¿Como usar bien la palabra de Dios?

Hermenéutica

I. Introducción:

  A. El significado de la palabra hermenéutica. La palabra her­menéutica significa el arte de interpretar textos. Viene del verbo hermeneuo, que significa interpretar. (Se ha sugerido también que este verbo viene del nombre "Hermes", el supuesto mensajero de los dioses, llamado Mercurio por los romanos, Hech. 14:12). Cuando damos una definición a las pa­labras que oímos o leemos, estamos interpretándolas. Cuando preguntamos ¿qué quiere decir esto o aquello? estamos tratando de interpretar el significado de algo. Cualquier forma de expresión o comunicación (palabras, gestos, escritos) tiene que ser interpretada. No estamos conscientes del proceso. No estamos pensando, "Yo estoy interpretando lo que me dijo", pero en realidad es lo que estamos haciendo. Al hacerlo usa­mos el sentido común para entender a las personas con quienes nos comunicamos.

 

    1. Uno de los procesos más básicos de interpretar es pre­guntar ¿qué?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿por qué? y ¿quién? La Biblia dice, "Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida" (Job 2:4), pero ¿quién lo dijo? Es el lenguaje de Sa­tanás.

    2. También debemos usar el "sentido común" al estudiar para interpretar la Biblia; es decir, debemos usar los mismos medios de interpretación que usamos para entender una con­versación, o para entender otros libros y documentos, porque la Biblia no es un libro místico o misterioso. No es un libro de mi­tología y leyendas, sino un mensaje comprensible escrito por Dios y enviado al hombre.

  B. Neh. 8:8 nos da una definición excelente de la interpretación (la hermenéutica): "Y leían en el libro de la ley de Dios clara­mente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lec­tura". Los levitas interpretaron correctamente la palabra de Dios, y "todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían enten­dido las palabras que les habían enseñado" (ver. 12). (Vemos el mismo gozo en Hech. 8:39. El eunuco leía la Biblia con su conocimiento limitado, y estaba dispuesto a aprender. Tenía corazón "bueno y recto" (Luc. 8:15), que es el primer requisito para poder entender la palabra de Dios, pero no entendía que la profecía de Isaías 53 se había cumplido. Felipe le predicó a Cristo -- interpretando la profecía -- y el eunuco fue bautizado y "siguió gozoso su camino").

 

  C. La hermenéutica es, pues, el conjunto de los principios de la interpretación. La aplicación de estos principios se llama exége­sis, que simplemente significa "explicación". La exégesis em­pleada por las iglesias humanas es dogmática, es decir, se basa en sus credos (sistemas de doctrina) ya aceptados. La exégesis verdadera se basa en el significado de palabras, la gramática, el contexto inmediato y remoto, etc.

  D. La exégesis verdadera permite que la Biblia se explique sola, porque términos bíblicos no se dan nombres y definiciones sec­tarias sino bíblicas. Por ejemplo:

    1. Gracia.

      a. Definición incorrecta: la imputación de la justicia personal de Jesús al creyente.

      b. Definición bíblica: el favor de Dios demostrado al proveer la salvación a través de Jesucristo (Tito 2:11-14). La Biblia no dice nada acerca de "gracia irresistible".

    2. Justificación.

      a. Uso incorrecto: que el creyente se justifica (se salva) en el momento de creer, y muchos (como los bautistas) dicen que una vez salvo no puede caer.

      b. Uso correcto: el creyente se justifica al obedecer al evangelio, cuando es restaurado (después de tropezar) y cuando hace buenas obras (Rom. 3:4; 6:4-7; Sant. 2:24), etc.

    3. Bautismo.

      a. Significado incorrecto: la aspersión, aun de infantes.

      b. Significado bíblico: la inmersión en agua del peni­tente creyente (Mat. 3:16; Hech. 8:37-39; Rom. 6:3, 4).

    4. Elegidos.

      a. Significado incorrecto: los que arbitrariamente fueron escogidos antes de la fundación del mundo.

      b. Significado bíblico: los que son llamados por el evangelio (1 Tes. 1:14; 2 Tes. 2:14).

    5. Confesión.

      a. Concepto sectario: que "Dios por Cristo me perdonó los pecados"; confesar a Cristo "como mi Salvador personal".

      b. Confesión bíblica: "creo que Jesucristo es el Hijo de Dios" (Hech. 8:37).

    6. Cena del Señor (1 Cor. 11:20).

      a. Designaciones incorrectas: la eucaristía, el sacra­mento, los emblemas o elementos.

      b. Designaciones bíblicas: el partimiento del pan (Hech. 2:42; 20:7), beber el fruto de la vid (Mat. 26:29), la co­munión (participación) del cuerpo y sangre de Cristo (1 Cor. 10:16) o la mesa del Señor (1 Cor. 10:21).

    7. Predicadores.

      a. Designaciones incorrectas: pastores, reverendos, padres.

      b. Designaciones bíblicas: evangelistas (2 Tim. 4:5) o ministros de Cristo (1 Tim. 4:6) o del evangelio (Rom. 15:16; Col. 1:23).

    8. Adulterio.

      a. Definición nueva originada por algunos hermanos: el acto de divorciarse y el de volverse a casar. Dicen que el adulte­rio de Mat. 5:32 no se comete en cama (que no se refiere a la relación sexual), sino que este término se refiere solamente a los dos actos de divorciarse y volverse a casar (sin tomar en cuenta las relaciones sexuales). Aun hermanos que profesan ser "conservadores" dicen esto pero obviamente éstos no conservan la sana doctrina (2 Tim. 1:13, 14), sino que definen palabras bíblicas de una manera contraria a todos los léxicos griegos y diccionarios de palabras inglesas y españolas.

      b. Definición bíblica: relación sexual con el cónyuge de otro.

    9. 1 Ped. 4:11 es la regla que seguir: "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios". Los que no obedecen este texto han causado muchas divisiones.

     E. La necesidad de la hermenéutica. El estudio de la her­menéutica es de suma importancia, porque se refiere al proceso de llegar al conocimiento pleno de la voluntad de Dios. Tenemos la Biblia traducida en nuestro propio idioma, pero hay mucho que estudiar. "Y creó Dios al hombre a su imagen" (Gén. 1:27); por eso, el hombre puede pensar, razonar y entender (Mat. 13:15).

    1. Los escritores del Nuevo Testamento interpretan algu­nas de las palabras que desconocemos: Mat. 1:23; Mar. 5:45; 15:22, 34; Hech. 4:36; 9:36; 13:8, etc. Sin embargo, a veces se refieren a costumbres sociales, sistemas de gobierno, medidas y pesos, clases de dinero, etc. que desconocemos y, por lo tanto, tenemos que hacer un estudio cuidadoso de tales cosas. Los diccionarios bíblicos y enciclopedias religiosas nos ayudan en esto.

    2. El orden de los libros bíblicos no es siempre cronológico. Por ejemplo, los libros proféticos fueron escritos durante el tiempo de los reyes; es necesario acomodarlos a sus respectivos períodos. También los salmos fueron escritos du­rante varias épocas en la historia de Israel. Las epístolas del Nuevo Testamento deben estudiarse teniendo presente cuándo y dónde fueron escritas según la historia de los Hechos.

    3. La Biblia contiene mucho lenguaje figurado y modis­mos, y la gramática no es siempre igual a la de nuestro idioma.

  F. Es necesario estudiar y entender la Biblia:

    1. Porque es necesario aprender la voluntad de Dios (Rom. 1:16-18). Algunos suponen que la Biblia es tan sencilla y clara que no se necesita la interpretación, pero recuérdese que muchos textos dicen que Cristo y otros interpretaron las Escri­turas. La palabra de Dios es inspirada, pero la interpretación ahora no es inspirada. No hay profetas y apóstoles sobre la tierra que puedan con inspiración explicar el Texto Sagrado. Todos te­nemos que estudiarlo.

    2. Para poder hacer uso correcto de la Palabra (2 Tim. 2:15). La Biblia de las Américas dice, "maneja con precisión la palabra de verdad". La Versión moderna dice, "manejando acer­tadamente la palabra de la verdad". La Versión his­panoamericana dice, "que expone bien la palabra de verdad" (en el margen dice, "o, define, maneja, o, despensa).

    3. Para tener fe salvadora (Jn. 3:16; 20:30, 31; Mar. 16:16). No podemos ser salvos e ir al cielo sin entender y creer la voluntad de Dios. Jesús dice (Mat. 7:21; 12:50) que te­nemos que hacer la voluntad de Dios, y esto requiere el en­tendimiento y una fe activa (obediente).

    4. Para crecer espiritualmente (1 Cor. 3:1-3; 1 Ped. 2:2; Heb. 5:11-4).

    5. Para ser instruido, reprendido, corregido (2 Tim. 3:16, 17), y aprobado por Dios (2 Tim. 2:15).

     G. Podemos entender las Escrituras. Gracias a Dios por esta bendición. Muchos textos nos convencen que podemos y debe­mos entender las Escrituras. Juan 5:39 (¿por qué escudriñar las Escrituras si no las podemos entender?); Hech. 17:11 (¿qué había de nobleza en escudriñar las Escrituras si éstas no se pueden entender?); Efes. 3:3, 4 (leyendo, podéis entender); 1 Tes. 5:27 (¿por qué leerla a la iglesia si no se puede entender?) El clero romano dice orgullosamente que solamente ellos tienen el derecho de interpretar las Escrituras, pero los que siguen a estos intérpretes son ciegos que siguen a ciegos (Mat. 15:14).

  H. Una herramienta importante para entender la Biblia es la educación básica, es decir, la capacidad para leer y entender lo que se lee, o la capacidad de entender lo que se oye. Dios no usa lenguaje técnico para comunicarnos su divina voluntad, sino palabras comunes, palabras que todos pueden entender. Pero se requiere el estudio. Pablo tenía libros de estudio (2 Tim. 4:13, 21), y nos conviene conseguir los libros necesarios (diccionario, diccionario bíblico, concordancia, comentarios,  etcétera). Para poder interpretar las Escrituras correctamente es necesario estudiar, pensar, meditar, y razonar.

  I. No se debe torcer las Escrituras sino interpretarlas. Todo el mundo afirma que "Así dice la Biblia" al afirmar su propia doc­trina. Hoy en día muchos hombres hacen lo mismo que los pro­fetas falsos de la antigüedad cuando anunciaban, "Así dice Je­hová", pero proclamaban y practicaban cosas "que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento" (Jer. 19:5). Sa­tanás no quiere que las Escrituras se interpreten correctamente (Mat. 4:6, 7). Muchos religiosos no interpretan las Escrituras, sino que las tuercen (2 Ped. 3:16); por ejemplo, los testigos tuercen los textos sobre la Deidad de Cristo; los mormones tuercen 1 Cor. 15:29; los pentecostales tuercen varios textos que hablan del Espíritu Santo; los bautistas y otros evangélicos tuercen textos sobre la fe; los "evangelistas de la prosperidad" tuercen 3 Juan 2; los hermanos liberales tuercen Gál. 6:10; Fil. 4:15, 16; Sant. 1:27 y otros textos. Diariamente Jesús citaba las Escrituras para explicarlas a sus discípulos, razonando y dis­putando con los fariseos y saduceos con respecto al significado verdadero de pasajes del Antiguo Testamento. De esta manera nos dejó un ejemplo perfecto de cómo interpretar correcta­mente ("usar bien") las Escrituras.

II. Algunas cosas que impiden el entendimiento de las Escri­turas.

  A. La actitud irreverente. Mat. 13:13; Sal. 119:161; Isa. 66:2. Debemos creer sinceramente en la inspiración de las Escri­turas, 1 Tes. 2:13. Es necesario creer en las Escrituras y al mismo tiempo aceptar que son la autoridad para nosotros.

    1. Dice Pablo (2 Cor 2:17) que muchos "medran falsifi­cando la palabra de Dios" ("comercian con la Palabra", La Bi­blia de las Américas). Dice en 2 Cor. 4:2, "no andando con as­tucia, ni adulterando la palabra de Dios".

    2. Debemos tener un deseo fuerte de conocer la palabra de Dios, 1 Ped. 2:2.

    3. Es necesario reconocer que Dios nos habla directa­mente a mí y a usted (es un mensaje personal e individual).

    4. Debemos amar la Palabra (2 Tes. 2:11, 12; Sal. 119:97). Los que no aman la Palabra la usan mal, la tuercen y dicen que se contradice. Algunos buscan textos que, según ellos, se con­tradicen (por ejemplo, dicen que lo que Pablo dice acerca de la salvación por fe contradice lo que Santiago dice acerca de obras), pero con esto no demuestran contradicción bíblica sino su propio prejuicio.

    5. También es necesario creer que la Biblia es un libro práctico y aplicable en estos tiempos modernos. No es un libro obsoleto o anticuado. Sal. 119:9, 11; Mat. 4:4; Jer. 15:16 expre­san la verdad para nosotros también. En este libro se encuentra la solución de todos nuestros problemas. Las Escrituras suplen todas nuestras necesidades.

     B. El no usar el sentido común. Muchos no entienden la Biblia porque rehúsan usar su sentido común. Por ejemplo, parece increíble pero ha habido discusiones sobre la expresión "y le bautizó" (Hech. 8:38). ¿Quién bautizó a quién? Tales pre­guntas o comentarios son necios. ¿Quién pidió el bautismo? Otro texto que se puede entender si se usa el sentido común es 1 Jn. 3:9, "no puede pecar". ¿Dice Juan que es física o humana­mente imposible que alguien peque? Todos pueden pecar y to­dos pecan. Entonces, ¿qué dice Juan? Que los que nacen otra vez ya se han convertido (cambiado) y, por eso, no persisten en practicar el pecado. Muchas veces es muy obvio que la gente -- aun hermanos en Cristo -- no quieren aprender lo que un texto dice, sino que simplemente quieren discutir.

     C. El no estudiar con propósito correcto. Balaam quería saber la voluntad de Dios pero ¿con qué propósito? El no oía la palabra de Dios para hacer la voluntad de Dios, sino que estaba resuelto a hacer lo que él mismo quería hacer (Núm. 22). Re­cuérdese la actitud de los israelitas con respecto a tener rey (1 Sam. 8:4); y la actitud de los fariseos (Mat. 23:1-4). Muchos hermanos enseñan ciertos textos con fuerza pero después tienen cambio de "convicción" cuando ya no les conviene la en­señanza. Por ejemplo, aquel que enseñaba que ni siquiera por causa de muerte podía el hombre volverse a casar, pero cuando murió su esposa, tuvo cambio de mente. Así también muchos hermanos son muy estrictos con respecto al comportamiento de los jóvenes hasta que sus hijos lleguen a ser jóvenes.

  D. El no entender el idioma. La Biblia se ha traducido a nuestro idioma, pero cuando no entendemos las palabras, debemos usar el diccionario. Otra herramienta muy impor­tante, aparte del diccionario, que nos enseña a entender nues­tro idioma, es un libro de gramática, aunque sea muy elemental. ¿Por qué usar el diccionario y un libro de gramática? Para ayu­darnos a entender el lenguaje de las Escrituras. Nuestro deseo de entender el mensaje de Dios nos debe motivar a estudiar nuestro propio idioma. En Mat. 22:29-32 Jesús dijo a los sa­duceos, "Erráis, ignorando las Escrituras". ¿Qué ignoraron? El tiempo de un verbo: Dios no dijo "Yo era" el Dios de Abra­ham", sino "Yo soy el Dios de Abraham". También vemos en Gál. 3:16 que un argumento fuerte de Pablo se basa en el número de un sustantivo: "simiente" y no "simientes".

  E. La falta de confianza. Muchas veces es obvio que la gente no entiende la Biblia porque cree que es imposible que la entienda. Aun hermanos en Cristo no participan en la clase bíblica o no ponen atención al sermón porque simplemente no tienen la con­fianza de que puedan entender. A veces parece que para ellos el orador o maestro habla idioma extranjero. Parece que no dejan penetrar la luz porque creen que su mente es impenetra­ble.

     F. La idea de que la Biblia es la propiedad del sacerdocio católico o del clero protestante. Este concepto erróneo convence a millones de personas de que no les conviene estudiar las Es­crituras para tener su propio entendimiento. La mayoría de los miembros de las iglesias católicas y protestantes sola­mente preguntan "¿Qué dice el Padre?" o "¿Qué dice el Pastor, o qué dice nuestro credo?" en lugar de preguntar, "¿Qué dicen las Escrituras?" Aun en la iglesia de Cristo existe el peligro de solamente preguntar, "¿Qué dice o qué piensa el hermano fu­lano?" La gente común puede entender la Biblia. Deut. 29:29; Neh. 8:8; Ef. 3:3, 4; 5:17; Mar. 12:37.

  G. La práctica de usar la Biblia solamente para probar doctri­nas ya formuladas. La Biblia no "prueba" doctrinas, sino que es la doctrina (2 Tim. 3:16, 17). Muchos hacen burla de la Biblia diciendo, "Se puede probar cualquier doctrina con la Biblia", pero esta afirmación es falsa. Muchos "testigos", mormones, pentecostales, etc. escudriñan las Escrituras para probar las doctrinas establecidas por los credos y otros libros de su secta. Hasta hermanos comentan que "Estos saben mucha Biblia", pero ¿qué saben de las Escrituras? En realidad no entienden las Escrituras. Han "puesto sus ídolos en su corazón, y estable­cido el tropiezo de su maldad delante de su rostro" (Ezeq. 14:4) y, por eso, no usan bien la Escritura. Alguien contó la historia de un predicador que citó Rom. 3:22 ("no hay diferencia") para probar que una denominación es tan buena como otra (y que todas son buenas), pero dejó de leer el siguiente versículo que dice, "por cuanto todos pecaron".

  H. La actitud de que la Biblia es un libro de maravillas y cu­riosidades. Es verdad que hay muchas cosas muy interesantes en el relato sagrado, pero debemos leer la Biblia para aprender la voluntad de Dios y no simplemente para buscar detalles cu­riosos; pues no es uno de esos libros que solamente divierten.

  I. La actitud de leer la Biblia para poder decir "He leído la Biblia"; por ejemplo, algunos dicen, "He leído toda la Biblia", o "Esta semana he leído 25 capítulos", etc. Me acuerdo de un hermano que siempre se jactaba de cuántas veces había leído el texto griego del Nuevo Testamento. Todo esto es bueno con tal que se lea con comprensión, pero no hay virtud en simplemente leer la Biblia para poder decir, "he leído la Biblia".

  J. La práctica de leer solamente textos favoritos. Muchas per­sonas limitan su lectura a aquellas porciones de la Biblia que consuelan, animan, etc. (como, por ejemplo, los salmos o capí­tulos favoritos del Nuevo Testamento como 1 Cor. 13, Heb. 11, etc.) Desde luego, es bueno leer tales textos, pero no debemos limitar nuestro estudio a estos.

  K. La actitud de estudiar la Biblia para tener la reputación de un "pensador original". No conviene juzgar el corazón de nadie, pero he conocido a algunos hermanos que parecen querer dar alguna explicación "diferente" ("única") de algún texto. Les gusta hablar de lo que "muchos hermanos" han dicho o pen­sado, pero entonces nos dan "la explicación verdadera" del texto. Me acuerdo de un hermano de mucho talento que se des­truyó a sí mismo por causa de esta actitud, naufragó en cuanto a la fe y volvió al mundo. Otros han aceptado interpretaciones erróneas por causa de esta actitud (por ejemplo, que un hom­bre soltero puede ser anciano de la iglesia; que está bien que canten en la asamblea cuartetos y coros; que los del mundo no tienen que sujetarse a la enseñanza de Jesús sobre el divorcio y segundas nupcias; que no debe haber clases bíblicas para los niños, etc.) Tales hermanos aparentemente quieren dejar la impresión de ser muy eruditos.

  L. Otro obstáculo grande es el deseo de armonizar la Biblia con las teorías de la "ciencia" (falsamente así llamada, 1 Tim. 6:20). Según esta actitud, al llegar las nuevas teorías de la "ciencia" es necesario cambiar y modernizar nuestra hermenéu­tica. Pero afortunadamente no es así, porque para fines del primer siglo Dios terminó de revelar toda la Biblia y era y es una revelación final y perfecta (2 Tim. 3:16, 27; 2 Ped. 1:3; Ju­das 3).

     M. Tal vez el impedimento principal sea la flojera. Muchos hermanos que son muy diligentes en su trabajo son perezosos en cuanto a estudiar la Biblia (Heb. 5:11; 6:12). El estudiar es trabajoso. Requiere mucha actividad mental. Los que tienen la actitud de los de Berea tendrán el ánimo para estudiar (Hech. 17:11).

III. La naturaleza de las Escrituras.

     A. 2 Tim. 3:16, 17 dice explícitamente que Dios nos ha reve­lado su voluntad "para enseñar, para redargüir, para instruir en justicia,  a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, entera­mente preparado para toda buena obra". La Biblia ha revelado lo que el hombre debe hacer para ser salvo, cómo debe vivir, lo que constituye el culto aceptable, cuál es la organización y obra de la iglesia, etc.

  B. La historia de la Biblia abarca tres dispensaciones:

    1. La dispensación patriarcal. Bajo esta dispensación el padre de familia servía como la cabeza de su familia (tribu o tribus) y como el sacerdote. La religión no era nacional sino familiar. Ejemplos: Noé, Abraham, Jacob, etc.

    2. La dispensación mosaica. La ley de Moisés fue dada ex­clusivamente para la nación de Israel (Deut. 5:2, 3) cuando salió de Egipto (Heb. 8:9) y sirvió como "ayo" (guardián) para llevarles a Cristo (Gál. 3:19-24). Fue quitada cuando Cristo murió en la cruz (Col. 2:14; Gál. 3:16, 19; Efes. 2:13-22; Rom.


 

7:1-7). Jesucristo nació bajo esa ley (Gál. 4:4), la guardó perfec­tamente y enseñó a sus discípulos que debieran guardarla (Mat. 5:18-20). Muchas personas no entienden esta verdad y cuando la explicamos nos acusan de rechazar el Antiguo Testamento. Sin embargo, no hay iglesia alguna que practique la ley de Moisés (sacrificar animales y aves, observar las tres fiestas solemnes cada año en Jerusalén, etc.). La ley de Moisés era ley de figuras, sombras, símbolos y tipos (Heb. 8:5; 9:9) que apun­taban hacia Cristo. Era administrada por el sacerdocio levítico pero en este sacerdocio no había perfección (Heb. 7:11; 8:7; 10:1-4); por eso ese sacerdocio y la ley que administraba (la ley de Moisés) fueron cambiados (ver. 12).

    3. La dispensación de Cristo (el evangelio), un pacto mejor (perfecto) (Heb. 10:9, 10; 2 Cor. 3:14). Léase Hebreos capítulos 7-10 para entender este tema. Jesús explicó a sus dis­cípulos que El vino al mundo para cumplir las cosas que Moisés, los profetas y los salmos decían acerca de el (Luc. 24:27, 44). Entonces El nos dio el Nuevo Testamento que es la revelación de la autoridad de Cristo (Mat. 28:18; 1 Cor. 14:37; Col. 3:17). Es la ley de Cristo (Gál. 6:2; Sant. 2:12), por la cual seremos juzgados (Juan 12:48). Es pecado apartarnos de esta ley divina (1 Jn. 3:4). En el juicio final algunos serán rechazados por no haber seguido la autoridad de Cristo (Mat. 7:21-23).

     4. Mateo, Marcos, Lucas y Juan registran la enseñanza que Jesús entregó personalmente. El no la entregó solamente para los judíos, como algunos suponen, sino que entregó mucha enseñanza que pertenece al evangelio del reino de Cristo. Como ya hemos dicho, Jesús guardó la ley de Moisés y enseñó que sus discípulos de aquel entonces debieran guardarla, porque esa ley duró hasta que Cristo murió en la cruz. Algunos hermanos afirman que la única enseñanza de Jesús que es para nosotros es la que fue repetida después del día de Pentecostés. Esta es una teoría humana muy errada. Dicen esto para negar que el que repudia a su mujer por causa de fornicación puede volverse a casar. Pero Mat. 5:32 -- como todo el Sermón del Monte -- es parte integral de la ley de Cristo. Todos los hermanos citan Mat. 18:1-4, sobre la humildad y la grandeza verdadera; Mat. 18:15-17 sobre la disciplina; Juan 3:3-5, sobre el nuevo nacimiento; Mat. 26:26-28, sobre la cena del Señor; Jn. 1:1, 2, sobre la Deidad de Jesucristo; Jn. 14:26; 16:3, etc, sobre la obra del Espíritu Santo, y muchos otros. Estos textos no se repiten después de Hech. 2, pero todo el mundo sabe que no forman parte del Antiguo Testamento, sino que son parte integral del Nuevo Testamento de nuestro Señor Jesucristo. El dijo (Jn. 14:26) que el Espíritu Santo "os recordará todo lo que yo os he dicho". ¿Por qué? Porque formó parte de la ley de Cristo.

IV. Dios nos ha revelado su voluntad de cuatro maneras.

     A. Por medio de declaraciones claras y explícitas.

          1. La creación del mundo, Gén. 1, 2.

    2. La historia de Israel.

    3. El nacimiento de Jesús.

    4. Los milagros de Jesús y los apóstoles.

    5. Muchas enseñanzas sencillas y claras. Mat. 5:1-12; Gál. 5:19-23.

    6. Muchas cosas acerca de la iglesia: su obra, crecimiento, sufrimiento, etc.

 

    

  B. Por medio de mandamientos que indudablemente son para  toda época.

    1. Creer, arrepentirse, confesar a Cristo, bautizarse.

    2. Reunirse, cantar, orar, predicar, celebrar la cena, ofrendar.

    3. Practicar la piedad, abstenerse del pecado.

    4. Practicar buenas obras, por ejemplo, reunir fondos para ayudar a los santos pobres.

  C. Por medio de ejemplos que indudablemente los santos de toda época deben imitar.

    1. Escoger ancianos en cada congregación.

    2. Reunirse el primer día de la semana para partir el pan.

    3. Pero los hermanos que promueven la llamada Nueva hermenéutica desprecian el uso de ejemplos para establecer la autoridad bíblica, diciendo que si debemos seguir ejemplos apostólicos tendremos que seguir su ejemplo en todo detalle: vender posesiones, reunirse todos los días, reunirse en el aposento alto, lavar los pies, ayunar, imponer las manos, arro­dillarse para orar, etc. Es decir, ponen estas cosas en el mismo nivel que el celebrar la cena el primer día de la semana, escoger ancianos en cada iglesia, que las iglesias cooperen para ayudar a los santos pobres de Jerusalén, etc. Según el argumento de ellos, el modo de viajar es tan importante como el predicar, el aposento alto es tan importante como el partir el pan, la pila es tan importante como el bautizar, etc. Estos no quieren tomar en cuenta la cuestión de cultura, costumbres y circunstancias especiales. No quieren reconocer que para los mandamientos y ejemplos siempre habrá detalles incidentales que no son impor­tantes.

  D. Por medio de enseñanzas implícitas, de las cuales se sacan inferencias (deducciones o conclusiones) necesarias. Dios nos obliga a todos a pensar, razonar y deducir.

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Enseñanza por implicación

 (De la cual viene la inferencia necesaria)

Introducción.

  A. Algunas definiciones: El estudio provechoso de la Palabra requiere una comprensión adecuada del significado de la infe­rencia necesaria. Citamos las siguientes definiciones de Larousse: (1) Inferir: sacar una consecuencia de una cosa. (2) Inferencia: ilación, consecuencia. (3) Consecuencia: proposi­ción que se deduce de otra. (4) Deducir: sacar consecuencias: deduzco de, o por, lo que acabo de oír que es inútil que vayamos. (5) Deducción: acción de deducir, conclusión. Una "inferencia", pues, es una consecuencia, una conclusión o de­ducción, que se saca de las palabras que no son explícitas.  (6) Explicito: que expresa clara y formalmente. Hay muchas en­señanzas bíblicas que son "explícitas", es decir, la Biblia las dice en tantas y cuantas palabras, clara y explícitamente.

  B. Por medio de declaraciones explícitas sabemos que Jesús nació de una virgen, hizo muchos milagros, murió en una cruz romana, fue sepultado y resucitó al tercer día. La Biblia revela gran parte de la voluntad de Dios por medio de declaraciones y enseñanzas explícitas. Pero la Biblia revela muchas otras cosas por medio de declaraciones y enseñanzas implícitas. Otras definiciones: (7) Implícito: que se incluye en una proposición sin que haya necesidad de explicarlo. (8) Implicar: envolver, encerrar; contener, llevar en sí. (9) Implicación: en lógica, relación entre dos proposiciones de las cuales una es necesaria­mente consecuencia de la otra; consecuencia.

  C. Tenemos que escudriñar las Escrituras (Hech. 17:11), pen­sar, estudiar, y razonar para deducir la voluntad de Dios. La en­señanza de Dios expresada en muchos textos es obvia y clara porque se expresa en manera explícita (en tantas y cuantas pa­labras), pero en muchos otros textos la enseñanza de Dios se expresa en forma implícita, y la comprensión de tal enseñanza requiere más estudio, porque tenemos que sacar una conclusión o consecuencia de lo que se dice. Tenemos que deducir la en­señanza. Es necesario estudiar el texto para llegar a una con­clusión que expresa correctamente la enseñanza entregada por Dios. Muchos textos implican (envuelven, encierran, contienen, llevan en sí) alguna enseñanza no expresada explícitamente; el estudiante sincero buscará la verdad contenida en el texto aunque no esté expresada en tantas y cuantas palabras.

  D. Todos pueden entender la enseñanza implícita de la Biblia. El mensaje de Dios es razonable, y el hombre tiene la facultad mental para razonar. El Creador del hombre es el Autor de la Biblia, y el mensaje de Dios corresponde al hombre creado por Dios. La Biblia contiene la información, las instrucciones, las promesas y advertencias que el hombre necesita, pero el hom­bre tiene que emplear la facultad mental que Dios le da para entenderlas. Tiene que leer, oír, pensar, estudiar y razonar, para llegar a las conclusiones correctas en cuanto a lo que Dios enseña.

 

I. Las señales enseñan por implicación.

  A. Jn. 3:2, dice Nicodemo, "sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tu haces, si no está Dios con él". La señal significa ("dice") algo. Enseña algo, pero no lo hace explícita sino implícitamente.

  B. Las obras de Jesús dan testimonio de su Deidad (Juan 5:36). Las señales que hizo dan testimonio de su Deidad. Jn. 20:31, "Pero estas (señales) se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo".

  C. 1 Cor. 14:22, "Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos".

II. Las parábolas y todo lenguaje figurado enseñan por implicación.

  A. Es necesario estudiar con cuidado tal lenguaje para sacar la inferencia lógica y necesaria que la enseñanza implica. "Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos" (Mateo 21:45). Lo que Jesús dijo en esa parábola no fue dicho explícitamente (en tantas y cuantas palabras), sino por implicación, en lenguaje figurado (una parábola).

  B. Cada parábola contiene un mensaje central, y no conviene "forzarla" a enseñar otra cosa. A veces Jesús explica las parábolas (véanse Mat. 13:1-9; 18-23; 24-30; 36-43). A veces el contexto hace obvio su significado (véase Luc. 15:1, 2 y las tres parábolas que siguen). Pero no es difícil ver la lección central si tenemos los ojos y oídos abiertos (Mat. 13:13-17).

  C. Las parábolas y todo lenguaje figurado son enseñanzas por implicación (la enseñanza no se expresa explícitamente, o sea, en tantas y cuantas palabras). (Véase el estudio sobre "Lenguaje figurado").

III. Los profetas (incluyendo el Apocalipsis) enseñan por implicación.

  A. El lenguaje profético no es explícito, sino implícito (tiene que ser interpretado).

  B. Las profecías del Antiguo Testamento son citadas por Jesús y sus discípulos con el propósito de explicar su cumpli­miento.

IV. Jesús enseñaba por implicación.

  En el Nuevo Testamento hay muchos ejemplos del lenguaje implícito, es decir, lenguaje que implica algo en lugar de afir­marlo explícitamente. Jesús explicaba, razonaba, preguntaba, implicaba y persuadía. El enseñaba por implicación y el pueblo tenía que escuchar, pensar, razonar y sacar conclusiones (deducir, inferir) para aprender y apreciar la verdad.

  A. Mat. 8:19-22, ¿qué tenía que ver la respuesta de Jesús con lo que le dijeron? Tenían que pensar y razonar para deducir o inferir lo que les decía.

 

  B. Mat. 11:2-5, ¿qué tenía que ver la respuesta de Jesús con la pregunta de Juan? Jesús contestó la pregunta de Juan, pero no dijo en palabras explícitas que era el Cristo, sino que le habló de las obras que dan testimonio de El, cumpliendo pro­fecías que hablaban del Mesías. Juan tenía que meditar en aquellas obras y llegar a la conclusión lógica (inferencia nece­saria) de que Jesús era el Mesías. También nosotros tenemos que hacer lo mismo.

  C. Mat. 12:3-5, ¿qué tenía que ver el caso de los sacerdotes y David con la queja de los judíos? Tenían que escuchar y ra­zonar para llegar a la conclusión correcta.

  D. Mat. 15:10-11, ¿cuál es la enseñanza de Jesús? Pedro no entendió la implicación de la enseñanza. Jesús empleó esta forma de enseñanza para que la gente hiciera uso de su facultad mental que Dios les dio (Gén. 1:26).

  E. Mat. 16:6, 12, "¿No entendéis aún?" Jesús esperaba que ellos entendieran la implicación de su enseñanza. Deberían concluir o inferir la lección. "Entonces entendieron" (ver. 12). Los discípulos tenían que pensar para aprender que "la levadura de los fariseos y de los saduceos" quiere decir su en­señanza.

  F. Mat. 19:3-6, Jesús afirmó ciertas verdades y esperaba que la gente sacara la conclusión correcta. Gén. 1:27; 2:24 afirman ciertas verdades que contestaron la pregunta necia de los fariseos.

  G. Mat. 22:29, 31-33, los saduceos eran ignorantes, porque no sacaban la conclusión correcta de lo que las Escrituras dicen. Para entender la verdad de lo que Jesús dice en el ver. 32, es necesario fijarse en el tiempo del verbo (un punto gramatical). No dice que Dios "era" el Dios de Abraham, sino que "es" el Dios de Abraham; la enseñanza por implicación es que Abra­ham aún vivía, y que habrá resurrección de los muertos.

  H. Mat. 22:41-45, Jesús les citó un texto y les hizo una pre­gunta. ¿Cuáles son las implicaciones de lo que les dijo? Afirma tanto la divinidad como la humanidad de Cristo, pero lo dijo por implicación y no directamente.

  I. Luc. 4:25-27, ¿por qué se enojaron los judíos? Tenemos que estudiar el texto y sacar una conclusión porque ni Jesús ni Lucas nos explican el asunto. ¿Qué les dijo Jesús? El mensaje de Jesús para ellos fue un mensaje indirecto, una implicación de que El no tenía nada para judíos incrédulos, y que los gen­tiles serían herederos de los beneficios del reino. Jesús les dijo algo muy ofensivo, pero tenían que deducir el mensaje. Jesús implicó algo, y ellos entendieron la implicación (sacaron la in­ferencia ineludible).

  J. Luc. 24:27, ¿qué hacía Jesús? Sacaba conclusiones (inferencias) del Antiguo Testamento, explicando el cumpli­miento de las profecías que hablaban de El.

  K. Luc. 24:1, "El primer día de la semana"; ver. 13, "el mismo día"; ver. 21, "hoy es ya el tercer día". Conclusión: el "tercer día" (el día en que Jesús resucitó) era el primer día de la semana y no el sábado como dicen los "adventistas".

V. La enseñanza por implicación en Hechos de los Apóstoles.

  A. Hech. 8:5, 12, implica que predicar a Cristo equivale a predicar su nombre y su reino e incluye el mandamiento de bau­tizarse.

  B. Hech. 8:35-37, ¿qué predicó Felipe? predicó el evangelio de Cristo, pero el texto implica que esa predicación incluye el bautismo.

 

  C. Hech. 10:28, Pedro explica la visión que recibió, diciendo, "me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo". No le dijo en tantas y cuantas palabras, sino que le mostró (le enseñó por implicación). La visión "decía" algo, pero no en palabras explícitas. Pedro tuvo que sacar una "inferencia necesaria".

  D. Hech. 15. Este capítulo presenta el problema causado por los judaizantes que querían circuncidar a los conversos gentiles. En esta ocasión los apóstoles y los ancianos sacaron una con­clusión lógica e ineludible; por eso, fue una inferencia nece­saria. Obsérvense los siguientes pasos: (1) el ver. 6 dice, "se reu­nieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto"; (2) en los vers. 7-11 vemos que Pedro explicó que por su boca los gentiles oyeron el evangelio, y que Dios no hizo ninguna diferencia entre los gentiles y los judíos; (3) en el ver. 12 Lucas dice que Pablo y Bernabé contaron las señales que Dios hizo por medio de ellos entre los gentiles; y luego (4) Ja­cobo cita una profecía y saca una conclusión, una inferencia necesaria, de toda la información que fue presentada y apren­dida en esa ocasión. No había en Hech. 15 concilio eclesiástico. No se estableció en esa ocasión ninguna ley humana. Hech. 15 tiene que ver con lo que Dios enseña implícitamente de varias maneras. Dios reveló su voluntad divina de esta manera, y los hombres deben sacar la conclusión o inferencia necesaria. Desde luego, en esta ocasión los hermanos involucrados en el proceso eran hombres inspirados (por lo menos, algunos de ellos si no todos). Pero este detalle no cambia el hecho de que así de esta manera Dios implica su voluntad y los hombres tienen que considerar, razonar, y deducir (sacar la conclusión o inferencia necesaria). Los pasos del proceso en Hech. 15 de lle­gar a una conclusión lógica llevan ineludiblemente a la libertad que el converso gentil disfruta en Cristo.

  E. Hech. 16:6-10, compárese Hech. 10:28. Otra vez Dios "mostró" su voluntad. "Cuando vio la visión, procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio". Dice La Biblia de las Américas que estaban persuadidos. La Versión hispanoameri­cana dice que infirieron en lugar de "dando por cierto". ¡Infirieron! y, desde luego, su inferencia era necesaria, porque no podían inferir otra cosa.

  F. Hech. 17:2, 17; 18:4, 19, 28; 19:8, 9. Los apóstoles y otros hermanos -- al igual que Jesús -- discutían, razonaban, explica­ban, preguntaban, etc., esperando que la gente usara su in­teligencia para entender la verdad. Recuérdese que el hombre fue creado a la imagen de Dios, es decir, nos dio inteligencia. A través de palabras nos ha comunicado su voluntad divina, y espera que la entendamos, Efes. 5:17; 1 Tes. 5:21; Juan 5:29.

VI. La expresión "inferencia necesaria".

  A. Esta expresión se usa, pues, para hablar de esta clase de enseñanza (enseñanza por implicación). Una "inferencia" es simplemente una conclusión que se saca de alguna enseñanza implícita (enseñanza por implicación).

 

  B. En la conversación diaria usamos esta clase de lenguaje; no siempre afirmamos algo en tantas y cuantas palabras, sino que muchas veces decimos algo por implicación, y el oyente saca la inferencia o conclusión de lo que decimos. Por ejemplo, si yo digo, "Daniel y los otros mecánicos salieron", no afirmo explícitamente que Daniel es un mecánico, sino que por impli­cación lo digo, porque lo identifico con "otros mecánicos" (es decir, que Daniel es un mecánico y también hay otros).

VII. Muchos hermanos liberales han rechazado como autori­dad la inferencia necesaria (la deducción necesaria de alguna implicación bíblica).

 

  A. Dicen que no se puede incluir -- junto con mandamientos -- como autoridad la enseñanza implícita, porque se dice que ésta requiere el razonamiento humano. Pero aun los man­damientos y ejemplos requieren el razonamiento humano.

  B. Los mandamientos. Desde Génesis hasta el Apocalipsis hay cientos de mandamientos de Dios. No hay texto que diga, "Hay tres dispensaciones: la patriarcal, la mosaica y la cris­tiana", pero la Biblia enseña que las hay y que es necesario dis­tinguir entre las tres. Muchas personas creen que si vivimos de acuerdo a los diez mandamientos, seremos salvos, pero estos voluntariamente ignoran la distinción entre los mandamientos de la ley de Moisés y los de Cristo. No estudian la Biblia con cuidado, porque no es difícil deducir la verdad de que ahora no estamos bajo la ley de Moisés, y es aun menos difícil inferir que los mandamientos dados a los patriarcas (tales como Noé y Abraham) no son para nosotros. El mundo denominacional corrompe la religión de Jesucristo al enseñar que se debe guardar el séptimo día, diezmar, usar instrumentos de música en el culto, quemar incienso, tener sacerdocio especial y muchas otras cosas que se encuentran en el Antiguo Testa­mento. El estudiante serio de la Biblia hará un análisis cuida­doso para discernir cuáles mandamientos se dirigen a nosotros. El nombre mío no está en la Biblia; por eso, tengo que leer cier­tos textos, meditar en ellos, y decidir si tal o cual mandamiento es para mí. Cuando Dios mandó, "Hazte un arca" ese man­damiento no fue para mí. Cuando El dijo, "Ofrece a tu hijo", eso no fue para mí. Hay muchos mandamientos de ofrecer animales pero no son para mí. Son mandamientos pero no son para mí. Sin embargo, Hech. 17:30, 31 es para mí. ¿Cómo sabemos? Al usar nuestro propio razonamiento. Dios escribe un mensaje inteligente para gente inteligente. La Biblia es el li­bro de Dios escrito para el hombre creado por Dios.

  C. Los ejemplos de los apóstoles. Los apóstoles de Cristo son sus embajadores (2 Cor. 5:20), sus representantes (Mat. 10:40), sus mensajeros (Mat. 28:19, 20; Mar. 16:15), y sus testigos (Hech. 1:8). Estos obraban bajo la dirección del Espíritu Santo. Por lo tanto, los hechos de los apóstoles son muy importantes, porque sirven de ejemplo para nosotros. Era razonable que los tres mil que se convirtieron a Cristo en el día de Pentecostés perseveraran "en la doctrina de los apóstoles" (Hech. 2:41, 42), y es razonable que nosotros hagamos lo mismo. Era razonable que Pablo dijera, "Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo" (1 Cor. 11:1). Dijo Pablo a los corintios (1 Cor. 4:16, 17), "Por tanto, os ruego que me imitéis. Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias". Dijo a los filipenses (Fil. 4:9), "Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros".

    1. Imitamos a los apóstoles, pues, al escoger ancianos en cada congregación (Hech. 14:23) cuando hay hermanos califi­cados (1 Tim. 3:1-7; Tito 1:5-9), al partir el pan el primer día de la semana (Hech. 20:7), al enviar la iglesia ayuda económica di­rectamente al predicador (Fil. 4:15, 16) o a los hermanos nece­sitados (Hech. 11:27-30), al enviar varias iglesias ayuda económica directamente al predicador (2 Cor. 11:8) o a los hermanos necesitados (Rom. 15:25, 26; 1 Cor. 16:1-4), en fin, seguimos el ejemplo apostólico en la obra evangelística y benévola como también en la obra de edificar a los miembros.

    2. Al examinar los ejemplos de los apóstoles se puede ver que éstos no establecieron "iglesias patrocinadoras" ni esco­gieron "ancianos patrocinadores", es decir, no instruyeron a las iglesias a que debieran enviar dinero a una iglesia central ("patrocinadora") para que ésta se encargara de la obra evan­gelística o benévola de muchas iglesias.

    3. Cristo y sus apóstoles no entregaron mandamientos para autorizar tales instituciones; por lo tanto, no son auto­rizadas por mandamiento. Cristo y sus apóstoles no fundaron escuelas, institutos, hospitales, asilos para niños y ancianos; por lo tanto, no son autorizadas por ejemplo aprobado. No hay textos en las Escrituras del Nuevo Testamento que enseñen implíci­tamente que las iglesias debieran establecer instituciones; por lo tanto, no son autorizadas por inferencia necesaria.

    4. Lo que se afirma arriba (punto número 3) se puede de­cir también acerca de "El centro familiar" establecido por algu­nas congregaciones, con sus salones para cenas y diversión.

  D. El silencio de las Escrituras. Dice 1 Ped. 4:11, "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios". Conviene que todos hablen donde la Biblia habla y que callen donde ésta calle. No conviene saber más de lo que está escrito (1 Cor. 4:6). Dice Heb. 7:14, "Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sa­cerdocio". Hubiera sido ridículo que se dijera, "Pero la ley de Moisés no prohibió que alguno de la tribu de Judá fuera sacer­dote". La ley no lo prohibió en manera explícita, sino por medio del silencio, es decir, por no decir nada acerca de tal cosa. De esta manera sabemos que no es correcto usar instrumentos de música en el culto de la iglesia, porque el Nuevo Testamento no dice nada acerca de tal práctica. Se debe respetar el silencio de las Escrituras. Muchos defienden el uso de instrumentos de música en el culto y su defensa es que "El Nuevo Testamento no lo prohíbe". No lo prohíbe explícitamente; no dice en tantas y cuantas palabras, "El uso de instrumentos de música en el culto está prohibido", pero prohíbe la práctica de la misma manera que Moisés prohibió que los hombres de la tribu de Judá se escogieran para ser sacerdotes, es decir, lo prohibió al no decir nada al respecto. Esta es una inferencia necesaria, es decir, es una conclusión clara e ineludible.

  E. La autorización genérica. Al dar énfasis a la autoridad es­tablecida por mandamiento, ejemplo apostólico o inferencia necesaria, debemos aclarar la diferencia entre la autoridad es­pecífica y la autoridad genérica. (Es necesario razonar y sacar inferencias para distinguir entre la autoridad genérica y la au­toridad específica).

    1. Debemos ir a predicar el evangelio. Este deber se es­pecifica, pero la Biblia no especifica la manera de ir o de viajar y, por eso, tenemos autoridad genérica para ir en automóvil, en tren, en barco, a caballo o a pie. Este mandamiento da margen al uso del juicio individual. Si la Biblia hubiera especificado un solo modo de ir, tendríamos que ir solamente de esa manera.

    2. Debemos reunirnos para alabar a Dios (Heb. 10:25). Tenemos autoridad específica para esto; la Biblia especifica este acto. Pero para reunirnos es necesario algún sitio, y tenemos autoridad genérica para esto, es decir, la iglesia puede reunirse en cualquier sitio que escoja. Puede reunirse en un sitio com­prado, arrendado o prestado. La autoridad para tener cierto sitio en donde reunirse se puede llamar autoridad genérica, puesto que el lugar no se especifica.

    3. Tenemos el mandamiento de cantar himnos (Efes. 5:19; Col. 3:16). La Biblia especifica el cantar. Tenemos autoridad específica para cantar himnos, pero no tenemos autoridad para usar instrumentos de música. El mandamiento de practicar cierta cosa autoriza lo que sea necesario para llevar a cabo el mandamiento. Esta autoridad se puede llamar autoridad genérica, y autoriza, por ejemplo, himnarios que nos ayudan a cantar unidos.

    3. Bautizamos a los creyentes penitentes por autoridad específica. La Biblia especifica este acto. Hay autoridad genérica para bautizar en el río o en un bautisterio; el lugar no importa, sólo que haya suficiente agua.

    4. Tenemos autoridad específica para celebrar la cena del Señor, porque Jesucristo especifica el pan y el fruto de la vid, pero tenemos autoridad genérica para usar copitas para el fruto de la vid. (La palabra "copa" no se refiere al recipiente, sino a su contenido. Véase el estudio sobre esto bajo el encabezado Figuras de Retórica, la metonimia).

    5. Algunos abusan de la autoridad genérica.

      a. Por un lado, algunos son extremistas porque no creen que haya tal cosa. Creen que toda práctica tiene que ser especificada. Por lo tanto, algunos rechazan las clases bíblicas organizadas por la iglesia para niños y jóvenes, diciendo que no hay mandamiento ni ejemplo que las autoricen. Sin embargo, la iglesia es "columna y baluarte de la verdad", y tiene autoridad genérica para emplear los métodos disponibles: el púlpito, las clases, la hoja impresa, la radio y televisión. Todos los miem­bros deben participar en esta obra, tanto mujeres (de acuerdo a 1 Tim. 2:11, 12) como hombres, tanto jóvenes como adultos.

      b. Por el otro lado, los liberales dicen que "la Biblia no dice cómo hacer la obra del Señor" y que tienen autoridad genérica para establecer escuelas, institutos, orfanatos, etc. Según ellos, todas las instituciones y empresas que las iglesias han establecido son simplemente métodos de hacer la obra, pero se engañan solos. La verdad es que tales instituciones subs­tituyen a la iglesia misma; para estas no hay autoridad especifica ni genérica. Recuérdese que al hablar de autoridad genérica decimos que cuando Dios requiere alguna práctica, El autoriza lo que sea necesario para llevar a cabo la práctica.

  G. Nosotros no inventamos la doctrina. Yo puedo sacar una conclusión o inferencia ahora de lo que la Biblia ha enseñado por implicación desde el primer siglo; es decir, la inferencia mía la hice en el año 1992, pero Dios la enseñó por implicación hace más de 1900 años. Dicen algunos que la "inferencia nece­saria" es doctrina humana, pero si alguna inferencia es nece­saria, entonces es doctrina de Dios enseñada por implicación.

    1. No estamos defendiendo toda inferencia humana, sino solamente la inferencia necesaria (lógica, razonable, ineludi­ble). Desde luego, hay muchísimas inferencias que son erró­neas, pero no defendemos ninguna inferencia que no sea nece­saria.

    2. Hace casi 2000 años Dios nos enseñó muchas cosas por implicación, pero ahora en este siglo lo estamos estudiando y sacamos la "inferencia necesaria" de lo que El dijo. Estamos obligados a guardar la enseñanza por implicación entregada por Dios, porque ésta no es enseñanza humana.

    3. Es verdad que Dios requiere que se use el razona­miento humano para entender su voluntad (declaraciones, mandamientos, ejemplos, implicaciones) y los que no quieren razonar no pueden entender la voluntad de Dios para obede­cerla y ser salvos.

    4. Recuérdese que lo que Dios enseña por implicación es la verdad y siempre ha sido la verdad. Nosotros no inventamos la verdad. El razonamiento humano no produjo la verdad.

     H. Los que rechazan la inferencia necesaria destruyen el fun­damento de su propia casa. ¿Dónde dice la Biblia explícitamente que no debemos seguir ejemplos bíblicos e inferencias nece­sarias? Según ellos, solamente podemos aceptar lo que la Biblia dice explícitamente pero la Biblia no dice explícitamente que solamente los mandamientos tienen autoridad. Además todas las conclusiones de estos hermanos son inferencias de ellos (inferencias humanas); por lo tanto, según su propio argu­mento, todas las ideas de ellos deben ser rechazadas.

VIII. Se aprenden muchas enseñanzas por medio de la inferen­cia necesaria. De lo que la Biblia dice se puede sacar las siguien­tes inferencias necesarias:

  A. Que en varios textos los términos "iglesia" y "reino" se re­fieren a la misma cosa. La Biblia no lo afirma en tantas y cuan­tas palabras (no lo dice explícitamente), pero Cristo es la Cabeza de la iglesia y el Rey del reino, la cena del Señor está en la iglesia y está en el reino, la entrada en la iglesia o en el reino requiere los mismos pasos de obediencia (el obediente se añade a la iglesia y se traslada al reino), Dios tiene una sola casa (no tiene una casa llamada iglesia y otra casa llamada reino), hay un solo cuerpo (el cuerpo es la iglesia y Cristo no tiene otro cuerpo llamado reino, pues no es un monstruo). La conclusión, pues, es ineludible: la iglesia es el reino, porque si no lo es, entonces el reino no se ha establecido todavía, conclusión que contradice todo lo que la Biblia dice acerca del reino. Observamos y anali­zamos todos estos detalles y concluimos (sacamos la conse­cuencia o la inferencia) de que la iglesia es el reino y que en muchos textos los términos "iglesia" y "reino" se refieren a la misma cosa. Es una inferencia necesaria. Otras inferencias no son necesarias, sino erróneas.

  B. Que la iglesia o el reino se estableció el día de Pentecostés. La Biblia no afirma esto en tantas y cuantas palabras, pero es otra conclusión ineludible. Jesús había dicho (Mat. 16:18), "Edificaré mi iglesia"; por eso, en aquel tiempo no existía to­davía. Algunos manuscritos dicen (como dice nuestra versión) que en el día de Pentecostés los obedientes fueron añadidos a la iglesia (Hech. 2:47), y a través del resto del Nuevo Testa­mento se habla de la iglesia como una realidad. Además, varios textos apuntan claramente al establecimiento del reino en el día de Pentecostés (Mar. 9:1, el reino vendría con poder durante la vida de esos oyentes; Luc. 23:51, José esperaba el reino; Luc. 24:49, los apóstoles recibirían poder; Hech. 1:5, 8; 2:1-4. El reino vino cuando el poder del Espíritu Santo vino). Llegamos a esta conclusión usando el razonamiento humano, pero es una inferencia necesaria y, por lo tanto, no es sabiduría humana. Más bien, es lo que la Biblia dice, aunque no lo dice explícita­mente (en tantas y cuantas palabras).

 

  C. Que se debe celebrar la cena del Señor cada domingo. Hech. 20:7 dice que los discípulos se reunieron el primer día de la semana para partir el pan. No hay texto que diga que lo hicieron cada primer día de la semana, pero este texto es el único que nos dice cuándo debemos celebrar la cena. Es el único que contesta la pregunta lógica y necesaria: "¿Cuándo debemos celebrar la cena del Señor?" El Señor no instituyó la cena sin decirnos cuándo celebrarla. Hech. 20:7 es el texto que nos lo dice. Es el único, pero un solo texto es suficiente. Ade­más, el apóstol Pablo estuvo presente y predicó en esa ocasión. Tenemos, pues, un ejemplo apostólico de participar de la mesa del Señor el primer día de la semana y cada semana tiene su primer día. El mandamiento dado a los israelitas, "Acuérdate del día de reposo para santificarlo" (Ex. 20:8) no dice, "Acuérdate del día de reposo cada semana".

  D. Que los juegos de azar -- incluyendo la lotería -- son pecado.

    1. La Biblia no habla explícitamente de las apuestas o los juegos de azar, pero la Biblia sí nos explica las tres maneras de que se gana o se recibe legítimamente el dinero u otras cosas de valor, es decir, por medio de trabajar, por medio de la inversión o el negocio, o por medio de recibir algo regalado. Los juegos de azar no caben en ninguna categoría legítima y, por lo tanto, no son legítimos. El que juega espera recibir dinero sin invertir ni trabajar. Quiere ganancia que quita dinero a otro sin recom­pensarle con bienes o servicios. Es, pues, avaricia, la cual es idolatría (Col. 3:5). Este mal es compañero de todas las obras de la carne. Dice Gál. 5:19-21, "... y cosas semejantes a estas". Al examinar este tema, es fácil concluir (deducir, inferir) que es pecado participar en tales actividades.

    2. Por la inferencia necesaria, pues, sabemos que la Biblia condena esta práctica, aunque la Biblia no habla explícitamente de ella, porque: (1) los que participan en los juegos de azar, etc., son motivados por la avaricia; (2) esta actividad se puede clasificar como "robo" en el sentido en que el duelo se puede clasificar como homicidio; en los dos casos hay consentimiento mutuo entre los involucrados; (3) los juegos de azar destruyen el respeto por el plan  de Dios respecto a ganar o recibir dinero; (4) son una violación del mandamiento de amar, porque el que ama al prójimo no quiere quitarle sus posesiones sin recompensarle; (5) esta actividad esclaviza; como hay dro­gadictos también hay muchos juego adictos; (6) causan mucho tropiezo; (7) involucran a los participantes con malas com­pañías (1  Cor. 15:33); (8) su fruto es corrupto (Mat. 7:17-19). Si estudiamos bien la cuestión de los juegos de azar y las apues­tas en general, y analizamos las enseñanzas bíblicas rela­cionadas con ella, ¿qué consecuencia o inferencia sacaremos del estudio? ¿qué será la inferencia necesaria del estudio? La inferencia necesaria es que los juegos de azar y el apostar son actividades pecaminosas. La Biblia enseña esto por implicación.

 

  E. Que el baile es pecado. Si examinamos los términos em­pleados por Pablo en Gál. 5:19-21 y textos semejantes, veremos que algunos de ellos describen el baile. Por ejemplo, dice el léxico del Sr. Thayer que la palabra "lascivia" significa, entre otras cosas, "los movimientos indecentes del cuerpo; el manoseo incasto de hombres y mujeres". Estas definiciones des­criben precisamente los bailes modernos. El estudiante sincero sacará la inferencia obvia y lógica (por eso, inferencia nece­saria) de que el cristiano debe evitar y abstenerse del baile, porque Pablo dice, "absteneos de toda especie (forma) de mal" (1 Tes. 5: 22).

La llamada "Nueva hermenéutica"

 (Compárese la llamada Nueva moralidad que no es nueva ni moralidad; la Nueva hermenéutica no es nueva ni hermenéutica, sino simplemente otra manera de rechazar la autoridad bíblica).

I. Los que promueven la "Nueva hermenéutica" son enemigos de la autoridad del Nuevo Testamento.

  A. Dicen que la iglesia primitiva no tenía el Nuevo Testamento, porque -- según ellos -- éste no existió en su forma completa hasta el siglo cuarto cuando los veintisiete libros fueron escogi­dos como canónicos por los "padres de la iglesia". Según esto la iglesia primitiva no tenía el Nuevo Testamento y que, por lo tanto, no había autoridad apostólica en la iglesia. Dicen que muchas cosas del Nuevo Testamento discutidas hoy en día ni siquiera existieron en el primer siglo.

    1. Estos olvidan que Jesús prometió que el Espíritu Santo iba a guiar a los apóstoles a toda la verdad (Juan 14:26; 16:13); es decir, durante la vida de éstos toda la verdad fue entregada.

    2. El Nuevo Testamento fue escrito en el primer siglo por hombres inspirados. Es absurdo afirmar que no existió hasta a fines del cuarto siglo.

    3. 1 Jn. 2:20, 27, "Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas... Pero la unción que vosotros recibis­teis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha en­señado, permaneced en él". ¿Los hombres inspirados del primer siglo no podían saber cuáles libros y cartas deberían in­cluirse en las Escrituras? Dice Juan que sabían todas las cosas. ¿Debemos tener más confianza en los llamados "padres" de la iglesia apóstata que en los hombres inspirados del primer siglo?

    4. Véanse también 2 Tim. 3:16, 17; 2 Ped. 1:3; Judas 3.

    5. Por lo tanto, la iglesia del primer siglo sí tenía el Nuevo Testamento unos 1900 años antes que nosotros, y era el mismo Nuevo Testamento que tenemos nosotros. Desde luego, la autoridad del Nuevo Testamento es la misma en todo siglo. La autoridad divina se estableció y se reconoció por medio de declaraciones, mandamientos, ejemplos y enseñanza por impli­cación.

  B. El origen del problema. Es importante entender que la "nueva hermenéutica" es el fruto natural del liberalismo de los años '50 y '60, cuando nacieron tantas instituciones iglesia de Cristo e iglesias patrocinadoras. Los hermanos liberales in­sistían en que "no hay patrón bíblico", "la Biblia no dice cómo hacer la obra benévola o evangelística", etc. No querían aceptar la enseñanza bíblica con respecto al gobierno y obra de la igle­sia. Los "hijos" de esos hermanos liberales han ido más allá, di­ciendo que la Biblia no es en ningún sentido un "plano" para la iglesia, que no es una "constitución", que no es un "libro de leyes", etc.

  C. Estos intérpretes modernos quieren mucho más libertad que la de sus padres, porque no solamente quieren más libertad en cuanto a la obra de la iglesia, sino también son ultraliberales y tolerantes con respecto a otras prácticas sectarias y cosas mundanas: por ejemplo, el uso de instrumentos de música en el culto, el divorcio y segundas nupcias, el aborto, el papel de la mujer en la iglesia (muchos insisten en que la mujer debe tener parte pública en los servicios), y aun la homosexualidad.

  D. Es obvio, pues, que el problema verdadero es que estos hermanos quieren estar libres de las demandas de la autoridad bíblica. Para ellos no hay patrón bíblico. Creen que la Biblia solamente hace sugerencias generales, y que hay libertad para aplicarla según las circunstancias. Quieren una "religión subje­tiva", una religión en la cual se halla justificación para matrimo­nios múltiples, el liderazgo de las mujeres en la iglesia, el uso de instrumentos de música en el culto y muchos otros errores.

II. Dicen que lo que importa son las verdades "fundamentales" (la existencia de Dios, la Deidad de Cristo, el nuevo nacimiento).

  A. Rom. 1:19-22 dice que las cosas invisibles de Dios se ha­cen claramente visibles por medio de las cosas hechas; los hombres deben razonar acerca de esto y creer en Dios, pero sus razonamientos son vanos y hacen ídolos.

 

  B. También los hombres deben razonar acerca de las señales de Jesús y concluir que El vino de Dios (Jn. 3:2; 20:30, 31).

 

  C. En cuanto al nuevo nacimiento, Juan 3:5 no dice explíci­tamente que el nuevo nacimiento incluye el bautismo. Esto no se enseña explícitamente, sino por implicación.

  D. Entonces, ¿cómo llegan a creer en las verdades funda­mentales estos modernistas que rechazan la inferencia nece­saria? Tienen que emplear la inferencia necesaria.

III. Muchos hermanos liberales dicen que hay autoridad sola­mente en los mandamientos. Pero ¿en cuáles? Se requiere la inferencia necesaria para saber. ¿Debemos construir un arca? ¿ofrecer el hijo? ¿ofrecer animales? ¿no predicar a los gentiles? Hay muchísimos mandamientos. ¿Cuáles son para nosotros? ¿Está el nombre de alguno de estos hermanos en la Biblia?

IV. Afirman estos hermanos que para tener unidad necesita­mos una "nueva hermenéutica". Hablan de la mucha división en la iglesia, concluyen que es imposible que todos entiendan la Biblia de la misma manera y creen que ellos pueden resolver el problema. Creen que "el amor" es la única base de la unidad y que la "doctrina" no tiene nada que ver con la unidad.

V. Según la "Nueva hermenéutica" la verdad no es absoluta, sino relativa. Estos hermanos han caído en el error de enseñar "la verdad existencial", es decir, que la verdad se basa en la ex­periencia de cada persona. Creen que cuando el texto bíblico tiene efecto sobre una persona (en el contexto de sus experien­cias y necesidades), el resultado es la verdad para él. Obviamente lo que ellos llaman "la verdad" no es la verdad absoluta de las Escrituras, porque será diferente en el caso de cada individuo.

VI. Creen que la Biblia es un libro de "cartas de amor", que no son declaraciones autoritarias y no establecen ningún patrón de obediencia. Estos hermanos enfatizan mucho la idea de que la Biblia no es un plano, ni un patrón que seguir, ni un código es­crito, ni una constitución, ni un sistema legal. Dicen que hay mucha diferencia entre una carta de amor y un plano o patrón. Dicen enfáticamente que las Escrituras del Nuevo Testamento no son una ley.

VII. Dicen que debemos concentrarnos en formar una relación con Dios, con Cristo y con otros cristianos, y no en los detalles de su palabra. ¡Creen que si estudiamos la palabra de Dios y tratamos de obedecerle, esto nos aleja de Dios y los hermanos! Dicen que lo más importante no es seguir alguna "ley", sino la formación de una relación con Dios, con Cristo y con otros cris­tianos. Preguntamos: ¿es posible formar una relación con Dios, con Cristo y con otros cristianos si no nos interesa la voluntad de Dios expresada en su palabra?

VIII. Dicen que debemos seguir el espíritu y no la letra de la palabra de Dios. Desde luego, este punto no es nada nuevo, porque los sectarios lo han predicado por muchos años. Dicen que los oponentes de Pablo en Corinto se equivocaron en su uso de las Escrituras porque no la leyeron para captar su es­píritu sino su legalismo; dicen que no la leyeron para ver la glo­ria de Dios y que la leyeron con el velo puesto sobre sus ojos. Según este concepto erróneo de 2 Cor. 3:6, no hay nada de ley en las Escrituras del Nuevo Testamento, sino que cada persona debe comprender el "espíritu" de la ley y aplicarla según sus propias ideas y emociones. Estos hermanos son como pericos que imitan a los sectarios. Este uso de 2 Cor. 3:6-18 es una re­presentación completamente falsa de lo que Pablo dice. El llama al nuevo pacto "espíritu" y llama al viejo pacto la "letra" que mata, porque la ley de Moisés condenaba sin proveer un salvador.

 

IX. Usan mal la enseñanza de Rom. 14.

  A. Dicen que Pablo se refiere a cuestiones doctrinales (asuntos de "la fe") cuando en realidad solamente se refiere a los escrúpulos y opiniones que no tenían nada que ver con "la fe". Varios textos hablan de "la fe": Hech. 6:7; Gál. 1:23; 3:25; Judas 3, etc. Esta palabra se refiere al Nuevo Testamento, la ley de Cristo, el evangelio, la voluntad de Dios, la doctrina, la pa­labra, etc.

  B. Rom. 14 se refiere a cuestiones de opinión, y no a cues­tiones de "la fe". No hay declaración, ni mandamiento, ni ejem­plo, ni inferencia necesaria que incluyan a tales cosas en "la fe". Este capítulo no se puede aplicar a los asuntos que se incluyen en la fe: los instrumentos de música corrompen el culto (no son autorizados y son condenados por el silencio de las Escrituras); las instituciones iglesia de Cristo no son autorizadas, porque corrompen la organización y obra de la iglesia (como el instru­mento corrompe el culto); segundas nupcias para el fornicario repudiado no es asunto de opinión, sino de adulterio (léase Rom. 14 -- versículo por versículo -- y verá que no se puede aplicar este texto al adulterio). Tales cuestiones no son asuntos de opinión y Rom. 14 no tiene nada que ver ellos.

   El estudio cuidadoso de la Palabra

I. El entendimiento de la Palabra.

  A. Todos pueden entender la palabra de Dios. Es razonable que Dios, habiéndonos hablado por su Hijo, nos hable en forma comprensible. A través de los siglos los hombres han entendido las instrucciones de Dios. Desde Adán hasta Abraham le en­tendieron. El pueblo de Israel entendió la ley de Moisés. Diaria­mente Cristo enseñaba al pueblo común y los sinceros le entendían. Cristo murió para salvarnos; ¿cómo, pues, nos daría una revelación de su voluntad ininteligible, habiendo sufrido tanto para lograr nuestra salvación?

    1. Dice Pablo en Efes. 3:4, "... leyendo lo cual podéis en­tender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo".

    2. Dice en la misma carta (5:17), "Por tanto, no seáis in­sensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor".

    3. Lo necesario, pues, es que todos imitemos a los de Berea, "pues recibieron la palabra con toda solicitud, escu­driñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así", (Hechos 17:11).

  B. Todos pueden entender la palabra de la misma manera. Desde luego, si todos entendemos la palabra, la entenderemos de la misma manera. No es lógico decir que entendemos la pa­labra y luego agregar que la entendemos de distintas maneras. O la entendemos, o no la entendemos, pero no la entendemos de distintas maneras. No es posible que alguno la entienda de una manera y otro de otra. Insultan a Dios los que dicen que cada persona tiene el derecho de entender, creer y enseñar la palabra a su modo. Nos conviene hacer todo lo posible por estar de acuerdo en nuestro entendimiento y uso de cada texto, porque si no estamos de acuerdo, entonces a alguien le falta en­tendimiento. En tal caso tal vez nadie entiende y todos estamos equivocados, pero si no estamos de acuerdo, es obvio que a al­guien le falta comprensión del texto. Cuando sucede esto, debemos estar dispuestos a seguir estudiando el texto con toda diligencia para que lleguemos a un acuerdo. Desde luego, el hecho de que todos estemos de acuerdo en nuestro uso de cierto texto no es prueba de que tengamos razón, pero si no es­tamos de acuerdo, sabemos que no todos entendemos el texto bajo consideración.

    1. Hay diferentes niveles de comprensión. Debemos re­conocer que los miembros más nuevos no tendrán la misma comprensión de la Palabra que los miembros maduros tienen. Dice Pedro, hablando de los escritos de Pablo, "casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e in­constantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición" (2 Ped. 3:16). Es necesario estudiar la Biblia, porque la verdad no es siempre obvia, sino que es como las piedras preciosas que no siempre están en la superficie de la tierra y, por eso, tienen que ser minadas. La Biblia es una mina de piedras preciosas y todos deben estar dispuestos a "minar" sus tesoros. Por lo tanto, no todos llegan a entender toda en­señanza bíblica al mismo tiempo. Este estudio tendrá mucho que ver con los distintos niveles de comprensión de los hijos de Dios. Si la iglesia crece, siempre habrá hermanos nuevos, recién nacidos, que necesitan de la leche de la palabra (Heb. 5:12, 13), pero al crecer éstos pueden digerir el alimento sólido (Heb. 5:14). Hay hermanos que en cierta forma son "débiles" y de ellos Pablo dice, "Recibid al débil en la fe, pero no para con­tender sobre opiniones" (Rom. 14:1). Debe haber respeto mu­tuo entre hermanos.

    2. Es necesario quitar los impedimentos a la comprensión. Este tratado examina algunos de los impedimentos que es­torban y aun evitan la comprensión de la palabra. La Biblia re­quiere que todos seamos humildes, reconociendo que somos falibles. Ningún hermano debe exaltarse a sí mismo como si fuera un maestro infalible de la palabra. En la actualidad no hay en la iglesia intérpretes infalibles. El "Papa" de Roma no es infalible ni mucho menos cuando habla oficialmente. Al decir que lo es, "se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto" (2 Tes. 2:4). Nuestra súplica es que ningún hermano caiga en semejante error, pensando que su opinión es infalible (Rom. 12:3, 16). "Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso" (Rom. 3:4).

  C. Debemos entender la Palabra. No debemos ser indife­rentes hacia el estudio de toda la Biblia. Todo texto bíblico es importante, porque es la palabra de Dios y, por lo tanto, debe­mos estudiarlo para entenderlo, creerlo y enseñarlo. No hay textos bíblicos que no sean importantes.

II. Debemos estudiar con buena actitud.

  A. Es necesario que todos tengamos la actitud correcta hacia la Palabra, para poder entenderla y aplicarla correctamente. ¡Cuántos textos bíblicos hablan de la actitud correcta! Los que enseñamos debemos leer frecuentemente las cartas que hablan del ministerio de la Palabra, tales como 1 y 2 Timoteo, Tito y 2 Corintios.

  B. Al hablar de la buena actitud, solamente nos referimos a los conceptos bíblicos de la buena actitud. La actitud de cada her­mano debe ser medida por la descripción de la buena actitud en las Escrituras. No tenemos el derecho de condenar la actitud de algún hermano simplemente porque no esté de acuerdo con nosotros. Hay hermanos fieles que no están de acuerdo con otros hermanos fieles en algunas cuestiones de opinión, y no por esto se debe afectar la comunión entre ellos.

    1. Si algún hermano no puede convencerme que la creen­cia de él es la correcta, esto no prueba necesariamente que la actitud mía es mala y la suya es buena. Dos hermanos o varios hermanos podemos estudiar varias cuestiones (por ejemplo, el velo, el atavío de la mujer, el silencio de la mujer en la clase bíblica, la asistencia, etc.) y la actitud de todos puede ser buena, aunque no lleguemos a un acuerdo en estos asuntos.

    2. La buena actitud requiere que sigamos estudiando de manera hermanable, sin juzgar el corazón de los que no están de acuerdo con nosotros en asuntos que no son de "la fe", sino de opinión.

    3. Es posible que algún hermano tenga buena actitud con respecto a algunos asuntos y mala actitud con respecto a otros. Es posible ser sincero y al mismo tiempo estar equivocado.

  C. Todo ser humano es el "producto" de muchas influencias que han afectado su modo de razonar y pensar. La opinión que cada hermano tenga acerca de cierto asunto es el resultado de varias cosas que han influido en su vida: la cultura, la educación (tanto en el hogar como en la escuela; también la falta de edu­cación), las amistades, etcétera. Cada individuo es el producto de lo que pensaron sus padres, parientes, amigos y por con­siguiente, de lo que él piensa. Sus pensamientos y su modo de pensar se han forjado a través de los años, y por medio de muchas influencias.

    1. Algún hermano que dice ser "fuerte" tendrá a veces un prejuicio "fuerte" y a la vez negará que lo tenga. Este caso es como la broma del hombre que dice con mucho énfasis, "Hay dos cosas que no aguanto: los (nombrando cierta raza) y el prejuicio".

    2. El corazón es engañoso. Cada persona puede con­vencerse de que su actitud es sana y que su corazón es puro, pero es necesario recordar que cualquier persona se puede en­gañar sola. Dice Jer. 17:9, 10, "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras".

    3. Uno de los impedimentos más serios de la obra del Señor es que algunos hermanos no quieren reconocer que tienen prejuicios. Creen que están defendiendo la verdad cuando en realidad están defendiendo sus opiniones, pre­juicios de cultura, conceptos que tenían cuando estaban en el pentecostalismo, etcétera.

  D. Por lo tanto, es necesario ser humilde y objetivo. Para es­tar seguro que el corazón es puro y que la actitud es buena, es necesario examinar el corazón a la luz de las Escrituras. Este tratado tiene que ver con el entendimiento y el uso correcto de las Escrituras, pero es imposible entender la Palabra y usarla bien si el corazón no es limpio. Los que no son humildes y obje­tivos no vencerán sus prejuicios, y no podrán entender y usar bien la Palabra, sino que seguirán usándola mal para promover sus prejuicios y para sembrar discordia entre her­manos. El entendimiento y el uso correctos de la Palabra re­quieren una mente abierta, una actitud objetiva -- libre de pre­juicios -- y también una actitud correcta hacia los hermanos. Esto requiere la crucifixión del egoísmo. El hermano que tiene un concepto más alto de sí mismo que el que debe tener (Rom. 12:3), debe arrepentirse y abandonar esa actitud y reconocer que también otros hermanos fieles y conservadores son capaces de entender la Palabra.

  E. Según el texto ya citado (Jer. 17:9, 10), la verdadera condi­ción del corazón es "según el fruto de sus obras". Si algún her­mano cree que tiene buena actitud, su práctica debe manifes­tarla. Debe haber consecuencia entre la profesión y la práctica. Si alguno causa inquietudes en la congregación por causa de cuestiones de opinión, "el fruto de sus obras" dice que su corazón le ha engañado, y que su actitud no es buena como se supone. No debe haber nada de división o desavenencia en congregación alguna por causa de asuntos de opinión.

    1. Si algún hermano (o algún grupo de hermanos) impone requisitos y prohibiciones humanos sobre las hermanas, (por ejemplo, que no se puede usar nada de joyería, que no se puede usar nada de maquillaje, que no se puede cortar y arreglar el cabello, que nunca puede llevar pantalón de ninguna clase, que no se puede hablar en la clase bíblica si hay varones presentes, que se tiene que cubrirse al orar, que no se puede trabajar fuera de la casa, que peca si se casa con incrédulo, etc.), entonces "el fruto de sus obras" será la desavenencia, la división y el distanciamiento de her­manos.

    2. Desde luego, tal predicador o maestro no tiene buena actitud, porque la persona que promueve la división no tiene buena actitud. Tampoco tienen buena actitud los miembros que se someten a tales reglamentos humanos. Los que se sujetan a tales maestros "para evitar problemas" ("porque de otro modo el hermano se enoja") no tienen buena actitud, porque Pablo dice, "Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres" (1 Cor. 7:23). Tal actitud es puro conformismo, y es sujeción a la regimentación humana.

    3. Tener buena actitud significa tener la disposición de es­cudriñar las Escrituras como los de Berea, para aprender la voluntad de Dios (Hech. 17:11), y no la voluntad de los hombres. Todos reconocemos que los de afuera, los que todavía no han obedecido al evangelio, deben tener esta actitud, pero parece que algunos hermanos creen que después de bautizarse, en lu­gar de estudiar la Biblia y pensar por sí mismos, deben sujetarse a las opiniones del predicador de la congregación de la cual son miembros.

III. El verdadero significado del texto.

  A. Nuestra tarea inicial siempre es la de estudiar detenida­mente el texto bajo consideración para entender precisamente lo que significa. Debemos estudiar cada palabra, cada frase, el contexto, textos paralelos y relacionados, para comprender su verdadero significado.

     B. El contexto.

    1. Muchísimos textos no se pueden entender si no se estu­dian en su contexto, porque aislados o sacados fuera de su con­texto, pueden tener otro significado que no sea su significado dentro de su contexto. La comprensión de cualquier documento requiere que el lector examine toda palabra y toda frase a la luz de las palabras anteriores y subsecuentes. Cada palabra y cada frase debe estudiarse en su contexto o conjunto. Los críticos de la Biblia se burlan diciendo que todos pueden "probar" su doc­trina con la Biblia, por más que se contradigan. Esta acusación es correcta si la interpretación de cada quien hace caso omiso del contexto. De esta manera todos pueden llegar a la con­clusión que está de acuerdo con su prejuicio.

    2. Esto es precisamente lo que hacen los sectarios. Por ejemplo, dicen que Hech. 16:30, 31 enseña la salvación por la fe sola (sin tomar en cuenta los vers. 32-34); dicen que 1 Cor. 1:17 no es parte alguna del evangelio (sin tomar en cuenta 1 Cor. 12:13; Hech. 18:8; Rom. 6:4, etc.); dicen que 1 Cor. 15:29 en­seña que se puede bautizar por el ser querido que murió sin bautizarse (sin observar que todo el capítulo trata de la re­surrección y de las consecuencias de negarla); citan Mat. 24:6, 7 sin tomar en cuenta la destrucción de Jerusalén; citan Apoc. 20:4 para probar que Cristo reinará mil años sobre la tierra (sin tomar en cuenta que Apoc. 20 no menciona la segunda venida de Cristo, la resurrección del cuerpo, un reino terrenal, un trono literal, Jerusalén, Palestina, nosotros ni otros esenciales de la teoría); la explicación sectaria de Hech. 3:21 no toma en cuenta los versículos 18, 24 y 26 que enseñan claramente que todos los profetas hablaron de los eventos de "estos días" (en que los apóstoles predicaban); muchos sectarios (y hasta her­manos) hablan del "hombre natural" de 1 Cor. 2:14 sin tomar en cuenta el contexto en que Pablo nos hace ver que el hombre natural es el hombre sin revelación y que el hombre espiritual es el hombre con revelación. El que no toma en cuenta el contexto comete sui­cidio espiritual.

    3. La palabra "fe" tiene que estudiarse en su contexto, porque tiene varias definiciones: (1) confianza, 1 Cor. 2:5; (2) fidelidad, Rom. 3:3; (3) lo que es creído, el evangelio, Gál. 1:23; 3:25; Judas 3, etc.; (4) certeza, Hech. 17:31; (5) una prenda de fidelidad, 1 Tim. 5:12; (5) conciencia, Rom. 14:23. Esta palabra y muchas otras tienen que estudiarse en su contexto para saber su significado.

    4. Mat. 5:48, "sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". Ha habido mucha dis­cusión de este texto y muchas "explicaciones" se han dado sin tomar en cuenta el contexto. ¿De qué habla Jesús? Del amor imperfecto (amar y saludar solamente a los que le aman y salu­dan) contrastado con el perfecto amor de Dios. Debemos ser perfectos en amor, es decir, nuestro amor debe ser completo; debemos amar aun a los enemigos.

    5. El único libro de la Biblia que tiene versículos des­conectados los unos de los otros es el de Proverbios, porque la naturaleza de proverbios requiere que cada proverbio sea in­dependiente. Pero es indispensable que dejemos que la Biblia se explique sola y, por lo tanto, el contexto es de suma impor­tancia.

  C. Textos paralelos o relacionados (el contexto remoto).

    1. Se puede considerar que son el contexto remoto de cierto pasaje todos los textos que hablan del mismo tema. Los versículos antecedentes y siguientes de un texto son el contexto inmediato o contiguo, pero todos los textos de la Biblia que hablan del mismo tema son el contexto remoto. Por ejemplo, todo texto que habla del bautismo es una parte del contexto de Mar. 16:16. No se debe formular una creencia acerca del bautismo sin leer y estudiar todos los textos sobre el tema. Es necesario comparar texto con texto, dejando que la Biblia se in­terprete sola. No es posible entender la carta a los Hebreos sin estudiar el libro de Levítico. El estudio de los libros apocalípti­cos del Antiguo Testamento (tales como Ezequiel, Daniel y Zacarías) ayuda mucho para que se comprenda el Apocalipsis. Si se quiere entender mejor algún texto difícil en el Nuevo Testamento, se debe recordar que el conocimiento ge­neral de la Biblia puede ayudar.

    2. Algunos ejemplos de textos paralelos: Efes. 5:19 - Col. 3:16; 2 Cor. 6:14 - Efes. 5:11; Mat. 24- Mar. 13 - Luc. 17:20-37 - Luc. 21; Mat. 28:18-20 - Mar. 16: 15,16 - Luc. 24:46,47, etc.

     D. El significado de palabras.

    1. Dios nos reveló su divina voluntad para que la en­tendiéramos y no para confundirnos. El quiere que seamos salvos (1 Tim. 2:4; 2 Ped. 3:9), y nos manda que no seamos "insensatos sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor" (Efes. 5:17). Pero es necesario estudiar. Los traductores fieles de la Biblia nos han hecho un servicio sumamente valioso al darnos la palabra de Dios en nuestro propio idioma. Han tra­bajado diligentemente para traducir las palabras hebreas y grie­gas al castellano. También podemos valernos de léxicos, gramáticas, etc., para consultas adicionales. No hay una sola versión española o inglesa sino varias, y es importante com­pararlas unas con otras en el estudio. Debemos determinar el significado de una palabra, no solamente por su etimología (significado radical), sino también por su uso. Los "testigos" y otros insisten en usar varios términos solamente en su forma radical; por ejemplo, las palabras "espíritu", "alma", "presencia", etc.

    2. Pero el significado de una palabra no se determina so­lamente por su origen, sino también por su uso, es decir, por el desarrollo de su significado a través de los años. Debemos pre­guntar, "¿qué significaba esta palabra que estudiamos cuando Jesús y los apóstoles la usaban?" Esto es muy importante. Según su uso en el Nuevo Testamento, vemos que la palabra "fe" puede significar la fe subjetiva (la fe o la creencia de al­guno), la fe objetiva (el evangelio, la cosa creída), la fidelidad, la convicción (Rom. 14:22), y la confirmación (Hech. 17:31). El contexto dirá cuál es su significado en el versículo bajo consi­deración. Originalmente la palabra psallo abarcaba la idea tanto de tocar como de cantar, pero tuvo cambio de significado, y cuando se usó en el Nuevo Testamento ya había perdido el significado de tocar y solamente significaba "cantar". Con estos ejemplos ilustramos la necesidad de estudiar a fondo el significado verdadero de las palabras. La versión Valera revisada (de 1960) es una versión muy buena, y se puede usar con confianza, pero no es infalible. El prejuicio de los traductores se puede observar a veces en cualquier versión, mayormente en los encabezados (por ejem­plo, Rom. 11:25, "La restauración de Israel"; Tito 1:5, "Requisitos de ancianos y obispos"). También hay variación en­tre los manuscritos y, por eso, es recomendable que siempre se comparen las varias versiones. La versión hispano-ameri­cana y La Biblia de las Américas" son versiones muy con­fiables.

    3. El griego del Nuevo Testamento se llama el "koiné". Gracias a Dios que aunque las palabras del Nuevo Testamento tienen que estudiarse a la luz de su uso, tomando en cuenta el proceso de su desarrollo, el lenguaje en que fue escrito no siguió usándose a través de los siglos y, por lo tanto, no siguió desarrollando cambios. Las palabras del Nuevo Testamento significan hoy lo que significaron en el siglo primero, porque el griego "koiné" (el griego común del pueblo de aquel entonces) es idioma "muerto". Fue conservado ("congelado") en su forma original. Nosotros y todos hasta el fin del mundo podemos es­tudiar el lenguaje del Nuevo Testamento sin ningún temor, pues no tuvo ni tendrá cambios de año en año. Existe en nues­tros días el griego clásico, pero debe entenderse que el griego clásico moderno no es el griego del Nuevo Testamento.

  E. El orden de las palabras. Véase Juan 1:1.

    1. Los "testigos" enseñan que Cristo es un ser creado, "un dios" (un ángel). La versión del nuevo mundo, una versión totalmente sectaria publicada por los "testigos", dice en Jn. 1:1, "Y el verbo era un dios", en lugar de "y el Verbo era Dios". El griego dice, "Y Dios era el Verbo", poniendo el predicado nomi­nativo primero para darle mas énfasis. Este orden de palabras es una característica del griego y es importante observarlo para captar su significado. Por ejemplo, en 1 Cor. 3:9 la palabra "Dios" es la primera palabra de las tres frases de este texto; este orden de palabras tiene el propósito de dar énfasis al pen­samiento de que los apóstoles y sus ayudantes no eran "señores", sino simplemente ministros.

    2. Los "testigos" enseñan que hay dos dioses, un Dios Todopoderoso (Jehová), y un  dios inferior (Cristo). Esto es politeísmo, cosa considerada sumamente blasfema por los judíos y por los cristianos. Dicen los "testigos" que la ausencia del artículo definido prueba que la palabra theos debe tra­ducirse "un dios"; pero en el mismo capítulo, en los versículos 6 y 12, aparece la palabra theos sin artículo definido y no la tra­ducen "un dios". Son inconsecuentes y arbitrarios. Ellos son un buen ejemplo de los que tuercen las Escrituras por no estudiar los modismos, las formas gramaticales, etc., del lenguaje origi­nal, o habiéndolos estudiado, los ignoran.

    3. Juan 1:1 es paralelo con Jn. 19:21, "Rey de los judíos soy". La versión del nuevo mundo no lo traduce, "soy un rey de los judíos". Dicen que Jn. 1:1 es paralelo con Hech. 28:6, "dijeron que era un dios", pero no son paralelos porque el or­den de las palabras no es igual, es decir, la posición del predi­cado nominativo, que hace tanta diferencia en la frase, no es la misma en los dos textos.

 

  F. El estudio subjetivo.

    1. Uno de los peligros mas grandes que confrontamos como estudiantes de la palabra es el de no ser guiados por la palabra objetiva, sino por las impresiones subjetivas. El estudio bíblico tiene como su fin o propósito el descubrimiento de la mente revelada de Dios. Dice Pablo en 1 Cor. 2:9-13, "Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual". Esto sig­nifica que la mente humana nunca hubiera originado el evan­gelio. Es exclusivamente la revelación de Dios, entregada a la humanidad por los apóstoles inspirados. Es totalmente imposi­ble conocer la mente de Dios por medio de la intuición hu­mana. No hay conocimiento infuso que proceda de Dios, aunque hay gran difusión de esta enseñanza que procede del diablo. El "hombre natural" (ver. 14) es el hombre sin re­velación que no puede comprender las cosas de Dios, mientras que el espiritual es el conoce a Dios por medio de la revelación.

    2. Me parece. Tengamos siempre cuidado de los "me parece", "yo creo", "yo pienso", "se me hace", etc. Lo que a nosotros nos parece correcto o incorrecto no es necesariamente lo que la Biblia enseña. Muchas veces las cosas no son lo que parecen ser. Bien aplicamos Isa. 55:8, 9 a los sectarios, pero Dios habló a su propio pueblo cuando dijo, "Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos ..." No debemos acercarnos al estudio de ningún texto con ideas preconcebidas, ya sabiendo de antemano "mas o menos" lo que significa. Los conceptos nuestros de la justicia, la santidad, la piedad como también de la mundanalidad, los adquirimos no solamente a través de la Biblia sino también los heredamos de los padres (y parientes), y cada día nuestra asociación con una variedad de personas que nos rodean puede afectar estos con­ceptos. Las costumbres, las ideas populares de las religiones prevalecientes, lo que se tolera o no, lo que se permite o no, in­fluyen mucho en el proceso de nuestro razonamiento. Es muy fácil confundir esta multiplicidad de pensamientos con lo que en realidad la Biblia enseña. La Biblia se lee todos los días a través de los lentes de estos conceptos. Es muy difícil ser obje­tivos en nuestro estudio bíblico. Es muy fácil ser subjetivos y dar más énfasis a nuestro parecer que a lo que la palabra de Dios dice.

    3. De pasta a pasta la Biblia enseña... A veces algún her­mano estará demasiado seguro de su creencia, afirmando que la Biblia la enseña "de pasta a pasta", que es un "principio bíblico", o un "principio eterno", que esto es algo "conocido por todos", etcétera. Algunos están demasiado confiados en sus creencias; las pueden ver en casi cada página de la Biblia. Di­cen que "el tenor" de las Escrituras las enseña. Esta actitud ilus­tra el peligro de generalizar la verdad. Es otra expresión de la "religión subjetiva". Este concepto es "primo hermano" del otro que dice que la Biblia es un libro que revela verdades generales, y que cada quien tiene la libertad de llegar a sus propias creen­cias y aplicar la palabra a su modo.

    4. ¿Cómo revela Dios su voluntad? Conviene repetir lo que ya se explicó: (1) por medio de una declaración clara y ex­plícita; (2) por medio de mandamientos explícitos; (3) por medio de ejemplos apostólicos aprobados; y (4) por medio de la implicación, de la cual se saca una inferencia necesaria. Además, se debe respetar el silencio de las Escrituras. Si alguna creencia o enseñanza es bíblica, se revela en una o más de estas formas y podemos encontrarla en ciertos libros, capítulos y ver­sículos bíblicos. Si algo es un "principio bíblico", si coincide "con el tenor de la Biblia", si se enseña "de pasta a pasta" en la Bi­blia, entonces podemos concretarlo con citas bíblicas. La verdad no es abstracta o vaga. ¡Toda verdad que proviene de Dios se puede presentar en una proposición clara!

 

  F. ¿Qué "dice" la Biblia, pues? "Dice" lo que concuerda con el significado de las palabras y expresiones usadas como se usa­ban y se entendían en aquel tiempo. No siempre "dice" la Biblia lo que las palabras dicen cuando se traducen literalmente al idioma nuestro. Por ejemplo, "Si alguno viene a mí, y no abo­rrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y her­manas, y aun también su propia vida, no puede ser mi dis­cípulo" (Luc. 14:26). ¿"Dice" la Biblia que debemos aborrecer a la familia? Lo "dice", pero según el significado de la palabra "aborrecer" según el entendimiento de los judíos, y como se ex­plica en Mat. 10:37: que el que ama a su familia más que a Cristo, no puede ser su discípulo.

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Lenguaje figurado

 Figuras de retórica o de construcción.

I. Introducción.

  A. Jesús dijo (Juan 16:25), "Estas cosas os he hablado en ale­gorías" ("lenguaje figurado", La Biblia de las Américas). Las fi­guras son como ornamentos que embellecen la expresión bíblica. Se usan para dar más énfasis y más fuerza al lenguaje. Muchas de las figuras de la Biblia son las que se encuentran en otros idiomas, pero algunas son peculiares al lenguaje bíblico. El inglés usa figuras y modismos que no tienen el mismo sentido en castellano y el castellano usa figuras y modismos que no tienen el mismo sentido en inglés. De la misma manera la Biblia usa figuras y modismos que no tienen el mismo sentido en otros idiomas. Por lo tanto, tales figuras y modismos requieren mu­cho estudio.

     B. Hay muchos ejemplos del lenguaje figurado en las Escri­turas.  Como todo lector de la Biblia sabe, Jesús y los apóstoles usaron mucho el lenguaje figurado. Dice Marcos 4:34, "Y sin parábolas no les hablaba". En este tratado examinaremos varias figuras: la símil, la similitud, la alegoría, la metáfora, la metonimia, etc. También los "hebraísmos" o "modismos ju­daicos", desconocidos en los idiomas nuestros, son lenguaje fi­gurado. Si queremos usar bien la palabra, debemos entender que el lenguaje figurado no siempre "dice" lo que parece decir en español.

  C. Por lo tanto, es necesario estudiar el lenguaje figurado con mucho cuidado. Recordemos que el Antiguo Testamento abunda en tipos, sombras y figuras (Heb. 8:5). Muchos entien­den mal la naturaleza del Antiguo Testamento por no recono­cer lo típico de la ley de Moisés. Otros no "usan bien" las parábolas de Jesús. El no entender el lenguaje figurado impide mucho la comprensión de la Palabra y resulta en creencias y prácticas erróneas. El lenguaje figurado no expresa una idea explícitamente (en tantas y cuantas palabras), sino implícita­mente (implica o sugiere indirectamente el significado). El oyente o lector tiene que pensar, razonar y deducir o inferir el sig­nificado, y su deducción debe ser una inferencia necesaria y no arbitraria. El clero romano interpreta mal 2 Ped. 1:20 ("ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada") diciendo que la gente no puede entender la Escritura, pero el siguiente versículo dice, "porque nunca la profecía fue traída por volun­tad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo"; es decir, Pedro no dice que la gente no puede interpretar la Escritura, sino que el ori­gen de la Escritura no es humano sino divino, que no procede del pensamiento humano.

  D. En este tratado examinaremos algunos abusos del lenguaje figurado. Por ejemplo, dijo Jesús (Jn. 2:19), "Destruid este tem­plo, y en tres días lo levantaré". El ver. 21 dice, "Mas él hablaba del templo de su cuerpo", pero los falsos testigos dijeron, "Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedifi­carlo" (Mat. 26:61). Esto demuestra el abuso del lenguaje figu­rado. De la misma manera muchos maestros religiosos, y hasta hermanos en Cristo han abusado del lenguaje figurado; por ejemplo, hay hermanos que enseñan que se debe usar una sola copa en la cena del Señor porque Mat. 26:27 habla de "la copa". Estos también entienden mal el lenguaje figurado, porque la palabra "copa" no se refiere al recipiente, sino al "fruto de la vid" (Mat. 26:29). Por lo tanto, es necesario estudiar con cuidado el lenguaje figurado.

  E. ¿Cómo se puede saber que cierto texto usa lenguaje figu­rado? (1) Si el texto dice que es lenguaje figurado, Juan 16:25; Mar. 4:34; Gál. 4:24; 2 Ped. 2:22, etc.; (2) si el sentido del con­texto lo indica; (3) si el significado literal indica una imposibili­dad; (4) si el sentido literal contradice otro texto; (5) sobre todo, por medio del uso del sentido común se reconoce el lenguaje figurado, porque lo usamos todo el tiempo en nuestro propio idioma.

  F. A veces se usa una figura pero no toda palabra en el texto es figurada. Por ejemplo, 1 Cor. 10:4, "roca espiritual" es figura pero Cristo es literal. En 1 Ped. 3:20, 21, la salvación de Noé y su casa por agua es figura de nuestra salvación por el bautismo, pero el agua en los dos casos es agua literal, como también la salvación. Hech. 22:16, "bautízate, y lava tus pecados"; en esta frase "lava" es figura porque los pecados no pueden ser lavados literalmente con agua, pero el agua del bautismo es literal y el perdón de pecados (representado como un lavamiento) es li­teral también. Los evangélicos dicen que el bautismo de 1 Ped. 3:21 y Hech. 22:16 es "símbolo" de la salvación. Dice el pastor evangélico que el bautismo es como una fotografía: muestra la foto de su esposa y dice que la foto no es su esposa, sino sola­mente la representación de su esposa, y afirma que la foto es como el bautismo. Hablan así los evangélicos porque no en­tienden o no distinguen el uso del lenguaje figurado.

  G. 1 Cor. 3:9, Pablo representa a la iglesia como un edificio: "vosotros sois ... edificio de Dios". Pablo puso el fundamento del edificio y exhorta a los edificadores a tener cuidado acerca de los materiales que usen en la construcción. El describe materia­les que duran y otros que no duran. Esta figura es violada por aquellos que interpretan estos materiales como diversas doctri­nas, porque Pablo dice claramente que los miembros son el edi­ficio. Con esto concuerda 1 Ped. 2:5.

I. Ejemplos del lenguaje figurado.

  A. La parábola. Mar. 4:34, "Y sin parábolas no les hablaba". Las parábolas de Jesús son ejemplos hermosos del lenguaje fi­gurado. Una parábola es una historia terrenal con significado celestial. La parábola es una historia o ilustración tomada de los eventos y actividades diarios de la gente. La parábola no es una fábula en la cual los animales y aun cosas inanimadas hablan, etc. (Jueces 9:8, "Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros".) Luc. 16:19-31 no es una parábola, porque este texto habla de un individuo específico llamado Lázaro, pero en las parábolas no hay nom­bres de individuos específicos. La parábola --al igual que otras figuras--, es un medio eficaz de enseñar, porque es fácil recor­darla (¿quién no sabe la historia del hijo pródigo y la de las diez vírgenes?) Sin embargo, Jesús explica (Mat. 13:10-13) que tam­bién la parábola ocultaba la verdad. Además, vemos en Mat. 21:45 que una parábola era como un espejo para los fariseos ("entendieron que hablaba de ellos").

  B. La alegoría, "ficción que presenta un objeto al espíritu, de modo que despierte el pensamiento de otro objeto" (Larousse); "allegoreo, hablar, no según el sentido primario de la palabra, sino que los hechos afirmados se aplican a ilustrar principios. El significado alegórico no anula el significado literal de la na­rración. Puede ser que encontremos más de un significado alegórico, aunque, desde luego, sólo haya un solo significado literal. Las historias de las Escrituras representan o incorporan principios espirituales, y estos se llegan a conocer no por el vuelo de la imaginación, sino por la recta aplicación de las doc­trinas de las Escrituras" (Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, por W. E. Vine). Gál. 4:24, "Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres (Sara y Agar) son los dos pactos ...", es decir, estas mujeres representan dos pactos. Aquí cabe una advertencia: no es correcto escoger alguna historia del An­tiguo Testamento y afirmar que representa cierto aspecto de la religión de Jesucristo; por ejemplo, la Biblia no dice que el arca de Noé representa la iglesia. Es necesario dejar que la Biblia misma nos diga qué cosas del Antiguo Testamento son típicas. Las parábolas de Jesús son alegorías, pues hablan de personas, cosas y eventos terrenales para enseñar lecciones espirituales. Son relatos terrenales con significado celestial.

  C. La símil es la figura más común en la Biblia y se reconoce al ver las palabras "como" y "semejante". Salmo 1:3, "Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas"; Mat. 9:36, "Al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor"; Mat. 23:27, "sois semejantes a sepulcros blanqueados"; 1 Ped. 1:24, "toda carne es como hierba"; 1 Ped. 2:25, "erais como ovejas descarriadas". Esta figura es muy común en la Biblia como también en español o en inglés, y no debe entenderse mal, pero algunos maestros religiosos abusan de esta sencilla figura; por ejemplo, Apoc. 14:2 dice, "y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas". Al leer esto algunos afirman que habrá arpas literales en el cielo.

  D. La similitud es la forma más larga de la símil, por ejem­plo, Mat. 7:24-27.

     E. La metáfora es una representación. No es simplemente una semejanza como la símil, sino una representación. En la símil se dice que cierta cosa es como o semejante a otra cosa, pero en la metáfora se dice que cierta cosa es la otra cosa. Mat. 5:13, "Vosotros sois la sal de la tierra"; Jn. 14:6, "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida" (también la puerta, la vid, la resurrección, etcétera).

    1. Mat. 26:26-28, "esto es mi cuerpo ... esto es mi sangre" es una metáfora y significa que el pan representa su cuerpo y que la copa ("el fruto de la vid") representa su sangre. La teología católica dice que la palabra "es" significa que literal­mente el pan llega a ser el cuerpo de Cristo y el fruto de la vid llega a ser la sangre de Cristo. Esta doctrina falsa se llama "la transubstanciación". Enseñan este error por no entender o por no aceptar el significado de lenguaje figurado. Muchos miles murieron por no aceptar esta teología falsa de Roma. Tampoco entendió esta metáfora Martín Lutero quien rechazó la doc­trina católica, pero inventó otro error semejante ("la consub­stanciación").

    2. Lamentablemente algunos hermanos en Cristo no en­tienden esta figura. Por ejemplo, algunos dicen que cuando damos gracias por la cena no debemos usar la palabra "representar", sino que debemos usar la palabra "es", y que aunque no lo entendemos, debemos aceptarlo por fe. Esto también demuestra la falta de entendimiento del lenguaje figu­rado. Recuérdese que Jesús no habló castellano (ni tampoco inglés). No hay nada misterioso ni místico acerca de este texto. Es sencillamente una metáfora, una representación. Una cosa representa otra cosa. Es como 1 Cor. 3:16, "sois templo de Dios".

    3. Tipos. El tipo es una clase de metáfora. Los tipos no son simplemente palabras sino personas, hechos y eventos que apuntan hacia personas, hechos y eventos del Nuevo Testa­mento. Hebreos 8:4, 5 se refiere a los "sacerdotes que presen­tan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales". Heb. 9:8, 9, al hablar del Lu­gar Santísimo dice, "Lo cual es símbolo para el tiempo pre­sente". Heb. 5:5, 6, Melquisedec era tipo de Cristo. El velo del templo era tipo de la carne de Cristo, Heb. 10:20. Dice 1 Ped. 3:20, 21 se refiere a la salvación de Noé y su casa por agua y agrega: "El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva". La palabra "corresponde" viene de la palabra antitupon, anti­tipo, es decir, la persona, cosa o evento representado por el tipo. Juan 3:14 explica que la serpiente era tipo. Mat. 12:40, Jonás era tipo, como también Salomón (ver. 42). Pablo habla del primer Adán (Rom. 5:14). Pero es importante observar que ha habido abusos de tipos; por ejemplo, se oye decir que el arca era tipo de la iglesia, pero la Biblia no dice esto. No nos con­viene designar algo como tipo a menos que el Nuevo Testa­mento lo haga.

  F. La implicación (hypocatastisis), una figura que implica que una cosa es semejante o que representa otra cosa. (La símil habla de una semejanza; la metáfora dice que una cosa es (representa) otra cosa; pero hay mucho lenguaje figurado que solamente implica que una cosa es como otra cosa o que repre­senta otra cosa. Mat. 15:13, "Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada"; en este texto Jesús no usa las palabras "como" o "es", sino implica que las tradiciones hu­manas serán condenadas por Dios. Juan 2:29, "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré"; no dice "como" ni "es", sino implica que su cuerpo es como un templo que sería destruido (crucificado) por los judíos y que en tres días resucitaría. He­chos 20:29, "después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces" (falsos maestros). Mat. 15:26, "No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos". En es­tos textos se implica cierto pensamiento.

  G. La metonimia, "figura de retórica que consiste en desig­nar una cosa con el nombre de otra". Esta figura no se basa en la semejanza como la símil ni en la representación como la metáfora, sino en la relación.

    1. Usar el nombre del recipiente para indicar su contenido. Deut. 28:5, "Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar" (dice canasta pero se refiere a la cosecha, lo que llena la canasta; dice artesa de amasar, pero se refiere al pan). Luc. 22:17, "la copa" significa su contenido. En todos los textos que hablan de "la copa" de la cena del Señor se emplea esta figura. "La copa" es la bebida, el fruto de la vid. Los textos mismos lo indican claramente: Mat. 26:26-29, la copa "es mi sangre", "este fruto de la vid"; lo mismo en Mar. 14:22-25; en Luc. 22:17 la copa se reparte (se divide); 1 Cor. 10:16, la copa es la comunión de la sangre de Cristo; la copa se bendice; en el ver. 21, se bebe; 1 Cor. 11:25, 26, se bebe. Compárense Jer. 49:12, ("los que no estaban condenados a beber el cáliz, beberán ciertamente") y Ezeq. 23:32, ("Beberás el hondo y ancho cáliz de tu hermana"). La persona que no acepta esta verdad obvia, de que Jesús em­plea una figura, está obligada a enseñar también que "la mesa" de la cual todos participamos (1 Cor. 10:21) es una mesa literal, y otro elemento sagrado en la cena del Señor. Algunos her­manos insisten en que el recipiente del fruto de la vid es el tercer elemento de la cena, y que simboliza el nuevo pacto. El error de estos falsos maestros ilustra la necesidad de estudiar y entender el lenguaje figurado. Estos, al igual que los católicos, los mormones y otros sectarios, han corrompido la cena del Señor y han divi­dido la iglesia.

    2. Nombrar la causa para indicar el efecto. Luc. 16:29, "A Moisés y a los profetas tienen, óiganlos"; tenían los escritos (el efecto) de Moisés y los profetas (la causa). Hech. 7:51, "resistís siempre al Espíritu Santo"; resistían el testimonio (la obra o el efecto) del Espíritu Santo (la causa). 1 Cor. 14:12 dice literal­mente, "anheláis espíritus"; anhelaban dones (el efecto) del Es­píritu Santo (la causa). 1 Tes. 5:19, "No apaguéis al Espíritu"; no apaguéis los dones (ver. 20) (el efecto) del Espíritu (la causa). Nadie puede literalmente resistir ni apagar al Espíritu, pero puede resistir el testimonio y apagar los dones del Es­píritu. Efes. 5:18, "sed llenos del Espíritu"; ¿ser llenos de qué? Gál. 5:22, 23 explica: "el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, etcétera". Al recibir al Espíritu (la causa) recibimos los efectos que El lleva a cabo en nosotros (las bendiciones y privilegios de la salvación, la santificación, la fuerza espiritual, y la partici­pación en las cosas de Dios, "la comunión del Espíritu Santo", 2 Cor. 13:14; Heb. 6:4). Muchos están confusos con respecto al papel del Espíritu Santo no solamente en la conversión, sino también en la vida del cristiano, pero al reconocer la figura de la metonimia -- de poner la causa por el efecto -- se elimina la con­fusión. Algunos hermanos tienen el concepto medio-pente­costal de una morada literal y personal del Espíritu Santo en el cristiano, pero los textos que hablan de morar o habitar el Es­píritu Santo en nosotros ponen la causa por el efecto (el Es­píritu, por lo que el Espíritu hace). Otro ejemplo muy conocido de la figura de metonimia que pone la causa por el efecto son los muchos textos que dicen "lengua" o "boca" para hablar de las palabras pronunciadas, o el idioma hablado, por la lengua o boca, Sal. 5:9, 10; Prov. 10:20; 15:15; Jer. 18:18; Hech. 2:4, etc.

    3. Una opinión acerca de cierta cosa se pone en lugar de la cosa misma. 1 Cor. 1:21, "agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación". ¿Creía Pablo que la predi­cación es locura? Desde luego que no creía tal cosa, pero usó la figura de metonimia al poner la opinión de otros por la cosa referida.

    4. Otros ejemplos de la figura de metonimia:

      a. 2 Cor. 5:21, "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado". ¿Llegó a ser pecado Jesús? Llegó a ser el sacri­ficio por el pecado. En este texto el pecado se pone por el sacri­ficio por el pecado. Compárese Efes. 5:2; Isa. 53:10.

      b. Heb. 13:4, "lecho" (cama) se refiere a relaciones sexuales. "koite ... el lecho matrimonial, He 13:4; en Ro 13:13 se usa de la relación sexual. Por metonimia, donde la causa se pone en lugar del efecto, denota concepción, Ro 9:10" (Vine).

      c. Luc. 3:6, "Y verá toda carne la salvación de Dios"; "carne" se refiere a la raza humana.

  H. La elipsis, "figura de construcción que consiste en suprimir en la oración aquellas palabras que no son indispen­sables para la claridad de la misma: "¿Qué tal?" "Así, así", "¿Y aquello, qué?" son oraciones elípticas". Hay elipsis en 2 Ped. 1:5-7. Es muy posible que 1 Cor. 15:29 sea un ejemplo de esta figura. Dice Pablo, "De otro modo, ¿qué harán los que se bauti­zan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resuci­tan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?" La doctrina del "bautismo vicario" (que alguno puede bautizarse por algún antepasado muerto que murió sin bautizarse) contradice todos los textos claros y sencillos que requieren la obediencia indivi­dual.

    1. La palabra "por" traduce la palabra griega huper, que significa por, en pro de, a consideración de, con respecto a. En el mismo capitulo, ver. 3, "Cristo murió por (huper) nuestros peca­dos", la palabra significa "con respecto a"; en Rom. 9:27 se tra­duce "tocante a"; en Juan 1:30 se traduce "de" y significa "concerniente". Si Pablo hubiera enseñado el bautismo vicario, habría escrito anti en lugar de huper (como lo hizo en 1 Cor. 11:15, "en lugar de velo"). En el capitulo 15 Pablo menciona varias consecuencias tristes para los cristianos si no hay resu­rrección: léanse los versículos 12-19. Los versículos 20-28 son un paréntesis, y luego en los versículos 29-32 el continúa la ex­plicación de las consecuencias si no hay resurrección.

    2. El bautismo tiene mucho que ver con la muerte y la resurrección tanto en sentido físico como en sentido figurado. En el bautismo no solamente nos unimos simbólicamente con Cristo, sino también nos unimos con los que han muerto en Cristo y esperan la resurrección. Pero si éstos no resucitan, en­tonces ¿por qué nos unimos con ellos en el bautismo? El bautismo simboliza la muerte, la sepultura y la resurrección; por lo tanto, si no hay resurrección, el bautismo pierde su sig­nificado. Recuérdese que en el ver. 12 Pablo pregunta, "¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muer­tos?" Algunos negaban la resurrección, pero no se dice que és­tos habían dejado de bautizar gente. Por eso Pablo les está mostrando su inconsecuencia, porque sin la resurrección el bautismo no tiene sentido. La persona que es bautizada en agua para perdón de los pecados, sabe que aunque muera, por haber resurrección de los muertos, será resucitada a la vida eterna, como los ya muertos en Cristo.

    3. Es posible, pues, que el ver. 29 contiene una elipsis que la gente de aquel entonces entendía pero causa problema para nosotros. Es posible que significa lo siguiente: "¿que harán los que se bautizan con respecto a los muertos (y su resurrección), si en ninguna manera los muertos resucitan?" Esta inter­pretación armoniza con el contexto (el tema de la resurrec­ción). Si es correcta esta interpretación, entonces hay una elip­sis, y las palabras "y su resurrección" pueden suplirse.

  I. La hipérbole, "figura de retórica que consiste en exagerar para impresionar el espíritu: un gigante, por un hombre muy alto..." Por ejemplo, Deut. 1:28, "ciudades amuralladas hasta el cielo"; Sal. 119:136, "Ríos de agua descendieron de mis ojos"; Juan 21:25, "ni aun en el mundo cabrían los libros". En esta figura no hay nada de representación falsa, y la exageración es obvia. Se usa simplemente para dar más fuerza al dicho.

  J. La ironía, "burla o sarcasmo que consiste en dar a enten­der lo contrario de lo que se dice". 1 Reyes 18:27, Elías empleó la ironía para burlarse de los profetas de Baal: "Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle". Pablo la empleó en 2 Cor. 11:5, "pienso que en nada he sido inferior a aquellos grandes após­toles" (no se refiere a los apóstoles verdaderos, sino a los falsos apóstoles mencionados en este mismo capítulo, vers. 11-15). Otro ejemplo se encuentra en 1 Cor. 4:8, "Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis".

  K. La sinécdoque, "figura de retórica que consiste en tomar una parte por el todo, o el todo por una parte, o la materia de una cosa por la cosa misma: a tanto por cabeza ..."

    1. Esta figura se usa comúnmente en el Nuevo Testa­mento con respecto a los requisitos para ser salvo: una cosa, un acto de obediencia, representa la obediencia completa (tomar una parte por el todo). Muchas veces se afirma que la fe nos salva (Juan 3:16 y muchos otros textos), y la mayoría de las igle­sias humanas se basan en estos textos para enseñar la salvación por la fe sola. Es un error trágico que contradice muchos otros textos que enseñan otros requisitos.

    2. Pedro nos dice que el arrepentimiento nos salva: "¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepen­timiento para vida!" (Hech. 11:18). ¿Somos salvos por el arre­pentimiento solo? En Rom. 10:10 Pablo dice, "Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación"; ¿somos salvos por la confesión sola? Pedro también dice que "el bautismo ... ahora nos salva" (1 Ped. 3:21). ¿El bautismo solo nos salva? Cristo dice, "por tus palabras serás jus­tificado" (Mat. 12:37). ¿Seremos justificados solamente por hablar buenas palabras?

    3. Estos textos toman "una cosa por el todo"; es decir, el requisito nombrado representa la obediencia al evangelio. San­tiago refuta la doctrina de "salvación por la fe sola" al decir, "Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe" (2:24).

    4. Esta figura de tomar "una cosa por el todo" se usa repetidas veces para indicar la cena del Señor: Mat. 26:29, "no beberé más de este fruto de la vid"; Hech. 2:42, "el partimiento del pan"; Hech. 20:7, "partir el pan"; 1 Cor. 10:21, "la mesa del Señor".

  L. El eufemismo, "modo de expresar con decoro ciertas ideas". La palabra "cruz" trae a la mente un instrumento horri­ble de tortura; es posible que la palabra "madero" se emplee a veces para no hablar siempre de la cruz (Hech. 5:30; 10:39; 13:29; etcétera). Otro ejemplo de lo mismo se halla en Jn. 11:11 ("Lázaro duerme") y en Hech. 7:60 (Esteban "durmió"), "dormir" en lugar de "morir".

  M. La paradoja, "opinión contraria a la comuna". Cristo em­pleó esta figura varias veces: Luc. 18:14, "cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido"; Mat. 10:39, "el que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará"; Mat. 20:16, "los primeros serán postreros, y los postreros, primeros".

  N. La personificación, "acción de atribuir a una cosa inani­mada o a un ser abstracto la figura, los sentimientos, el lenguaje de una persona". Por ejemplo, Isa. 55:12, "los montes y los co­llados levantarán canción delante de vosotros, y todos los ár­boles del campo darán palmadas de aplauso". Rom. 6:9-18, el pecado y la justicia se representan como amos; Prov. 8:1, la sabiduría "clama" como persona.

  O. La pregunta retórica, la pregunta que no requiere y no es­pera contestación: Gén. 3:9,"¿Dónde estás tú?"; Mat. 16:26, "¿Que aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?"; 1 Cor. 14:36, "¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado?"

  P. El proverbio, "paroimia ... un refrán, una máxima, o un enigma, 2 P 2:22" (Vine), "El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno". Mat. 19:24, "es más fá­cil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios"; este texto se ha discutido mucho y algunos han propuesto la idea de que había en Jerusalén una puerta llamada "ojo de aguja" por la cual un camello podía pasar si es­taba arrodillado. Tales explicaciones solamente confunden el asunto; lo que Jesús dijo es un proverbio, bien entendido por todos. Mat. 24:28, "dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas"; Jesús habló este proverbio sencillo para indicar que Israel era corrupto como un cuerpo muerto y, por eso, atraía su propia destrucción (véase Mat. 23:37, 38). Luc. 9:62, "Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios", prover­bio acerca del doble ánimo; el que ara mirando hacia atrás ten­drá un surco muy chueco.

 

  Q. El antropomorfismo, figura en que se atribuye a Dios carac­terísticas humanas. 1 Ped. 3:12, "los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones". Hay mu­chos textos bíblicos que usan esta figura, y los mormones afir­man que, por eso, Dios tiene un cuerpo de carne y hueso. En una discusión que tuve con ellos sobre este tema, agregué Sal. 17:8, "Escóndeme bajo la sombra de tus alas", y no les gustó.

  R. La paranomasia, figura que repite una palabra pero con otro significado. Mat. 8:21, 22, "Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos" (que los que están muertos espiritualmente entierren a los que están muertos físicamente). El ver. 18 dice que Jesús "mandó pasar al otro lado", es decir, estaban saliendo de ese lu­gar. Los que le acompañaban tenían que estar muy resueltos a poner a Cristo y su reino primero en su vida. Los apóstoles ya habían dejado todo para seguirle (Mat. 4:18-22; 19:27). No conviene tratar de cambiar el sentido obvio de este requisito del Señor. Para suavizar esta enseñanza algunos dicen que el hom­bre quería cuidar de su padre ancianito hasta que muriera y en­tonces seguir a Jesús, pero no es posible probar que esta ex­plicación sea correcta. Este concepto implica que los familiares de éste todavía serían incrédulos cuando el padre muriera, cosa que no debemos suponer, pues los hermanos incrédulos de Jesús (Jn. 7:5) pronto llegaron a ser creyentes (Hech. 1:14). Mat. 8:22 no es un dicho más duro que Mat. 19:21 o Luc. 14:33. Jesús conoció el corazón del joven rico y del individuo de Mat. 8:21 y lo que les dijo era necesario para ellos. Los que siguen a Jesús no pueden ser de doble ánimo.

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Hebraísmos (modismos judaicos)

 (Expresiones peculiares de los judíos)

  Los hebraísmos se traducen literalmente al castellano, pero el estudiante serio examinará el significado de ellos para saber cómo se entendían en el lenguaje original.

I. El modismo de filiación, el uso de la palabra "hijo".

  En el Nuevo Testamento muchas personas se llaman "hijos" de alguien o de algo, no en el sentido ordinario de ser descen­dientes, sino para dar énfasis a ciertas características o cuali­dades de su vida y conducta. Ejemplos: Mar. 3:17, "hijos del trueno" (indica su carácter algo tempestuoso); Luc. 10:6, "hijo de paz" (una persona dispuesta a recibir el evangelio); Hech. 4:36, "hijo de consolación" (Bernabé, el exhortador);  Efes. 2:2, "hijos de desobediencia" (esa clase de gente), y en el siguiente versículo, "hijos de ira" (indicando el fin o destino de los tales; compárese "hijo de perdición", Juan 17:12); Mat. 5:45, "para que seáis hijos de vuestro Padre" (imitadores de El, amando tanto a los enemigos como a los amigos); Jn. 8:39, "si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais (serían imita­dores de el); 1 Tes.  5:5, "hijos de luz e hijos del día" (personas con entendimiento que andan en justicia).

II. El modismo de poner lo absoluto por lo relativo, o de hacer comparaciones por medio de negaciones.

  A. Jn. 6:27, "Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece". Si esta prohibición fuera absoluta, tendríamos que suspender el trabajo que hace­mos para ganar el pan. Pero otros textos requieren tal trabajo (Efes. 4:28; 2 Tes. 3:10), y la Biblia no se contradice. Por lo tanto, reconocemos que Jesús empleó el modismo de poner lo absoluto por lo relativo para dar más énfasis a lo que dijo. Hace una comparación entre dos cosas, para dar énfasis a la cosa más importante, por medio de una negación absoluta de la cosa menos importante. Para entender este modismo, se puede su­plir las palabras, "no solamente" ("Trabajad, no solamente por la comida que perece ..."), pero debemos reconocer el énfasis del texto.

  B. En 1 Cor. 1:17 Pablo dice, "Pues no me envió Cristo a bau­tizar, sino a predicar el evangelio". Hace una comparación entre su predicación como embajador de Cristo y el acto físico de bautizar (estúdiense los versículos 14-16). Los apóstoles fueron enviados a bautizar; Mateo 28:19 lo dice claramente. Sin embargo, en 1 Cor. 1:17 Pablo habla de bautizar con sus propias manos, cosa que no fue siempre necesaria, puesto que cualquier discípulo puede hacerlo. Pablo mismo fue bautizado por un discípulo llamado Ananías (Hech. 9:17, 18). Pablo em­plea en 1 Cor. 1:17 el modismo de negación para dar énfasis a la predicación apostólica, y para disminuir la importancia de bauti­zar a los corintios con sus propias manos, debido a la carnalidad de éstos. Querían ser seguidores de hombres (1 Cor. 1:12; 3:4). Estúdiese el contexto de 1 Cor. 1:17 y será obvio que Pablo pone lo absoluto por lo relativo. Los que citan este versículo para probar que el bautismo no es necesario para la salvación tuercen las Escrituras.

  C. Mar. 9:37, Jesús dice, "el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió". Desde luego, uno recibe a Jesús, pero no solamente recibe a Jesús, sino también recibe al Padre.

  D. Luc. 14:12, 13 Cristo da la siguiente prohibición que en realidad no es una prohibición absoluta, sino la negación de una cosa para dar más importancia a otra cosa: "Cuando hagas co­mida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos ... Más cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos..." ¿prohíbe Jesús que invitemos a los parientes y amigos a nuestras casas para una comida? Es un modismo que pone lo absoluto por lo relativo, para afirmar una cosa y dar más fuerza a la afirmación. Una comparación se hace; la negación de una cosa da más im­portancia a la otra.

  E. 1 Ped. 3:3, 4, "Vuestro atavió no sea el externo de peina­dos ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios". Al­gunos enseñan que Pedro prohíbe el uso de la joyería, espe­cialmente artículos hechos de oro. (Véase también 1 Tim. 2:9, Pablo incluye perlas). Estos textos emplean la expresión "no ... sino" para disminuir la importancia del atavió externo, para dar más importancia al adorno interno. Si alguno quiere insistir en que Pedro prohíbe el uso de oro, debe observar que Pedro dice literalmente, "de adornos de oro o de vestir". La palabra "lujosos" no está en el texto original. Compárese la Versión his­pano-americana, "o de vestir lujosamente"; la palabra "lujosamente" se escribe en letra cursiva para indicar que no está en el griego. La Biblia de las Américas dice, "vestidos lu­josos" pero la versión New American Standard Bible, que es la versión inglesa que corresponde a La Biblia de las Américas dice, "putting on of dresses" (vestir vestidos) y no dice "lujosos". Por lo tanto, si el texto debe entenderse como una prohibición absoluta del uso del oro como adorno, entonces queda prohibido también "el vestir". Sin lugar a dudas, todo lo ostentoso y lo lu­joso se condenan, y el atavío interno es el que corresponde a la mujer que profesa piedad, pero debemos "usar bien la palabra" y reconocer que a veces una prohibición que parece ser abso­luta no lo es, porque en algunos textos lo absoluto se pone por lo relativo. "Pedro no prohíbe que las mujeres lleven vestidos y adornos, sino la exhibición de suntuosidad por vía de contraste" (Imágenes verbales en el Nuevo Testamento, por A. T. Robert­son).

III. Modismos de tiempo.

  A. La palabra siempre fue usada por los hebreos en sentido limitado y no literal en todo caso. Ex. 12:24, "Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre". Este texto habla de la pascua, que tuvo su origen en Egipto en la noche en que los israelitas huyeron. Era una fiesta solemne de Israel y duró hasta la muerte de Jesús. La ley de Moisés fue clavada a la cruz (Col. 2:14). Esto indica que las palabras "siempre" y "perpetuo" son sinónimos (compárese Ex. 12:14). Ecles. 1:4, "Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece". Los "testigos" citan este texto con fre­cuencia para "probar" que la tierra no será destruida (no ob­stante lo que afirma 2 Ped. 3:10), pero la persona sincera que quiere entender el uso correcto de la palabra "siempre" debe reconocer que la palabra indica todo el tiempo indicado o señalado por los designios de Dios. La prueba de esto se ob­serva en Ex. 12:14, 24, y en el hecho de que la ley acerca de la pascua no está en vigor ahora, ni siquiera para los judíos.

  B. Una parte de un día se consideraba como un día. Esto se ve en 1 Reyes 12:5 y 12; Gén. 42:17, 18. Esto explica cómo Cristo había de quedar en la tumba por tres días y tres noches (Mat. 12:40; Mar. 8:31; Jn. 2:19), pero que resucitó al tercer día (Luc. 24:46; Hech, 10:40; 1 Cor. 15:4). Es interesante notar que los judíos usaron las dos expresiones en Mat. 27:63, 64. Los ene­migos de Jesús no argumentaron que Jesús no estuvo tres días y tres noches (setenta y dos horas) en el sepulcro, porque para ellos "tres días" o "tercer día" eran expresiones iguales. Al­gunos hermanos han tenido dificultades con este "problema". Algunos han afirmado que Cristo fue crucificado el jueves en lugar del viernes, para probar que estuvo los tres días y tres noches completos en el sepulcro. Esta confusión es el resultado de no reconocer y aceptar el uso de modismos hebreos de tiempo.

IV. Expresiones peculiares a los idiomas bíblicos. Es necesario estudiar con cuidado algunas expresiones que han sido tropezaderas para los no judíos.

  A. Ex. 4:21, hablando de Faraón Dios dice, "yo endureceré su corazón"; esto no significa que Faraón era un títere manipu­lado arbitrariamente por Dios, sino que al rebelarse Faraón contra el mandamiento de Dios se endurecía su corazón (Ex. 8:15, 32; 9:34) y Dios se lo permitía.

 

  B. Mat. 6:13, "no nos metas en tentación" (no permitas que entremos en tentación; véase Mat. 26:46, "Velad y orad, para que no entréis en tentación").

  C. Luc. 14:26, "y no aborrece a su padre, madre, y mujer, etc." (amarlos menos que a mí; Mat. 10:37, "El que ama a padre o madre más que a mí ...").

  D. Gál. 5:4, "los que por la ley os justificáis" (no es posible justificarse por la ley, 2:16, sino que algunos intentaron ha­cerlo).

  E. 2 Tes. 2:11, "Dios les envía un poder engañoso" (Dios los deja solos, Rom. 1:28, no interviene, y permite que sean en­gañados ya que no aman la verdad sino solamente la mentira").

 

  F. 2 Ped. 3:13, "esperamos .. cielos nuevos y tierra nueva". Este universo será destruido. La tierra que conocemos no será renovada sino quemada (ver. 10). La expresión "cielos nuevos y tierra nueva" se basa en lenguaje profético (Isa. 65:17) y Pedro la usa para hablar de la habitación eterna de Dios y su pueblo. Véase Apoc. 21.

VI. Costumbres.

  A. Mat. 1:18-25 (ya casados legalmente cuando desposados).

  B. Mat. 6:16-18 (el ayunar).

 

  C. Jn. 13:4, 5 (el lavamiento de pies como acto de hospitali­dad y humildad).

  D. Hech. 13:3 (el imponer manos).

 

  E. Rom. 16:16 (saludar con beso).

 

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Distinguir entre "la fe" y las opiniones

Romanos 14, cuestiones que no afectan la comunión con Dios ni con hermanos en Cristo.

I. Romanos 14:1, la traducción de varias versiones:

  -- Versión Valera revisada, 1960: "Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones".

  -- La Biblia de las Américas: "Aceptad al que es débil en la fe, pero no con el propósito de juzgar sus opiniones".

  -- Versión hispanoamericana: "Recibid al flaco en la fe, pero no para discutir sobre opiniones".

  -- Versión moderna: "Al que es débil en la fe, recibidle, mas no a disputas de opiniones dudosas".

  -- Versión Nacar-Colunga: "Acoged al flaco en la fe, sin en­trar en disputas sobre opiniones".

  -- Versiones las ediciones paulinas: "Al débil en la fe acogedle, pero no para discusiones de pareceres".

II. El hermano débil en la fe.

 

  A. No era débil en la fe en cuanto a su fe en Cristo como el Hijo de Dios. No era hermano débil en la fe en el sentido de ser mundano o negligente, sino que era débil en la fe en cuanto a la libertad de la fe, es decir, él no reconocía su libertad en Cristo con respecto a ciertas comidas, días que algunos consideraban santos, etc. El hermano débil en la fe era muy estrecho en su parecer (opiniones). El creía que no le convenía comer de todo y comía solamente legumbres. El ignoraba, o no podía per­suadirse de que "todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias" (1 Tim. 4:4). El hermano débil en la fe hacía diferencia entre día y día. El era un cristiano, vivía bajo la ley de Cristo, pero todavía creía que ciertos días que eran sagrados bajo otra ley (por ejemplo, la ley de Moisés) deberían considerarse sagrados bajo la ley de Cristo.

  B. El hermano débil en la fe es, pues, el hermano que se su­jeta a lo que no se originó en la ley de Cristo, sino en su propia opinión y conciencia. Tiene opiniones y se sujeta a ellas. La pa­labra "opiniones" (Rom. 14:1) viene de la palabra griega dialo­gismoi, y significa los razonamientos o pensamientos, los pare­ceres u opiniones, los escrúpulos o dudas, y se usa aquí del hermano que no reconoce su libertad en Cristo. Es gobernado por una conciencia que requiere algo que la ley de Cristo no requiere. El Señor le da una libertad que él no acepta. Su con­ciencia le exige una conducta que Cristo no exige. Por esta causa Pablo le llama "débil en la fe".

  C. Rom. 14 trata acerca de una conducta que no era buena ni mala ante los ojos de Dios. A veces tales cuestiones se describen como "cuestiones de indiferencia", es decir, cuestiones que no importan. El hermano débil en la fe no era indiferente hacia tales prácticas o prohibiciones; por el contrario, para él eran cosas sumamente importantes. Pero no son cosas requeridas ni prohibidas por el Señor. Ante los ojos del Señor tales cosas en sí mismas no ayudaban ni perjudicaban al cristiano. En un texto relacionado con éste (1 Cor. 8:8) Pablo dice, "Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos". Es asunto, pues, que no tiene nada que ver con nuestra salvación y, por lo tanto, no debe afectar la comunión entre hermanos. El hermano que comía legumbres y no quería comer de todo no pecaba, sino que solamente se privaba a sí mismo de algo no prohibido por Dios. Pero no se trata de cuestiones inmorales y no es cuestión de desobediencia. Si algún hermano rehúsa comer carne por cualquier causa, no peca; si opta por cerrar su negocio el día sábado y pasar el día ayunando, es cosa de él, no peca. Si lo hace o si no lo hace, no "será más, ni será menos". Es asunto muy importante para el hermano débil en la fe, pero solamente por causa de su propia conciencia, y no porque la ley de Cristo lo haya dictado.

   

     D. ¿Por qué es débil en la fe?

          1. No es débil por no poder entender la voluntad de Dios. Este asunto se aclaró en Rom. 14 para que no se quedara la más mínima duda con respecto a lo que Dios requiere o pro­híbe. La ley de Moisés o cualquier ley estaba sin vigor en cuanto a la práctica del cristiano, porque éste vive bajo la ley de Cristo (1 Cor. 9:21), la ley de la libertad (Sant. 1:25; 2:12). El hermano débil en la fe no es así por no poder entender la voluntad de Dios. Tampoco es necesariamente un fanático o un excéntrico. Hay una explicación lógica y razonable de sus creencias.

          2. Las creencias de muchas personas tienen que ver con la vida pasada. El punto clave de la cuestión de opiniones se ve en 1 Cor. 8:7, en la frase, "porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina". Dice Pablo, estaban "habituados hasta aquí". Esto explica la cuestión de opiniones. El hermano débil en la fe tiene sus creencias porque está "habituado hasta aquí" con respecto a ellas; es decir, su experiencia anterior, sea en alguna religión o en otra cosa, le ha inculcado estas creen­cias.

    3. La cultura en la cual se ha criado tiene mucho que ver con sus pensamientos y creencias. Somos el producto de nues­tro pasado: la crianza, la educación o la falta de ella, el ejemplo y la influencia de los padres y otros parientes, amigos y enemi­gos, etc. Todos los antecedentes de la vida influyen en los pen­samientos de cada individuo.

    4. Por lo tanto, si se observa la vida pasada del hermano que es "débil en la fe", se puede ver la explicación de sus creen­cias, porque ha sido dispuesto o acondicionado por las influen­cias de su vida pasada para pensar como piensa. Su acondi­cionamiento depende de la educación o la falta de ella de sus padres, su estado económico, el lugar y el ambiente en que fue criado (en el campo, en la ciudad, en ciudad grande o pequeña, en qué parte de la ciudad y en qué región del país), la en­señanza que recibió tanto en la escuela como en alguna re­ligión, etc. En fin, hay muchas cosas que influyen en la vida de todo individuo para determinar su modo de pensar.

    5. Dice Pedro, "fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres" (1 Ped. 1:18). Lo que somos ahora, lo que pensamos ahora, es en parte el pro­ducto de los hechos, la conducta, la creencia, la filosofía, la acti­tud, etc. de nuestros padres y la cultura de ellos. El ambiente en el cual fuimos criados tiene mucho que ver con los procesos de pensamiento de nosotros ahora.

    6. El hermano que es débil en la fe se ha convertido a Cristo, pero ha seguido con algunas opiniones que tenía en su vida pasada. Su modo de pensar, especialmente con referencia a la conducta moral, puede seguir igual. Es precisamente lo que se ve en Romanos 14; antes de bautizarse los hermanos débiles en la fe se abstenían de cierta comida, y después de bautizarse seguían absteniéndose de cierta comida. Lo mismo con res­pecto a ciertos días. Los hermanos que eran sabatistas antes de su conversión pueden tener el mismo problema presentado en Rom. 14, con respecto a comida y días especiales. Los her­manos que antes eran pentecostales siguen creyendo como los pentecostales en cuanto al atavío de la mujer. Hasta el vocabu­lario de algunos hermanos revela lo que eran antes. En el primer siglo, los que se convertían en cristianos eran fariseos, saduceos, esenios (ascéticos), idólatras, etc. Eran gente de toda raza, de todo color, y de todo ambiente cultural y religioso. Pero el evangelio era y es uno. El Señor no originó un evangelio especial para los judíos y otro para los gentiles. Los apóstoles no predicaron un evangelio especial para los educados y otro para los analfabetos, uno para los ricos y otro para los pobres. El evangelio no se debe someter a ciertos cambios para aco­modar a las distintas culturas y a los distintos rangos de vida, sino que todo el mundo debe someterse al evangelio.

    7. Esta proposición es innegable, porque los casos obser­vados en Rom. 14 y 1 Cor. 8 la demuestran claramente. Muchos hermanos en la iglesia de Cristo tienen creencias que no tienen su origen en el Nuevo Testamento sino que son más bien es­crúpulos y opiniones. Estando "habituados hasta aquí" a ciertas ideas, estas mismas ideas tienen mucho que ver con su vida es­piritual.

          8. El evangelio no es regional. ¿Quién está exento de la tendencia de tratar de hacer de la religión de Jesús una cosa re­gional? ¡Cómo varían los conceptos de la santidad en varios países y en varias regiones! ¿Por qué? Porque la gente de cada país y de cada región está habituada "hasta aquí" a cierto modo de pensar. Muchos quieren que el evangelio quepa en el molde nacional o regional, para que el evangelio confirme las normas existentes. Por lo tanto, en una área la iglesia del Señor tendrá la idiosincrasia pentecostal; en otra área tendrá el cariz o apa­riencia de otra secta. Hay hermanos de habla inglesa que se han acusado de tratar de "americanizar" a otros pueblos del mundo en lugar de evangelizarles. ¿Debe ser controlado el evangelio por los conceptos religiosos o culturales de la gente de cada región? No, por el contrario, el evangelio debe controlar los conceptos de la gente de todo país o región.

  E. Es muy difícil ser objetivo. Todos tendemos a razonar subjetivamente, es decir, entran en nuestro estudio los propios pensamientos, el propio parecer, las propias opiniones, y se nos hace difícil analizar objetivamente algunos textos bíblicos para aprender precisamente lo que el texto mismo enseña. Es fácil ocultarlo con ideas preconcebidas. Todo el mundo se acerca al estudio bíblico con su propio equipo para estudiar, con su pro­pio modo de pensar, que es el producto de su pasado. Todo el mundo tiene sus ideas preconcebidas, ideas recibidas de la cul­tura pasada. Por lo tanto, hay un peligro grande de que el cris­tiano lea la Biblia con los lentes de sus propios conceptos de mucha enseñanza bíblica. Lo que observamos en la Biblia misma es teñido por estos conceptos personales que recibimos de los padres y parientes, de la educación, de los amigos, de al­guna religión o de la cultura en general. Hasta los términos bíblicos tienen significado o definición especial para muchísi­mas personas debido especialmente a la teología de su vida pasada. El hermano débil en la fe (Rom. 14) oye, como los demás, la predicación apostólica acerca de la libertad en Cristo, pero tiene sus propios conceptos de lo que se requiere para la santidad y la piedad. El oye la palabra de Dios pero su com­prensión es influenciada por sus propias opiniones. Le es muy difícil substituir sus propias opiniones con la sencilla palabra del evangelio que le ofrece más libertad. Le es muy difícil aceptar como criterio infalible la predicación de la libertad en Cristo en lugar del criterio de su propia conciencia.

  F. Concluyendo este punto, ¿por qué, pues, son algunos dé­biles en la fe? Porque como producto de su pasado, "habituado" a cierta forma de vida y a cierta forma de pensar, llegan a ser cristianos, pero no pueden dejar todas sus opiniones en cuanto a requisitos y prohibiciones que recibieron de su vida pasada.

III. El hermano fuerte. Dice Rom. 15:1, "Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles".

  A. ¿En qué sentido era fuerte en la fe? No habla Pablo de hermanos fuertes en su fe en la Deidad de Cristo, ni en el bautismo, ni en la segunda venida de Jesús, sino de hermanos fuertes en su comprensión de la libertad en Cristo; es decir, la conciencia del hermano fuerte no le obliga a vivir de acuerdo a escrúpulos o opiniones que proceden de su vida pasada. El en­tiende que sí puede comer de todo, y no hace diferencia entre día y día. No hay nada en el evangelio (la ley de Cristo) que prohíba ciertas comidas y el hermano fuerte comprende esto. Las leyes antiguas que señalaron a ciertos días como solemnes ya no estaban en vigor, y el hermano fuerte entiende esto. So­lamente en este sentido se llama fuerte, y no tiene que ver necesariamente con su fuerza espiritual en otras.

  B. Los hermanos más celosos, los más estrictos y exigentes, no son necesariamente los más fuertes en el Señor. Sin lugar a dudas los hermanos que son clasificados por Pablo como los débiles en la fe se consideraban a sí mismos como los más fuertes. Algún hermano puede ser muy fuerte para promover sus opiniones en lugar de promover la palabra de Dios. Existía en los días de Pablo y existe ahora el peligro de que algún hermano trate de im­poner sus propias opiniones sobre otros hermanos. La palabra "juzgar" (Rom. 14:3, 4, 10) tiene que ver con esto.

  C. ¿Cuál es el deber del hermano fuerte según Rom. 14 y 15?

    1. Rom. 14:1 dice, "Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones". El hermano fuerte debe recibir al hermano débil en plena comunión. Debe acep­tarlo en todo sentido. No debe hacer acepción de personas; no debe discriminar al hermano débil en nada. Debe recibirlo con propósito sano. No debe recibirlo de labios solamente. No debe recibirlo para despreciarlo, ni para burlarse de sus opiniones. Tal conducta tendría el resultado negativo de confirmarlo más en sus creencias o de desanimarlo.

    2. Tampoco debe dejar que la opinión del hermano débil sea el criterio de la iglesia. No debe dejar que la iglesia se sujete a los requisitos y prohibiciones dictados por la conciencia del hermano débil. La conciencia del hermano débil debe ser el cri­terio para él solo, pero no debe ser la guía de la iglesia.

    3. Pablo no dice, "convertid", sino "recibid". Es muy im­portante esta observación. Si leemos con cuidado el capitulo 14 de Romanos, aprendemos que Pablo enfatiza la comunión, la paz y el amor (especialmente en los vers. 17-19). No le encarga al hermano fuerte a que convierta al hermano débil. La per­sona que no aprende esto, pierde una de las lecciones princi­pales del capitulo. Dice el ver. 5, "Cada uno (tanto el débil como el fuerte) esté plenamente convencido en su propia mente", es decir, que cada uno resuelva para sí mismo cuál será el curso mejor, lo más propio para él. No dice Pablo, "Para que haya plena unidad entre ustedes, quiero que el hermano fuerte convenza cuanto antes al hermano débil". Es precisamente lo que Pablo prohibe: "Recibid ... pero no para contender sobre opiniones". También dice en el ver. 22, "¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios". ¿De qué fe habla? De "la fe" bajo consideración en este capítulo, desde el ver. 1: la creencia en cuanto a comidas y días especiales. Pablo no dice que el hermano débil debiera abandonar cuanto antes sus creencias, sino que "esté plenamente convencido en su propia mente" para estar tranquilo en su alma, y prohíbe que el hermano fuerte lo inquiete con contenciones. También el fuerte debe tener su fe como cosa privada (ver. 22), entre él y su Dios, y no abusar de su libertad.

    4. El hermano fuerte no debe menospreciar al hermano débil (ver. 3). Como dijo Pablo en el ver. 1, debe recibirlo con todo cariño, para disfrutar de la plena comunión con él, sin ningún desprecio. Las creencias del hermano débil son para él mismo, para su propia vida, y no hacen ningún daño en la igle­sia si las guarda como "propiedad personal". El hermano débil en este texto se considera como hermano sincero, concienzudo y merecedor del respeto de todos.

    5. No debe causar que el hermano débil caiga.

      a. Dice Pablo en el ver. 14, "Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para él que piensa que algo es inmundo, para él lo es".

      b. En el ver. 15 agrega, "Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió". La palabra "contristado" no se refiere a la sencilla des­aprobación que el hermano débil sienta, sino a la tristeza cau­sada por el desprecio (vers. 3, 10). Desde luego, un hermano débil se siente molesto si otros no están de acuerdo con él y no aceptan sus opiniones, pero el amor sólo requiere que el her­mano fuerte lo reciba, que no lo menosprecie y que no sea tropiezo para el hermano débil. Pablo no enseña que la iglesia debiera someterse a las ideas del hermano débil para no con­tristarlo. Si fuera así, entonces no habría nada de libertad para nadie. Todos estaríamos obligados a conformarnos a las opi­niones de los más débiles en la iglesia. ¿A cuáles deberíamos someternos? Hay una gran variedad de opiniones y los que tienen opiniones no están de acuerdo.

      c. ¿Qué significa la palabra "ofenderse". El ver. 21 dice, (según el texto Valera revisada), "Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite". La version hispano-americana y La Biblia de las Américas y otras dicen sencillamente, "que haga tropezar a tu hermano". Pero de cualquier manera, la palabra "ofenderse" (skandalizo) no significa "desagradar" sino "hacer tropezar". Puede ser que la conducta del hermano fuerte desagrade al hermano débil (éste se ofende en el sentido de resentirse y sen­tir molestias), pero Pablo no emplea ninguna palabra con tal significado. El habla de poner un tropiezo delante del hermano débil que puede resultar en su perdición. 1 Cor. 8:10-13 explica bien esta enseñanza y pone una ilustración. ¿Como podemos nosotros hacer aplicación de esta enseñanza de Pablo? Si algún hermano o hermana tiene alguna convicción semejante a estas cosas mencionadas en Rom. 14 y 1 Cor. 8, debe vivir de acuerdo con su convicción. Si alguien en la iglesia le critica o le induce a hacer la cosa condenada por su conciencia, hace que él o ella peque. Si en cualquier forma causamos que un hermano actúe en contra de su conciencia, somos responsables delante de Dios de su caída. En 1 Cor. 8:10 enseña Pablo que el ejemplo de un hermano con conocimiento puede causar la caída del hermano débil, pero obsérvese lo extremo del caso: un hermano se atreve a sentarse "a la mesa en un lugar de ídolos". Este texto no puede citarse para condenar al hermano que aprovecha su libertad porque Pablo claramente enseña que se puede disfru­tar de ella. Léase 1 Cor. 10:25-27.

IV. ¿Cuál es el deber del hermano débil?

 

  A. "Esté plenamente convencido en su propia mente" es otra cosa requerida por Pablo del hermano débil. Debe tener una creencia bien definida en su propia mente y luego su conducta debe ser consecuente con aquella creencia. Dice el ver. 23, "Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado". De­bido a las creencias y prácticas pasadas de su vida, algunos hermanos sienten la necesidad de creer, hacer o dejar de hacer ciertas cosas que no son enseñadas o prohibidas por la ley de Cristo (están "habituados hasta aquí ..." a cierto modo de creer y hacer). Por lo tanto, en su caso lo importante es que sean con­secuentes con su conciencia. De otro modo, pecan.

 

  B. Debe hacerlo para el Señor. Dice el ver. 6, "El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios". El hermano sincero no tendrá otro propósito; solamente quiere agradar al Señor. Pero el hermano débil que comienza a juzgar a su hermano (el siervo ajeno, el siervo de otro), obligándole a sujetarse a dichas opiniones, en­tonces con esto pone en tela de juicio su propósito. ¿Quiere en verdad agradar al Señor? o ¿simplemente quiere sujetar a sus hermanos a sus opiniones? Recuérdese que el hermano débil requiere o prohíbe (por lo menos para sí mismo) algo o algunas cosas que la ley de Cristo no requiere ni prohíbe. Es correcto que el hermano débil viva de acuerdo a su conciencia, pero peca si obliga a otro hermano a aceptar tales requisitos o pro­hibiciones. Si él mismo lo hace para el Señor, bien, pero si trata de imponerlo sobre el siervo ajeno, peca.

  C. No debe juzgar al hermano fuerte. Dice Pablo en Rom. 14: 3, 4, "El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio Señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme". Otra vez en el ver. 10, "Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano?" El hermano débil en la fe no debe juzgar a los hermanos que no están de acuerdo con él. El hermano débil tiene sus propios pensamientos, escrúpulos y opiniones. Es posible que se sienta inquieto al ver que otros hermanos no viven en conformidad con sus conceptos de la vida consagrada. Es tentado, pues, a juzgar a otros hermanos como mundanos, infieles, y no disciplinarios. Puede creer que les falta santidad. Esto causa muchos problemas. El hermano débil a veces juzga a los demás; los critica, les exhorta, les regaña, y trata de imponer sobre otros las normas de vida que él ha acep­tado para sí mismo, y esto inquieta a otros en la congregación. A veces los miembros que no aceptan ciertas opiniones, son in­timidados, amenazados, clasificados como mundanos y forzados a conformarse o a salir.

  D. Que sus opiniones no lleguen a ser "mandamientos y doctri­nas de hombres". Colosenses 2:16-23 demuestra el resultado cuando Rom. 14:3, 4, 10 no se obedece. En Rom. 14 Pablo em­plea ternura en su enseñanza, pero en Col. 2: 16-23 insiste en que los cristianos de Colosas y de todo lugar no acepten el yugo de tales opiniones. Al comparar los dos textos se ve que el problema mencionado en Rom. 14 se había agravado en Colosas, y que tales opiniones llegaron a ser una filosofía o re­ligión humanas (ver. 8) de "mandamientos y doctrinas de hom­bres". En Rom. 14:3 dice Pablo al hermano débil, "no juzgue" en cuanto a comida y días especiales. En Col. 2:16 dice, "nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta ..." En  Col. 2:20, pregunta "¿por qué ... os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformi­dad a mandamientos y doctrinas de hombres) ..." En Col. 2:23 dice que las prohibiciones ascéticas sí tienen "cierta reputación de sabiduría en culto voluntario", es decir, culto o servicio que tiene su origen en la voluntad humana y arbitrario creado por la mente humana para alimentar el orgullo de la carne. En Colosas pues los hermanos "débiles" tenían opiniones propias (no reveladas en el evangelio), como las que estamos estu­diando en Rom. 14, pero sí juzgaban a los demás.

    1. A estos Pablo dice enfáticamente: "nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días ... Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad ..." Los mandamientos y las prohibiciones de los débiles habían llegado a ser "mandamientos y doctrinas de hombres".

    2. En Mat. 15:1-14 Jesús denuncia tales reglamentos. ¡Qué fácil es que un hermano débil -- al igual que los fariseos -- imponga sus opiniones sobre los demás. Las opiniones que se guardan como propiedad personal no hacen daño a nadie, ni al dueño de ellas, ni a los demás. ¿Qué mal habrá en que alguno se lave las manos antes de comer, aunque lo haga como acto religioso? Si es simplemente una práctica privada, otros no son afectados. Pero cuando tales opiniones se propagan con fervor y se promueven como reglamentos necesarios para otros, en­tonces resulta una plaga de desavenencias que causan la di­visión.

    3. En Colosas estas opiniones, combinadas con ciertos erro­res (ver. 18), llegaron a ser "filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimen­tos del mundo, y no según Cristo" (ver. 8). En Colosas las opi­niones de los hombres llegaron a ser más importantes que el evangelio de Cristo. Esto indica el peligro del egoísmo y orgullo que acompañan las opiniones de hombres. ¡Qué tragedia cuando las opiniones se propagan con arrogancia! Si las opi­niones de algún hermano débil llegan a ser "mandamientos y doctrinas de hombres", tanto él como los hermanos que se suje­tan a él pueden perderse.

    4. Ahora bien, antes de dejar este texto (Col. 2), que sea bien entendido que reconocemos perfectamente que la herejía en Colosas incluía varias cosas, tanto paganas como judaicas. No estamos afirmando que el problema en Colosas era sola­mente el de Rom. 14 (en forma exagerada o agravada). El ver. 18 claramente habla de "culto a los ángeles", que no es asunto inocente en sí sino un error grave. Ademas, Col. 2:9, 10 fue es­crito para exponer un error acerca de la persona de Cristo. De hecho, es obvio que en esta carta Pablo combatió varios errores del gnosticismo incipiente que mezclaba la filosofía pagana con el ju­daísmo. Pero sea lo que fuera la fuente de los mandamientos humanos, el problema es lo mismo. Los mandamientos y pro­hibiciones humanos deben ser rechazados, no importa de donde vengan. Vienen del paganismo, del judaísmo, del catoli­cismo, del pentecostalismo, del adventismo, del protestantismo, etc., y aun de iglesias de Cristo. Los que vienen de hermanos en Cristo no son mejores que los que proceden del gnosticismo: son "cosas que todas se destruyen con el uso", y "no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne".

    5. Obsérvese que en medio de esta discusión de "filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres" (ver. 8), de algunos errores de los gnósticos (negaron la Deidad de Jesucristo; enseñaron el culto a los ángeles, etc.) y de que la ley de Moisés ya quedó clavada a la cruz (ver. 14), Pablo dice, "nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días ..." (ver. 16) y condena los "preceptos tales como: no manejes, ni gustes, ni aun toques, etc." El no dice en Col. 2 que un hermano no puede abstenerse de algunos alimentos si su conciencia así lo dicta. Tampoco dice que un hermano peca si somete su cuerpo a "duro trato". Los escrúpulos y las ideas de santidad de tal hermano son protegidos y defendidos por Pablo, con tal que no se impongan sobre otros. Pero cuando las opiniones se pro­pagan como reglamentos necesarios para otros, entonces Pablo ya no lo defiende sino que lo denuncia. Ahora defiende a los hermanos que son amenazados e intimidados por la imposición de tales opiniones humanas.

V. La aplicación apropiada de Rom. 14 hoy en día.

     A. Puede haber casos idénticos a los de Rom. 14, porque es posible que las personas convertidas del judaísmo, del catoli­cismo, del adventismo y de otras religiones tengan escrúpulos en cuanto a ciertas comidas y ciertos días. También hay muchos conceptos ascéticos en el mundo religioso ahora. Las ideas del ascetismo que fueron enseñadas y practicadas por los esenios y gnósticos dieron origen a la vida monástica, a la prohibición del matrimonio, y a las penitencias y penas del catolicismo. Tam­bién la "severa santidad" del pentecostalismo viene de la misma familia de conceptos ascéticos. Todos estos conceptos proceden del gnosticismo que propagaba la idea de que el cuerpo es malo y debe ser cas­tigado. El propósito del "duro trato" del cuerpo es para librar al espíritu, pero solamente cría orgullo. Muchos hermanos en Cristo, convertidos del catolicismo, pentecostalismo, etc. y "habituados hasta aquí" a tales conceptos ascéticos, los per­petúan en la iglesia.

     B. La proposición básica de Rom. 14 es que las creencias y prácticas de hermanos que no son reveladas claramente en la ley de Cristo deben ser propiedad personal. La voluntad del Señor se nos revela en el Nuevo Testamento por medio de:

    1. Declaraciones explícitas.

    2. Declaraciones implícitas de las cuales se sacan inferen­cias necesarias.

    3. Mandamientos que claramente son para los santos de todo lugar hasta el fin del mundo.

    4. Ejemplos que claramente deben ser imitados por los santos de todo lugar hasta el fin del mundo.

  C. Las demás creencias son opiniones. Las creencias que no se revelan a través de alguna de estas cuatro maneras son opiniones como las que se mencionan en Rom. 14. Son "propiedad privada". Si éstas no contradicen las enseñanzas reveladas claramente en el Nuevo Testamento y solamente se aplican en la vida del dueño de ellas, no habrá problema.

Romanos 14

  (En el año 1989 salió entre los hermanos conservadores una nueva interpretación de Romanos 14, con el propósito de defender la comunión con el hermano Homer Hailey quien escribió un libro titulado, "The Divorced And Remarried Who Would Come to God" ("Los que se han divorciado y vuelto a casarse que vendrían a Dios"). El objetivo de muchos hermanos, pues, es abrir las puertas de comunión a todos los hermanos que enseñen error sobre el divorcio y segundas nupcias. Desde luego, sólo Dios sabe cuántos errores estarán dispuestos a aceptar en el futuro. El siguiente estudio del capítulo tiene que ver con ese problema).

I. El tema del capítulo.

  A. 14:1-5, Trata de cuestiones de comer alimentos (p. ej., no comer la carne de puerco), y de guardar días (p. ej., no trabajar en día sábado).

  B. El hermano débil no era pecaminoso, inmoral, infiel, sino que tenía dudas, escrúpulos, opiniones con respecto a estas prácticas.

  C. La ley de Cristo permite que se coma de todo (1 Tim. 4:1-5), y la ley que hablaba del sábado, etc. se había clavado a la cruz (Col. 2:14-17), pero la conciencia del hermano débil no le dejaba disfrutar de su libertad en Cristo.

 

II. ¿Cuáles son las instrucciones de Pablo en este capítulo?

  14:1-3, No contender con el hermano débil sobre tales cosas, pues no importan. Sobre esto Pablo no pone límite; es decir, no deberían contender sobre tales cosas nunca. (Este es un punto clave en este estudio).

  Si fuera asunto de la fe (Gál. 3:25; Judas 3), sería necesario corregir al hermano débil, pero no lo es y éste puede seguir creyendo y practicando de esa manera hasta la muerte sin afectar su salvación.

  Los hermanos deben recibir los unos a los otros, pues, aunque haya diferencia de opinión con respecto a los alimentos y los días y otras cosas semejantes.

  14:3 Que el hermano fuerte no menosprecie al hno. débil.

  14:3, 10, 13 Que hermano débil no juzgue (condene) al hermano fuerte.

  14:13, 20 Que el uso de la libertad no cause tropiezos; es decir, que el hermano fuerte no anime (ni por palabra ni por ejemplo) al hermano débil a violar su conciencia.

  14:19 Seguir lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.

  14:22 Que la práctica de tales cosas sea entre el individuo y Dios.

  14:23 Que el hermano débil no viole su conciencia.

  15:1 Que los fuertes soporten las flaquezas de los débiles.

III. La interpretación correcta de este capítulo.

  A. Somos libres de la esclavitud de las opiniones humanas.

  B. Se puede o no comer alimentos, y guardar o no ciertos días.

  C. No son asuntos doctrinales, sino asuntos de opinión, de la convicción individual (14:5. 22).

  D. Los dos lados son aceptables: 14:3 Dios recibe a los dos; 14:6 cada uno practica o no practica estas cosas para el Señor.

  E. 14:14 Estas prácticas no son inmundas en sí mismas; 14:16 la práctica de ellas se llama "vuestro bien".

  F. 14:20 Todas las cosas (de este contexto) son limpias (no pecaminosas).

  G. No le importa a Dios si uno come o no, si guarda días festivos o no.

  H. Estas son cosas que ni se requieren, ni se prohíben.

  I. Sobre tales cosas no hay revelación; por eso, son opiniones.

  J. No contender, pues, ni juzgar o menospreciar 14:3, 4, 10, 13.

  K. No poner tropiezo (hacer caer), 14:13, 15, 19, 20, 21; un ejemplo de poner tropiezo sería insistir en que el hermano débil coma la carne de puerco o que trabaje en día sábado. Esto sería tropiezo para él, porque al hacerlo viola su conciencia y esto es pecado (14:23). Para ver otro ejemplo de poner tropiezo, véase 1 Cor 8:10-13, tema semejante.

  L. Que la conciencia sea la guía en tales asuntos (14:5, 22, 23). El hermano débil no debe violar su conciencia.

IV. El uso incorrecto de este capítulo.

  A. Rom. 14 no enseña que somos libres para escoger asuntos de la fe, Gál. 3:25; Judas 3.

  B. La fe: 1) Verdades y mandamientos específicos; 2) ejemplos aprobados; 3) inferencias necesarias. La conciencia no puede ser la guía en asuntos de la fe.

  C. 14:5, "juzga iguales todos los días", p. ej., los días que tenían importancia para los israelitas, bajo la ley de Moisés, como el sábado. ¿Quiere decir que está bien que participemos de la cena el día lunes? Claro que no. Rom. 14 no tiene nada que ver con el asunto del día indicado para participar de la cena. Esta verdad se ha revelado por medio del ejemplo apostólico (Hech. 20:7).

  D. Otro diría que el usar instrumentos de música en el culto no viola su conciencia, pero esta práctica no es asunto de opinión, porque las Escrituras dicen que debemos cantar (Efes. 5:19; Col. 3:16).

  E. El asunto del divorcio y segundas nupcias no se trata en Rom. 14, porque en Mat. 5:32; 19:9 Jesús enseña claramente que el que se divorcia de su esposa no por fornicación y se casa con otra adultera. Esto es asunto de la fe, revelada de la manera más explícita. El hermano Ed Harrell enseña la verdad con respecto al institucionalismo, la iglesia patrocinadora, y aun sobre el divorcio y segundas nupcias, pero enseña error acerca de Romanos 14, pues él afirmó en Christianity Magazine, mayo de 1989, página 6, que Romanos 14 enseña que hermanos tienen el derecho de "no estar de acuerdo acerca de instrucciones escritúrales, aun en asuntos de notable importancia moral y doctrinal" ("even in matters of considerable moral and doctrinal import"). Dijo esto para probar que debemos tener comunión con los que enseñan error sobre el divorcio y segundas nupcias (por lo menos, con el hermano Homer Hailey). Escribió 17 artículos para probar esto y concluyó diciendo que Romanos 14 justifica un ambiente que "tolera enseñanzas y prácticas contradictorias con respecto a importantes cuestiones morales y doctrinales" ("tolerates contradictory teachings and practices on important moral y doctrinal questions"), (Christianity Magazine, mayo de 1990, página 6).

  F. El hermano Rubel Shelley es un predicador ultraliberal de Nashville, Tennessee, y muy amigo del hermano Harris Goodwin, editor de La Voz Eterna. Shelley aprueba muchas prácticas no bíblicas y tiene plena comunión con la Iglesia Cristiana. Con respecto a Romanos 14 él dice que sin abandonar "las verdades del evangelio del primer orden, es decir, cuestiones que se relacionan directamente con el significado de Cristo y su muerte expiadora, debemos dejar de tildar de apóstata y de negar o retirar la comunión sobre verdades del segundo o tercer orden". Según Shelley el beber alcohol socialmente es una verdad del segundo orden, y el tocar instrumentos de música en el culto es una verdad del tercer orden ("A Call to Action", Restoration Forum XII - ACU, Abilene, Texas, Nov. 1-3, 1995).

  G. Si Rom. 14 cubriera toda doctrina religiosa, entonces la opinión de cada persona sería la ley y el Nuevo Testamento no sería la ley para nosotros.

V. ¿Por qué dicen algunos que Romanos trata de doctrina (asuntos de la fe)?

  A. Rom. 14:4 dice, "Para su propio señor está en pie, o cae". Argumentan algunos, pues, que esto prueba que el capítulo tiene que ver con asuntos de la fe porque con respecto a las cosas tratadas el hermano fuerte pudo caer (pecar). Afirman, pues, que al comer, el hermano fuerte pecó.

    1. Pablo no dice tal cosa. Por el contrario dice en todo el capítulo que son cosas que no importan, que no eran asuntos de pecado.

    2. Al decir, "está en pie, o cae", está diciendo simplemente que el hermano débil no es el juez del hermano fuerte, sino que éste será juzgado por su Señor, que el hermano débil no decide (juzga) si el fuerte está bien (está de pie) o está mal (cae), porque el hermano fuerte no es el siervo del hermano débil, sino un siervo ajeno, o sea, siervo del Señor.

  B. Argumentan que Rom. 14 trata de doctrina, porque Dios "le ha recibido"  (tiempo pasado) al hermano fuerte, pero que al comer había caído (pecado), y que el hermano débil debería recibirlo aunque había caído en pecado.

    1. Los hermanos que "explican" este texto de esta manera tienen sangre sectaria, porque argumentan exactamente como los testigos, adventistas y mormones.

    2. Esto es precisamente lo opuesto de lo que Pablo está diciendo, porque en todo el capítulo insiste en que ni el débil ni el fuerte peca, que si el débil no come no peca, y que si el fuerte come no peca. Véase el análisis  del capítulo dado arriba.

    3. Pablo no dice que el fuerte cayó, sino que sólo el Señor (no el débil) le juzga, que sólo el Señor dirá si está en pie o cae, y en lugar de decir que cayó dijo, "estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme". Estará firme con respecto a comer de todo.

    4. ¿En qué quería el hermano débil juzgar a su hermano? No le acusaba de algún pecado que le hiciera caer, pero esto es precisamente lo que algunos hermanos hacen en su argumentación: juzgan (condenan) al hermano fuerte, diciendo que él cayó (pecó) por haber comido, y esto es precisamente lo que Pablo prohibió. El dijo al débil: No le juzgue. Y ahora algunos hermanos lo hacen. Desobedecen al apóstol Pablo (al Espíritu Santo).

VI. Creen que el hermano débil debe ser enseñado y corregido para madurar y dejar su error o su práctica mala.

  A. Por eso dije que uno de los puntos claves en este texto es que el hermano fuerte no debería contender con el hermano débil, nunca. Pablo no dijo, "No contender con él" por tres meses o por seis meses. No dijo "Espere hasta que sea más confirmado", sino simplemente, "No contender" con él. Punto.

  B. El hermano débil puede seguir en su creencia y en su práctica hasta la muerte.

  C. Dios recibió al hermano débil y, por eso, el hermano fuerte debe recibirlo sin contender sobre opiniones, es decir, sin tratar de convencerle o convertirle. Pero la enseñanza errónea (moderna) de algunos hermanos sobre Rom. 14 requiere que el hermano errado sea instruido y con el tiempo convencido de su error, que es necesario recibirlo en su error y en su pecado como "niño" y luego corregirlo. Cierto hermano dijo que los ex católicos recién convertidos pueden por algún tiempo seguir adorando a María, que hay que tener paciencia con ellos.

  D. Según esta doctrina falsa, pues, hay que recibir a los hermanos que enseñan error sobre el divorcio y segundas nupcias (este es el tema que es el corazón de la controversia y el motivo para la invención de esta nueva doctrina) y al mismo tiempo hay que aceptar a las parejas que están viviendo en adulterio, porque si tenemos comunión con los que enseñan la doctrina falsa, hay que tener comunión también con los que práctican esa doctrina.

 

VII. Estos hermanos ponen límites a su interpretación.

  A. Dicen que es enseñanza sólo para los hermanos, pues no quieren tener comunión con los sectarios en su error, pero ¿qué dice Rom 2:11? Dios no hace acepción de personas. Dios no dice que los sectarios no pueden enseñar error pero que los hermanos sí lo pueden hacer.

  B. Argumentan que podemos tener comunión con hermanos que enseñan error sólo que sean sinceros. Esto ha sido el corazón del argumento del hermano Ed Harrell acerca del hermano Homer Hailey, que él es muy sincero y, por eso, debemos tener comunión con él aunque enseñe error. Este concepto requiere que tengamos comunión con todo el mundo, porque sólo Dios conoce el corazón del hombre (Jn. 2:24, 25; Hech. 1:24; 1 Cor. 2:11). Estos hermanos "conservadores" que usan mal Rom. 14 no abogan por la comunión con los sectarios, ni con los hermanos liberales (institucionales); por lo tanto, según su doctrina, tienen que concluir que todos estos son insinceros. ¿Puede un hombre ser sincero y al mismo tiempo equivocado? Hech. 23:1.

  C. Entonces, si algún hermano sincero está equivocado ¿a qué se debe? Dicen que esto sucede porque la revelación no está clara sobre el tema bajo consideración. Entonces, si los hermanos sinceros están equivocados, ¿Dios tendrá la culpa?

  D. Otro límite que ponen a su interpretación es que sólo tiene que ver con el individual y no con la congregación. Dicen esto para no justificar la comunión con los liberales que enseñan errores que afectan la congregación, como el uso incorrecto de la ofrenda, pero si se acepta esta interpretación de errónea de Rom. 14, entonces la congregación tendrá comunión con los que enseñan error sobre el divorcio y segundas nupcias y, para ser consecuentes, tendrán que aceptar la práctica de ese error; es decir, se aceptarán en la membresía a las parejas que viven en adulterio.

  E. Otro límite que ponen a su doctrina es que el hermano sincero equivocado no promueva su error. Quieren decir con esto que no lo predique en el púlpito. Pero como ya se mencionó: el hermano Homer Hailey ¡ha publicado un libro para enseñar y propagar su error! Varios hermanos de El Salvador recibieron a Raymundo González, Mike Méndez y Mel Rose diciendo que estos hermanos no enseñan error sobre el divorcio y segundas nupcias en el púlpito, pero aceptaban que enseñaran su error en las casas, y de esa manera varias congregaciones aceptaron su error. ¿Qué dice 2 Jn 9-11?

 

Conclusión.

     A. En la misma carta (Rom 16:17), Pablo dice que debemos señalar a los que no enseñan la verdad y apartarnos de ellos. Por eso, Rom. 14:1 no se refiere a los que enseñan error. Más bien, el tema del capítulo es: aceptar a este hermano porque Dios le ha recibido.

  B. ¿Por qué se usa mal Rom 14? Siempre ha sido el texto predilecto de los que promueven la llamada "unidad en la diversidad". Algunos lo han citado para justificar la comunión con la Iglesia Cristiana y otros que se han apartado del Restoration Movement (el movimiento o esfuerzo del siglo pasado para restaurar el orden bíblico).

  C. Pero últimamente se ha citado para aprobar la comunión con un gran número de hermanos (mayormente del noroeste de Estados Unidos y Canadá) que tergiversan Mat. 5:32; 19:9, diciendo que esta enseñanza no es para los inconversos, o que el adulterio de estos textos no es sexual sino simplemente legal (los trámites de divorciarse y volver a casarse). Enseñan estos errores absurdos para tener comunión con los que viven en adulterio.

  D. Tales hermanos dicen que muchos no entienden los puntos conflictivos con respecto al divorcio y segundas nupcias, que siempre ha habido confusión con respecto a este tema, etc., pero hay "puntos conflictivos" también con respecto al reino, la autonomía de la iglesia local, el uso de la ofrenda, la música instrumental en el culto y docenas de otros temas. Pero no es que sea difícil entender Mat 5:32; 19:9; Rom 7:3, sino que muchos simplemente no están dispuestos a aceptar lo que el Nuevo Testamento enseña sobre el asunto.

  E. Tambien dicen -- y con esto confunden a muchos hermanos -- que la cuestión del divorcio y segundas nupcias debe ser tratada como la hermandad trata la cuestión del velo (la cubierta) de la mujer. Dicen que el uso del velo no es asunto de opinión, sino de la fe para algunos, pero el velo es cuestión de la conciencia de cada hermana; es decir, la hermana que se convence que debe usar el velo debe usarlo. Tiene que ver con la convicción o conciencia de cada mujer. Seguramente Dios recibe a la hermana que usa el velo como recibe a la hermana que no lo usa, pero Dios no recibe al adúltero (Heb. 13:4). Los que comparan el uso del velo con los que viven en adulterio insultan a todas las hermanas, porque el usar o no usar el velo no es en ningún sentido como el adulterio.

  F. El torcer Rom. 14 es en la actualidad el enemigo número uno de la iglesia, porque abre las compuertas para todas las doctrinas y prácticas erróneas.

* * * * * * * * * * * * * * *

Distinguir entre "la fe" y las opiniones en las enseñanzas genéricas.

I. Introducción.

  A. Hay muchas enseñanzas que son de naturaleza genérica, y la obediencia a ellas requiere el uso del juicio humano. Cada cris­tiano tiene que estudiarlas, empleando su inteligencia y juicio para obedecerlas ("que aprobéis lo mejor", Fil. 1:10). Otros pueden ayudarnos, exhortarnos y aun amonestarnos, pero no pueden obedecer por nosotros. Dios quiere que cada persona obedezca "de corazón", y esto requiere el empleo de la ciencia y juicio de cada uno. Cada cristiano tiene que aplicar la en­señanza del Señor a su propia vida.

 

  B. El Señor da margen al juicio humano. Esto significa que cada cristiano tiene que emplear su propio juicio al obedecer las enseñanzas genéricas. El Nuevo Testamento es la ley para cada país, de cada siglo, hasta el fin del mundo. El hombre fue creado a la imagen de Dios, por lo cual tiene la inteligencia necesaria para entender la voluntad de Dios y se requiere que todos -- cada hombre, cada mujer, cada joven -- entienda y obedezca su santa voluntad. Cada persona tiene que estudiar por sí misma para entender y obedecer la Palabra.

 

II. Ejemplos de la enseñanza genérica.

  A. El cristiano debe estudiar. Cada cristiano debe apartar tiempo para estudiar. Puede estudiar solo, con su familia, o con otros. Puede estudiar cierto libro bíblico. Puede estudiar en el día o momento que escoja. Es un deber individual, y cada cris­tiano tiene que emplear su propio juicio en cuanto a qué estu­diar, cuándo estudiar, dónde estudiar, con quién, etc. Si una iglesia tiene ancianos (pastores, obispos), aun ellos no deben encargarse de dictar estos detalles para cada miembro. Tal práctica sería lo que Pedro prohíbe (1 Ped. 5:3): "no como te­niendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado". Tam­poco puede hacerlo la junta de varones (en una congregación que carece de ancianos).

  B. Cada miembro debe visitar a los enfermos y otros necesita­dos, Mat. 25:36. Debe "visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones" (Sant. 1:27), etc., pero ¿cuándo debe hacer estas visitas? ¿qué tan frecuente? ¿con qué tanta ayuda? La obediencia a tales mandamientos es deber personal. Le toca a cada cristiano decidir. Los ancianos o la junta de varones de una congregación no tienen el derecho de establecer un pro­grama obligatorio de visitas para los miembros. Los cristianos hacen tales buenas obras sin sonar trompetas. Por lo tanto, no debemos juzgarnos unos a otros con acusaciones necias. Lo im­portante es que cada quien se juzgue a sí mismo. "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados", 1 Cor. 11:31.

  C. Cada miembro debe ofrendar. El Señor no ha legislado con respecto a la cantidad que cada miembro debe ofrendar y no conviene que los hombres lo hagan. Enseñemos la voluntad del Señor como se revela en Hech. 11:29 ("cada uno conforme a lo que tenía"); 1 Cor. 16:2 ("según haya prosperado"); 2 Cor. 9:7 ("como propuso en su corazón"), etc., y dejar el asunto al juicio de cada cristiano. Están completamente fuera de orden aque­llos que imponen el diezmo (10%) u otra cuota. La cantidad de la ofrenda (sea la del primer día de la semana, o la ayuda para el prójimo como en el caso del buen samaritano) bien ilustra la enseñanza genérica que se deja al juicio (y conciencia) de cada individuo. Se prohíbe que algún hermano imponga sus ideas sobre otros. Que nadie juzgue al criado ajeno.

 

  D. La lista de obligaciones individuales es larga. Lo que se dice aquí acerca de estudiar, visitar, y ofrendar, también se puede decir de muchos otros deberes: tales como el orar, el cantar, el criar hijos (y todos los deberes y relaciones domésti­cos); el administrar las finanzas personales, la abnegación de sí, la asociación con los del mundo, etc. Está bien recibir y aun pedir consejos de otros, pero cada individuo tiene que decidir el curso de su vida. El hermano que está dedicado de corazón a la tarea de aprender y practicar la voluntad de Dios para él, tiene muy poco tiempo para juzgar al hermano o murmurar de él. Debemos exhortarnos unos a otros con la Palabra, y recor­darnos unos a otros de las instrucciones divinas, y luego dejar que cada individuo lleve la enseñanza "al terreno de la práctica" como solemos decir en las oraciones. El Señor dice, "no de­jando de congregarnos" (Heb. 10:25). Leemos de varias reu­niones de hermanos en el primer siglo, y observamos en varios lugares en la actualidad las reuniones frecuentes de hermanos -- algunos se reúnen cuatro o cinco veces cada semana, y algunos hasta todas las noches --, pero no caigamos en el error de hacer leyes humanas, juzgando al hermano que no puede asistir a toda reunión o a toda clase bíblica establecida por la congre­gación. Si distinguimos siempre entre lo que Dios nos dice y lo que los hermanos hayan establecido o sugerido, evitaremos muchos problemas en la iglesia.

  E. Las cualidades de carácter cristiano. Comenzando en el sermón del monte (Mat. 5, 6, 7), Jesús nos enseña la importan­cia de ciertas cualidades de carácter, cualidades que se obser­van en El. Por ejemplo, las bienaventuranzas de Mat. 5:1-12 ("pobres en espíritu ... los que lloran ... los mansos ... los que tienen hambre y sed de justicia ... los misericordiosos ... los de limpio corazón ... los pacificadores ... los que padecen persecu­ción por causa de la justicia ..."). En los 27 libros del Nuevo Tes­tamento hay muchas enseñanzas acerca de la humildad, la  pureza, la sinceridad, la santidad, la sujeción, el valor, la fe, el amor, la gratitud, la paciencia, la modestia, y docenas de otras cualidades y virtudes semejantes. Dice el apóstol Pablo en Gal. 5:22, "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza ..." Cada cris­tiano debe crecer diariamente en estas cualidades. Como dice Pedro (2 Ped. 1:5-7), "poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud ... conocimiento ... dominio propio ... paciencia ... piedad ... afecto fraternal ... amor". Las palabras fi­nales de esta carta son, "creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor ..." (2 Ped. 3:18). Es muy importante que cada cristiano examine su vida para ver si está creciendo en estas vir­tudes, pero al mismo tiempo debe reconocer que estas cuali­dades son relativas y debe usar mucha paciencia al juzgar al hermano con respecto a ellas.

  F. Dios sabe perfectamente cómo andamos en nuestro des­arrollo espiritual, pero no es tan fácil que nosotros juzguemos la condición espiritual del hermano (Mat. 7:1-3). El es "criado ajeno" (Rom. 14:4). Debemos exhortarnos unos a otros cada día,  no con las opiniones sino con exhortaciones bíblicas. No debemos ser estrictos en la aplicación de las opiniones hu­manas, sino en la aplicación de lo que Dios dice. Si el Espíritu Santo no ha especificado todos los detalles de cómo cada cris­tiano debe crecer en estas cualidades, entonces no conviene que el hombre lo haga. ¿Qué hermano, por capacitado que sea, podrá hacer una lista completa de todo lo que está involucrado en la palabra "gratitud"? ¿Quién puede analizar el carácter de cada cristiano y juzgar si posee en grado aceptable las cuali­dades de humildad, sinceridad, sujeción (por ejemplo, a sus padres, a su marido, a los ancianos, al gobierno), o modestia? Si el predicador u otro hermano tiene la autoridad para ser el juez de sus hermanos en todas estas cualidades, ¿dónde está la liber­tad del cristiano? ¿para qué sirve su propio juicio o su propia conciencia? Si cualquier predicador puede ser Señor en esta área, ¿para qué sirve Cristo?

III. Hay enseñanzas para cada persona.

  A. Obsérvese que la Palabra se dirige directamente a "todos los hermanos" (Gál. 1:2); a los hijos (Efes. 6:1-3); a los padres (Efes. 6:4); a los siervos (Efes. 6:5); a los amos (Efes. 6:9); a los maridos (Efes. 5:25); a las casadas (Col. 3:18); a los ancianos (1 Ped. 5:1); a los jóvenes (1 Ped. 5:5), etcétera. En estos textos el escritor se dirige directamente a estos mencionados. En muchos otros textos se hace referencia a distintas clases de personas, y aunque los ancianos, evangelistas y maestros están ocupados en enseñar la Palabra, toda persona debe estudiar por sí misma los deberes que le corresponden. Los escritores inspirados de la Biblia son los únicos maestros inspirados. Los que predican no son inspirados; no pueden dar una interpretación infalible de la Escritura. Tampoco pueden hacer aplicación infalible de la Palabra para cada persona. Dios no dice que todos los miem­bros deben someterse a las aplicaciones de cada enseñanza hechas por los predicadores.

  B. Los jóvenes pueden entender las enseñanzas que son para ellos. Aun los niños pueden entender las enseñanzas que son para ellos (Prov. 1:8; Efes. 6:1-3).

  C. Las hermanas pueden entender los textos que correspon­den a ellas (tales como Tito 2:3-5; 1 Cor. 14:33-35; 1 Tim. 2:9-15; 1 Ped. 3:1-4, etc.). Ellas mismas pueden entender estas en­señanzas para aplicarlas en su vida. Desde luego, los evangelis­tas y pastores deben explicar los textos mismos, dando el sig­nificado verdadero de cada palabra y cada frase. Pero luego, habiéndolos explicado bien, se debe enseñar también que cada persona debe hacer la aplicación apropiada de ella en su vida. Los miembros de la iglesia no deben depender de que los maes­tros les expliquen toda aplicación de las enseñanzas, sino que deben ejercer su propio juicio y su propia voluntad.

  D. Decimos esto porque, en primer lugar, es correcto, es la voluntad de Dios. También lo decimos para evitar desavenencias, división y dolor. Hay hermanos y hermanas confusos porque en lugar de depender de su propio juicio, dependen de otros (y mayormente de los predicadores) para saber toda aplicación de las varias enseñanzas genéricas que deberían aplicar en sus vi­das. La confusión resulta de la falta de acuerdo entre hermanos en cuanto a la aplicación de varios textos. Las opiniones abun­dan, y chocan entre sí. Sería mejor que todos los miembros de la iglesia escucharan a Dios, estudiando sus Biblias y pensando por sí mismos. Todos deben escuchar a los predicadores y maes­tros para aprender el significado del texto mismo, y luego deben usar su propio juicio para hacer aplicación de la en­señanza. Al estudiar la Biblia todo hermano debe tener su propia convicción y seguirla.

  E. Es importante pues poner mucho énfasis en la necesidad del juicio individual al aplicar la Palabra a los deberes indivi­duales. El bautismo es un acto específico: la persona es sepul­tada en el agua, y es levantada del agua (Rom. 6:4; Col. 2:12). Pero no todo deber es tan claramente definido. Hay deberes domésticos y sociales, y hay deberes que tienen que ver con el desarrollo del carácter cristiano, deberes de muchas clases que son relativos o generales y no tan específicos. El cristiano sostiene una relación con el gobierno, con los vecinos, con los familiares, con los enemigos, en fin, con todos. Las Escrituras ordenan los pasos del cristiano pero no con una lista de mil re­quisitos o prohibiciones precisos. La Biblia nos enseña cómo ac­tuar, cómo vivir, en cada relación de la vida, pero no siempre nos proporciona todos los detalles del servicio que Dios espera. Cada cristiano tiene que ordenar sus propios pasos, empleando la Palabra como guía segura (mapa infalible).

     F. Cada cristiano sostiene una relación personal con Dios. Habiendo estudiado la Palabra y pedido sabiduría a Dios (Sant. 1:5), cada persona debe ejercer su propio juicio al aplicar la en­señanza en su vida. Debe tener sus propias convicciones y seguir su propio juicio. No debemos ensenar, exhortar, amones­tar y reprender los unos a los otros con las muchas y diversas opiniones que existen entre nosotros, sino con la Palabra misma. ¿No vale el juicio del predicador? Debe tener valor, pero no debe substituir el juicio de los miembros.

IV. El mandato solemne entregado a todo evangelista se halla en 2 Tim. 4: 1-5.

 

  A. Requiere que predique la Palabra, la misma palabra de Dios. El evangelista no tiene que comer y digerir la Palabra por cada hermano o cada hermana, sino que debe predicar la Pa­labra e insistir en que cada hermano y cada hermana haga apli­cación juiciosa de ella en su propia vida.

  B. Los predicadores y maestros no deben suprimir el estudio individual, ni el uso del juicio individual de los miembros. ¿Cuántos predicadores dicen a las hermanas que ellas mismas son capacitadas para entender y hacer aplicación apropiada de los textos que hablan, por ejemplo, del atavío de la mujer? Se debe promover la madurez, y el primer paso para hacerlo es animar a todo miembro a emplear su propia facultad mental y su propio juicio para estudiar y aplicar la Palabra. Es muy importante que todo cristiano reconozca que no hay in­termediario entre él y Dios excepto el un Mediador (1 Tim. 2:5); es decir, Dios no ha constituido a ciertos hombres para que sean intérpretes especiales de la Palabra para entregar de­cisiones oficiales para los demás miembros. Los que predican y enseñan la Palabra deben leer frecuentemente tales textos como Rom. 12:3, 16.

  C. El trabajo del evangelista es predicar la Palabra. Nos urge hacer distinción clara entre la Palabra de Dios y la palabra nuestra. En el juicio final nadie responderá por nadie, sino que cada quien dará cuenta de sí (Rom. 14:12). El mensaje de Dios es para la gente creada por Dios. El mensaje corresponde a la mentalidad humana. El banquete espiritual se tiende sobre una mesa que está al alcance de todos, y el Señor dice a todos, "Venid". Uno de los actos mas vanagloriosos del hombre es que algún maestro se ponga entre Dios y la gente, diciéndoles que no tienen la capacidad para entender la palabra de Dios sin las explicaciones de él. Lo mismo se puede afirmar acerca de la aplicación de los muchos mandamientos generales. Por fieles y estudiados que seamos no somos los "pensadores oficiales" de la iglesia. Debemos hacer distinción clarísima entre lo que el texto dice y las conclusiones nuestras. Ademas, debemos exhor­tar y rogar a todo cristiano a que estudie y piense por sí mismo para hacer la aplicación apropiada de Palabra en su propia vida.

 

 

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Distinguir entre "la fe" y la opinión al explicar textos controversiales.

I. Introducción.

  A. En este tratado examinamos brevemente algunos textos sobre los cuales ha habido controversia entre hermanos. Esto se hace no solamente con el propósito de estudiar los textos, sino también para promover más humildad y más tolerancia entre hermanos. Se enfatiza repetidas veces en este estudio que ahora no hay hermanos inspirados y que, por lo tanto, no hay hermano alguno que pueda servir a la hermandad como intér­prete infalible. Al estudiar los textos difíciles (2 Ped. 3:16) y controversiales, se requiere humildad. "No seáis sabios en vuestra propia opinión" (Rom. 12:16). Otros hermanos fieles y consagrados han estudiado estos mismos textos y sus conclu­siones merecen el estudio cuidadoso.

  B. Recuérdese que "la fe" (Gál. 1:23; 3:25; Judas 3) se revela de las siguientes maneras: (1) por medio de una declaración ex­plícita (algo revelado en tantas y cuantas palabras); (2) por medio de una declaración implícita; es decir, la Biblia revela al­guna verdad por implicación de la cual se saca la inferencia necesaria; (3) por medio de algún mandamiento que clara y ob­viamente es para los santos de todo lugar, hasta el fin del mundo; (4) por medio de un ejemplo que clara y obviamente es para los santos de todo lugar, hasta el fin del mundo.

    1. La enseñanza entregada por Dios al hombre de alguna de estas maneras debe ser creída y aceptada por todos porque es la verdad de Dios y, desde luego, afecta la comunión. No podemos tener comunión con las personas que no aceptan la voluntad de Dios.

    2. Sin embargo, si no estamos plenamente persuadidos de que cierta creencia con respecto a cierto tema o texto contro­versial es enseñada por la Biblia de esta manera (por declaración explícita o implícita, o por mandamiento, o por ejemplo aprobado), y si no estamos dispuestos a afirmar que tal creencia o práctica es cuestión que afecta la comunión (por ejemplo, como el bautismo, partir el pan cada domingo, no usar instrumentos de música, etc.), entonces debe clasificarse como opinión y no debe afectar la comunión, y no se debe menospreciar o juzgar el uno al otro, etc.

    3. Si se afirma que alguna cuestión (creencia o práctica) sí afecta la comunión, entonces tómese en cuenta que esto sig­nifica división (desde luego, si no hay comunión, hay división). Todo hermano debe clasificar sus creencias de esta manera: ¿se incluye tal o cual creencia en "la fe" o se debe clasificar como opinión? Si se clasifica alguna creencia como parte de la fe (al igual que el bautismo, la cena, la ofrenda, la autonomía de cada iglesia, etc.), entonces esa creencia necesariamente resultará en división si algunos no la aceptan.

  C. Para ilustrar este punto, considérese lo serio de la cuestión del divorcio y segundas nupcias. Algunos suponen que las dife­rentes creencias con respecto a este tema son opiniones y que no deben afectar la comunión, pero la enseñanza de que el for­nicario repudiado queda libre para volverse a casar no es una opinión, sino que es el rechazamiento de la enseñanza de Mat. 5:32; 19:9. Otra creencia semejante es que los del mundo no son responsables ante la ley de Cristo, que los que se divorcian y vuelven a casarse antes del bautismo se pueden bautizar y quedarse con su segundo cónyuge. La consecuencia de estas doctrinas falsas es que todos los divorciados pueden volverse a casar. Tales enseñanzas no se pueden clasificar como opiniones, porque son perver­siones de la ley de Cristo, y los que enseñan tales errores son falsos maestros. (No puede haber comunión con falsos maestros, Rom. 16:17).

  D. Pero algunos enseñan que el matrimonio mixto se prohíbe. ¿Es opinión o es como el bautismo y la cena que son enseñan­zas integrales de "la fe"? Si no es una opinión, entonces sí afecta la comunión y resulta en división. Es necesario que se examine toda creencia (y práctica) para clasificarla como una doctrina que se incluye en "la fe" o como opinión. El error divide; por lo tanto, si alguna enseñanza o práctica es de "la fe", los que no la aceptan están errados y no puede haber comunión con ellos e ineludiblemente habrá división. No conviene dejar cuestión alguna en "limbo" (en duda en cuanto a su clasificación como opinión o parte integral de la fe). Conviene que toda creencia y práctica se clasifique: ¿es de "la fe" o es opinión? Si es de "la fe", tiene que enseñarse y defenderse a toda costa aunque el resul­tado sea división. Si no es de "la fe" y es solamente una opinión, entonces no debe causar división. Obviamente muchos her­manos no quieren clasificar sus creencias y prácticas. No quieren la división, pero persisten en enseñar sus opiniones como si fueran de "la fe" y el resultado es la desavenencia en la iglesia. Por causa de algunas cuestiones no bien definidas, existe una especie de "mediacomunión" entre hermanos. (No se reciben bien, hay murmuración contra ellos, se consideran "liberales", etcétera). Se puede decir que tales personas no se reciben como hermanos en el sentido bíblico, sino más o menos como "hermanastros", porque no hay plena comunión entre ellos. Existen desacuerdos pero no quieren apartarse formalmente los unos de los otros. El caso es como el de las naciones que pelean todo el tiempo sin "declarar estado de guerra". El Nuevo Testamento no habla de "mediacomunión".

II. Algunos textos controversiales.

 

  Mat. 5:33-37. Jesús no prohíbe que el cristiano testifique bajo juramento ante el juez civil; lo que prohíbe es jurar a la ligera. Si la conciencia de algún hermano no le permite dar tes­timonio bajo juramento ante el juez civil, no debe violar su con­ciencia, y nadie debe menospreciarle por esta causa, pero tal hermano no debe prohibir que otros lo hagan. La opinión o escrúpulo de tal hermano no es de "la fe". Debe haber respeto mutuo entre hermanos con respecto a tales cuestiones de opinión.

  Mat. 5:39, 40. Desde luego, el cristiano debe imitar a Jesús, sufriendo persecuciones de toda clase por causa de la justicia, pero este texto no enseña que el cristiano no puede defender su vida y la de su familia, sino que Cristo condena el espíritu vengativo, el rencor y el odio. Este texto -- y todo texto -- debe estudiarse a la luz del contexto. Sin embargo, si algún hermano cree que no debe defender su vida ni la de su familia, no debe violar su conciencia, y otros no deben menospreciarle, pero éste no debe juzgar a sus hermanos que no están de acuerdo con el.

  Mat. 6:16-18. Este texto no enseña que los discípulos de Cristo debieran ayunar, sino que regula una práctica común entre los judíos. Sin embargo, si algún miembro de la iglesia cree que debe ayunar como acto de devoción al Señor, no debe violar su conciencia y si los hermanos se dan cuenta de ello, no deben menos­preciarle, pero no conviene que se imponga esta práctica como ley en la iglesia. No es parte de "la fe", sino una opinión.

  Mat. 19:9. El que repudia a su mujer no por causa de forni­cación y se casa con otra adultera, pero el que repudia a su cónyuge por causa de fornicación y se casa otra vez no peca. Sin embargo, si algún hermano repudia a su mujer por causa de la fornicación y su conciencia prohíbe que se case otra vez, es cosa de él. Los hermanos no deben menospreciarle por su creencia, pero tampoco debe juzgar a los que no están de acuerdo con él. (Advertencia: algunos hermanos creen que el fornicario repu­diado puede volverse a casar y cuando denunciamos este error, nos dicen que es cuestión de opinión. En esto están muy equi­vocados, porque tal doctrina permite que todos los divorciados se vuelvan a casar.)

  Mat. 26:26-28. Al dar gracias por el pan y la copa Jesús dice "esto es" mi cuerpo y mi sangre, usando una metáfora (el sen­tido de una cosa es transferida a otra) que quiere decir, "esto representa". Sin embargo, si algún hermano no entiende esto y al dar gracias por el pan y la copa, su conciencia le prohíbe que diga "representa" o "simboliza", entonces que use las palabras del texto; en esto no hay problema, pero no debe insistir en que otros hermanos hagan lo mismo. La conciencia de tal hermano debe tomarse en cuenta, pero ésta no debe ser la regla para otros.

  Hech. 20:7. Muchas iglesias se reúnen el domingo por la mañana y participan de la cena del Señor pero se reúnen otra vez en la tarde y hermanos que no pudieron asistir por la mañana participan de la cena en el segundo servicio. Algunos hermanos se oponen a esta práctica, pero su objeción es una opinión, porque los que participan en la tarde lo hacen el primer día de la semana en la asamblea como este texto en­seña, y lo hacen de acuerdo al propósito explicado en 1 Cor. 11:23-27. Por lo tanto, si algún hermano no cree que debe tomar la cena en una segunda reunión de la iglesia, entonces sin faltar debe estar presente en la primera para no violar su con­ciencia, pero no debe juzgar al hermano que con buena con­ciencia sí puede participar en la tarde.

  Hech. 20:36. Este texto y otros hablan de orar de rodillas. Desde luego, esta postura es aceptable ante los ojos de Dios, pero otros textos hablan de otras posturas. Mar. 11:25 dice, "Y cuando estéis de pie orando" (La Biblia de las Américas, mar­gen). Así es la traducción literal del griego. Sin embargo, si al­gún hermano cree que siempre debe orar de rodillas, debe ha­cerlo para no violar su conciencia, y los otros hermanos no deben menospreciarle cuando lo hace, pero tampoco debe éste juzgar a los demás que no creen que el orar de rodillas es la única postura aceptable en la oración.

  Rom. 13:1-7. Este texto explica el papel del gobierno en cuanto a castigar a los que hacen lo malo, pero no dice nada acerca de la participación de cristianos en tal obra. Algunos hermanos creen que el cristiano no debe ser soldado ni policía y los que creen así no deben violar su conciencia. Tales hermanos no deben ser menospreciados, pero en turno éstos no deben juzgar a los que no están de acuerdo con ellos. No conviene que se imponga esta prohibición sobre otros.

  Rom. 15:20. Algunos hermanos citan este texto para enseñar que el evangelista no debe trabajar con una congregación como "predicador de planta". Pablo estuvo en Corinto por un año y seis meses (Hech. 18:11) y estuvo en Efeso por tres años (Hech. 20:31); 1 Cor. 3:6 indica que Apolos, un evangelista de mucho talento (Hech. 18:24, 25) trabajó con la iglesia de Corinto (es decir, Pablo la estableció y luego Apolos trabajó con esa iglesia ya establecida). 1 Tim. 4:6, "Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo". Así es que muchos textos au­torizan la obra del predicador "de planta". Sin embargo, si algún hermano no quiere ser "predicador de planta", es cosa de él. Muchísimos hermanos que predican trabajan en lo secular para sostenerse (Hech. 18:3) y tal vez algunos lo hacen porque así dicta su conciencia. Además, si alguna congregación no quiere tener "predicador de planta", es cosa de ella (muchísimas igle­sias no tienen "predicador local" o "predicador de planta"). Pero no se debe imponer alguna ley al respecto sobre otros.

     Romanos 16:17, "Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos".

    A. Lo que Pablo dice aquí es de aplicación general. Los cristianos de todo lugar deben practicar la disciplina enseñada aquí, porque si alguien causa división y tropiezo en alguna con­gregación, lo puede hacer en otras. Por eso todos debemos "fijarnos" en el tal, es decir, éste debe ser "señalado" (2 Tes. 3:14) (identificado) porque puede hacer daños en muchas partes.

    B. ¿Apartarnos de quiénes? La cuestión importante es de quiénes debemos apartarnos. Habla Pablo de los "que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido". ¿Qué doctrina aprendieron? La de Cristo. Pablo condena pues la falsa doctrina. No habla de hermanos sinceros que no están de acuerdo en cuanto a la aplicación indi­vidual de Mat. 5:33-37; Rom. 13:1-7; 1 Tim. 2:9; 1 Cor. 11:5,14; 2 Cor. 6:14, etc., sino de los que en realidad "no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres" (ver. 18). No habla de cuestiones de opinión que no deben afectar la comunión.

    C. Si algún hermano enseñara falsa doctrina con respecto a los mencionados textos, entonces Rom. 16:17 sería aplicable. Por ejemplo: Mat. 5:33-37, si algún hermano enseñara que está bien jurar a la ligera; Rom. 13:1-7, si se enseñara que no te­nemos que estar sujetos al gobierno y que no tenemos que pa­gar los impuestos; 1 Tim. 2:9, si alguien dijera que la mujer no tiene que ser modesta o ataviarse de ropa decorosa; 1 Cor. 11:5, que la mujer no tiene que estar sujeta al hombre; 1 Cor. 11:14, que la mujer puede cortarse el cabello al estilo mas­culino; 2 Cor. 6:14, que está bien tener comunión con la idola­tría; desde luego, en tales casos sería necesario apartarnos de los falsos maestros.

    D. Es necesario estudiar con mucho cuidado los textos que enseñan la disciplina: Rom. 16:16,17; 1 Cor. 5; 2 Tes. 3; Tito 3:10; Mat. 18:15-18. Este último trata acerca de ofensas personales. 1 Cor. 5 presenta el caso de un fornicario; 2 Tes. 3 habla del caso de los ociosos; Tito 3:10 es semejante a Rom. 16:17.

      1. Al apartarnos de algún hermano o de varios her­manos, debemos apegarnos estrictamente a esta enseñanza bíblica. No decimos que la fornicación o la ociosidad son los únicos o los más grandes pecados que nos obligan a apartarnos de los ofensores, sino que estos textos ilustran la gravedad del acto de apartarnos de algún hermano en Cristo. Debe ser por causa de pecado, por una violación de la doctrina de Cristo.

      2. Debe ser por la violación evidente de la voluntad de Dios revelada por (1) una declaración explícita; o (2) por una declaración implícita; o (3) por un mandamiento que sin lugar a dudas es para nosotros; o (4) por un ejemplo que sin lugar a du­das es un ejemplo que debemos imitar. Cristo nos da la en­señanza, la doctrina, que tiene que servir como la norma que seguir y como la frontera de la comunión entre hermanos. La doctrina de Cristo es aquella cerca o frontera, y "Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo no tiene a Dios" (2 Jn. 9). Si nos apartamos de algún hermano, debe ser por esta causa.

      3. Pero no debe servir como norma o frontera de co­munión toda explicación de textos difíciles por todo hermano conservador y "estricto". No debe servir como norma o frontera de comunión toda aplicación de los textos que son de aplicación individual, hecha por todo hermano conservador y exigente. No dice Pablo, "que os fijéis en los que no están de acuerdo con ustedes en las cuestiones de opinión, y que os apartéis de ellos". Algún hermano no es infiel a Dios simplemente porque no se conforma a todas las opiniones enseñadas en la congregación. El apartarnos de otros cristianos es un acto sumamente solemne; es un paso que no debe tomarse con ligereza. En este acto se entrega algún hermano a Satanás (1 Cor. 5:5).

    E. La división de la iglesia. La división general resulta a veces de un desacuerdo que existe en cierta congregación; es decir, la división en un lugar determinado promueve la división en otros. Sucede esto porque hermanos y familiares se visitan entre sí. Además hermanos sinceros e insinceros se involucran, los primeros para ayudar y buscar la reconciliación, y los demás para dar más fuerza al partido que favorecen. También sucede a veces que alguna familia se muda al lugar donde existe una división, y tiene que hacer una decisión con respecto a su mem­bresía. El asunto es muy complicado para los miembros nuevos, los visitantes y los hermanos de otros lugares que por varias ra­zones tienen contacto con los hermanos divididos. Los predi­cadores que son invitados por uno de los grupos para que tra­bajen con ellos (por ejemplo, en una serie de conferencias) tendrán que involucrarse o simplemente rechazar la invitación y no tener comunión con nadie. ¿Cuál de los dos grupos tendrá la razón? ¿Cuál será la iglesia verdadera y cuál será la facción? o ¿estarán mal los dos grupos? El problema en un dado lugar causa problemas en otros lugares. Las consecuencias de la di­visión son amargas y extensas. Por lo tanto, debemos reconocer la gran necesidad de usar correctamente la Palabra, de inter­pretar y aplicar todo texto con mucho cuidado, y de promover la paz y armonía entre hermanos. Sobre todo, debemos com­batir la carnalidad.

  1 Cor. 11:5. Pablo enseña en el ver. 3 que la mujer debe estar sujeta al hombre y, por eso, requería que la mujer que orara o profetizara se cubriera con velo como señal de autoridad porque ésta hizo la misma cosa que el varón (ver. 4). La suje­ción de la mujer no es cuestión de opinión (1 Tim. 2:11, 12), sino enseñanza de "la fe", pero algunos creen que en la actuali­dad, aunque la mujer no hace lo que el hombre hace en la iglesia, debe cubrir la cabeza cuando ora en silencio. Tal convicción debe ser respetada y no menospreciada, pero los que creen en el velo no deben juzgar a la hermana que no se cubre. No es cuestión de reglamento para la iglesia, sino cuestión de la conciencia de cada hermana.

  1 Cor. 11:14. Lo que Pablo afirma en este texto es otro ar­gumento para probar que la mujer que orara o profetizara de­bería cubrirse. El cabello largo es una ilustración del velo (ver. 15) y hace distinción entre la mujer y el hombre. La distinción entre la mujer y el hombre no es opinión sino enseñanza de "la fe" (por eso, el cabello de la mujer debe ser femenino y el cabello del hombre debe ser masculino). Pero algunas her­manas creen que este texto enseña que la mujer no debe tocar su cabello con tijera. Desde luego, las hermanas que creen así no deben violar su conciencia, y otros deben respetarla y no criticarla, pero al mismo tiempo, tales hermanas no deben con­denar a sus hermanas que no están de acuerdo con esa opinión. La mujer que corta el cabello según el estilo masculino viola el texto porque obviamente Pablo presenta contraste entre la mujer y el hombre.

  1 Cor. 14:33-35. Si alguna hermana cree que este texto pro­híbe la participación de las mujeres en una clase bíblica com­puesta de hombres y mujeres, entonces no debe participar. Los demás deben respetar la conciencia de tal hermana, pero ella no debe juzgar a las hermanas que sí participan. (La palabra "hablar" en este capítulo -- vers. 19, 23, 29, 34 -- significa hablar en público, pronunciar un discurso, ver. 23, "si toda la iglesia se reúne". 1 Cor. 14 no trata acerca de una clase informal).

  2 Cor. 6:14. En este texto Pablo prohíbe la comunión con las prácticas de la idolatría (es paralelo con Efes. 5:11). No trata acerca del matrimonio mixto. Dice en el ver. 17, "salid ... apartaos", pero dice en 1 Cor. 7:12, 13, "Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con él, no la abandone". Desde luego, Pablo no contradice en la segunda carta lo que enseña en la primera. Pero algunos hermanos creen que este texto prohíbe el matrimonio mixto. Si la conciencia de algún hermano no le permite casarse con incrédulo, no debe violarla y los otros no deben menospreciarlo, pero esta creencia es opinión y no parte de "la fe", y no conviene que se imponga sobre la iglesia como ley. El matrimonio es para evitar la fornicación (1 Cor. 7:2-9) y no debe prohibirse a menos que sea una relación adúltera (Mat. 5:32; 19:9; Rom. 7:2, 3; 1 Tim. 4:3; Heb. 13:4).

  1 Tim. 2:9,10; 1 Ped. 3;3, 4. Estos textos enseñan la necesi­dad de la belleza interna, la modestia y el pudor, y condenan la extravagancia. La modestia es un mandamiento del Señor y no es opinión; toda mujer debe ser modesta. Lamentablemente hay hermanas que son culpables de la extravagancia en el atavío. Gastan mucho dinero comprando ropa, zapatos, joyería, perfumes y el atavío en general. (Desde luego, muchos hermanos son tan culpables como las hermanas, porque les gustan botas carísimas, anillos, etc.). Hay hermanas que llevan ropa indecente. Mucha ropa mo­derna (sea vestido, falda y blusa, o pantalón) cae bajo la condenación de estos textos. Toda ropa muy ajustada al cuerpo (sea vestido, falda y blusa o pan­talón) es ropa deshonesta y condenable. Faldas cortas o abiertas, shorts, vestidos que no cubren los pechos, ropa transpa­rente, etc. son vestimentas pecaminosas. Pero hay hermanas que creen que estos textos prohíben que la mujer use el maquillaje, el pantalón de cualquier clase aun para trabajar, la joyería, etc. Tales hermanas no deben violar su conciencia y no deben ser menospreciadas, pero éstas no deben juzgar a sus hermanas que no están de acuerdo con ellas en su aplicación de estos tex­tos.

  Heb. 10:25. Algunos hermanos creen que si los ancianos (o la junta de varones) acuerdan tener cierto número de reuniones y clases bíblicas (pocas o muchas), el miembro que no asiste a toda reunión y clase -- aun por causa del empleo o negocio -- peca. Tales hermanos no deben violar su conciencia, pero no deben juzgar a sus hermanos que no están de acuerdo con ellos.

III. La explicación y la aplicación del texto controversial.

  A. La explicación y aplicación de algún texto que se considera ser la única explicación, debe ser inferencia necesaria y no sim­plemente una opinión. Hay muchas inferencias humanas que no son inferencias necesarias. El razonamiento de algunos es a ve­ces defectuoso, y refleja el prejuicio y el descuido. La verdad de Dios es razonable (Rom. 12:1, la palabra "racional" significa ra­zonable. Se traduce "espiritual" en 1 Ped. 2:2, por lo cual se debe entender como espiritualmente razonable). Algunos her­manos imponen sus opiniones como ley porque creen que son inferencias necesarias y aplicaciones necesarias, pero otros no pueden aceptar sus opi­niones y el resultado es la división. Por lo tanto, recuérdese que toda explicación y aplicación de algún texto que se considera la única y la exclusiva, debe ser -- sin duda alguna -- una inferencia necesaria, lógica, e ineludible, que excluya otra explicación o aplicación, porque tales inferencias afectan la comunión. Por lo tanto, debe ser conclusión o inferencia basada firmemente en la palabra de Dios: en una declaración explícita, o en una declaración implícita, o en un mandamiento que sin lugar a du­das es para nosotros, o en un ejemplo que sin lugar a dudas es para nosotros.

  B. Una inferencia necesaria -- verdaderamente necesaria -- es una revelación de la voluntad de Dios. No tiene su origen en la mente humana y, por lo tanto, no es sabiduría humana, como afirman algunos hermanos liberales. Cuando Dios enseña algo implícitamente, entonces aprendemos su voluntad por medio de una inferencia necesaria de lo que El nos dice por impli­cación. Tal inferencia es la revelación de Dios; es la verdad. Pero no toda inferencia enseñada por los hombres es inferencia necesaria. Las creencias y convicciones de algunos cristianos pueden ser clasificadas como opiniones de hombres, como Rom. 14 explica claramente. No les gusta a algunos hermanos que sus convicciones se clasifiquen como "opiniones" y denuncian "la doctrina de las opiniones" porque, para ellos, sus opiniones no son opiniones, sino la ley de Cristo. ¿Cuál es la consecuencia de tal actitud? Una infinidad de divi­siones. ¿Quién se atreve a decir que todas las creencias y con­vicciones de todos los hermanos sinceros deben ser conside­radas como leyes de Dios y obligatorias para todos? ¿Cuál es el resultado de tal actitud? No puede haber iglesia. No puede haber una hermandad. Si todas las creencias que son predi­cadas por nuestros hermanos acerca de una diversidad de cosas (tales como el atavío de la mujer, el silencio de la mu­jer, la asistencia, la relación del cristiano con su gobierno, el matrimonio mixto, etc.) deben ser elevadas al nivel de ley div­ina, entonces reinarán la confusión, la desavenencia y la di­visión. Sería fútil tratar de establecer congregaciones sobre esa base, porque tan pronto que se establezcan, se destruirían por causa de una multiplicidad de reglamentos humanos y contra­dictorios. En 1 Cor. 14:36 dice Pablo, "¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado?" Recordemos este texto al estudiar la cuestión de opiniones.

  C. Un lema o "slogan" bueno. A través de los años los her­manos que se han dedicado a la restauración del patrón bíblico han dicho: "In matters of faith, unity; in matters of opinion, liberty; in all things, charity". ("Que haya unidad en cuestiones de fe, libertad en cuestiones de opinión, y amor en todo"). Es muy bueno el lema. Este lema no es un texto bíblico, pero bien ex­presa la enseñanza bíblica, porque requiere la unidad en las doctrinas de "la fe", y respeta la conciencia de todos en cues­tiones de opinión.

  D. ¿Por qué rechazan algunos hermanos esta distinción nece­saria entre las cuestiones de "la fe" y las cuestiones de opinión? Porque éstos creen que sus opiniones (convicciones) son leyes de Cristo. Parece que creen que son capacitados para hacer leyes divinas de sus convicciones personales. ¿Son inspirados e infalibles? Si no, les conviene tomar en serio lo que Pablo dice en Rom. 12:3, 16. ¿Pueden estos hermanos decidir por toda la iglesia cuáles son las aplicaciones necesarias y exclusivas de las enseñanzas genéricas, las que enseñan deberes relativos, y las que enseñan las cualidades de carácter que el cristiano debe poseer? ¿Quieren negar el empleo del juicio individual de cada cristiano? ¿Quieren negar la libertad de conciencia? ¿Quieren elevar su propia comprensión de la Palabra sobre la compren­sión de todos los demás aunque sea obvio que a veces su ar­gumentación es defectuosa? ¿Quieren afirmar que el juicio humano de ellos es superior al juicio humano de los demás miembros?

  E. Hermanos que hacen leyes de sus opiniones no están de acuerdo unos con otros. Todos los que aceptan la verdad del Nuevo Testamento ("la fe") están unidos, pero los que siguen las opiniones de los hombres están muy divididos porque éstas son muy diversas. Los que imponen opiniones no están de acuerdo. Si algún hermano impone sus propias opiniones que para él no son opiniones sino la ley de Cristo, ¿qué hará con las docenas de opiniones que no acepta? Los que enseñan opiniones se opo­nen los unos a los otros, pero en esto no son consecuentes, porque si algún hermano tiene el derecho de enseñar sus opi­niones, entonces otros hermanos tienen el mismo derecho. Por ejemplo, considérense los siguientes ejemplos de la diversidad de opiniones:

  1. Es pecado testificar bajo juramento ante un juez civil.

  2. El cristiano no puede ser un policía.

  3. Los cristianos deben ayunar.

  4. Los cristianos deben orar de rodillas.

  5. La mujer debe llevar un velo cuando ora en la asamblea. (Algunos dicen que el cabello largo sirve como velo; otros dicen que el velo no es necesario, sino cualquier cubierta).

  6. La mujer no debe tocar el cabello con tijera.

  7. La mujer no debe hablar en clases bíblicas si hay varones presentes.

  8. La mujer nunca debe llevar pantalón de ninguna clase ni siquiera para trabajar.

  9. La mujer no debe usar joyería ni maquillaje.

  10. Se prohíbe el matrimonio mixto.

  Hay muchas otras opiniones que se pueden incluir en la lista pero éstas bastan para ilustrar la confusión y división causadas por los que imponen sus opiniones.

  El hno. A enseña las opiniones números 1-5, insistiendo en que son asuntos de "la fe" ("cosas necesarias", Hech. 15:28, iguales al bautismo, la cena, etc), pero dice que los números 6-10 son puras opiniones que no importan.

  El hno. B enseña las opiniones números 6-10, insistiendo en que son asuntos de "la fe" ("cosas necesarias", Hech. 15:28, iguales al bautismo, la cena, etc.), pero dice que los números 1-5 son puras opiniones que no importan.

  El hno. C enseña las opiniones números 2, 4, 6, 8, 10, in­sistiendo en que son asuntos de "la fe" ("cosas necesarias", Hech. 15:28, iguales al bautismo, la cena, etc.), pero que los números 1, 3, 5, 7, 9 son puras opiniones que no importan.

  El hno. D enseña las opiniones números 1, 3, 5, 7, 9, in­sistiendo en que son asuntos de "la fe" ("cosas necesarias", Hech. 15:28, iguales al bautismo, la cena, etc.), pero que los números 2, 4, 6, 8, 10 son puras opiniones que no importan.

  Y así va el asunto sucesivamente a través de la lista y a través de la hermandad. Lo que se dice aquí no es suposición ni teoría, porque este servidor es testigo de esta diversidad. He discutido con hermanos bien unidos sobre cierta opinión pero cuando se les pregunta acerca de otras opiniones están divididos y comienzan a discutir entre sí mismos.

  Esto ilustra claramente que no puede haber una congre­gación (una iglesia de Cristo) si las opiniones son leyes para la iglesia. Es imposible porque una iglesia local es básicamente "un acuerdo", es decir, ciertos cristianos acuerdan unirse para adorar a Dios y trabajar como un cuerpo o familia. Podemos es­tar unidos en las "cosas necesarias" (Hech. 15:28), los asuntos que verdaderamente son "la fe" del evangelio, pero obviamente es imposible que un grupo de cristianos sea una iglesia si todas las opiniones del grupo son leyes.

  Hemos dicho a los sectarios que dejen los muchos nombres y doctrinas sectarios porque éstos solamente dividen. Lo mismo se puede decir de las opiniones de hermanos en Cristo: éstas también solamente dividen.

  F. Debemos estudiar y enseñar con propósito sano.

    1. La sinceridad. En la segunda carta a los corintios, Pablo dice, "Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios ... nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros" (1:12). También dice, "... que con sinceridad, como de parte de Cristo, y delante de Dios, hablamos en Cristo" (2:17). No usaremos bien la Palabra si nos falta la sinceridad.

    2. El amor. Pablo expresó su amor repetidas veces en sus cartas. Les dijo a los hermanos que los amaba, que los tenía en su corazón, que quería verles y que sin cesar hacía oraciones por ellos.

    3. La ternura. Tampoco dejaba de hablar de su ternura. Por ejemplo, "Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos ... así como también sabéis de que modo, como el padre a sus hijos, ex­hortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros" (1 Tes. 2:7, 11). La ternura no indica flaqueza. Es como la mansedum­bre, que primero es fuerte y luego tierno. ¿Qué hermano que predica en la actualidad es más fuerte que Pablo o Jesús? Si los más fuertes eran también tiernos, ¿no debemos imitarlos? Que la fuerza esté en la Palabra, y no en la fingida valentía del predicador.

    4. En fin, llenemos la mente con las exhortaciones de la Palabra que se dirigen a nosotros para usarla correctamente. Debemos ser movidos siempre por la sincera devoción a las Es­crituras, el deseo de salvar almas, de edificar a la iglesia y en todo honrar a Dios. Dice Pablo, "Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres ... el amor de Cristo nos constriñe" (2 Cor. 5:11, 14). Lamentablemente tal propósito sano no es el único que mueve a los maestros religiosos, porque también hay propósitos indignos. Es bueno estudiar Mateo 6 y tratar de analizar la actitud de los fariseos para evitar su mal ejemplo.

  G. Debemos tratar de ser consecuentes. Jesús dijo en Mat. 23:23, "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas: porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más im­portante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello". En todo este capí­tulo Jesús acusa a los fariseos y escribas de ser inconsecuentes. El análisis correcto de cualquier texto o tema requiere que se busque la consecuencia, pues la verdad nunca es inconsecuente. No debemos tomar una posición si no estamos dispuestos a aplicarla con consecuencia. Pablo dice, "... que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad" (1 Tim. 5:21). Es difícil ser consecuente y evitar todo prejuicio y toda parcialidad en la predicación y aplicación de la Palabra, pero es sumamente importante hacerlo. Debemos evitar posiciones ex­tremas, porque nunca seremos consecuentes al aplicarlas. Hermanos conservadores condenan la mundanalidad en la igle­sia, son estrictos y disciplinarios; pero, por noble que sea su propósito, nadie tiene el derecho de usar mal ningún texto para lograr fines nobles.

    1. El ejemplo de los fariseos es una demostración clásica del problema, porque éstos eran sumamente estrictos. Eran los separatistas, los muy consagrados, los sumamente piadosos. In­ventaron una infinidad de reglamentos para hacerse más san­tos. ¿No es noble querer ser más santo? Claro que sí. Entonces, ¿cómo llevó tanto fruto de hipocresía ese movimiento reli­gioso? Precisamente por causa de sus reglamentos. Fueron más allá de lo que está escrito, imponiendo leyes humanas sobre sus hermanos, y llegaron a ser ellos mismos de los más ciegos; eran sumamente celosos, pero ciegos. Debemos aprender lecciones prácticas de la experiencia de los fariseos. Se habla mucho de la hipocresía de ellos, pero se pierde a veces la lección de la causa de esa hipocresía. Se habla mucho de los "mandamientos de hombres", pero se nos olvida qué clase de mandamientos inven­taron. Debemos recordar siempre que el propósito del es­tablecimiento de la secta de los fariseos era para consagrarse (ser más santos).

    2. Los fariseos eran muy estrictos y disciplinarios. ¿Eran estrictos en el sentido de enseñar la palabra de Dios? No, sino en el de imponer las aplicaciones que ellos mismos hacían de la Palabra. ¿Cree alguno que la cuestión de las filacterias (Mat. 23:5) no tuvo ninguna base en la ley de Moisés? (Deut. 6:8). También los lavamientos tuvieron base en las Escrituras. Pero los fariseos se ponían cada vez más estrictos, más exigentes y más sabios que Dios. Llegaron a ser legisladores en lugar de humildes seguidores de la Palabra misma.

  H. Debemos evitar toda carnalidad. Dice Pablo en 1 Cor. 3:3, "porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?" Dice Pablo que había carnalidad en la iglesia del Señor en Corinto. Hablando de obispos dice, "Si alguno anhela obispado ... es necesario que el obispo sea irreprensible ... so­brio, prudente, decoroso ... no pendenciero ... sino amable, apacible ..." (1 Tim. 3:1-3); "no soberbio, no iracundo ... dueño de sí mismo ..." (Tito 1:7, 8). ¿Cómo haremos uso correcto de la Palabra si no hemos vencido la carnalidad en nuestra vida? El maestro de la Palabra no puede dar lo que no posee. Debe ser ejemplo de lo que enseña. Es por esto que Pablo habla fre­cuentemente del buen ejemplo. El se atrevió a decir que su vida era un libro abierto, que "vosotros sabéis" como se había comportado entre santos y paganos. Muchos textos hablan de su conducta: por ejemplo, su discurso en Hech. 20 y su carta a los Tesalonicenses (véase el cap. 2). No tenía nada que escon­der. Nos dejó un ejemplo de su victoria personal sobre la car­nalidad. Pablo no era egoísta. No buscó gloria para sí mismo, y nos dice, "Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo" (1 Cor. 11:1).

  I. El predicador no debe buscar el señorío. Una de las tenta­ciones más grandes que el predicador de la Palabra tiene que confrontar es la de querer enaltecerse (Rom. 12:3, 16).

    1. 1 Ped. 5:2, 3 dice, "Apacentad la grey de Dios ... no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey". Los ancianos de una congre­gación son los obispos o supervisores, pero no deben ejercer señorío sobre ella. Cristo es el único Señor. Los ancianos deben servir como ejemplos para los demás y enseñar todo el consejo de Dios. Deben disciplinar a los que no quieren someterse a Cristo. Pero si los obispos van más allá de lo que está escrito, haciendo leyes humanas e imponiéndolas sobre la congre­gación, ejercen señorío sobre la iglesia, y usurpan el puesto de la Cabeza, Cristo. Los obispos no son legisladores. Tampoco deben ser arbitrarios en su interpretación de la Palabra. Siem­pre deben distinguir entre lo que la Biblia dice y lo que ellos piensan. Sus consejos, basados en el estudio detenido de la Pa­labra, sirven mucho para la edificación de los santos, pero les urge recordar que son administradores de la palabra de Dios y no inventores de doctrinas nuevas.

    2. La jerarquía romana y todos los demás sistemas reli­giosos son el producto del deseo de los hombres de elevarse unos sobre otros. Muchos hombres buscan la servidumbre. Les gusta mucho. Es como el amor al dinero, o cualquier otro deseo impropio. Es una forma de concupiscencia. Quieren esclavizar a otros. Los judaizantes querían esclavizar a los conversos gen­tiles, y luego gloriarse en la sujeción de sus seguidores (Gál. 6:13). Dice Pablo a los corintios, "Por precio fuisteis compra­dos; no os hagáis esclavos de los hombres" (1 Cor. 7:23). Los "testigos" son esclavos de los hombres; un ex "testigo" escribió un libro titulado, "Treinta años como esclavo de la Torre". Los mormones son esclavos de su jerarquía. En el catolicismo el cura manda; domina las vidas de sus seguidores. Tiene a su dis­posición un sinnúmero de reglamentos que le permite dominar toda faceta de la vida de sus feligreses. Puede ser detective y policía. Tiene dominio. Tiene señorío sobre la vida de la gente, desde el nacimiento hasta la muerte. El quiere saber todo y saca información acerca de la vida familiar y personal de los miembros por medio de la "confesión auricular", para tener control sobre sus vidas. Los que se han convertido del catoli­cismo ya salieron de esa esclavitud, y no deben volver a es­clavizarse. Toca a los maestros y predicadores hacerles ver lo bello de su libertad en Cristo.

    3. Jim Jones, de California, empezó un movimiento "religioso" con el fin de enseñorearse sobre mucha gente. Exigió la sumisión total. Sus seguidores tuvieron que sujetarse a él en todo, aun en cosas inmorales, y estar dispuestos a morir por él y con él, cosa que hicieron en Guyana. Algunas 900 almas tomaron un refresco envenenado porque Jim Jones se lo re­quirió.

    4. Los "moonies" (miembros de la "Iglesia Unificación") y otras sectas semejantes están bajo el control absoluto de sus líderes quienes primeramente "lavan los cerebros" de los inicia­dos y luego los reducen a una servidumbre vil y abyecta. En la organización de los "moonies" tienen su llamado "hermano mayor" que acompaña siempre al candidato o neófito y nunca le suelta hasta que lo haya confirmado bien en el sistema. Lo separa de sus padres y demás familiares, y no le deja tiempo para ninguna actividad personal, sino que le exige la "dedicación total".

    5. El movimiento Crossroad-Boston. Ultimamente se oye mucho de "la filosofía Crossroad-Boston". Se trata de una prác­tica originada en una profesada iglesia de Cristo (designada "Crossroad") de Gainesville, Florida, y que ahora tiene su sede en Boston, Massachusetts. El predicador de la congregación Crossroads, Chuck Lucas, originó un sistema de control sobre las mentes y vidas de los jóvenes, obrando especialmente en una universidad ubicada en esa ciudad. Imitando a los "moonies" los líderes de este movimiento escogían un "hermano mayor" o "hermana mayor", dándosele la designación de "compañero(a) de oración", pero la función era casi igual a la práctica de los "moonies". Además Lucas entrenó una cantidad de jóvenes que se han repartido a través del conti­nente y se han establecido como "ministros de la juventud" en varias iglesias. Reportan muchos bautismos y gran crecimiento, pero el corazón del plan es el control. Al igual que los "moonies", en este movimiento se habla mucho de la "dedicación total", cosa que significa sencillamente la sumisión total a los líderes. Muchos jóvenes comienzan a asistir a los ser­vicios y otras actividades del grupo y pronto son separados de sus familias, aun esposas de maridos. Se enredan en lazos fuertes, porque se someten a los reglamentos del movimiento y pierden la libertad de conciencia. Este movimiento está causando mucha división entre las iglesias liberales. (Una iglesia fiel no ocupa ministro para sus jóvenes, porque la Biblia no habla de tal cosa). Algunos hermanos que son reconocidos por su celo por la obra han sido favorablemente impresionados por el movimiento debido a los muchos bautismos; muchos lo defienden diciendo que los que lo critican son envidiosos. Pero la fuerza del movimiento es la fuerza de control, el señorío de hombres sobre hombres.

    6. Col. 2:8, 16, 17, 20-23. Este texto debe mencionarse otra vez en este estudio bajo este encabezado (el "señorío"). Dice Pablo, "Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres ... nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta ... Nadie os prive de vuestro premio ... ¿por qué ... os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres) ..." Siempre ha habido miembros de la iglesia del Señor que han querido y quieren imponer las tradiciones, doctrinas y man­damientos de ellos mismos sobre otros en la iglesia bajo el pre­texto de hacerles más santos. Pero el motivo verdadero es el deseo de alimentar su propio orgullo; apetecen el señorío, se exaltan a sí mismos. Se sienten grandes e importantes si tienen dominio sobre la fe de otros. El apóstol Pablo -- un hombre verdaderamente grande e importante -- dijo, "No que nos en­señoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes" (2 Cor. 1:24).

    7. Algunos quieren imponer su voluntad por medio de la fuerza de los pulmones. La mentalidad de dictador se observa en el hermano que "prueba" su doctrina e impone su voluntad sobre otros con la pura fuerza de los pulmones. En este caso el ruido substituye al argumento válido. Esta táctica se emplea para intimidar al oponente y a los demás oyentes. Por lo visto, si el argumento de alguno es débil, el remedio es gritar. La fuerza de pulmón substituye la fuerza del argumento. Pero la intimi­dación no ayuda al argumento inválido; tampoco lo hace la des­cortesía o la rudeza. Otra característica notable del que busca el señorío en lugar de la verdad y la unidad es la de dominar el "diálogo", queriendo convertir el diálogo en monólogo. Cuando su oponente comienza a refutarle, inmediatamente lo inte­rrumpe, diciendo "Permítame ... permítame ..." No le conviene que otro hable.

  J. Hay dos extremos que evitar.

    1. El liberalismo. El hermano liberal es el que va mas allá de lo que está escrito para enseñar y practicar cosas no auto­rizadas por la Palabra. Las iglesias liberales son las que ya no respetan la Biblia como se debe respetar. Dicen muy poco acer­ca de la autoridad de las Escrituras. Menosprecian la importan­cia de los ejemplos apostólicos. Han introducido mucho sec­tarismo en la iglesia. Ponen mucho énfasis en las actividades so­ciales. Construyen salones de recreo. Sus rótulos dicen "Centro Familiar". Tienen cada vez más relaciones con las iglesias sec­tarias. Han introducido toda clase de institución, sociedad y or­ganización en la iglesia del Señor Jesús. Dicen que la Biblia no dice cómo hacer la obra y que tienen libertad de originar toda clase de innovación. Dan gran importancia a las escuelas para los predicadores, porque la iglesia local ya no funciona como debe funcionar. Hay varias congregaciones que se han conver­tido en iglesias de centralización; es decir, piden y reciben hasta millones de dólares para tener programas de radio o televisión, o de publicaciones, nacionales e internacionales. Dos de los más populares son Heraldo de la Verdad, de Abilene, Texas, y Radio Mundial, de West Monroe, Louisiana. Los que hacen tales cosas son hermanos liberales. Usan de una libertad que no les corresponde. No tienen libertad ni autoridad bíblica para hacer tales cosas. Hay muchísimas cosas que demuestran su li­beralismo. Con sus muchas actividades no bíblicas dan eviden­cia que son liberales en su actitud hacia las Escrituras. Admiten libremente algunos de ellos que no tienen autoridad bíblica para tales practicas.

    Ha habido mucha crítica del uso del término "liberal", pero es necesario hacer distinción entre hermanos en casos se­mejantes (1 Cor. 11:19). El mal no es el empleo del término, sino el liberalismo mismo.

    2. El extremismo. La palabra "extremismo" se usa aquí para describir la práctica incorrecta de imponer como leyes las varias opiniones (requisitos y prohibiciones) que son más exi­gentes que la ley de Cristo. Si algún hermano clasifica su opinión (un asunto que no debe afectar la comunión) como asunto incluido en "la fe" (un asunto que sí afecta la comunión), es culpable del extremismo. Es ex­tremista. Hace ley, aunque Santiago dice que "Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder" (4:12). Dijo un hermano que si la mujer usa aretes, esto no es una opinión sino asunto de fe. Esto es un ejemplo del extremismo. Todo caso semejante refleja el descuido del uso de la Palabra. El extre­mismo va mas allá de lo que está escrito, al igual que el libera­lismo. El uno quiere ser muy tolerante, y el otro quiere ser muy intolerante, pero los dos usan mal las Escrituras.

  K. "Permanezca el amor fraternal" (Heb. 13:1). Uno de los propósitos de este tratado es evitar tanto corte de comunión entre hermanos. La carta a los Hebreos fue escrita para prevenir la apostasía, y esta exhortación ("permanezca el amor fraternal") es una de las últimas de la carta. La falta de amor fraternal es la causa principal de la muerte espiritual. El hermano que no ama a otros hermanos -- y solamente quiere imponer su voluntad sobre ellos -- se amarga y deja la iglesia. Dice Pablo en Rom. 14:19, "sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edifi­cación". Hay cosas que contribuyen a la paz y unidad, y también hay cosas que contribuyen a la desavenencia y división. El libe­ralismo ha dividido la iglesia. El extremismo también amenaza la unidad de la iglesia, y en algunas partes ya ha causado la di­visión. Es por  eso que nos urge dar atención al problema. Debemos todos estar resueltos a resolver el problema. Mucho depende del amor fraternal.

  L. Debemos desear la comunión con otros hermanos en Cristo. Si hay amor fraternal, habrá también el deseo ferviente de preservar la comunión entre hermanos. Si no hay amor, no hay nada (1 Cor. 13). Los que no se aman unos a otros no pueden resolver problema alguno. Los tales no deben predicar; no deben ni siquiera tratar de resolver problemas hasta que se enseñen a amarse unos a otros. Es mejor callar hasta que haya cambio de corazón. Los cristianos verdaderos siempre buscan la paz y la unidad entre hermanos y tienen el deseo ferviente de tener comunión unos con otros. A veces los hermanos que están involucrados en dificultades entre sí demuestran una actitud de amargura y odio. Es obvio que no tienen el deseo de reconciliarse unos con otros. Si es así, todos están mal. El desacuerdo o el problema que dañó su relación hermanable les ha llevado a un nivel muy bajo, y los ha devuelto a la carnalidad. En esta condición no pueden resolver el pro­blema inicial porque ahora han caído en otro problema mayor.

  M. ¿Debemos tratar de convertir a otros cristianos a nuestras opiniones? Cristo envió a los apóstoles a predicar el evangelio para hacer discípulos de Cristo. Pablo no quería discípulos para sí mismo (1 Cor. 1:12-15). Si alguien se convierte a Cristo y sigue fiel a Cristo, debemos regocijarnos, aunque en algunas

Cosas no esté de acuerdo con nosotros. No es siervo de nosotros, sino de Cristo (no debemos juzgar al "criado ajeno").

    1. No tenemos el deber, ni el derecho, de molestar ni in­quietar a otro discípulo de Cristo hasta que por fin se someta a todas las opiniones de nosotros. Debemos estudiar juntos como hermanos amados, ayudándoos a crecer, ser piadosos, santifi­cados, etc., pero lo que recibe el énfasis en Rom. 14 y 1 Cor. 8 no es que todos lleguen a un acuerdo completo en cuanto a sus diferencias de opinión, sino que todos sigan unidos en amor, no menospreciando o juzgando el uno al otro, ni causando que el hermano tropiece.

    2. Conviene que todos leamos estos versículos con mucha atención y observemos que Pablo no les requirió que estudiaran día y noche para resolver sus diferencias. Pablo no les puso plazo para llegar a un acuerdo antes de cortar de comunión el uno al otro si no llegaran a un acuerdo en sus convicciones. Pablo deja a cada hermano con su conciencia. Los únicos "errores" mencionados por Pablo en Rom. 14 y 1 Cor. 8 son (a) el de menospreciar al hermano, (b) el de juzgar al hermano, o (c) el de poner tropiezo delante del hermano. Pablo no dijo que el hermano fuerte estuviera obligado a convertir al hermano débil. No hay nada en este texto que diga que el hermano débil no podía continuar con sus convicciones hasta la muerte y ser salvo.

    3. Pero objetan algunos, "Estos están divididos; no están de acuerdo; no hablan las mismas cosas". El concepto que al­gunos tienen de la unidad no es la unidad de la cual la Biblia habla (Efes. 4:4-6), sino el conformismo a las opiniones de al­gún hermano o grupo de hermanos. Es el concepto militar: todo soldado tiene que vestir el mismo uniforme, tiene que comer la misma co­mida a la misma hora, y tiene que llevar el paso en el desfile de tropas. En 1 Cor. 1:10, Pablo dice, "que habléis todos una misma cosa, y que no hay entre vosotros divisiones, sino que es­téis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer". Con esto condenó la división, vers. 11-13; 3:1-4. Pero 1 Cor. 1:10 no contradice 1 Cor. 8 y 10:23-33. No hay conflicto alguno entre los dos textos. La conclusión sencilla es que los asuntos tratados en 1 Cor. 8 y 10:23-33 (como también los de Rom. 14) son asuntos que no deben afectar la comunión entre hermanos.

     N. "Permanezca el amor fraternal", Heb. 13:1.