1.- Una buena relación con Dios.

2.- Una buena relación consigo mismo.

3.- Una buena relación con los demás.

Imagine por un instante que el proceso es como un edificio de tres pisos. No se puede llegar a un nivel superior hasta tanto esté construida la estructura del primer piso, con bases sólidos. Y el tercero no será edificado hasta tanto esté terminado el segundo nivel.

Igual usted y yo, si no tenemos una buena relación, no estaremos en paz con nosotros mismos y, por supuesto, experimentaremos choques y confrontaciones con el prójimo.

Un buen comienzo

El mejor comienzo para adelantar exitosamente el proceso de preparación hacia la Consejería Cristiana, es practicarnos un auto examen.

La mejor ilustración la arroja quien se mira frente al espejo. A menos que lo haga, no sabrá cómo se encuentra. Los demás pueden saberlo, pero el interesado ignora.

Esta idea es la que fundamenta la necesidad de evaluarnos de forma honesta y sin apasionamientos, reconociendo los errores.

Como si estuviéramos llenando un formulario, es preciso que respondamos a conciencia algunos aspectos que nos ayudarán a elaborar la radiografía sobre cómo nos encontramos, espiritual y emocionalmente:

1.- ¿Cuáles son nuestras reacciones ante cualquier estímulo?¿Nos embarga el temor, la ira, la incertidumbre?.

2.- ¿Qué aspectos de una conversación nos afectan más?¿Sentimos que aquél que nos lleva a reconocer nuestros errores lo hace con el propósito de herirnos?

3.- ¿Qué factores externos o internos producen en nosotros variaciones en los estados de ánimo?

4.- Frente a circunstancias adversas o inesperadas ¿Nos embargan estados de seguridad o de inseguridad?¿Podríamos explicar las razones?

 Conforme vaya avanzando en el auto análisis, emergerán nuevos interrogantes. Revisten particular importancia porque le permitirán tener una mayor aproximación a cuál es su estado como persona. De paso, le permitirá identificar fallas que es necesario corregir –con ayuda del Señor Jesucristo—para desarrollar una tarea eficaz en materia de Consejería Cristiana. El propósito final es determinar qué nos hace sentir mal y trazar pautas que nos permitan superar esa sensación, frustrante para quienes no saben manejarla.

Este avance paso a paso es lo que podríamos definir como Sanidad Interior que debe experimentar todo cristiano, tanto el que asiste a la congregación cada semana como aquél que trabajará en labores de Consejero.

Ahora, si vamos al terreno de la psicoterapia o la psiquiatría para encontrar fundamento a la importancia de la Sanidad Interior, no lo hallaremos porque –aunque reconocemos y valoramos estas ramas del conocimiento—se limitan a trabajar con fundamento en principios de ciencia y no espirituales. Los cristianos por nuestra parte nos orientamos primero a la parte espiritual, sin desconocer los aportes hechos por la ciencia.

I.- Una buena relación con Dios

Todo ser humano tiene un área espiritual, lo reconozca o no, que le abre las puertas para relacionarse con Dios o como le llaman algunos, con un Ser Superior. Esta área es de suma importancia. Sin embargo no estará en pleno desarrollo hasta tanto restablezcamos la relación con Aquél que creó todas las cosas, incluso a usted o a mi. ¿Qué nos separó del Señor? El pecado de Adán y Eva que sembraron en todas las generaciones desde entonces hasta la nuestra, una naturaleza pecaminosa siempre latente.

Construir un puente que nos acercara al Padre fue posible por la obra del Señor Jesucristo. Aún así, hay quienes no conocen ese proceso maravilloso de liberación del pecado que se produjo en el Monte Calvario y siguen distanciados del Creador. Para eliminar esa brecha, Jesucristo nos llama a todos. Él dijo: “Yo estoy a la puerta, y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa, y cenaré contigo”(Apocalipsis 3:20. Biblia de Traducción en Lenguaje Actual TLA – SBU).

La obra ya se hizo en la cruz. Somos libres. Sin embargo tal libertad no será posible hasta tanto la comprendamos, asumamos y pongamos en práctica para dar paso a una naturaleza renovada. ¿Cómo lograrlo? Derribando los muros que nos mantienen alejados de Dios. Y, ¿cómo nos acercamos a Él? Por medio del Señor Jesucristo. “Jesús le respondió (a Tomás) Yo soy el camino, la verdad y la vida. Sin mi, nadie puede llegar a Dios el Padre”(Juan 14:6 TLA – SBU).

¿Desea ser un Consejero Cristiano? Primero, restablezca su contacto con Dios. ¿La razón? Hay decenas de personas que hablan de Dios, aconsejan asegurando que lo hacen sobre la base de pautas bíblicas y posan de ser cristianos, pero todavía no conocen a Dios. No han tenido un encuentro personal con Él, que es posible a través del Señor Jesucristo.

II.- Una buena relación consigo mismo

Volvamos al ejemplo de quien se mira al espejo. Es probable que nos haya ocurrido cientos de veces recién nos levantamos. Ahora, ¿usted acepta a la persona que encuentra reflejada en el cristal?¿Hay algo que le molesta de ese ser que incluso le lleva a considerarlo distante?.

El problema estriba en quienes no logran aceptarse a si mismos, porque tienen una baja autoestima. Al respecto el apóstol Pablo escribió: “Dios en su bondad me nombró apóstol, y por eso les ido que no me crean mejores de lo que realmente son. Más bien, véanse ustedes mismos según la capacidad que Dios les ha dado como seguidores de Cristo”(Romanos 12:3 TLA – SBU).

¿Qué significan estas palabras? Que es necesario aceptarnos tal como somos y reconocer que tenemos fortalezas y debilidades, éstas últimas en proceso de ser superadas gracias a la fortaleza que provienen del Señor Jesucristo.

¿Comprende ahora la importancia del auto examen? Nos proporcionó bases sólidas para identificar fallas y correctivos.

Somos criaturas de Dios y Él nos ama, a pesar de nuestras fallas. Obviamente su propósito desde la eternidad para nosotros es que crezcamos en los niveles espiritual y personal. ¿En nuestras fuerzas? No, en las que provienen de Dios. 

Un hombre de la antigüedad quien comprendió que los planes del Señor para él eran fabulosos, escribió: “Soy una creación maravillosa y por eso te doy gracias. Todo lo que haces es maravilloso, ¡de eso estoy bien seguro! Tu viste cuando mi cuerpo fue cobrando forma en las profundidades de la tierra; ¡aún no había vivido un solo día, cuando tú ya habías decidido cuanto tiempo viviría!¡Lo habías anotado en tu libro!”(Salmo 139:14-16 TLA – SBU).

Nuestro amado Padre definió las características genéticas, el aspecto físico, las emociones y los rasgos básicos del carácter y la personalidad. ¿Quién podría obrar mejor un cambio en nosotros que Dios quien nos creó? Cuando se produce tal transformación, es como si cayera el velo que nos impedía reconocer cuál es el propósito que tiene para nosotros.

En el proceso de trato del Señor con cada uno, llegamos a aceptarnos tal como somos y emprendemos la tarea de crecer en todos los órdenes; por supuesto, tal crecimiento implica aplicar ajustes donde hay fallas.

¿Cuánto demoran los cambios que tanto anhelamos? No hay un parámetro para determinar que será cuestión de días, meses o de años. En esencia es un proceso y debemos entenderlo como tal, de acuerdo como lo describe el apóstol Pablo al referirse a los cambios que podían apreciarse en sus pensamientos y acciones: “Con eso no quiero decir que yo haya logrado hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero si puedo decir que sigo adelante luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo. Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que falta por recorrer”(Filipenses 3:12, 13. TLA - SBU).

¿Podríamos resumir en tres puntos lo que anotaba Pablo? Por supuesto que sí. De su escrito aprendemos:

1.- Que la transformación y crecimiento personal y espiritual constituyen un proceso en la vida de todo cristiano.

2.- Que es necesario olvidar el pasado y no vivir atormentados por lo que hicimos o nos hicieron ayer. Por mucho que nos esforcemos, no volveremos atrás en el tiempo.

3.- Que es esencial seguir adelante bajo un convencimiento: siempre hay una nueva oportunidad para aprovecharla.

Hay aspectos que se forjaron en nosotros al interior de la familia que difícilmente podrán ser modificados (a menos que lo haga Dios, por supuesto). Vienen a ser como una impronta. De ahí que muchos descubran en usted y en mi rasgos que identificaban a nuestros padres, quizá a los tíos e incluso, a los abuelos.

¿Quién sana esos recuerdos? El Señor Jesucristo durante el proceso de transformación que desarrolla en nuestras vidas.

Insisto en algo: es necesario recordar que no podemos cambiar a los demás como tampoco ellos nos pueden cambiar a nosotros. Quien lo hace es Dios.

Cuando tenemos claro este principio, es fácil comprender las etapas por las que atravesamos cuando estamos dando pasos de significación en el proceso de transformación personal y espiritual: La primera es el idealismo. Es aquella en la que soñamos un mundo perfecto con personas perfectas. La segunda es la confrontación. Es la fase en la que descubrimos que hay una enorme brecha entre el mundo que nos imaginamos y el real. Quienes nos rodean actúan muy distinto de cómo quisiéramos. Una tercera etapa es la de ajustes, cuando entendemos que el cambio comienza primero con nosotros antes de que se produzca un cambio en nuestro prójimo.

III.- Mi relación con quienes me rodean

Una vez tenemos una buena relación con Dios y con nosotros mismos, pasamos a la fase de cimentar una buena relación con los demás.

Dios instruyó a su pueblo desde la antigüedad al trazar pautas de vida en comunidad. Él dijo: “Recuerden que cada uno debe amar a su prójimo como se ama a si mismo”(Levítico 19:18, 19. TLA – SBU).

Es evidente que si me acepto tal como soy --consciente de mi necesidad de aplicar ajustes-- puedo aceptar a los demás. Si no tengo amor propio, tampoco podré amar a quienes me rodean.

¿Comprende ahora la importancia de haber edificado los dos primeros pisos? Una buena relación con Dios y consigo mismo, sienta las bases para que las relaciones interpersonales resulten exitosas.

El apóstol escribió: “Amen a los demás con sinceridad. Rechacen todo lo que sea malo, y no se aparten de lo que sea bueno. Ámense unos a otros como hermanos, y respétense siempre. No maldigan a sus perseguidores; más bien, pídanle a Dios que los bendiga. Vivan siempre en armonía. No se crean más inteligentes que los demás. Si alguien los trata mal, no le paguen con la misma moneda. Al contrario, busquen hacerles el bien a todos.  Hagan todo lo posible por vivir en paz con todo el mundo” (Romanos 12:9, 10, 14, 16-18. TLA – SBU).

Sobre la base de las pautas bíblicas, aprendemos varios aspectos primordiales en el trato con los demás:

Primero, amor sincero exento de fingimientos e hipocresía; segundo, desechar rencor, resentimiento y todo aquello que pueda levantarse como un muro que interfiera la relación con el prójimo; tercero, el respeto a la dignidad del otro; cuarto, no pagar con la misma moneda sino, con amor y gracias a la ayuda divina, orar por quienes nos hacen daño y en lo posible, ayudarles; quinto, poner de nuestra parte para que el trato interpersonal resulte edificante. Por supuesto,  hay situaciones en las que resulta literalmente imposible cualquier tipo de acercamiento. Existen personas intolerantes. Es algo que no vamos a cambiar de la noche a la mañana. En tal caso, es Dios y en oración, quien nos concede la salida.

Capítulo 2

Adentrándonos en el maravilloso mundo de la vida interior

"Los cimientos son esenciales para que una estructura pueda soportar varios pisos. En caso de que la cimentación sea débil, inevitablemente se producirá un colapso y el edificio se vendrá a tierra". Con estas palabras un amigo ingeniero con quien dialogaba en la oficina, sustentó la importancia de tener una base sólida en toda construcción.

Igual ocurre con nuestra vida. A menos que haya un buen basamento, experimentaremos trastornos que serán evidentes a todos. Enfrentaremos dolor y lo provocaremos en los demás.

Hace pocos días leí el libro "Relaciones Humanas Aplicadas" del sicoterapeuta Juan Francisco Gallo quien asegura que la situación no solo es preocupante sino que podría evitarse con una edificación personal y espiritual apropiada.

En su criterio: "Los complejos, la timidez, el nerviosismo, la preocupación, el temor, la agresividad y la inestabilidad de ánimo, son trastornos de la conducta originados en la mala formación de nuestra personalidad, o sea, que los materiales con los que está fundamentada son falsos y maleables"( "Relaciones Humanas Aplicadas", Pag. 21. Ediciones Paulinas. 1987. Santafé de Bogotá. Colombia).

Considero que se trata de una ilustración que grafica dos elementos sobre los que debemos trabajar como preámbulo a una Consejería Cristiana eficaz, oportuna y bíblica: la Personalidad y la Conducta.

Para quien estudio psicología o quizá recibió asignaturas afines durante su formación académica en el Seminario o en el Instituto Bíblico, es fácil comprender de qué se trata; sin embargo, como aspiramos tornar muy sencilla la enseñanza de tal manera que además de asequible a todo Pastor, Obrero o Líder que trabaja en la obra de Jesucristo, sea muy práctica, debemos comenzar por definir estos dos grandes conceptos de manera que los podamos comprender y asimilar con facilidad.

La Personalidad

Latinoamérica se vio sacudida hace algún tiempo con la noticia sobre un hombre que, comenzando la mañana y frente a su negocio de ferretería en una plaza de mercado, procedió a agredir con un destornillador a los transeúntes. No había razón aparente para su comportamiento.

Las autoridades reaccionaron con rapidez. Pese a ello no fue fácil detenerlo, es más, era literalmente imposible. Seguía lanzando ataques con aquella herramienta.

Los intentos de un agente del orden por detenerlo degeneraron en una gresca hasta que un disparo zanjó las diferencias. El hombre murió.

Su tragedia había comenzado dos horas atrás. Apenas se sentó a beberse un café en el desayuno, la esposa le recordó que debían tres meses de renta, a los hijos les habían devuelto dos veces de la escuela por estar atrasados en el pago de la colegiatura y, además, aquél día no tenían nada para el almuerzo. "¿Qué hago, mujer, si el negocio cada día va peor?", gritó ofuscado al tiempo que echaba por el suelo el pocillo con café. Salió dando tremendo portazo. Estaba angustiado. La más mínima provocación desencadenó su ira irracional.

Alguien que presenció la escena resumió el asunto al decir: "A este pobre hombre lo mató la desesperación". Tenía razón. Estaba atravesando por un mal momento que se dimensionó como producto de problemas en su personalidad.

Un hombre de la antigüedad a quien se consideraba ejemplo, delante de Dios y de los hombres, la esencia misma de la rectitud, se encontró en un abrir y cerrar de ojos en una penosa situación: perdió sus posesiones, en un absurdo accidente murieron sus hijos y para coronar la sucesión de incidentes trágicos, evidenció una enfermedad que no podían controlar los médicos de la época.

Fue una presión externa enorme que golpeó su vida y, por ende, su personalidad. Presa de la desesperanza escribió: "Perezca el día en que yo nací, y la noche que dijo: "Un varón ha sido concebido". ¿Por qué no morí yo al nacer, o expiré al salir del vientre? Porque ahora yo yacería tranquilo; dormiría, y entonces tendría descanso...¿Por qué se da luz al que sufre, y vida al amargado de alma; a los que ansían la muerte, pero no llega, y cavan por ella más que por tesoros; que se alegran sobremanera, y se regocijan cuando encuentran el sepulcro? Porque al ver mi alimento salen mis gemidos, y mis clamores se derraman como agua. Pues lo que temo viene sobre mi, y lo que me aterroriza me sucede. No tengo reposo ni estoy tranquilo, no descanso, sino que me viene tribulación"(Job 3:1, 11,20, 21, 24-26. La Biblia de las Américas).

¿Le resultan familiares estas reacciones?¿Acaso ha tenido la oportunidad de apreciar actitudes así en amigos, familiares o tal vez en su propio ser? Si es así –como no dudo que haya ocurrido—hay problemas de personalidad tras los comportamientos errados descritos. Ese es el punto clave al que debe dirigirse el Consejero Cristiano. Ahora, para alcanzar mayor eficacia en la tarea, tanto de análisis como de acompañamiento con una orientación fundamentada en las Escritura, es necesario que definamos qué es la Personalidad.

La forma más sencilla de describir la personalidad es precisando que se trata del conjunto total de nuestras facultades físicas, mentales y emocionales, que a lo largo de la vida de cada ser han sido construidas a partir de vivencias, experiencias y aprendizajes tanto favorables como desfavorables, positivos y negativos.

Estos rasgos nos tornan distintos de las demás personas. Son algo único en cada hombre y mujer, porque igual, cada uno de nosotros es un mundo diferente. Sobre esa base, es natural que las reacciones difieran en las personas cuando reciben un estímulo igual. Por ejemplo: a Job, el personaje bíblico, le avisaron que había perdido sus propiedades y más aún: sus hijos. Se pronunció con calma ante quienes trajeron las malas noticias: "Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor"(Job 1:22. La Biblia de las Américas).

Moisés, el profeta que guiado por Dios sacó a Israel de la esclavitud egipcia, también experimentó una situación delicada. Caminando en el desierto habían llegado a un lugar entre Elim y Sinaí. Tenían hambre y fatiga. "Y toda la congregación de los hijos de Israel, murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto." Los dos siervos de Dios se llenaron de angustia. ¡Era toda una nación en su contra! Fueron al Señor en procura de ayuda. La calma retornó cuando Él se pronunció: "Entonces el Señor le dijo a Moisés: he aquí, haré llover pan del cielo para vosotros, y el pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día, para ponerlos a prueba si andan o no en mi ley"(Éxodo 16:2, 4. La Biblia de las Américas).

Como podrá apreciar, mientras que Job guardó la calma y recurrió a Dios cuando las circunstancias se hicieron cada vez más difíciles y minaron su confianza en el poder divino, en Moisés la reacción fue opuesta: inmediatamente buscó al Supremo Hacedor porque en ocasiones, fácilmente sucumbía a las presiones.

El ego, las circunstancias y la personalidad

Al primer concepto es esencial que le añadamos otro que está íntimamente ligado. Se trata del yo o del ego que hay en todo ser humano. Es lo que la Biblia llama espíritu. Vendría a ser el eje central de nuestra personalidad.

¿Ha observado con detenimiento las aspas de un ventilador al girar? Pues bien, si tomamos esta gráfica mental para ilustrar el asunto, diríamos que el yo es el punto central sobre el que la hélice da vueltas y vueltas.

Ahora, se preguntará usted, ¿qué relación hay entre el ego y la personalidad? Para ilustrar la respuesta, tomaremos como ejemplo un cerillo. Sobre esta base, el ego es el trozo de madera o de papel encerado sobre el que se fija el fósforo. La acción de pasar el fósforo sobre una superficie corrugada para generar el fuego, vendría a ser como las circunstancias que ejercen influencia en el ego; y la llama sería, en este caso específico, la personalidad, es decir, lo que se produce al término de todo el proceso. Son tres elementos que están estrechamente unidos entre si.

Un ser que tenga la cimentación necesaria para guardar equilibrio frente al cúmulo de factores positivos y negativos que afectan su vida desde fuera, sin duda reaccionara con equilibrio. Por el contrario, quien tiene problemas en su personalidad, desencadenará reacciones impredecibles. ¿Comprende ahora el valor de la sana personalidad y por qué razón el Consejero Cristiana debe tomar nota del asunto antes de brindar una orientación a quien le consulta su problema?

Ahora, ¿de qué manera influye el yo o el ego? Es como la página en blanco que tengo abierta en el computador. Está vacía. Pero conforme voy escribiendo, tendrá un mensaje que usted podrá leer. Todo depende de la concatenación de términos, frases y párrafos que consigne allí. Bien podría escribir una novela costumbrista latinoamericana o, como lo estamos haciendo, un MANUAL DE CONSEJERIA PASTORAL. El papel (en este caso el yo o el ego) es el mismo en todos los casos, el resultado es el fruto de todo aquello que escriba (lo que llamaríamos personalidad, para el ejemplo que nos ocupa).

Hay algo más que debo agregar: nuestra personalidad no es estática; por el contrario, es dinámica. Jamás podemos decir que ya está formada porque siempre está en proceso de formación. Se desenvuelve en actividad y evolución pero también puede manifestar deterioro cuando dejamos de lado cultivarla, orientarla y desarrollarla mediante el proceso constante de crecimiento personal y espiritual, y por supuesto, de sanidad interior.

En particular estas últimas palabras le invito para que las lea de nuevo y tome conciencia de que todo ser humano, cuando mediante una adecuada orientación, es encaminado a asumir y a avanzar en el proceso de transformación de Dios, puede cambiar. ¡No todo está perdido!.

Satanás, nuestro adversario espiritual y quien mantiene al mundo cegado a la nueva oportunidad de vida que ofrece Dios gracias a la obra redentora del Señor Jesucristo, nos vende la idea de que no podemos cambiar y, cuando lo estamos logrando y por alguna razón fallamos, nos trae desánimo. Sin embargo en Jesucristo hay esperanza. Él dijo: "Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto. El ladrón solo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia"(Juan 10: 9, 10).

El Consejero Cristiano debe conocer elementos esenciales que componen a todo ser humano. La gran diferencia es que no pretende ser psicólogo y menos competir con el sicoanalista, sino brindar aconsejamiento con fundamento en los principios de vida que se hallan en las Escrituras.

Cuando tenemos una comprensión básica del yo o del ego, su relación con las circunstancias exteriores y de qué manera se forma una personalidad, podemos afirmar que la personalidad se puede mejorar, transformar y perfeccionar.

La Conducta

Ahora, ¿cómo definimos la conducta? Es sencillo. Conducta es la manifestación de la personalidad. Podríamos decir que la conducta es el lenguaje o medio a través del cual se expresa la personalidad.

Si tenemos una personalidad que tiene conflictos y problemas, reflejaremos estas anomalías en nuestros hechos, es decir, en la conducta. Nadie que enfrente desórdenes tendrá una conducta equilibrada.

Hay un hecho que no podemos desconocer. Es el de personas que en apariencia son absolutamente calmadas y equilibradas, pero sorpresivamente tienen comportamientos que riñen con la imagen que nos habíamos formado. ¿Qué ha ocurrido en tal situación? Que el individuo ha estado tratando de disimular y ocultar sus condiciones personales, antes que disponerse a superarlas. Cuando toma la determinación apropiada, es decir, volcarlse al cambio de la mano del Señor Jesucristo, es posible mejorar y transformar el carácter, la personalidad y la conducta.

Capítulo 3

Los fundamentos de la Personalidad

En Latinoamérica hay un refrán popular que encierra una profunda sabiduría. Dice: "Caras vemos, corazones no sabemos". La grandeza de su significación radica en que dentro de cada uno hay un mundo que solo Dios y cada quien conoce. Ese cosmos al que estudiaremos hoy como un nuevo paso en la Consejería Pastoral es la Personalidad y se afianza en nueve fundamentos.

Cuando aprendemos a conocerlos se facilita el proceso de identificación de la problemática que enfrenta una persona y, con ayuda de Dios, se logran establecer los pasos a seguir en el proceso de resolución de su conflicto interior.

¿Recuerda una definición sencilla de la Personalidad? Sin duda que sí. No obstante recordémosla: Es la manifestación del individuo frente a los hechos de la vida.

Allí radica la importancia de que las personas tengan una aproximación clara respecto a su realidad. No olvide que aquel no sabe quién es en realidad, difícilmente podrá experimentar con éxito los estímulos --tanto positivos como negativos-- provenientes de su medio ambiente.

Mirándonos al espejo del alma

Parece curioso pero es real: todas las personas nos encontramos frente a tres facetas—diferentes una de la otra—en cuanto a lo que realmente somos. Son concepciones distintas de acuerdo a quien nos mira. ¿Cuáles son?

1.- La perspectiva que tenemos de nosotros mismos. Generalmente es una visión equivocada porque consideramos tener más virtudes de las que efectivamente hemos cultivado.

2.- La perspectiva que los demás tienen de nosotros. Generalmente un concepto equivocado porque hay a quienes les caemos muy bien en el plano personal y también aquellos a quienes les parecemos "pesados" sin que hayamos hecho méritos para que tengan tal concepción nuestra. Puede darse también el caso inverso, en el que nos han idealizado de tal manera que tienen una extraordinaria imagen de nuestro comportamiento y, apenas fallamos, descubren la faceta real.

3.- La perspectiva de lo que realmente somos. Distinta de lo que nosotros creemos ser y de aquello que los demás creen que somos.

Ahora la tarea es llegar, con estos tres elementos, a un punto de equilibrio que nos permita identificar los errores, áreas y puntos débiles, aspectos en los que somos fuertes y de qué manera podemos mejorar.

Es necesario conocernos

Lo que llamamos "Yo" o expresión de la Personalidad se conjuga en tres elementos. El apóstol Pablo los describió así al desear parabienes a los creyentes de Tesalónica: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida del Señor Jesucristo"(1 Tesalonicenses 5:23).

Si observa el texto detenidamente, encontrará que siglos antes de que los expertos en sicología se pronunciaran, el apóstol tenía claros tres componentes de toda persona: espíritu –el que nos otorga Dios al darnos vida física y a través del cual nos podemos comunicar con Él--; el alma –la capacidad pensante de todo ser, es decir, el elemento esencial que nos lleva a tener conciencia de que existimos, a razonar y tomar decisiones--, y por último el cuerpo, que es el revestimiento material en el que se anidan el espíritu y el alma.

¿Cómo se construye la Personalidad?

La edificación de la Personalidad constituye todo un proceso en el que, como si estuviéramos levantando un muro, cada experiencia positiva o negativa, representa un ladrillo –único e irrepetible—pero a la vez de suma importancia para que la estructura quede bien construida o tenga algunos puntos vulnerables. Levantada la muralla, se conjugan el "Yo" y la Personalidad. No olvide que el hombre es una unidad inseparable.

Es probable que diga: "Vamos despacio, Fernando, Explíqueme un poco más acerca del <Yo> y su significación en el ser". De acuerdo. El "Yo" concentra las facultades de expresión que se manifiestan como la razón, la imaginación, las emociones, los sentimientos y la voluntad, entre otros.

Un excelente complemento hacia el hombre que, como lo anota Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses es "guardado irreprensible hasta la venida del Señor Jesucristo", lo constituye un adecuado cultivo de su personalidad. ¿De qué manera? Mediante el afianzamiento de dos principios esenciales: el primero, equilibrio y, el segundo, organización.

Es probable que usted analice su comportamiento y razone que obra inequitativamente, sus reacciones no miden consecuencias y tiene una idea desacertada del medio que le rodea. A ésta perspectiva suma el hecho de que no sabe a ciencia cierta quiénes es, para dónde va y qué es lo que realmente espera de la vida. Si responde afirmativamente a estos segmentos que hemos identificado, sin duda usted necesita cultivar su personalidad para responder adecuadamente a las exigencias del medio ambiente.

La construcción de la Personalidad se cimienta en tres bases: la primera, los estímulos. Así sean experiencias agradables o desagradables, si estamos preparados con una Personalidad estructurada, en la que Dios está obrando, no nos causarán daño.

La segunda, el aprendizaje. Cada nuevo incidente que nos ocurre a diario debe llevarnos a aprender una lección. Y la tercera es la aceptación de las influencias positivas. Por naturaleza determinamos qué consideramos favorable y cuáles ocurrencias de la cotidianidad son desventuradas. Una Personalidad con fundamento no permitirá que lo negativo tome fuerza ante que lo positivo que hayamos aprendido. El apóstol Pablo lo describe de la siguiente manera:"No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal"(Romanos 12:21).

La renovación mental: el secreto

El apóstol Pablo escribió: "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta"(Romanos 12:2).

Los seres humanos tenemos una serie de paradigmas que han encasillado nuestro comportamiento sujetándolo a determinadas reacciones. Incluso nuestros deseos obedecen a los clichés que el mundo nos enseñó, son los que traen realización personal, placer y satisfacción, así estén errados.

Alguien podrá pensar—por ejemplo—que escuchar música y beber toda la noche hasta caer exhausto es una manifestación de "haberlo pasado bien" mientras que otro, a quien no dudo que puedan considerarlo equivocado en sus apreciaciones, puede pensar que "una noche a todo dar" podría ser leer las Escrituras, meditar en ellas y orar.

Cuando iniciamos el cultivo de nuestra Personalidad es necesario someternos a una Reprogramación mental. Los cristianos la miramos desde la perspectiva de someternos al obrar de Dios cuando comprendemos que le pertenecemos a Aquél que murió en la cruz por nuestros pecados y nos dio una nueva vida. "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas"(2 Corintios 5:17).

Hay quienes esbozan el método de impulsar la Reprogramación de nuestro ser a fuerza de la sugestión y la repetición de principios para que tomen forma en nosotros. La idea no es mala, pero tiene el fundamento necesario cuando esa transformación parte de nuestra entrega a Dios para que Él obre en nosotros conforme a Su voluntad.

Recuerdos: no en el pasado ni en el futuro, en el presente

Hay algo bien interesante cuando estamos hablando de la Reprogramación. Son los recuerdos.

Cuando usted y yo evocamos un buen o mal momento, nuestro ser no identifica que acaeció en el pasado ni determina la fecha, hora y lugar en que tuvo ocurrencia la escena. Trae al presente la imagen y revive la sensación grata, de dolor o de molestia que pudo producir aquel incidente.

Podemos anotar entonces que el "Yo" no vive ni en el pasado ni en el futuro sino en el presente. Y algo que pudo haber acontecido hace cinco años, al rememorarlo, puede avivar viejas heridas. Las experiencias negativas que evocamos pueden tornarse traumáticas. Sus estados emocionales y orgánicos se manifiestan como si estuviera atravesando nuevamente por la misma situación. De ahí la necesidad de que alguien que acude a Consejería Pastoral tome conciencia sobre la importancia de someterse a la Sanidad Interior que proviene de nuestro amado Dios y Padre.

Concluyamos para adentrarnos en los fundamentos: El "Yo" se expresa a través de la Personalidad. No son diferentes. La Personalidad a su vez se forma con los conocimientos del "Yo".

¿Qué son los fundamentos?

La pregunta que nos asalta ahora es, ¿qué son los fundamentos de la Personalidad? Son los medios por los cuales recibimos estímulos internos y externos que contribuyen a la formación de la Personalidad. Representan los "materiales": componentes, planos, estructuras y pilares de la Personalidad.

1.- La Herencia

Todos los seres humanos traemos una carta de información producto de las características físicas, orgánicas y glandulares que nos transmitieron nuestros padres. Las características dan forma a la parte física y biológica de la Personalidad.

Los padres o quienes tuvieron a su cargo nuestra formación primaria influyen en nuestra vida con aspectos positivos y negativos. Los primeros nos estimulan a la imitación a futuro, los segundos se convierten en la mayoría de los casos en experiencias traumáticas que deben ser sanadas.

Ahora, es necesario aclarar aquí que la Personalidad no se transmite por herencia de una manera marcada sino ciertos rasgos básicos que pueden ser modificados por el ambiente que nos rodea. Lo que hacen los progenitores es servir de modelo básico en la formación incipiente de la Personalidad del niño.

2.- El Temperamento

Lo podemos definir como el conjunto de particularidades fisiológicas, morfológicas y glandulares que diferencian a los individuos entre sí, determinando características particulares de reacción frente a los estímulos. Todo se relaciona con sus estados internos. Podemos decir que en el Temperamento es hereditario en alto grado. A él se asocian las tendencias impulsivas, afectivas y emotivas.

¿Es inmodificable? En absoluto. El Temperamento es susceptible de ser encausado. No podemos permitir—en nuestra condición de cristianos—que obre con los parámetros de siempre.

3.- Las Emociones

Las Emociones son hijas legítimas del Temperamento. Constituyen su forma de expresión. Aquél que educa sus Emociones incide directamente en su Temperamento y a la inversa. Las emociones se expresan en ciclos. Se les denomina "ciclos emocionales" que es menester aprender a conocer y a manejar.

Las Emociones se pueden conducir. Son susceptibles de "forjar estados de ánimo positivos" cando llega la depresión o el desánimo, tal como lo leemos en el texto del apóstol Pablo: "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús"(Filipenses 4:6, 7).

Cuando nos sometemos al Señor se producen los cambios que por años anhelamos y que eran imposibles dependiendo de nuestras propias fuerzas.

4.- Los Instintos

Una definición sencilla de los Instintos podríamos orientarla al decir que se trata de la impulsión natural que domina el comportamiento de un ser humano. Constituyen una fuerza poderosa que amerita su satisfacción de una manera imperiosa, por ejemplo el hambre, reaccionar frente al peligro de muerte y descansar, entre oteros. Son eminentemente algo biológico que influyen en el Temperamento y a su turno, el Temperamento en los Instintos.

5.- Los Factores Externos

¿Cuáles son los Factores Externos que influyen en la Personalidad? Hay por lo menos tres. El primero es el medio ambiente vital, que es la concatenación de experiencias que ocurren en el individuo desde la niñez y que le afectan positiva o negativamente en su desarrollo físico, mental y emocional. Estos incidentes repercuten en su personalidad. Entre ellos podemos mencionar las manifestaciones de afecto, amor, comprensión y tolerancia de padres y allegados.

El segundo es el medio ambiente social en el que toman parte la sociedad en la que nos desenvolvemos y la cultura prevaleciente. Es la realidad con la cual se enfrenta el ser humano apenas tiene uso de razón; por tal motivo es necesario que se adapte a las circunstancias que le rodean. Es imperativo, entonces, que preparemos al niño para asumir las vivencias que pueden ser positivas o negativas afrontándolas con equilibrio.

El tercer y último factor sobresaliente es el medio ambiente ético en donde priman aspectos morales, la influencia que ejerce la religión y la formación educativa. Es una fase de suma importancia porque se afianzan los valores del ser humano.

6.- El Intelecto

Al Intelecto lo definimos como la capacidad de pensar, entender, comprender y aprender, Unos seres pueden desarrollar más habilidades que otros, pero eso no significan que tengan mayor desarrollo de inteligencia que sus congéneres.

El Intelecto o Inteligencia influye y modifica la Personalidad. Aprender a pensar equivale a aprender a vivir bien.

7.- La Salud Integral

Ante todo en este estudio es necesario tener en cuenta que la Salud Integral debe ser física, mental y emocional. Cuando se produce un trastorno de la Personalidad, hay serias fallas en la salud. Es una enfermedad del alma o de la mente que debe ser atendida ya que pueden manifestarse como afecciones orgánicas.

8.- Las Experiencias

Se constituyen en la colección de vivencias que el individuo experimenta durante su existencia, bien sean positivas o negativas y quedan grabadas en nuestra mente. Aunque no seamos concientes, afectan nuestros actos. Al revisar el pasado recordamos las imágenes y qué tipo de experiencias evocan, y a partir de allí es probable corregir la influencia que ejercieron en nosotros.

9.- El Carácter

El Carácter integra todos los fundamentos de la Personalidad y vendría a ser como el tronco de un árbol cuyas raíces son las bases que mencionamos anteriormente. El Carácter al igual que la Personalidad es susceptible de ser modificado con la ayuda de Dios.

Conocer nuestro mundo interior y lo que representa la Personalidad para nuestro ser, es esencial para quien ejerce la Consejería Pastoral. Primero, porque puede abrirse al mover de Dios con el propósito de que aplique los cambios que requiere, y segundo, porque podrá comprender fácilmente qué ocurre con aquellos que van en su búsqueda en procura de orientación.

Capítulo 4

Los sentimientos: su influencia en nuestro ser

Conocer la vida interior es trascendental en el proceso de identificar nuestros errores, aplicar correctivos y emprender la renovación personal. Solo cuando logramos conocernos y se ha producido una sanidad en nuestro mundo individual podemos dar pasos sólidos hacia la CONSEJERIA PASTORAL. No se puede concebir un pastor, obrero o líder que pretende aconsejar cuando su existencia es un caos. Una vez haya orden en su ser podrá orientar a otras personas.

En cierta ocasión el Señor Jesús se encontraba reunido con sus discípulos y multitud de personas que lo escuchaban. "Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro" (Lucas 6:39, 40). La Palabra es clara: debemos ser sanos para sanar.

Hasta el momento hemos despejado interrogantes en torno a la Personalidad y sus fundamentos. Hoy nos adentraremos en los sentimientos y la poderosa influencia que ejercen en nosotros.

En la presentación del libro "The power of pleasant feelings" (El poder de las sensaciones agradables), escribió Aloysius G. Rego: "Los sentimientos no nos deben gobernar, nosotros somos quienes debemos gobernar nuestros sentimientos; los sentimientos negativos deben ser vigilados, frenados y controlados; los sentimientos positivos deben ser alimentados, fomentados y desarrollados—para la construcción de una personalidad bien formada".

Esta faceta del género humano reviste particular importancia porque los sentimientos vienen a ser controladores en nuestras relaciones interpersonales, como quiera que en la mayoría de los casos debemos interactuar con otras personas.

Definamos conceptos

Para entender qué son los sentimientos, es esencial que primero hagamos diferencia entre Sentimientos y Emociones. Con frecuencia muchas personas confunden los términos e incurren en un error.

Los Sentimientos toman forma en el mundo interior de cada individuo y son subjetivos. De manera aislada, los sentimientos no afectan decididamente lo que hacemos; en cambio, la sumatoria de sentimientos sí está asociada con las emociones. Éstas son las que determinan si nuestras acciones serán agradables o desagradables.

Sobre esta base, los sentimientos agradables producen entusiasmo, ánimo, placer, felicidad, alegría y deleite, entre otras manifestaciones. Los sentimientos desagradables –a su turno—desencadenan descontento, pesar, tristeza, aflicción, desaliento y sentido de inferioridad.

Probablemente usted diga: "El asunto es complicado, ¿podrías explicarte un poco más?". De acuerdo. El propósito del MANUAL DE CONSEJERIA PASTORAL es que haya claridad en los conceptos. De esta manera su proceso de acompañamiento a alguien que va en búsqueda de un consejo, será más eficaz.

Aquí es esencial que comprendamos algo: tanto los Sentimientos como las Emociones son de carácter afectivo por naturaleza.

Cuando se concatenan varios sentimientos positivos tendríamos un sentimiento general de bienestar o, por el contrario, de depresión en caso de que se trate de sentimientos negativos.

 

DIFERENCIAS ENTRE SENTIMIENTOS Y EMOCIONES

Sentimientos

Emociones

Enriquecen nuestra vida y le dan significado.

Son necesarias como elemento que nos estimula a hacer las cosas.

Transforman nuestra cotidianidad en algo vibrante y con razón de ser. Pueden fluctuar.

Revisten mayor intensidad.

Son transitorios

Son de naturaleza más prolongada y de esta manera aseguran firmeza en lo que hacemos.

Pueden ser positivos o negativos; agradables o desagradables.

Las emociones varían en su especie.

A través de los sentimientos determinamos si algo es placentero o desagradable para nosotros.

Las emociones nos conducen hacia acciones que, previamente, consideramos serán apropiadas.

Toman forma en el mundo interior.

Determinan nuestras acciones.

 

 

Diferencias entre sentimientos y sensaciones

Ahora que dimos unos esbozos encaminados a que hagamos una adecuada diferencia entre Sentimientos y Emociones, vamos a identificar qué marca la contraste entre Sentimientos y Sensaciones.

DIFERENCIAS ENTRE SENTIMIENTOS Y SENSACIONES

Sentimientos

Sensaciones

No tiene ningún órgano Terminal.

Puede referirse a órganos terminales específicos.

Es subjetivo.

Se producen en estado consciente. El individuo queda afectado de una u otra manera.

El placer o el disgusto pueden ser producidos por estímulos en cualquier órgano.

Son específicas.

No es posible localizarla.

Puede ser localizada en un ser humano.

Puede ser una reacción a imágenes, recuerdos o procesos más elevados de pensamiento.

Es objetiva.

Dependiendo de si son agradables o desagradables, pueden acelerar o disminuir el ritmo del corazón e influyen incluso en nuestro sistema digestivo.

Se manifiestan en nuestras expresiones.

¿De dónde provienen los sentimientos?

Los seres humanos nos movemos por sentimientos. En muchos casos no tomamos conciencia de su existencia a menos que sean fuertes, profundos o airados, entre otras características. Cuando estamos conscientes de que están allí, los sentimientos son registrados en billones de células que forman parte de nuestro sistema nervioso.

Lo curioso del asunto es que en muchas ocasiones, apenas nos consideramos estimulados por un sentimiento, lo expresamos de un modo o de otro. El asunto complicado es que muchas veces los manifestamos con alguien que no es el responsable de que se produzcan en nosotros.

Manifestamos contrariedad contra la persona equivocada, en el momento equivocado y en el lugar equivocado.

Una pregunta apenas natural: ¿Qué hacer con los sentimientos desagradables? La recomendación es dejar que haga su tránsito natural por nuestra vida. ¿Un ejemplo? Alguien pierde a uno de sus progenitores. ¿Acaso no es previsible que experimentará dolor? Por supuesto que sí. Reprimirlo no conduce a nada. El luto o tristeza y hasta depresión durará un tiempo, pero pasará. Cuando supera esa situación recobra energías para seguir adelante.

No podemos desconocer que el sistema de comunicación más desarrollado en un ser humano son los sentimientos. Revelan quiénes somos en realidad.

Controlando los pensamientos

Una forma práctica de controlar nuestros sentimientos es poniendo freno a los pensamientos perjudiciales. Sobre esta base, avanzamos hacia un equilibrio personal cuando ejercemos control sobre los pensamientos.

Imagine por un instante alguien que debe presentarse a una entrevista previa a la concesión de un empleo. Sobre su mente vienen múltiples pensamientos: "En aquella reunión se presentarán hombres y mujeres más capacitados que tú", "Tu serás derrotado", "No estás en capacidad de asumir un reto de ese género", "Quien hace la entrevista con solo verte, sabrá que debe descalificarte". Este conjunto de ideas preconcebidas inevitablemente conducirán a un sentimiento de temor y sobra decir que las consecuencias serán impredecibles.

En este caso, ¿qué hizo el sentimiento de temor? Revelar su estado ánimo, además, si lo permitimos, puede tomar control de lo que haga al reflejarse en una emoción.

El apóstol Pablo lo expresó de la siguiente manera en su carta a los cristianos de Filipos: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; su hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad" (Filipenses 4:8).

En el libro de Proverbios leemos que "Los pensamientos de los justos son rectitud...", y también: "Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá" (19:21).

 

Capítulo 5

Los sentimientos y su relación con los sentidos,
los estímulos y las actitudes

Con frecuencia llegan a consultar al Consejero Pastoral quienes experimentan una lucha constante con sus sentimientos. "No puedo controlarlos" me dijo en cierta ocasión una mujer que no encontraba coherencia entre aquello que quería hacer y la forma como finalmente obraba.

Guardando las proporciones, el apóstol Pablo refiere al asunto cuando escribe: "No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. Ahora bien, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo en que la ley es buena; pero, en ese caso, ya no soy yo quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita en mi. Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero" (Romanos 7:16-19. Nueva Versión Internacional).

¿Acaso es imposible vencer? ¿Quien viene a nosotros debe irse desalentado porque no hay nada qué hacer? ¿Acaso sus sentimientos lo llevan a enfrentar cada vez más dificultades para interactuar con los demás? En absoluto. Lo que se requiere es emplear los sentimientos de manera constructiva.

En el libro "Cultive sus sentimientos" de J. Maurus, a quien cité en el capítulo anterior, menciona algunas actitudes que le llevarán a ser mucho más eficaz en la meta de transformar los sentimientos:

1.- Acepte sus sentimientos, que son una parte suya natural. Experimente con ellos (hacia el cambio).

2.- Trate de sacar alegría constante de su trabajo.

3.- Tome conciencia de la función de sus sentimientos. Ellos –como un fusible—le señalan cuando se está rompiendo una relación, que algo debe ser ajustado o quizá llegar a una concertación en algún aspecto.

4.- Libere sus fuerzas creativas.

5.- Alégrese de que sus sentimientos ponen en acción lo mejor que hay en su ser y puede determinar cómo actuar en cada circunstancia: con delicadeza o valentía.

6.- Los sentimientos dinamizan sus acciones pero guarde prudencia antes de dejarse mover por ellos, como si se tratara de jueces que señalan sus acciones para cuestionarlas o aprobarlas.

7.- Permanezca sereno. No reaccione inmediatamente movido por sus sentimientos.

8.- Sea cuidadoso para no confundir sus sentimientos con el amor.

9.- sea paciente en aquellos momentos en los que se siente desanimado. Siga sonriendo aunque prefiera estar serio.

"Cultive sus sentimientos", J. Maurus. Pág. 25. Editorial San Pablo, 1993. Santafé de Bogotá, Colombia.

Educar los sentidos y la percepción

Usted como Consejero Pastoral y, aquellos a quienes atienda, son personas en proceso de cambio con ayuda del Señor Jesús. En ese orden de ideas, debe educar positivamente sus sentidos y someterlos a la razón. No podemos obrar movidos únicamente por el instinto o quizá por las emociones.

Hay que tener en cuenta que los incidentes que impresionan nuestros sentidos inician un impulso en los terminales sensoriales de los nervios, llegan al cerebro e inmediatamente nos lleva a tomar conciencia de lo que está ocurriendo y de su alcances en nosotros. Se producen entonces tres elementos: percibir, interpretar y dar sentido a las sensaciones.

Es fundamental, entonces, que seamos muy cuidadosos con nuestra forma de percibir todo lo que ocurre alrededor. Un ejemplo práctico es cuando alguien nos saluda. De acuerdo a nuestro estado de ánimo (emocional) podemos percibir que lo hicieron afectuosamente, con desdén o quizá, fríamente.

¿Cuántas veces hemos reaccionado negativamente porque, aunque nuestro interlocutor no se lo proponía, percibimos sus pensamientos y palabras como algo ofensivo? Sin duda, muchas veces. Deducimos entonces que tal vez la percepción del asunto fue errada...

Ahora bien, conforme transcurre el tiempo, la percepción se perfecciona y nos lleva a ser más reflexivos y mesurados al reaccionar.

Al comenzar el libro de los Proverbios, el rey Salomón escribió que tenían un propósito específico: "... para adquirir sabiduría y disciplina; para discernir palabras de inteligencia; para recibir la corrección que dan la prudencia, la rectitud, la justicia y la equidad; para infundir sagacidad en los inexpertos, conocimientos y discreción en los jóvenes. Escuche esto el sabio, y aumente su saber; reciba dirección el entendido..." (Proverbios 1:1-6. NVI).

Reacción frente a los estímulos

Los sentimientos agradables y desagradables están íntimamente relacionados con nuestras sensaciones y éstas a su vez a lo que producen los sentidos del ser humano así como la forma como operan en cada uno el intelecto y la voluntad. Nuestro sentido central procesa las sensaciones que recibimos y de acuerdo con la percepción que tengamos, determinaremos si es agradable o desagradable.

Cuando logramos el equilibrio para reaccionar frente a los estímulos, así alguien se proponga hacernos la vida imposible, es posible que conservemos la calma tras comprender que las provocaciones externas no deben movernos a nada.

Un dicho común en Latinoamérica señala que "todo entra por los ojos" y, sin duda, tiene fundamento. El sentido más importante es el de la visión. Es el que nos permite tener contacto directo con el mundo que nos rodea.

El Señor Jesús dijo: "El ojo es la lámpara del cuerpo. Por tanto, si tu visión es clara, Todo tu ser disfrutará la luz. Pero si tu visión está nublada, todo tu ser estará en oscuridad. Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué densa será esa oscuridad!" (Mateo 6:22, 23. NVI).

Es imperativo pedirle a Dios que nos ayude a reaccionar positivamente frente a lo que es sano. En muchas ocasiones sólo obramos por lo que vemos de inmediato y dejamos de lado lo que pudo ocurrir antes o lo que ocurrirá después.

Viene a mi mente un incidente grave que ocurrió en una familia cristiana:

En casa habían alojado a un líder jóvenes de la iglesia. Él asumió la tarea de acompañar con consejería a uno de los hijos de la pareja que generosamente le recibió.

En cierta ocasión mientras oraban, el líder y el joven estaban tomados de la mano y justo en ese instante entró el padre. ¡Imagínese la tormenta que se desencadenó!

El hombre juzgó únicamente por aquello que vio en ese instante... Difícilmente aceptó que no tenía suficientes elementos de juicio para indicar que el líder juvenil era homosexual.

El sentido del tacto es otro elemento de suma importancia que despierta sentimientos agradables o desagradables. Nos permite expresar afecto o también desagrado.

A este sentido sumamos otro: el oído. Gracias a él podemos desarrollar el arte de escuchar, el cual enfocado con la sabiduría que nos otorga Dios, traerá sensaciones agradables o desagradables.

La actitud del ser humano

En todo proceso de Consejería Pastoral juega un papel determinante el hecho de que identifiquemos las actitudes de la persona a quien estamos brindando orientación. Actitud es la inclinación de un individuo hacia algo y la consecuente reacción. Las actitudes son estimuladas internamente y también, externamente. Es la tendencia o resolución de una persona a obrar de determinada manera bajo un conjunto de circunstancias.

Algo sorprendente es que las actitudes ejercen influencia en nuestro cuerpo y nuestra mente, y hasta tanto lo comprendamos, incurriremos en fluctuaciones emocionales.

¿En dónde se aprende a asumir una actitud frente a algo? Las actitudes se asimilan de acuerdo a lo que veamos en casa, entre los miembros de la familia, lo que observamos en la sociedad e incluso, a través de la información que recibimos cada día.

La forma o actitud con la que asumamos todo cuanto nos ocurre, determinará las reacciones.

Un electrodoméstico en casa se descompuso. Llamamos a un técnico para que lo reparara. Era cristiano evangélico, como nosotros. Aunque el daño en apariencia era fácil de resolver, resultó complicado.

El hombre recibió el asunto con tranquilidad. "No voy a dejar que me venza ni el desánimo ni la molestia", explicó. A mi esposa y a mi nos sorprendió porque un año antes, cuando contratamos a alguien que no era creyente en Jesús para que hiciera una reparación similar, comenzó a lanzar palabras soeces cuando las cosas no salían como él quería.

¡Qué gran diferencia entre uno y otro! Todo se debía, sin duda, a la actitud.

Si las actitudes positivas gobiernan nuestro ser, actitudes positivas que proceden de una fe indeclinable de que Dios nos ayudará en cualquier situación difícil, seguramente no perderemos la tranquilidad con rapidez. Por el contrario, si nuestra actitud es negativa, interpretaremos todo cuanto nos ocurre como una provocación y las reacciones, como es natural, serán negativas...